CAPITULO VIII
CAUSAS Y EFECTOS

PÁRRAFO VI
MEDIOS DE LA NATURALEZA PARA CORREGIR AL HOMBRE.

Con el final del párrafo anterior parecía llegar al fin de mi estudio penoso; pero aun tengo mucho que examinar y pautar y por cierto nada satisfactorio y halagüeño a mi alma, porque aun me tendré que engolfarme demasiado en las terribles miserias humanas pasadas; pero me es mandado y obedecer es ley.

La naturaleza, en sus leyes, es invencible, (como todas las leyes del universo) por las cuales corrige todos los defectos de la materia.

Emplea millones de siglos en corregir los defectos inarmónicos de las moléculas, por el trabajo laborioso de unir las homogéneas primero, para que por su fuerza sumada atraiga las demás y formen los cuerpos en los tres reinos, domándolos todos por la potencia del alma universal o magnetismo: y de la atracción y repulsión de los cuerpos, se forma el movimiento eterno, armónico e invariable, como el flujo y reflujo del océano.

Cuando ya unió todas las moléculas en sus respectivos cuerpos, que evolucionando llegan al máximum de su ley o vida natural, requiere la vida racional e inteligente, de potencia y armonía y refunde entonces todos los cuerpos en un solo cuerpo: y con todas las almas esencias de aquellos cuerpos, (producto primero de su trabajo) crea el hombre que encierra a los tres reinos; no ha hecho más que ciencia y ley de su arte; y así de dar un parecer y poner en acción todos los pareceres de los que trabajan en el arte: una vez hecha la ley del arte, un solo hombre planea sobre esa ley y pone en acción segura a muchos hombres; todos los que antes tenían que unir sus pareceres y acciones para hacer el arte, ahora son regidos todos y cada uno por la ley, producto de sus experimentos artísticos, porque sabe cada uno, por aquella ley, que 5 más 5 es igual a 10, cuando antes, para saberlo, tenían que luchar con tantos inconvenientes.

He aquí claramente expuesto lo que hace la naturaleza al crear al hombre; que la ley rija el arte. De ahí la necesidad de encerrar en un solo hombre a los tres reinos, mineral, vegetal y animal, para entregárselo al ingeniero que entiende de planimetría; llega luego el espíritu que empieza a estudiar dentro del cuerpo que es el archivo de todo el mundo y el arca de su tesoro y él trae la luz de su inteligencia, para leer ese gran archivo y administrar ese tesoro.

Como el ingeniero ha de sujetarse forzosamente a la ley de estabilidad, para lo cual tiene que conocer la resistencia y armonía de los materiales, (sin lo cual no podrá establecer la estabilidad) así el espíritu hace en el cuerpo del hombre; y a fuerza de comprobaciones, de planeamientos y nivelaciones, hace un edificio de ciencias, como el ingeniero lo hizo, de toscos, pero resistentes materiales. Luego entra el arquitecto, con bellos pero débiles materiales por su delicadeza y finura y embellece aquellos fuertes muros, que son estables. Así, el espíritu, cuando agota todas las ciencias; cuando dominó todos los instintos del cuerpo y alma humanos a fuerza de planeamientos y nivelaciones; es decir, de caídas y levantadas, entra con la sabiduría para adornarse en todo él con la mayor belleza.

Es, pues, el ingeniero la naturaleza, que hace el rústico y fuerte edificio con sus materiales, hasta llegar al hombre; y es el espíritu el arquitecto, que sobre ese edificio establece los adornos bellos de su sabiduría; y unidos (ingeniero y arquitecto) coronan la obra, dominando todas las resistencias y armonizando lo rústico y lo bello en magnífico conjunto, todo con materiales depurados por el fuego y el trabajo, es decir, por el amor y el progreso. Sería loco el ingeniero si amasara la cal con tierra, porque no conseguiría la solidez necesaria para la estabilidad; sino que tiene que buscar la granosa arena libre de fango putrefacto, con lo que consigue fuerza y saneamiento y no recibe una corrección del arquitecto, porque encuentra solidez para amurar sus bellezas débiles.

¿Qué han hecho en toda esta obra? Dominar por el trabajo y el progreso las resistencias de los materiales; y de una masa informe, producir cuerpos armónicos y afines, de todo lo más heterogéneo de los tres reinos, por el lazo de unión y correspondencia de servirse unos materiales a otros; lo que indica llenar las necesidades de todos y satisfacer las leyes de cada uno: en una palabra; se hartaron a plenitud los instintos peculiares de cada material, de cada unidad de los tres reinos que cooperaron a la construcción, vida y estabilidad del edificio, el cual se mantiene unido, compacto, formando un solo ser con todos los seres de la naturaleza, porque todos y cada uno están satisfechos de su necesidad y plenos hasta la hartura en sus instintos.

Ese es el modo como corrige la naturaleza todas las cosas del Universo: por la hartura de las necesidades de cada cosa; y cuando se encuentran satisfechas a su plenitud, tienen necesidad de renovarse, porque el progreso no para; por eso, cuando los tres reinos se hallaron saturados de vida animal, de alma purificada al grado que la naturaleza puede, se llamó a la ley para empezar una nueva etapa y seguir la obra purificadora, apareciendo entonces el hombre que acumula en sí todo el trabajo hecho y absorbe, a diario, en su cuerpo, lo que purifican los tres reinos. Así, el cuerpo del hombre, es la arquitectura planeada por el espíritu en su sabiduría, que dirige el embellecimiento, dando a cada uno lo suyo.

Es decir, que el espíritu, hace que el cuerpo del hombre (último tamiz de la materia o del arte) se sature en todos sus instintos, hasta que cada uno de ellos se dé por satisfecho; y ese instinto, satisfecho de lo que le pertenece, pasa a la conciencia, para hacer ciencia y ley del arte, por sus caídas y levantadas, por sus sufrimientos y sus goces y entonces, el espíritu es el que tiene que satisfacerse; para eso es el maestro, pues sería injusto que é gozase sin que estuvieran satisfechos sus dependientes, cuerpo y alma.

Es verdad que no podría ser que el espíritu quisiera satisfacerse él sin estar satisfechos los de más abajo, porque su ley que es amor, no se lo permite; pero tampoco el cuerpo y el alma le dejarían, porque ambos saben en su ley natural, que nada los domina más que la hartura; la plenitud de la justicia que cada instinto reclama, y que no le pueden negar ni la naturaleza ni el espíritu; pero los tienen que sujetar a lo justo, para que toda la obra sea armónica y estabilizada por igual y al fin, lo consiguen siempre y la naturaleza queda embellecida; el espíritu, coronado por la belleza y sabiduría; y todo, en la plenitud.

Es decir que ,para aparezca la causa justicia, es necesario que todos estén satisfechos de lo suyo, sin lo cual, ni la naturaleza ni el espíritu dominarán al cuerpo ni al alma; porque mientras falte un adarme en uno de los platillos de la balanza, no habrá quien lo ponga en su fiel y todo esfuerzo será inútil; por lo cual, debéis saber tomar todo con la medida de la conciencia; en el conocimiento de vosotros mismos; y sólo así, en la satisfacción, se domina al hombre.