CAPITULO VIII
CAUSAS Y EFECTOS

PÁRRAFO V
ESTUDIO DE LOS HECHOS EN PARTICULAR

El estudio de los hechos en general, es fácil para todos los hombres; mas no es fácil es de un hecho en particular, porque en la singularidad va envuelta una personalidad y es necesario medir justamente los hechos, los medios, las facultades y las circunstancias, atomizando hasta lo microscópico, todo lo que se refiere al hecho, así material, corporal, moral y espiritualmente, pues en el juicio, debe recaer una sentencia que justifique o corrija al individuo; y si en vez de darle un aplauso que lo anime a ir más allá, por la mala justificación le dais una mala corrección, lo invalidáis y cometéis injusticia.

Mas aunque los hechos requieran corrección por justicia, si dais la corrección (que al fin es castigo) y no dais los medios en amor para corregirse el hombre, no hacéis obra de justicia; pues si la justicia no va precedida y procedida del amor, a pesar de ser justicia, será injusticia; y no por la justicia, sino por vuestra falta de amor.

Os recordaré una sentencia del apóstol Santiago, en sus cartas de justicia que hace al caso y encierra toda la filosofía necesaria: “si a vosotros llega vuestro hermano, decía, estando hambriento y frío y le dijerais “Dios te ayude” mas no le dierais lo necesario a quitarse el hambre y el frío ¿de qué le aprovechará vuestro consejo? Mas dadle el consejo y los medios y haréis buena obra”.

Ya veis cómo en todos tiempos se le han dado al mundo las enseñanzas de sabiduría, justicia y amor. Pero la maldad, el egoísmo, el yo personalísimo de los hombres, ha cometido injusticia de juzgar, el mayor, al menor (aparentemente) y las apariencias engañan a los sentidos; los sentidos mal educados, engañan a la conciencia, que por esas causas está adormecida o anestesiada y así, al juzgar los hechos individuales, se comete injusticia.

Lo primero que hay que tener en cuenta para juzgar los hechos en particular es, la capacidad y posición que existe, entre el hecho y el actor; y si la capacidad del hecho es superior a la del actor, el actor, ha cometido imprudencia y temeridad; si la capacidad del actor es igual o superior a la del hecho y éste resultó defectuoso o incompleto, hubo en el actor, imprevisión o negligencia; pero aquí aún no se puede sentenciar por las apariencias; es necesario, (cuando ya estamos ciertos que el actor es capaz) saber las condiciones en que se encontraba, moral, psíquica y corporalmente; y si éstas eran buenas, entonces, aún no hemos llegado al caso competente para juzgar y sentenciar en justicia, pues tenemos que saber, si todas las partes que concurren al hecho material o espiritual, también estaban todas en condición de producir perfecto el hecho; y sólo cuando estamos ciertos de que todas las partes del hecho y del actor están en su plenitud de acción, entonces será responsable el actor, de negligencia o imprevisión.

Podéis corregirlo en amor dándole más luces, diciéndole: por esto, o por aquello, no se produjo el hecho y debes hacerlo de nuevo hasta que lo des por terminado y producido.

Mas no olvidar y tened presente que los hechos, jamás se producen perfectos en la primera vez que el espíritu los intenta; la causa es, que se crea una forma que no existía, pero que es forma ya aunque sea muy rudimentaria, después de hecha la primera vez; luego, al repetirse, va cada vez adquiriendo belleza y perfección; y si el hecho que registráis y juzgáis no se había producido nunca, por muy mal hecho que resultase, merecería aplauso, ánimo y ayuda el actor del hecho imperfecto.

¿Acaso el hombrecillo de 50 centímetros, era lo que es el hombre del día séptimo aunque aquel tenía el organismo, alma y espíritu del bello y sabio de hoy? La imagen es la misma y el hecho igual; pero aquel era el embrión del bello y sabio de hoy.

La física, la química, la ingeniería, la arquitectura, ¿fueron lo que son hoy, cuando nacieron? Aquello fue el embrión de la perfección y aún perfectible de hoy. La ley que dio Seth hace 57 siglos, (que es el Veda) aunque tiene el mismo principio, ¿es igual a la que hoy da esta Escuela que dicen, del Anticristo?... Pues sin aquella ley, no habría podido dar la de Confucio; sin el Confucio, no habría podido dar los fundamentos del Sinaí; sin la ley del Sinaí, no habría podido dar los axiomas de Sócrates; sin todo eso, no habría podido predicar la ley de amor y libertad Jesús y Juan; y sin estos, no habría llegado hoy el espiritismo y el Anticristo, reduciéndolo todo a una sola ley de amor, a un solo credo y a un solo Dios que deja de ser Dios porque no encuadra en la sabiduría y sólo es Eloí en el infinito, el que llena la total aspiración del espíritu su hijo. ¿Porqué todas estas evoluciones? Porque de grado a grado, de escalón a escalón, hay una distancia marcada; ésta es la que hay que medir en cada hecho, para bien juzgar de los hechos en particular.

Tomemos algunos ejemplos prácticos, que nos sirvan de norma al estudio de los hechos en particular: sea el primero la construcción de un edificio el que sin tener en cuenta la distribución de él, el ingeniero no puede calcular matemáticamente su costo y su estabilidad y la requiere del que encarga el edificio.

