PÁRRAFO V
LA SABIDURÍA, EL PROGRESO Y LAS CIENCIAS.

Hasta hoy se habla de la sabiduría, reduciéndola a su mínima expresión y haciendo una sabiduría sarcasmo, porque a cualquier hombre de ciencia lo llaman sabio, cuando este hombre debe demostrar la sabiduría en su completa civilización.

Yo he buscado con entero deseo y entre todos los hombres no encontré la civilización; lo dejo expuesto para que se pruebe lo contrario; ojalá que me hubiera equivocado; y aun se vería contento el Espíritu de Verdad de haberse equivocado él, al decir que "apenas hay un poquito de ilustración".

La sabiduría, dije, requiere conocer y entender todas las causas que originan todos los efectos materiales y espirituales, hasta llegar al borde inabordable del Creador, que suma la sabiduría de todos y la suya incomprensible; pero de ahí abajo hay que comprenderlo todo, incluso la creación de los mundos, y estar el espíritu dispuesto a emprender esa obra; eso es ser sabio; para lo cual hay que tener el amor bastante para ello, y entre todos los hombres de la tierra hoy aun no tienen un gramo de amor desinteresado, que sería el primer grado de civilización, sin la cual no es posible que exista la sabiduría.

Hay hombres de sabiduría pero que no tienen la sabiduría: he ahí la diferencia. Como también está en la tierra la civilización, pero no hay hombres civilizados.

La sabiduría está igualmente, pero no hay hombres que tengan la sabiduría; porque, de tener sabiduría a tener la sabiduría, hay tanta distancia como entre el cuerpo y el espíritu y, sabemos que éste es causa y aquél efecto; y como el espíritu es causa del cuerpo, la sabiduría es causa de sabiduría, y esta parte de sabiduría y el progreso, son efecto de la sabiduría y causa de las ciencias.

No es éste párrafo poco importante, porque en él casi bajamos a la individualidad; y aunque en el párrafo "Grados de progreso" y sobre todo en "La creación de los mundos" y en toda esta obra están bien estudiadas y fundamentadas todas las cuestiones acerca de la sabiduría, de las ciencias y de la civilización, hay que hacer aquí una correlación sucinta para ver que, progreso y ciencias se derivan por necesidad directa de la sabiduría la que es causa de ellas, como el Creador lo es de todo y el espíritu lo es del alma y el cuerpo.

Dijimos al describir el momento solemne de lanzar el Padre los espíritus a la lucha que llegan sencillos; ha habido hombres que, ocupándose de este hecho en los libros del espiritismo al descubrirse de nuevo, han dicho que "llegan sencillos e ignorantes".

Aclaremos este punto muy capital (pues ya os dije en el código que yo venía a deshacer entuertos), y fundamentemos esta cuestión que va a herir a ciertos hermanos que han gastado muchos años en vanidades, creyendo ser granos sazonados de la espiga espiritismo, único credo en todo el Universo que tiene y es la verdadera y eterna sabiduría, inmutable como Eloí.

Ahí tenéis toda la obra del apóstol Kardec, llena de principios de la verdad suprema; pero no se le dió la verdad suprema, pues sólo es prólogo y preparación de la obra que venía anunciar en su obra; y allí está dicho que "el espíritu, al ser lanzado a la lucha, llega sencillo e ignorante".

Luego de aquella obra prólogo, se dió un monumento en Lérida, donde habla ya en su verdadero carácter de Madre, María y descorren (todos los que allí hablaron) la punta del velo que cubre los ojos a la humanidad, llegando tan lejos, que le dicen a aquel afortunado grupo de campeones españoles; "Esperad un momento, porque el que espera el mundo está en vuestro horizonte y lo podéis ver". En ese monumento (que bien lo intitularon "Roma y el Evangelio"), quedan, Roma, evangelio, cristo y caridad, maltrechos y heridos, para ir ya debilitándolos para este día, en que quedan deshechos, muertos y enterrados.

Pero "¡qué diferencia, hermano mío (me han dicho), entre lo que hoy sostenemos y decimos en el tribunal y lo que decíamos hace cincuenta años!... Era el paliativo que necesitaba la humanidad, debilitada por tan larga enfermedad". Es así en verdad; y aquí precisamente se ve la sabiduría y potencia del espíritu, en no dar más que lo que cada uno podría digerir y retener, lo que sólo pertenecía al juez que esperaban los hombres y de quien en "Roma y el Evangelio" les decían; "Está en vuestro horizonte y lo podéis ver"; contaba entonces dos años el niño que sería el juez, y así, estaba, no solo en el horizonte de aquellos campeones, sino también en el mismo país o nación.

Queda, pues, así dicho que, Kardec no pudo decir más porque no estaba en él, ni se lo revelaron, porque no era para él que sólo era el precursor del que nacía cuando imprimía sus obras.

No hicieron, pues, más que descorrer, levantar la punta del velo en "Roma y el Evangelio", porque, aunque fué mucho, "sólo era el paliativo que la convalecencia de la humana enfermedad podía digerir".

