CAPÍTULO X
DEFINICIONES JUZGADAS

PÁRRAFO I
ELOÍ, EL ESPÍRITU Y LA VIDA: O, CREADOR, HOMBRE Y MUNDO.

Profundidades tan insondables me envuelven en este instante a la presencia de esa suprema trinidad, que a pesar de que mis alas quieren cubrir el Universo, son tan pequeñas en la realidad, que sólo positivamente cubren el mundo mínimo tierra, encerrado como está mi espíritu en su cuerpo, como el de todos los hombres.

Es cierto, y lo confieso en lealtad, que mi espíritu vuela por ese Universo infinito y se satura en el amor de Eloí, porque hasta su centro llegó; y este pobre cuerpo, también sintió el escalofrío y la compunción en aquel, terrible cuanto incomparable momento de la auscultación atomizadora de Eloí sobre mi espíritu, que por el extremado amor a la humanidad de la tierra fue llevado hasta allí, cubierto por la majestad del Maestro Espíritu de Verdad.

¿Cómo contarles a mis hermanos aquella escena, la más sublime a que el espíritu aspira a volver a su progenitor? Muda es la elocuencia; pobre silabario la riqueza de todos los idiomas; sombras oscuras todas las luces de los soles, y las más bellas notas musicales, parecerían el ronco mugido de la fiera para describir aquel momento sublime y divino, que sólo puede hacerlo el Padre, el Creador, Eloí.

Sólo puede decirse, como lo dice el profeta que "ni el ojo vio ni el oído oyó cosa igual". Eso es la realidad.

Mas se sacan dos consecuencias, que aquí, en este estudio os quedan expuestas; dos principios en que se funda todo el ser, en verdad de verdad; nuestra infinita pequeñez, que es, por eso, nuestra infinita grandeza.

Sólo ante aquella infinita majestad se ve la realidad de nuestra nonada; pero no quedamos reducidos al no ser, porque el Padre es y nosotros somos en él una partícula apenas perceptible que se ve de nosotros ante su ojo; pero, partícula es de su ser y, esto es ser infinitamente grande por la procedencia y la acción encomendada por el que todo lo es en sí mismo, a nuestra individualidad, nonada, pero que es.

Mas es necesario salir de su presencia para ver que somos algo; ante él, se pierde toda noción de ser, pues parece que no somos.

Mas cuando ya se sale de delante de su ojo atomizador, ante el que se descubre toda la conciencia y queda ésta a la vista, transparente, como el más claro y fino cristal donde ni el más recóndito pensamiento queda oculto... ¡oh hermanos míos!...¡Qué diferentes se ven las cosas en la realidad de lo que en la apariencia se muestran!... Entonces sí que se ve que en el hombre no hay más que vanidad y que sólo es en realidad aquella nonada, aquella partícula infinitamente pequeña y también infinitamente grande, porque es el ser de su ser: fuera de eso, todo es ficción si no está en nuestro espíritu la sabiduría.

Sí, todo es vano y ficticio lo que no sea el espíritu. Pero si en él está ya la sabiduría, nada tampoco hay ficticio y vano; todo es realidad y aparece pleno de vida porque todo está saturado de la real vida, pensamiento y voluntad de aquel terrible anatomista, cuanto magnánimo, grande y amoroso Padre, de cuyo ser somos nonada; pero somos su partícula, su voluntad, su acción, sus hijos en fin. Y ¿qué más grandes podemos ser que ser una partícula del que todo lo es, su pensamiento, su voluntad, su acción, la vida misma de todas las cosas que hay del espíritu abajo, por el que todas existen y sin el cual no existirían? ¡Hombre, hermano mío! No te puedo decir más, ni más se te dirá en la eternidad, de tu grandeza, que lo que te digo en esa interrogación: ella encierra el Universo y en la eternidad, no la habrás acabado de estudiar porque, es la sabiduría sin fondo en la comprensión, pero perfectamente perceptible si te conoces a ti mismo.

Para podértelo decir, hube de llegar a la presencia de nuestro Padre, introducido por el maestro Espíritu de Verdad: en su propio centro vibratorio fui atomizado en la auscultación de mi ser y vi mi procedencia en Él y, como yo, vosotros, por quienes sufrí aquella autopsia. Viéndome atomizado, me vi humilde, mas no pequeño, porque nada que de Eloí proceda puede ser pequeño, aunque sea menor hasta el infinito.

Es en ese momento cuando se ve de una sola ojeada todo el camino recorrido desde que os presenté al espíritu en el mundo embrionario, donde sólo es en realidad un autómata, un beodo, un atolondrado inconsciente, hasta verlo hoy hasta la cúspide de la sabiduría, de la civilización, en la fruición del amor universal solidarizado y, viviendo en los mundos creados por el espíritu la vida de la comuna, único régimen que nuestro autor ha establecido para todos sus hijos.