Entonces levanta el plano divisorio y de altura y calcula el peso de los materiales y lo que el edificio ha de soportar al ser habilitado para lo que se le destina y entonces entrará a medir la resistencia de la tirantería, de los puentes, arcos, columnas y muros, porque ya tiene el máximum de peso que ha de soportar; ahora le queda la parte más delicada; la cimentación; porque sabe que si cimenta en falso, la obra caerá y excava hasta encontrar un terreno firme y allí fundamenta su obra y la levanta en perfecta plomada y nivel; llegáis vosotros y os cercioráis que es así; pero he aquí que la obra se resquebraja y aun se hunde una parte y se increpa al ingeniero. ¿Es justo eso? Examinad los planos; ved si la cimentación está en ley; si las resistencias de los soportes son de ley; y si esto está bien. ¿Qué ha pasado que la obra se cayó? ¿Por qué se resquebrajó o bajó de su nivel? Aquí, las apariencias engañan. El ingeniero y todos, encontraron el terreno firme por su composición geológica para la cimentación y en ley cimentaron; pero he aquí que a poca distancia del cimiento había una corriente de agua subterránea o una caverna natural; o debajo de aquella capa geológica arcillosa, había otra más blanda y al peso cedió y cayó el edificio. ¿Es responsable el ingeniero? Si esto nunca le pasó, no es responsable; si alguna otra vez le ha pasado a él u otros y lo sabe (sobre esa misma población) sí es responsable de imprevisión, porque no debió fiarse de las apariencias; porque debió calar aquella capa dura y hubiera podido encontrar la necesidad de pilotear y emparrillar el cimiento: esta previsión, le habría dado placeres en vez de disgustos, mortificaciones y pérdidas; aquí, con todo ese caudal de conocimientos, se le puede corregir al hombre y exigirle que levante su obra, para que no se le caiga otra vez y será previsor.

Mas si ese incidente no le pasó ni conoce que a otro le pasara, la advertencia le será saludable, pero el castigo será injusto.

Lo que hay de inevitable en todas las cosas es, una oposición por parte de la materia a sujetarse a las leyes de la ciencia, porque en todos los casos existen las dos fuerzas conocidas: centrípeta y centrífuga, que las palpamos; pero no vemos la fuerza central que origina las dos por su magnetismo. Esta fuerza central, desconocida hasta que la experiencia nos lleva a hacer la ciencia o ley, nos la da a conocer por sus esfuerzos centrípetos y centrífugos la otra originaria, que debemos conocer. Entonces nos es fácil la formación de cuerpos y formas perfectos, por que tienen su base indeclinable en la primera forma original o embrionaria, que es la misma, pero llevada a la perfección, porque por la ley de la ciencia hemos sujetado el principio originario, o sea la fuerza magnética o central, sin la cual no estarían presentes las otras dos fuerzas.

Mas hay aquí, ahora, planteada, una cuestión en absoluto desconocida de los hombres y de aquí todos los trastornos y peripecias en las artes, industrias y ciencias y es: ¿qué es esa fuerza central?

Aunque los hombres dicen que es magnetismo, no saben lo que es magnetismo, si bien dicen que es "la acción de corrientes eléctricas"; pero como no saben lo qué es la "electricidad", es todo un juego de palabras hipotéticas que los encierra en un estrecho círculo en el que se asfixian y, la causa no es más que el desconocimiento de la vida que no puede existir sin el espíritu.

Lo diré pues sin formulismos enfáticos, porque los axiomas no necesitan la retórica de las hipótesis; la verdad no necesita adornos; se presenta desnuda, para verla sin la hoja que le ponen a Eva, por la que resultó mistificada.

Esa fuerza central que origina las dos fuerzas, centrípeta y centrífuga y que bien han dicho los hombres que es magnetismo formado por la acción de corrientes eléctricas, no es otra cosa que el principio universal de la vida eterna y continuada.

Este principio universal, es nada menos que el mismo Creador que todo lo domina y en todo está latente y palpable, para la sabiduría; y sólo no lo palpa y ve la ignorancia que se envuelve en la fuerza centrífuga y que al fin, quiera y no, es dominada por la fuerza centrípeta y retenida por esa otra desconocida fuerza central, magnetismo, que origina las líneas de fuerza que obran al exterior y que después de ejecutado su trabajo, vuelven otra vez a su centro, para volver a salir y así es eternamente en lo móvil y lo estático. Pero el hombre, no puede comprender al Creador y esas mismas fuerzas le incitan y le impelen con su resistencia a que lo comprenda, lo palpe y vea a lo que no se puede resistir, porque dentro del hombre está la misma fuerza central que en los objetos magnéticos busca y se atrae, como moléculas homogéneas que son y, al fin de escarmientos, ceden en el hombre las otras dos fuerzas centrípeta-alma y centrífuga-cuerpo y caen del burro de su ignorancia y se ven montadas, elevadas y alimentadas por esa fuerza central; su espíritu.

He ahí todo el secreto del magnetismo, único y no dos, y menos tres, aunque lo estudiéis en el imán, en la tosca piedra, en los animales y en el hombre, sólo y en todo encontraréis la causa del magnetismo, en el espíritu: y como el espíritu es consubstancial del Creador, por lo tanto, el magnetismo es el mismo Creador, aunque lo observáis en el hombre, en la piedra y en la moderna dínamo y, sólo será el espíritu; que aunque lo veáis (aparentemente) diferir de uno a otro ser, sólo hay por causa, el grado de progreso del ser, tierra u hombre, en que el espíritu se encierra; ese es el magnetismo; esa es la fuerza central que origina las otras dos fuerzas y, no hay otra fuerza, ni otro magnetismo, que la fuerza espiritual.

Lo que hay es que, la materia, (aun la del cuerpo y alma del hombre) vive del magnetismo universal general o principio de vida etéreo, que es la vibración constante del Creador y es el espíritu universal o pensamiento eterno del creador; en tanto que, el espíritu (llamémosle impropiamente humano) es la voluntad del Creador, la acción y la vida demostrada.

Y como nuestra voluntad es la causa de los hechos y no lo es del pensamiento, así el espíritu universal, es el pensamiento del Creador, eterno como él. Pero, el pensamiento no hace las obras; requiere para hacerlas la voluntad y por esto el espíritu del hombre es la voluntad del Creador.