Porque, ¿cómo decirle a Kardec que, Jesús no era el redentor de la humanidad por su sangre, ni que Jesús fuera más que el mesías de la libertad y el profeta del amor, pero que no era primero, ni el único, ni el más alto? Ni Kardec, ni los campeones de Lérida, podían digerir como hombres tales píldoras; y así, no era prudente darles más que lo que se les dió para incitarles al estudio y buscar las causas por los efectos, en cuanto sus prejuicios se lo permitieron y así preparar el ambiente a recibir la eficaz purga del Pagliano que hoy se da a la humanidad, que la puede resistir, porque ya su organismo está preparado con aquellas píldoras laxantes y, la humanidad debe gratitud a aquellos emparejadores del camino.

Se les dijo: "El espíritu, al ser lanzado a la lucha, llega sencillo e ignorante", y dijeron verdad en el sentido de que el espíritu es todo amor y el que ama es sencillo y por ser sencillo es ignorante en la maldad, en las tretas y pasiones de la materia en que se encierra para empezar la lucha de su vida individual.

He ahí su ignorancia; pero es sabio porque ama, y por el amor es sencillo. Esta sencillez, le hará sufrir por la doblez de la materia a la que viene a purificar y extraerle su esencia y a vestirse con esa esencia de un mundo y luego de otro y otro, hasta ser suficientemente rico en experiencia para demostrar las ciencias, las que, unidas, demostrarán más tarde la sabiduría, cuando habrá dominado a su alma y a los cuerpos que le sirven de herramientas, y al fin, domina un mundo y muchos mundos. ¿Puede esto hacerlo con la ignorancia? La verdad es que el hombre todo lo domina , y apelo a vosotros mismos ante el progreso presente. Ya sabéis que el cuerpo del hombre es la materia que vino a dominar y dominó el espíritu; lo que prueba matemáticamente que, si la ignorancia no puede hacer el progreso, y el progreso lo véis y lo palpáis y vivís en él, éste lo ha hecho "la sabiduría". Luego el espíritu, sencillo por su amor y por esto ignorante en la maldad, se ha triunfado de la materia y hay progreso en el mundo y no lo puede hacer la ignorancia, lo ha traído y lo ha hecho la sabiduría; luego el espíritu no era ignorante.

Y como toda la creación es obra del espíritu y todo lo existente es obra de la sabiduría, y el espíritu es consubstancial de la suma sabiduría, el Creador su progenitor, del que el espíritu es la voluntad y el actor en la eterna creación, ¿puede ser el espíritu ignorante? Si alguien sostiene esto, ése, desnaturaliza al espíritu y juzga mal al que mandó al espíritu su hijo a ejecutar la creación su pensamiento, llevada eternamente a cabo por su voluntad, el espíritu, y esa creación no puede se hecha siendo el actor ignorante.

No; el espíritu, al ser lanzado a la vida individual manifestada en la lucha de la que vemos en el primer caso el progreso y en el segundo, las ciencias que hacen ley de las artes que son el progreso, trae la sabiduría del bien que es el amor, y si no, no triunfaría en su lucha, porque la ignorancia siempre es vencida. El Padre, manda a los espíritus a triunfar y no a ser vencidos, porque, si el espíritu pudiera ser vencido, sería vencido el Creador, y esto es imposible.

Creer que el espíritu llegue ignorante, es suponer que la sabiduría está en los mundos donde aquél se enriquecerá de ella, y esto nos lo debería demostrar la materia creando y haciendo los progresos, que sólo hace el hombre cuando se despeja y se despega de la materia; esto mismo nos confirma que, la sabiduría está en el espíritu y no en la materia o cuerpo, ni aún en el alma, porque entonces lo demostraría el reino animal y en nada lo demuestra, ni hacen entre todas las familias o especies lo que hace un solo hombre despejado y despegado de la materia; y pues el hombre lo es sólo por el espíritu y sólo es hombre completo cuando descubre y vive su trinidad, ello es, porque la sabiduría es del espíritu; y así tiene que ser en justicia, porque el espíritu es consubstancial del único sabio y creador.

La sabiduría, pues, está en el espíritu y es del espíritu por su procedencia y naturaleza; no lo demuestra sino por grados porque la justicia no puede desarmonizar la obra común y colectiva; y por esto se va ascendiendo de grado en grado, a medida que la comunidad entiende y apura el grado anterior, y entonces se le señala otro y luego otro, hasta descubrir la parte de sabiduría que encierra cada grado; así, cada hombre tiene una parte de sabiduría según los grados de progreso que haya apurado. Entre todos los hombres, con todos los oficios, artes, industrias y ciencias sumadas, forman la sabiduría de una familia humana; pero cada espíritu tiene en sí más sabiduría que toda la demostrada entre todos los hombres de esa familia humana, que sólo puede ser la sabiduría que suman las ciencias efectos del progreso; ciencias con las cuales profundizamos las artes y las industrias y sabemos las causas que originan tales efectos.

