PARTE CUARTA
CONOCIMIENTOS DE RÉGIMEN

CAPÍTULO IX
El hombre ante la ley

PÁRRAFO II
EL HOMBRE HACE LEYES POR MAYORÍA

Sentemos primero el principio de lo que es ley en su verdadero significado que es, “sentimientoy no opinión, ni aun pensamiento; porque la opinión puede admitir dudas, o mejores teorías y principios y entonces se ve claro que no es una ley inflexible; las leyes que han de perdurar, tienen que ser inflexibles; entonces son ley.

Es grande el pensamiento, pero no puede ser ni es nunca ley, porque el pensamiento es sólo deseo de obrar o progresar, y si al pensamiento no acudiera la voluntad para convertirlo en obras, el pensamiento no se realizaría y no sería obra ni cosa, ni sería ley; así, la ley, sólo puede ser la convicción, el sentimiento, que es el resultado del pensamiento y la voluntad obrando, y ese sentimiento se demuestra, en la ley que nos imponemos; en la obligación a que nos sujetamos por sentimiento de que aquello es razón, conveniencia que nos convence infaliblemente, y, por esto decimos satisfechos: “esta es mi ley”, y en ella obramos.

Nuestra ley singular, nacerá de nuestro pensamiento y voluntad, igualada al sentimiento; y será hija de nuestro pensamiento y voluntad, elevada al sentimiento; y será flexible o inflexible, conforme al sentimiento; éste será medido fatalmente por el grado de progreso del espíritu, el que, si vive en la luz, en estado libre y encarnado en la trinidad, hará su ley inflexible, porque ya es la ley en él impresa, que da el sentimiento de lo real, de lo inmutable.

¿Cuándo conoceremos que esta ley es infalible? Cuando nuestro sentimiento, sólo amor demuestre; cuando en todos nuestros actos, no miremos sólo a nosotros mismos; cuando queramos el bien común, no deseando para nadie lo que a nosotros nos daña; cuando, en fin, veamos en cada uno de nuestros semejantes a nosotros mismos, porque no hacemos acepción de personas; entonces es la ley impresa en el hombre, porque es la ley del espíritu; es inflexible; es la ley en la verdadera acepción lata de la palabra.

Mas hay diferencia entre el espíritu y el cuerpo, aunque sea el hombre, perfecto modelo de la ley, por razón de que el cuerpo tiene más leyes que el espíritu; éste, tiene bastante con la ley suprema de amor; pero el cuerpo, como fuerza viva y tangible del espíritu, tiene que vivir entre maestros y discípulos, lo que vale decir, entre perfectos y defectuosos.

De aquí que necesite el cuerpo más leyes que el espíritu, porque no puede el hombre (hasta que es perfectamente trino) vivir de la ley impresa en el espíritu; y entre tanto, necesita dividir esa ley en tantas ramas cuantos son los actos de la vida, de cuya atomización ve el hombre (cada uno en su altura) la parte de ley que le obliga por su sentimiento; por esto hay necesidad de leyes escritas para el cuerpo-hombre.

Estas parte de la ley, tienen que ser también inflexibles matemáticamente, como los números, pues de lo contrario, no es ley y por lo que, la ley escrita no puede tener lo que los hombres han llamado “espíritu de la ley”, sino que la ley no ha de ser más que lo que la letra diga invariablemente; es decir, que la letra sea la ley entera del espíritu, para el alma y el cuerpo y entonces, la ley será lo que la letra diga, como 5 más 5 son 10. Entonces engendrará, necesariamente el sentimiento convictito de la verdad única y no se correrá el peligro de la sentencia que hubo de hacer Jesús de que “la letra mata al espíritu”. Esto fue de los tiempos pasados, en que sólo se hacían leyes de la materia y el espíritu de la ley era otro que el de sus letras; pero es porque no se han hecho leyes de mayoría, ni nunca un plebiscito dictó esa ley entre los hombres; y si nunca un plebiscito dictó esa ley, no ha existido ley en la tierra: han existido sólo leyes de trampa y esto acabó para la tierra.