Ahí tenéis la diferencia existente en todas las cosas y lo que es esa fuerza central a la que llaman magnetismo, que tiene la ley del menos (pensamiento) que lo hemos de sujetar a la ley del más (voluntad) que es del espíritu, porque es el del Creador.

Mas no es posible, diréis, tener voluntad, sin antes no hubo pensamiento; nunca me podríais dar una razón mejor, ni un fundamento más fuerte para confirmar todo lo dicho, puesto que, como sin pensamiento no se puede tener voluntad y es necesario que el pensamiento sea primero, así es necesario que el espíritu voluntad del Creador, encuentre antes la materia vibrante, éter o vida universal, pensamiento del Creador, que es el magnetismo de todas las cosas, cada una en su grado y que entre todas son el magnetismo o influencia de la única vibración universal constante y eterna, que el espíritu encuentra en todas partes como eterno pensamiento, para poder ser él voluntad creativa de formas y vida. Unese, pues, el pensamiento y la voluntad para todos los hechos del espíritu, único que puede demostrar la vida animada porque, él es la vida única como consubstancial que es del Creador.

Sentamos pues, que esa fuerza central originaria de las fuerzas centrífugas que nos demuestran la vida en las formas y el movimiento, cuya fuerza central llamáis magnetismo, es el espíritu universal, pensamiento del Padre; y que, el espíritu del hombre, (porque fué individualizado siendo consubstancial con el Creador), es la misma voluntad del Creador y por esto es la ley del más o dominadora de la ley del menos, que la sujeta a la vida demostrativa.

Sentamos, por lo mismo que, el pensamiento es antes que la voluntad, porque sin ésta, no llegaría a adquirir forma y ley; lo mismo que sin el arte, no existiría la ciencia; pero que, unido el arte a la ciencia, establecen el progreso en donde se confunden ciencia y arte; así, pensamiento y voluntad, unen el más y el menos, materia y espíritu y se demuestra la vida en irrompible maridaje, una vez que el pensamiento se rindió a la voluntad, a la que él mismo concibe para tener en ella la vida demostrativa, que por sí sólo, al pensamiento no le era dado tener, porque el pensamiento sólo lleva impreso el deseo de ser y la voluntad es el ser.

Ya tenéis el secreto de ese magnetismo que tanto rompió la cabeza de los hombres, por no atreverse a entrar en la realidad de la vida, porque se contentaban con ser dúos porque, no querían pasar de ser los míseros monos u otros animalejos que no podrán jamás ser hombres, porque tienen que ser animales aunque lleguen a formar parte del alma del hombre, como lo será toda la materia que hoy palpamos; y toda la niebla, trastornos y peripecias de la vida de las ciencias y sus vacíos, desaparecen y se llenan "dando al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" o sea, dándole a la materia lo que suyo es y al espíritu lo que le pertenece, que es la vida demostrativa; los hechos de la voluntad iniciada en el pensamiento y que entre las dos forman esas corrientes eléctricas, ese flujo y reflujo, cuyo es ese magnetismo de las fuerzas centrípeta y centrífuga.

Con esto y saber medir las distancias de un grado a otro del progreso, de un estado a otro de la materia y del espíritu, ¿qué puede haber oculto al hombre? Sólo una cosa; lo que entre todos no podemos saber: el Ser del Creador. Pero en todas las criaturas puede el hombre juzgar y comprender inequívocamente con su pensamiento y voluntad, porque querer es poder.

Toquemos ahora un punto interesante de la ciencia más moderna que se tiene y no se comprende, a pesar de su alta explotación: la electricidad.

Todo el que estudia en ella, acaba por decir que es flúido; pero no sabe más. No sabe de qué proviene, ni los fenómenos que se operan en el dínamo o pila; y sin embargo, no hay más que un paso, muy corto, pero muy trascendental y por esto no lo dan.

Este paso muy corto y trascendental es que, la electricidad, la estudian lo mismo que el alma; sólo por lo material y con grandes prejuicios sociales, científicos y religiosos; y la electricidad, (ya lo dije) es "fuerza omnipotente y madre de todo lo creado", sin la cual no existirían las formas y cuerpos de la vida demostrativa, porque es el alma universal; es el periespermo de la materia y el periespíritu de los espíritus y así es el alma humana, porque es la vibración constante del Creador, su pensamiento, el magnetismo o fuerza central, de todas las cosas.

Ya dijeron los hombres que "la electricidad producía el magnetismo" por sus experiencias y han visto que no todos los minerales se hermanan ni en la pila, ni en el dínamo; y si de aquí partieran por el camino recto espiritualizando los principios derivados del estudio material, hubieran podido llegar a ver coyundados lo material y lo etéreo; pero cuando llegaron a este umbral, se espantaron, porque iban a descubrir también, que el alma del hombre era el mismo elemento etéreo que combina las fuerzas desarrolladas en el cuerpo del hombre y en el dínamo o en la pila; el hombre no quiso pasar del alma, por miedo a descubrir el espíritu.

Sólo un Crokes se atrevió a salir un poco y sus resultados fueron innegables, pero rebatidos irracionalmente, aunque fué prudente en denominar lo que descubrió materia radiante o pantógeno, por comparar su descubrimiento a algo material, para que aún no se asustasen los materialistas, que lo combatían. Mas la iglesia católica predicaba, "que esos inventos de la electricidad eran del demonio"; y esta declaración de esa iglesia, debía haber servido de mucho a los hombres, si ellos no estuvieran prejuiciados y debían saber que, también el demonio es espíritu, aunque según la iglesia fuese "espíritu infernal". No vieron nada de esto, porque como he dicho muchas veces, el prejuicio gravita terrible y es un rodillo aplastador sobre las conciencias. Pues bien, la aparición de la electricidad en los mundos, es decir, el dominio del magnetismo, es la aurora de la unión de las dos potencias, materia y espíritu, reinando el espíritu que se descubre cual es; juez, fuerza, potencia y sabiduría, por lo que se crea un nuevo cuerpo el más complicado y sencillo a la vez, el dínamo, que sirve de alma o resistencia entre la potencia materia y la potencia éter o espíritu, sin cuyo soplo, el dínamo, daría vueltas sobre su eje, pero no produciría las corrientes que sus escobillas extraen y mandan por sus conductores.

