PÁRRAFO VIII
¿PORQUÉ NO HA HABIDO JUSTICIA?

Cuando los hombres nacerán en el seno de la comuna; cuando habrán aparecido las nuevas generaciones, habrán ya pasado las de transición testigos presenciales de tantos desconciertos; cuando sólo amor y equidad se respirará en la tierra y lean los felices hombres del siglo segundo, la terrible historia de la humanidad; cuando vean lo fácil y dulce que es la vida comunal y vean que en el siglo pasado sabían ya los hombres los mismos principios de verdad y de justicia, quizá alguno de los que quedan para hacer su tesis pueda preguntar, asombrado: ¿por qué no ha habido justicia?

¡Óyeme, hermano amado! Entra en tu conciencia; levanta el velo y encontrarás de inmediato esta contestación: “Porque hubo dioses y los dioses son concupiscencia, no pudo haber justicia”.

Es sencilla la respuesta después de atomizados los dioses y los creadores de esos dioses: pero, ¿cómo dársela al hombre en su idealismo prejuiciado? ¿cómo dártela a ti mismo que hoy preguntas horrorizado, si tu mismo creaste y alimentaste esos dioses e ídolos a los que sacrificaste y luego te sacrificaste a ellos?

Vuelve tu vista atrás sin horrorizarte de ti mismo y estudia, día a día, los seis días pasados de la humanidad; llega hasta el hombrecillo que saltaba dentro de la bolsita al caer el quino; desde allí verás en tu ya despierta conciencia, esa larga cadena de dioses que como tú, eran sin razón y admirarás el valor, la sabiduría y el amor de tu espíritu, que en ti encerrado aguantaba siglo tras siglo, millón tras millón, tus lascivias, tus concupiscencias y que al fin, hoy, puedes extrañarte mientras haces tu tesis y preguntas asombrado: ¿por qué no hubo justicia?

Y ya que sabes porqué no hubo justicia, yo te preguntaré: ¿por qué ahora hay justicia? Y tu no harás más que volverme la oración por pasiva: Porque no hay entre nosotros dioses. Mas yo os diré que, no tenéis dioses porque os conocéis a vosotros mismos; porque sabéis que la ley es igual para todos; que la ley es el trabajo; que la ley es el amor y que éste todo lo iguala, porque es la ley de Eloí, que antes no podías pronunciar y hoy comprendes en ese nombre, todo el universo, en él y en ti mismo.

Hasta hoy el hombre luchaba con la duda; descansó un momento, cuando el idealismo pasó a la razón e hizo los números físicos, creyéndolos verdad; hoy, tú, presentas tu tesis en esa pregunta: ¿Por qué no ha habido justicia? Y no te asusta la contestación de que, no hubo justicia porque hubo dioses; no te escandalizas tampoco al oír que, los números, tan irreductibles y tan fríos, no son la expresión de la verdad, porque puedes entrar anchamente en la profunda metafísica y ves claro que, un hombre es tantos unos cuantos seres encierra y son, todos los del Universo.

Pero importa a la ciencia y sus hombres que se les diga que no hubo justicia porque hubo dioses, y un algo más importa decirles que en la comuna habrá justicia porque no habrá dioses y porque el hombre se conocerá a sí mismo; todo esto ya no es abstracto y es moral y saben los hombres que, cada uno lo comprende en su razón, según su progreso. Pero aun hoy pierden hasta el color algunos de los hombres de ciencia al decirles que, ni los números son la expresión de la verdad, más que en lo físico, colectivamente.

Pero hoy, después de haber hecho al hombre conocerse a sí mismo, ya se le puede decir que, al decir un hombre, se dice el Arca de Noé; que al decir un pan se dice un granero de granos de trigo, y así en todas las cosas, metafísicamente.

Es que el hombre hizo la tesis y se recibió, facultándosele para entrañar los secretos de las leyes divinas y en ellas ve la metafísica antes que la física; la mecánica antes que la metafísica; antes sólo veía la física en los objetos y en el hombre; hasta para llegar al amor puro hubo de hartarse del amor de la carne y el amor puro no se inmutó porque sabía que obraba la metafísica para poder mostrar un cuerpo físico, en el que los hombres verían en su dualismo, un número. Luego en su trinidad, comprenderían que no hay más guarismo real que Eloí autor de mecanismo que obró la metafísica, para que se creara lo físico; y así, el hombre ya en la comuna, hará justicia hasta a los números, sabiendo que todo el radicalismo de los guarismos matemáticos, sólo es una verdad condicional; pero que metafísicamente examinados, no son la verdad real.