PÁRRAFO III
ENERGÍA, MOVIMIENTO, LUZ Y CALOR.

Esta trinidad la tiene bien estudiada la ciencia física y de ella han derivado los hombres racional y espiritualmente, hasta el borde mismo de la metafísica espiritual; pero se pararon ahí, asustados, por lo que dije en el párrafo anterior que el espíritu, envuelto en el capote del hombre, lo encaminó por el progreso y el arte, hasta la ciencia, y al final se encontraron con el envuelto y, se espantaron los dúos de saber que no sabían y quedaron como estatuas, muy bellas al exterior, pero vacías o petrificadas en el interior.

No podían volver atrás, pero no se atrevían a seguir adelante, declarando con altura que sólo eran las escafandras que envuelven al buzo que baja al fondo del mar y que, como la escafandra sin el buzo-hombre no examinaría el suelo de los mares, así el hombre, con el cuerpo y el alma, no sería más que un animal distinguido, pero de poco provecho.

Pero al fin no hay más remedio que ceder el menos al más y obedece a su energía, para que haya movimiento, que es la vida, demostrándolo en las obras, en luz y calor.

Ceda, pues, el dualismo y sepa que nada sabe y demos a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César; porque, el espíritu (ya lo habéis visto) es luz, potencia, sabiduría y amor, y aun en la individualidad no lo habéis podido reducir, porque él tiene, inexorable, la ley del más.

Pero cuando llega a descubrir y enseñar la trinidad, entonces es omnipotente, ya por su naturaleza, ya porque entonces está en él la ley, en vez de estar él en ella; y porque desde ese momento feliz entra en la solidaridad de los trinos y la luz es su vestido, en vez de la tiniebla opaca del capote, en que estuvo envuelto por tan largos millones de siglos, obrando metamorfosis en la materia de su alma y de los cuerpos sin número que gastó.

¿Y porqué pudo resistir allí encerrado tan largo tiempo? Porque por su naturaleza es inmortal.

Mas dio movimiento a sus cuerpos y calor a su alma. ¿Qué hay que pueda originar el movimiento y el calor? Es la energía, la fuerza central, por cuyo movimiento y calor se hacen las formas y se demuestra la vida en el movimiento, en la actividad y en la tangibilidad.

Por eso decimos filosóficamente que, el espíritu descubrió su luz.

Luego, la luz es la primera entidad de esta trinidad creadora, y así tendremos: Luz, Energía y Movimiento. Pero como en esto, para la demostración de la vida, no puede actuar una sola de las tres entidades, ni afecta al principio primordial, ya sea creador tratándose del Universo, o del espíritu tratándose en la creación de los mundos y las formas, es indiferente tomar unos u otros por primeros, porque hemos de encontrar, en rigor, los tres a la vez en acción; el caso necesario es, comprender los hechos, que si los quisierais juzgar, ya tenéis el principio espíritu y de él derivaríais al primero de la acción; pero también lo tenéis ya dicho.

Lo que se persigue aquí es, demostrar axiomáticamente que, en la creación todo es trino, de Eloí abajo; Él, es solo y único, aunque para explicarlo clara y humanamente y percibirlo, lo hayamos hecho trino con su pensamiento que es todo el Universo y su voluntad que es el espíritu.

En el párrafo del capítulo VIII, he tratado ya de las fuerzas y me habría relevado de éste párrafo, que sólo es hecho por lo dicho arriba; para demostrar que en la creación, todo es trino. Pero es necesario que el hombre también viva su trinidad, para saberla encontrar en todo, y no es difícil ya después de este libro, por lo que os conocéis minuciosamente en vuestras tres entidades.