Toda la ciencia eléctrica os probaría esta verdad, sin el prejuicio preconcebido; y sobre todo, si fuera posible encerrar el dínamo en el vacío absoluto y ponerla en movimiento absolutamente aislada del éter, veríais que nada produciría y sería la prueba concluyente de que produce corrientes, por la unión del más y el menos: materia y éter.

Es esa la última extracción que se le puede hacer a la tierra; pero es por causa del magnetismo remanente que le queda a cada molécula de su principio generador, tomado para su vida en el éter; de ahí y de esa extracción eléctrica, no puede pasar el hombre un milímetro más sin darle cabida al espíritu. Si esto no pudiera ser, el mundo habría acabado su vida y misión; pero no sería justicia en la ley del espíritu, o de amor, porque hasta allí, sólo trabajos, luchas y sufrimientos hubo para el espíritu, para su alma y para sus cuerpos, porque sólo fué el reinado de la materia; y al entrar el espíritu a su reinado triunfante, no le basta aquella vida, aquella luz y fuerzas; y como ya están unidas las dos potencias, los dos reinos material y espiritual, demostrado en el dínamo, que señala que la resistencia está equilibrada entre las dos potencias para la vida del cuerpo y el alma del hombre, tienen el alimento suficiente a su grandeza, en la electricidad dinámica. Mas no basta para el alimento del espíritu que se sienta por primera vez en su trono, ceñido por la palma de la victoria y pide al padre, la corona de su triunfo, con que quiere regalar a su alma y cuerpo, porque triunfaron también de sus instintos y, llega la luz del Padre de su propio centro, para no extraerle más vida a la tísica tierra y enriquecerla entonces también de nueva sangre y nueva vida bien ganada en tan grandes trabajos y todo queda equilibrado; la tierra, entonces, expele todo lo inútil y enfermo; la humanidad, queda saneada porque sufrió su juicio; y al expeler la tierra sus escorias, arrastra también los detractores y puede y se establece la comuna y el espíritu se sienta en su trono y vive en la tierra y en los otros mundos hasta el infinito y todos están en comunicación. Es decir, que llegó el embrión de la sabiduría y hay que hacer sabiduría en los hombres; lo mismo que cuando llegó el arte, hubo que hacer ciencias. Estas, ahora, van a ser sólo el alfabeto de la sabiduría que sólo va a tener dos nombres esenciales: espiritismo y electricidad; dos platillos de la balanza sabiduría, por lo que los hombres todo lo pueden pesar, juzgar y sentenciar, mayormente, cuando sólo tienen que corregir resquebrajaduras del edificio antiguo, fundado sobre una falsa capa geológica; y esa experiencia científica, lo conduce al primer eslabón de la sabiduría.

Mas voy a insertar aquí una conferencia dada diez años más tarde de escribir este libro y ella, científicamente, prueba todo lo dicho.

ESCUELA MAGNÉTICO-ESPIRITUAL DE LA COMUNA UNIVERSAL

Segundo ciclo de conferencias sabatinas. -Primera del ciclo de 1923; tiene lugar el 24 de marzo a las 21 en punto. -Diserta el Director de la Escuela, señor Joaquín Trincado.

Tema: "LA ELECTRICIDAD Y EL ESPIRITISMO"

Señoras, Señores, Hermanos Adherentes:

Ningún tema expuesto y discutido en toda la vida a los hombres de nuestro mundo tierra, es más interesante que este, para el definitivo progreso y bienestar. Ninguna escuela ni credo podría tampoco ponerlo al descubierto, como no lo hicieron, más que el “Espiritismo Luz y Verdad” que aquí sostenemos.

A esta afirmación, todos los dioses religiosos fruncen su ceño de ira y tiemblan en su impotencia de resistir esta luz que tanto temieron que se descubriera, porque, a ellos que pretendían brillar, los descubre en su negro barniz y ante la razón, los deja expuestos a su propia mentira.

Si fueran potentes, como se hicieron cantar, su mirada de despechados me aniquilaría en este instante. Pero, no temáis. Todas sus iras, todos sus castigos, todos sus infiernos, han desaparecido ante el fulgor de las lámparas eléctricas que el espiritismo trajo como credencial de su potencia; como figura de su amor y como delicada balanza de fina justicia.

Estas afirmaciones que la lógica nos va a probar, no sólo son el escándalo de los dioses, sino que también escandalizaron hasta la desesperación a los detractores del Espiritismo, espiritualistas y espiriteros que ponen imperfecciones a las ciencias, tal vez con más malicia que ignorancia, herencia de su fe religiosa, de la que no tienen el valor de abdicar.

Pero hasta que la electricidad llegó mostrándose a la vez que se manifestaban los fenómenos del espiritismo, la luz débil de las velas, no permitió a los hombres, ni a la fotografía, copiar las fealdades de los dioses y sus fetiches que, envueltos en las nubes de humo, se escondían a los ojos de sus creyentes.

La fuerzas del gas, no fueron tampoco suficientes a rasgar la niebla de los templos ni de las conciencias anestesiadas, del hedor y el humo de las velas; pero, también el gas era condenado por el dios religioso, porque abría paso a un progreso mayor y, Lebon es excomulgado.

Empieza a mostrarse a los químicos las corrientes eléctricas, al mismo tiempo que se sorprende el mundo, la humanidad, con los fenómenos espirituales; y el pontífice Cristiano-Católico, condena por el “Sillabus” hasta el pensamiento; y por todos los medios que antes tuviera, quiere oponerse a todo y persigue especialmente a dos manifestaciones simultáneas, que marcaban la mitad del siglo XIX y que denunciaban todo lo falso de la religión. Estos dos fenómenos simultáneos son: las manifestaciones de todo género de los espíritus, y la aparición del arco luminoso de Volta.