Las emociones que se experimentan en aquella mansión donde principia la vida, pueden presentirse en la materia; pueden sentirse en el espíritu; pero no se pueden ni describir ni pintar: todo lo encierra en la palabra única que se puede pronunciar por primera vez en fruición del verdadero sentimiento, y que es "¡Padre mío!"... que yo pronuncié.

Leed ese gran momento en la enciclopedia donde lo encontraréis con fecha 26 de abril de 1913, y por la sombría descripción y las manifestaciones que le siguen lo podréis colegir, cada uno en su grado de sentimiento.

Mas si yo llegué, todos y cada uno habéis de llegar en su día, en particular, porque de allí hemos salido y allí tenemos mandado volver; pero sabed, también, que de allí salimos a empezar la vida y sólo podemos volver plenos de vida y comprendiendo la vida, porque para eso salimos y nos encerramos en la materia; para tejernos el rico traje indispensable para poder entrar en el seno de la familia, en la que todos son sabios en el amor de nuestro común Padre.

Pero para eso, el Padre, admite en su presencia a uno de la familia de un mundo, para poder decir a sus hermanos su infinita pequeñez y su infinita grandeza; pequeñez porque somos nonada ante el Padre, y grandeza porque detrás de Él somos nosotros sobre todas las cosas, aunque sean esas cosas mundos, sistemas, constelaciones y planos, porque estas son creación de aquella partícula, nonada ante su matriz, de la que salió el espíritu; pero, entre la infinita grandeza del Creador y la insumable grandeza del Universo está el espíritu del hombre, nonada ante el Padre, pero mayor cada uno, que ese Universo; y si ésta nonada de nuestro espíritu es tan grande, y somos infinitos los espíritus y entre todos no somos lo que nuestro Padre. ¿dónde se pierde la grandeza de nuestro progenitor? Hermanos míos: yo, que quiero vivir y cubrir el Universo, ante esa consideración, me veo átomo imperceptible... Sin embargo, mis deseos de amor y de sabiduría me impelen, me llevan y, soy grande, lo confieso, aun en medio del Universo; pero al llegar al umbral del Padre, desaparezco en lo infinitesimal; y, mis maestros mismos, soles que alumbran planos inmensos, apenas si son un fósforo al lado del sol. No cabe más que ésta exclamación: ¡Sólo Eloí es grande!

Mas al salir de su morada en la vibración de su pensamiento la vida única y universal de que se han de crear todas las cosas; y ser nuestro espíritu la voluntad que hace tangibles y visibles los cuerpos y las formas por la acción y trabajo del espíritu que, aun siendo nonada es omnipotencia, por su consubstanciabilidad con el Creador y la unidad solidaria de la que nace el espiritismo, sólo cabe también esta otra exclamación lógica y axiomática, en verdad de verdad: ¡Después del Creador, sólo el espíritu es grande!

Pero como el Universo es infinito y él todo es creación y morada del espíritu, por cuya acción trabajo e inteligencia se crean y se metamorfosean los mundos y los cuerpos hasta la máxima belleza, no podemos menos que exclamar también en justicia que después del espíritu, sólo el Universo es grande! Se forma así la primera y máxima trinidad que es, Eloí, Espíritu y Vida, para el Universo; o, Creador, Hombre y Mundo, para cada familia de los mundos; de cuya gran trinidad nacen todas las otras, siendo la primera que aparece la del hombre, o sea: Espíritu, Alma y Cuerpo, que todo es igual cuando por la sabiduría sabemos elevarlo hasta aquel centro escrutador donde fui auscultado y al que todos habéis de llegar, porque de él salisteis; ésa es la sentencia inexorable.

¡Hombre! ¿Porqué te arrastras por el cieno de la materia empequeñeciéndote, siendo tan grande? Levántate, yérguete, mira arriba, a tu procedencia; pero allí, sólo puedes llegar cargado de obras; mas no llevarás nada material de los mundos, pues, si no lo has espiritualizado, te será carga pesada tu apego al oro que almacenas con perjuicio de tus hermanos.

Sí; tienes derecho al usufructo de todo lo que hay en el mundo y en el Universo; pero no puedes retenerlo almacenado como propiedad, porque es producto común; retenerlo es faltar a la ley común; y si hasta hoy te fue tolerable por la ignorancia, hoy se te dice en verdad de verdad. No te es lícito que cometas injusticia a sabiendas y te pones obstáculos para llegar adonde al fin llegarás; pero tu tardanza te hará sufrir por ti y por los que haces sufrir.