Mas, ¿qué es el plebiscito? Hasta hoy no ha sido reconocido el plebiscito ni aun entre todos los hombres; porque, si alguna vez ha podido ocurrir ese plebiscito, sólo se ha llamado a los hombres; entre estos había clases que no tenían derecho, por capricho de la ley; otros eran invalidados por sus cargos o por estar bajo una acción penal; desde este punto de vista, ya no es un plebiscito; pero lo es mucho menos, desde que se le niega a la mujer ese derecho y aun casi se le desconoce el derecho de vida; por lo tanto, no ha habido plebiscito; y si no ha habido plebiscito no ha podido haber ley y no la ha habido y menos, porque los hombres sólo se han alimentado de odios sociales, políticos y religiosos y cada legislador, en oposición a otra fracción política, dividió el pequeño cómputo de los congresos, que aun nunca fueron la representación verdaderamente popular, porque la trampa imperó.

Dicen que “la ley fue sancionada por mayoría”. Vamos a probar que no es verdad. Aquí, en esta capital, por ejemplo, hay una población de 1.850.000 habitantes; (1) en unas elecciones de legisladores han votado, cuando más, 200.000 ¿De 1.850.000 es mayoría 200.000? No busquemos las causas más profundas de que todos no hayan votado; las que saltan a la vista, son muchas; pero la principal es la falta de sentimiento convictivo de la verdad moral que los hombres dirigentes o legisladores tienen, porque no llegan a infundirla a los ciudadanos que están cansados de un juego sucio, en el que sólo le toca al pueblo, pagar y callar.

Se alegará en descargo que no todos son ciudadanos. ¿Y por qué no lo son, si las leyes que se hacen son para todos los habitantes? Si no son ciudadanos, deberían estar exentos de las cargas del gobierno.

¿Pagan?... Son ciudadanos de hecho y de derecho. Vosotros los hacéis extranjeros y los esclavizáis con la fuerza de las armas y que aun se las hacéis pagar, para negarles con ellas los derechos naturales y hasta legales, por la misma razón de que pagan.

Mas concedamos que a todo hombre se le dio el voto y que en buena lid, los legisladores lleven mayoría por un plebiscito. ¿Estará completo el cómputo no llevando a la mujer? Porque la mujer es media sociedad en número y la sociedad entera por ser madre; no comprendiendo a la mujer, no puede haber plebiscito ni ley.

Esto sería ley en los mundos, antes del juicio; pero después de éste, en el mundo reina el espíritu y, en los plebiscitos forma parte integrante el espíritu y su consulta y su palabra son necesarias para el verdadero cómputo plebiscitario; y es más conveniente concedérsela a ellos, porque están en la verdad de los mundos y pueden ver mejor la verdad fundamental en que la ley debe descansar y no hay lugar a equívocos; pero la sanción es del plebiscito completo de hombres, mujeres y espíritus y será ley inflexible. Así está redactado en el código que se le entregará a la comuna como carta fundamental o constitución y en el estudiar y ejecutar todo lo que en él se manda.

El código es ley inflexible; su letra, es letra y espíritu a la vez, por lo que no admite interpretación que mata al espíritu; pero en la no inteligencia, el legislador estará siempre presto a la justa interpretación, porque no escapa a su entendimiento que al principio, los hombres resabiados en el arcaico prejuicio de leyes erradas, encuentran dificultades en la aplicación; pero tenéis esta pauta de estudios, con la que es muy difícil, si no imposible, que en ella no encontréis solución a las más arduas cosas; y aun como auxiliar, tenéis toda la larga filosofía de los hermanos maestros.

En fin, tenéis en toda la obra, toda la sabiduría eterna, que en el tiempo comprenderéis y entonces veréis todos que lo que hoy no comprendéis, luego os parecerá sencillo y, no habrá cambiado la verdad, sino vosotros, en el mayor sentimiento.

Por lo cual es conveniente que, mientras tanto llegáis a ese sentimiento de convicción os rijáis literalmente por las enseñanzas que quedan escritas, pues no veréis en toda la obra más que amor, hasta en los casos de justicia rigurosa; y al fin, toda la obra es la interpretación verdad de la inspiración del Espíritu de Verdad, primero y único a quien en nombre de Eloí habéis de evocar en los plebiscitos de la comuna. El ordenará al maestro o maestros delegados en su nombre. Así tenéis seguridad de que vuestras leyes son en verdad de la mayoría, única forma en que pueden ser leyes inflexibles, basadas ineludiblemente en la ley única y suprema de amor.

(1) Cuando se hace esta 2a edición, Buenos Aires cuenta una población de 2.200.000 almas, dentro de distrito federal. Han subido los alquileres en triple y los artículos de consumo en un doble también.