Mas queremos descubrir, que Pío IX sabía la causa del fenómeno espiritista; y es esta la más grande y grave acusación que la historia ha de hacer del autor del “Sillabus” que, en su impotencia, echa mano del arma gastada de las excomuniones, condenas y persecuciones del Espiritismo. ¿Pero que adelantará con eso, si el otro fenómeno material ilumina los rincones de las conciencias, pues instiga a los hombres, que afanosos descubren cada día un secreto a las ciencias? Este descubrimiento nos prueba ya, que la Electricidad era la credencial del Espiritismo; y por tanto, aquellas lámparas Voltaicas, eran, indudablemente, las lenguas de fuego anunciadas por Isaías, que marcaban el reinado del espíritu ¿Comprendéis ahora y con esto, el afán del pontífice en condenar la electricidad ya que estaba en conocimiento de la profecía?

Mas no había de ceder como quiera el autor del “Sillabus” y autócrata pontífice y quiere aterrar al mundo, declarándose infalible. Pero el espíritu inspira, y es primero un valiente Obispo, Strossmayer, que en su misma presencia, prueba al pontífice su falacia; y por la misma inspiración se levantan Cavour, Mazzini y Garibaldi, y destronan del poder al infalible, falible Pío IX. ¿Por qué no fue todo esto antes de que el Espiritismo y la Electricidad mostraran simultáneos sus fenómenos? Es que el Espiritismo es potencia y materializó a su hora justa esa potencia, en la Electricidad. Y esta es, (permitidme la frase) la electricidad, es el pan que traía el Espiritismo para el día festivo del progreso de los hombres en las ciencias. Y digo el pan, porque nada hay en lo material mejor que el pan; por esto, los hombres que quieren progresar, se dan grandes hartones de Electricidad.

No quiero hacer historia aquí de los secretos que los pontífices sabían de todo esto; pero sí diré, que habiéndolo desfigurado todo, para que los fanáticos creyentes no penetraran en esos arcanos, luego, no supieron ellos mismos distinguir entre lo falso y lo positivo.

Crearon (tergiversando) un terrible “Luzbel”. Los filólogos saben que, etimológicamente, “Luzbel” significa Luz bella, o bella Luz. Y el hombre de progreso sabe que la luz es buena y la belleza es el ideal que todos perseguimos alcanzar. ¿Por qué, a pesar de ser todo eso bueno y no sólo bueno sino lo superior que pretendemos ganar en todos los ideales, los servidores de la religión tiemblan ante el sólo nombre de Luzbel? Pues, porque la religión, como falso profeta, les dijo: “Luzbel es el Ángel rebelde y ante Dios dijo: “Non serviam, no serviré”. Y, sí, lo dijo el espíritu de luz; pero ante el Dios religioso de cualquier dogma; y entonces, nosotros, reconoceríamos a Luzbel encarnado en Isaías, puesto que quema y destruye a todos los dioses de palo, piedra, metales y hasta de carne y hueso.

Más, hablar hoy de dioses y demonios, es perder un tiempo precioso, cuando ya, todo cuanto es necesario para mostrar la falsía de las religiones y sus dioses, lo tenéis impreso en los libros que os presenta esta Escuela del Espiritismo Luz y Verdad.

Si hemos tocado esos puntos, obligados somos para sentar nuestra primera base de esta conferencia, que pretendemos sea el jalón primero y la mira segura de los hombres cultivadores de las ciencias, que se ven perplejos y muchas veces desorientados en su estudio, por la lucha de su razón, con el prejuicio dimanante de su educación en la infancia en cualquier religión y dogma, porque perdura el error que, en las celdillas de su cerebro-reflector se imprimió: pero que, hoy, la fuerza de la Luz descubre ese fósil y su calor dinámico trata de incinerar y su espíritu, en cada hombre, quema esos vestigios apocantes. Pero es natural que haya una contracción tremenda, porque es muy duro ver perdido todo lo que creíamos poseer. Más, ¿por qué temen los hombres de las ciencias, en derribar los castillos de corcho que nos hicieron los textos erróneos, que, sin embargo, nos lo semejaron de piedra barroqueña? ¿No aceptamos un mayor progreso, sobre todo progreso que nos sirvió un tiempo? ¿No encontraremos justo, que de la candela animal, pestilente, pasara la humanidad a quemar aceite, de ésta a la vela de cera y estearina, de ésta al flamígero gas, hasta llegar la imagen de Luzbel, en la brillante lámpara eléctrica? ¿No hemos visto transportar sus míseros y rústicos equipajes a nuestras lejanas primitivas tribus arrastradas sobre una rama de árbol, elevándose luego a la chirriante carreta, para pasar a las legendarias diligencias, destituidas luego por grandes serpientes que culebrean majestuosas resbalando sobre dos guías de acero, arrastradas por el gran carro de fuego apocalíptico? Y tanto no han temido los hombres posponer un progreso a otro progreso mayor, que conquistó la automecánica, para arrastrarse a mayor velocidad que el viento; y aún domina a éste que lo creía incorpóreo y que sin embargo, sirve de base y sostén al aeroplano y al dirigible y aún no se satisface; aún en un supremo esfuerzo de la inspiración, lanza sus palabras y pensamientos al aire, seguro de que las recibirán y las oyen en el otro continente y, ya, ni siquiera se admira y aún dice, (quizás solo por la evidencia) ¡con la Electricidad, todo se puede!... Y no teme que, todo eso que fue excomulgado por el dios religioso que todo lo desmiente en su falso poderío. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . (1) y lo descubre en su oficio de verdugo de sus creyentes y de las ciencias. Y si todo esto acepta el hombre sin temor, tácitamente, ama y acepta el Espiritismo, cuyo pan, para su reinado, es la Electricidad.