Pero así como las ciencias nacen necesariamente de los oficios, éstos es necesario que nazcan de otra causa y ésta, sólo puede ser y es la experiencia del espíritu, que en su sabiduría, reúne en su conciencia archivada en su alma, todas aquellas cosas que dominadas tiene y reúne todos los homogéneos de las diferentes dominaciones, para dar forma material a un cuerpo o arte. Esto no puede ser más que con la inteligencia proveniente de la sabiduría, que es crear; y crear es, reunir cuerpos homogéneos, que por su atracción magnética se mantengan unidos y uniformes por su fuerza central, que es, como os dije, la ley, o vida universal, pensamiento del Creador, cuyo ejecutante único y eterno es el espíritu; y repito que sin el espíritu las cosas y los mundos y los hombres, no existirían.

Es, pues, la sabiduría el mismo espíritu y, fuera del espíritu no hay ni puede haber sabiduría, porque el espíritu es nonada, sí, pero partícula integrante del Creador, causa única de toda la creación; y siendo partícula del Creador, aunque sea nonada, es sabiduría de la sabiduría de donde procede, como voluntad del generador. La voluntad es potencia por lo que no puede ser vencida por un menor que es el pensamiento, por cuanto el pensamiento es sólo es deseo de ser y la voluntad es el ser mismo de la figura pensada; por lo que, siendo la suma sabiduría el Creador y el espíritu su primogénito y por lo tanto consubstancial, la sabiduría está sólo en el espíritu, el que promueve los oficios, y de éstos las artes y las industrias que indican el progreso; éste, en la necesidad de saber el porqué de las cosas, hace nacer las ciencias y, luego no podéis encontrar ni ciencias sin artes, ni artes son ciencias, ni progreso sin ciencias y artes. Esto es sabiduría derivada de la sabiduría que sopla por todas partes; tenemos necesidad de saber de dónde sopla, es decir, tenemos necesidad de saber el porqué de las cosas, por ejemplo: cómo y porqué un ladrillo, una mesa o un hombre, son tales; y esto lo sabemos en cuanto sabemos de donde sopla ese viento de la ciencia, del arte y del oficio, que sólo puede proceder de causa mayor; esa causa mayor es la sabiduría, primera entidad de la trinidad civilizadora, que ya os dejo formada por: Sabiduría, Progreso y Ciencia, soplo poderoso del espíritu sencillo, pero no ignorante. Ya Jesús indicó esto diciendo: "El espíritu sopla y no sabéis de dónde viene el viento". Yo so digo que, ese viento viene por el espíritu, del Creador, padre y progenitor de nuestro espíritu.

Ascended, pues, por ese hilo de viento que os sopla y llegaréis al centro de donde parte; pero encontraréis que vosotros mismos sois en vuestro espíritu ese hilo de viento, que todo lo trae a los mundos, en el infinito, y, no os empeñéis en romper ese hilo, porque no lo lograréis; lo enredaréis en tal forma que os parecerá imposible desenredarlo; pero al fin habéis de encontrar el cabo y cada uno de vosotros solo, desenredará su madeja; esa es la sentencia; es inflexible e inapelable; pero el amor todo lo vence y el espíritu es todo amor, aunque sencillo, por lo mismo que es amor; pero como es inmortal y vive siempre ahora eternamente, desenredará su madeja sin romper el hilo, que al fin tirará del cabo y sabrá de dónde sopla el viento.

Todos hemos luchado en esa sencillez y hemos ya presentido el triunfo, al menos porque no hemos sido vencidos, aunque hayamos caído rodando muchas veces por la escabrosa pendiente de la montaña; pero no hemos sido vencidos, porque no éramos ignorantes más que de la maldad, a la que, a pesar de ser monstruosa, la hemos vencido con nuestra sencillez, porque ésta es hija de nuestra sabiduría que es amor, que sacamos con nosotros al salir del Padre a luchar y vencer y no ser vencidos y volvemos a él, triunfantes, llevando como presente la esencia de la materia dominada, pero viva, porque ése era el mandato: triunfar dominando y sin matar ni un soplo instinto, y lo conseguimos en la sencillez, pero no la conseguiríamos en la ignorancia.

Eso es sabiduría: vencer sin que haya vencidos; por esto las tremendas luchas del espíritu, sencillo pero sabio, luchando con la brutalidad y pasión de la materia y por esto, la sabiduría se envuelve en esa materia y se muestra sólo al fin de su lucha; cuando ha dominado y todo lo hace servir de para ver de donde corre el viento, ya que él lo oye del centro, de donde sopla su padre; ya, entonces, se dirige entre luz y armonía y sufre la auscultación que yo sufrí, para poder deciros esas verdades y señalaros el camino a los que ya podéis emprenderlo conociendo las trinidades de las cosas, o sea las causas de los efectos que palpáis; ascended en paz, pues jalones os dejé.