Mas, he aquí que, aman, explotan, cantan las grandezas de la electricidad (que vamos a probar que es la esposa del espiritismo), y niegan y aun persiguen al esposo, sin el cual, ella, su esposa eterna, no puede mostrarse. Y lo temen unos o lo ríen otros y en general, sin embargo, a su solo hombre, tiemblan como peleles suspendidos en el aire. ¿Por qué este fenómeno tan grande, pero que no lo ven esos grandes fenomenistas de la Sorbona y otros templos supremáticos? La causa es la misma siempre: el prejuicio; la sin razón de su razón, que no puede formar balanza.

Por esto pasan años tras años en lamentables dudas y divagaciones, buscando el principio que solo reside en la procedencia y mandato del espíritu para materializar el principio de vida y jamás puede una ciencia sola alcanzar. Se precisan todas la ciencias reunidas y un punto más, que es, una razón sin perjuicio, que denominamos “Filosofía Austera Racional”. Y por no haber llegado los hombres a ese punto más, vemos debatirse estos mismos días a los estudiosos que dan un grito de alegría cuando penetran un milímetro en la metafísica molecular y llegan siquiera a medir y contar en kilómetros la marcha vertiginosa de las radiaciones, señalando a las “Alfa” 20.000 kilómetros por segundo; a las “Beta” 280.000, y a las “Gamma” 385.000, o sea a éstas últimas, la marcha de la luz. Y dicen bien al sentar que “son vibraciones del Éter”, al que nosotros hemos consagrado única sustancia de la que, el espíritu extrae todas las formas que demuestran la vida; y la electricidad no es otra cosa sino Éter materializado, a lo que no se opondrá en ningún caso el profesor Einstein, en lo que llama “Teoría de la Relatividad” que desde nuestro comienzo de estudio hemos sentado que “todo en el Universo es relativo”.

Terrible parece la marcha de la luz, apreciada en 385.000 kilómetros por segundo de nuestro tiempo convencional. ¿Pero les ocurrió pensar, que hay algo casi infinitamente más veloz y que cruza en cualquier dirección esas vibraciones electromagnéticas, pero que el hombre ha de tener conciencia para emitir esa omnipotente Onda llamada pensamiento? Los espiritistas sabemos que, el pensamiento, es una acción de nuestro propio espíritu, y por ende, el espíritu, es el motor (que presentía Spinosa) de todas las modulaciones que representan la vida; y cada espíritu individualmente, es un átomo integrante y necesario a la composición total de la vida Universal, comprendida hoy en Electricidad y Espiritismo.

Llegado ya a este punto incontrovertible y piqueta inquebrantable de todos los sofismas; y ya que toqué a los hombres de las ciencias, debo entrar de lleno a confirmar filosóficamente y por tanto científicamente también que, Electricidad y Espiritismo, es el Matrimonio sin el cual nada puede existir de la vida en formas.

Temblad sí, dioses religiosos; tapaos los oídos. ¡Oh amalgamadores espiritualistas! para que vuestra prejuiciada o maliciosa inteligencia no deje penetrar en vuestra pesada y obscura alma que cubre con sus negros crespones vuestra dormida o anestesiada conciencia, esclava de todas las religiones. Pero, es tan potente la Luz que voy a descubrir y tan estridente el clarín de mi fiscorno, que a pesar vuestro, quemaré los crespones; fundiré vuestras escorias y oiréis aunque no queráis. Vosotros, hombres de verdadera ciencia, no os voy a quitar nada; os voy a dar lo que buscáis; rumbos rectos a vuestras amadas ciencias y luego justificaréis que: “si la electricidad es la corona de todas las ciencias, es porque son hijas del epiritismo y de su esposa eterna la Electricidad”, a la que yo, en 1906, enamorado de su bella grandeza, le canté su himno mayor y escribí: “La Electricidad, fuerza omnipotente y madre de todo lo creado”.

No puedo entretenerme en ecuaciones de números, porque éstos, son para pocos hombres aún y es preciso que me comprendan todos; por lo que, acudiré a la matemática pura que no tiene números, pero que es la raíz de los números que componen la matemática convencional o positiva.

Ya estamos frente a la cuestión de las cuestiones, que a muchos hará fruncir el cejo con desagrado, demostrando su maldad, su ignorancia, o su vanidad, de los que nosotros no podemos ser culpables.

En cambio; los enamorados de las hijas y bella esposa del Espiritismo Luz y Verdad, las ciencias y la Electricidad, darán un respiro de satisfechos, al comprender que sirven a su misma madre.

Bien que digamos Éter, Alma, o Electricidad, decimos la misma cosa y es la única sustancia existente, de la cual, la Electricidad en todos sus fenómenos, es la materialización del Éter en sus ondas que, llevadas a la Matemática por las leyes de Ampere, Ohm y Joule, podemos afirmar, que medimos y pesamos el Alma Universal, y por tanto, también el Alma humana, puesto que es una parte del Alma universal individualizada por el espíritu para darse forma humana, en la que reúne todo el universo bajo la forma y la denominación de hombre, que como tal, se ve precisado a descomponer ese gran todo, en partículas que llamamos Ciencias, para la mejor comprensión de la causa grande, por pequeños efectos de los que, deductiva e inductivamente, llega el hombre a la ideación del Arte, patrón de cada ciencia, de la que no puede prescindir, como no es posible la prescindencia de los dos sexos, para la concepción del hombre u otro ser.

He aquí que ya se ve, cómo la Electricidad es la corona de todas las ciencias y su reina: por que, si todo es necesario para que se pueda engendrar de dos seres, otros seres, la Electricidad, necesitó para mostrarse, que todas las ciencias y las artes, llegaran a un requerido desarrollo semiperfecto, porque todas eran necesarias a la creación del dínamo que le había de generar, , materializando sus remanentes magnéticos en combinación con las ondas etéreas, sin las cuales, tampoco la dínamo puede generar esas corrientes, que primero aprisiona en sus campos magnéticos, como la madre aprisiona en su matriz el Microhombre, que luego expulsará mostrando al hombre.

¿Para qué ocuparnos en catalogar los errores emitidos sobre la electricidad en su comprensión y procedencia, si sería tan ímproba e improvechosa tarea hoy, como discutir la procedencia y esencia del espíritu, con un fanático religioso? Pero la misma es la procedencia de la Electricidad y Espíritu, aunque las funciones sean diferentes, pero complementarias las unas de las otras, para demostrar la vida en formas.

Dejemos, pues, esos catálogos de errores propios del hombre y ocupémonos, concretando, de su procedencia, para mejor comprensión o por lo menos presentir su esencia, ya que cuantos esfuerzos se hagan por la sola ciencia para apurar su materialidad molecular, que la vemos en la luz y el movimiento, sufrirían la misma derrota, que si se quisiera, por el mismo sistema, acotar la esencialidad del Espíritu. Lo que nos afirma axiomáticamente que, ambos tienen la misma procedencia.

Pero oíd bien: que la una es el eterno pensamiento de la creación y el otro la voluntad ejecutora de la Creación. Con lo cual se afirma rigurosamente, el Eterno Maridaje de Electricidad y Espiritismo.

Llamen a la electricidad, fluido, corriente, luz, movimiento, fuerza, o como cumpla al entendimiento y no serán más que nombres convenientes a entendernos. Pero veremos el fenómeno de convertirse una Onda etérea en calor y retornarse en movimiento materializado, porque observaremos la fuerza en desarrollo, del que, venciendo resistencias, demostrará su potencia en la bella luz que todo lo alegra; y, al final, el espiritista, que forzosamente penetra en toda esa grandeza Metafísica, comprende que todo ese movimiento de cambios y demostraciones instantáneas, es solo y todo diferentes períodos del Éter en su movimiento vibratorio constante, de esa única sustancia que todo lo llena; que a todo le da Alma para sus formas, las que sin embargo, la misma electricidad por sí sola no puede dárselas por que no tiene inteligencia; no tiene voluntad.

Punto tremendo surge aquí: Las ciencias que son perfectas en sí mismas, las veo rozagantes de alegría; pero a los malos científicos, los veo retorcerse de despecho, o reír su propia inconsciencia preparándose al sofisma que los ha de hundir aún más en los silos profundos que ellos mismos se cavan.

“No tiene inteligencia; no tiene voluntad” he dicho, refiriéndome a la Electricidad. Y como el Alma humana es amasada de esa única sustancia, en principio nos queda evidenciado que, tampoco el alma es inteligente, ni tiene ley; y por lo tanto, como entidad en el hombre, no tiene ley. Cuyo complejo estudio dejamos rigurosamente estudiado y probado en nuestra “Filosofía Austera Racional” y demás libros de esta Escuela.

Como el hombre tiene inteligencia y voluntad, de lo que es obvio hablar; y nadie, aún con sofismas, afirmará que la inteligencia y la voluntad sea de lo que llamamos materia, el espiritista metafísico, penetrando sin prejuicio en el ser hombre que es el resumen del Universo; el espiritista, repito, ve con luz meridiana que, la inteligencia y la voluntad es sólo del espíritu. Lo que ponemos como punto de partida a todo estudio de los hombres verdaderos científicos. Y como observamos (y esto ya alcanzó la ciencia aun teniendo muchos vacíos); como observamos, digo, que el cuerpo del hombre como todas las formas que encontramos en la creación, que no es posible verlas, ni existen, sino cargadas de electricidad y bañadas y sostenidas y compuestas de Éter, material o sustancia única que el espíritu encuentra para crear las formas que demuestran la vida; el fenómeno de la vida; de donde se llega a la lógica y axiomática conclusión y por lo tanto indiscutible, de que Electricidad y Espiritismo son inseparables. Esto es lo que manejan los hombres, sin serles posible obrar nada sin ese todo.

¡Qué triste papel hacen aquí los materialistas usando el efecto y negando por aberración la causa! ¿Lo hacen mejor los católicos-cristianos, confesando la causa y persiguiendo los efectos?...; pero dejemos a los inconscientes.

¿Qué podrán decir en contra de esa grandeza, los Chinos, de su principio antiguo del “Electrón”? ¿Me rectificarán los grandes maestros, Ohm, Volta, Ampere, Faraday, Joulé y Roetgen, autores de las principales leyes de la mágica Electricidad en cuyas leyes, yo ví lo que ellos envolvieron sin poder ver, por que sus mismos espíritus les cubrieron para librarlos de una muerte segura, por la irrupción tremenda de los enemigos del progreso? ¿Cómo podrían ellos decir esto, cuando aún el pontífice era rey, sin ser víctimas como Galileo y Colón entre miles más, que, “la Electricidad es fuerza Omnipotente y Madre de todo lo creado” y su único Obrero el espíritu; que esa coyunda inseparable son la una el pensamiento del Creador y el otro la voluntad ejecutora del Creador, y que, sin ellos, nada de lo que existe existiría? Todo esto es anular el dogma católico y aun el de todas las religiones y sólo debería declararse, cuando las ciencias se sobrepusieran a la religión, lo que ha llegado por los fenómenos de la Electricidad y el Espiritismo únicamente.

No podían, pues, aquellos maestros ver lo que envolvían sus leyes, porque ello mismo desmentiría la sabia política del Creador y el buen gobierno del Espiritismo.

Yo os confieso, hermanos espiritistas y hermanos y compañeros de las ciencias, que cuando descubrí y escribí ese tremendo pensamiento, necesité largos días para respirar y reponerme de la tremenda contracción recibida en todo mi ser, que quedó jadeante; pero mi ánimo estaba resuelto a penetrar en todo ese horrible enigma de infinita grandeza, dentro de la cual nadaba y a la vez, se encerraba toda por entero dentro de mí mismo y quedó mi materia como emborrachada de tanta vida y emoción.

Cuando descansé de esa indescrivible emoción, volví resuelto al estudio; pero receloso, me pregunté antes de tender la pluma: ¿Estaré en lo cierto? ¿Me contradirán los grande autores de Electrotécnica, P. Marcolain, San Juan, Agacino, Yesares Blanco, Graffini, con centenares más? ¿Me desmentirán los Marconi que estudiaron esos autores, los Testla, los Edison, los Thompson, los Thury, los Ramos, los Torres-Quevedo y los Cabana, con miles más de mis contemporáneos? ¡Oh no!... A casi todos los conozco: de algunos fui compañero de trabajo y seguro estoy que le satisfará este conocimiento en esta máxima cuestión; y capaces como son cada uno en una cosa de la Termo-Mecano-Dínamo-Eléctrica, darán un nuevo vuelo para llegar al límite máximo posible de la electricidad dinámica, que es la que ellos ven. Y seguro estoy también que, si no antes, de seguro, cuando lleguen a ese límite posible, verán también que el dínamo, sólo por su contacto con el Éter es capaz de generar las líneas de fuerza propulsoras de una corriente materializada y sujeta a la voluntad del hombre, encontrándose entonces en el caso de confirmar que, “Electricidad y Espíritu” tienen la misma procedencia y que son el pensamiento y la voluntad del Creador, padre de todos los espíritus.

Mas... ¡párate un poco, pensamiento incansable! ¡Prestad atención y oído avizor hombres de las ciencias, porque hemos dicho algo terriblemente revolucionario! Hemos dicho: “Cuando llegarán al límite máximo de la Electricidad dinámica”. ¿Hemos dicho bien? ¿Tendrá su límite máximo la dínamo?... Antes de estudiar este argumento tremendo, tendré que buscar y sentar una ley que me ponga en camino y que sea destructora de todos los errores y prejuicios. Sea ésta. Tan pronto se pretende poner el límite a una cosa, ya no existe la misma cosa como tal cosa. Y tan pronto se pretende haber llegado y no se puede pasar más allá de un resultado, es poner límites al progreso.

Es esta una ley mía arrancada a la filosofía generadora de todas las leyes científicas físico-biológico-éticas. Lo que quiere decir, que es un axioma. Y como está probado evidentemente que, si el progreso tuviera límites la vida sería una ficción; y nadie se atreverá a decir que la vida que vivimos sea ficticia ya puedo entrar con esto a estudiar y exponer mi argumento.

El límite de una cosa, racionalmente, se encuentra en el aprovechamiento de otra cosa que sustituye con ventaja a la anterior, para el mismo servicio o mejor servicio. Esta es también una ley axiomática, que ya ha entrado, como todas, en el dominio de la explotación humana.

¿Es posible destituir a la Electricidad dinámica? Sí, y con un 90% de economía en su recolección; sin pérdidas en su aplicación ni gastos de entretenimiento. Pero, oíd ahora bien. Ese sustituto de la dínamo, al que llamaré ELECTROMAGNO, no puede tener precio; no se puede vender, porque es el galardón del padre Creador a sus hijos de cada mundo, al llegar a su mayoría de edad; a su casamiento con la ley solidaria del gobierno del Espiritismo. Es el maná inacabable; es el mismo Eter en vibración directa; es la misma vida utilizada por el hombre, de lo que esta Escuela tiene el principio y secreto probado.

Ese galardón, ya está dado en amor y justicia para la tierra y cuando los hombres lo quieran, se les dará; pero sólo pueden declarar que lo quieren, viviendo el régimen del gobierno del Espiritismo en la Comuna de Amor y Ley, declarándose los hombres mayores de edad por conciencia; hermanos sin diferencia en derechos y obligaciones, siendo el hombre la única moneda.

Hasta entonces (pero está muy cerca el día) el premio, por el estudio de la materia y el trabajo experimental, junto con todos los progresos, será la electricidad dinámica; tan costosa, pero insustituible en el régimen de la supremacía y aberración contra el Espiritismo.

Hasta que el hombre posea el Electro-Magno, no podrá mandar sus mensajes, por ondas, a los mundos que estén a su alrededor y en su mismo grado de densidad y gravedad atmosférica; y también recibirá los de ellos como hoy nos comunicamos con nuestros antípodas.

En la atmósfera que envuelve a cada mundo, no hay; no puede haber otra cosa que la que tienen la materia y el hombre que lo habita.

Por esto, cuantas tentativas han hecho y hagan los hombres (yo también lo intenté) para aprovechar la “Electricidad Atmosférica”, fracasaron y fracasarán, porque ya no es Éter puro; sino rarificado de gases pútridos y pensamientos turbios; emanaciones de odios y pasiones, que la misma rotación del globo expulsa en fuerzas centrífugas.

Debieron los hombres haber entendido aquel sabio apotegma del mártir del Gólgota y de otros misioneros: “El que siembra tempestades, no espere recoger más que rayos, truenos y granizo” . Eso es lo que hay en la Atmósfera de la tierra, porque, aun los hombres son una tormenta y un tormento.

El Electro-Magno, no se recoge en la atmósfera; se extrae de planos más altos; se toma solamente en la misma fuente de la vida, donde el padre respira la vida universal.

Utopía dirán los hombres. Utopía dijeron de los visiones de Julio Verne. Utopía han dicho cuando hemos proclamado: “El Universo Solidarizado”, “El Mundo todo Comunizado”. Utopía dicen, a nuestro “Espiritismo Luz y Verdad”; y, sin embargo, veis que todo ello se realiza, se muestra y se impone por su sola fuerza, La Verdad.

Pues no es utopía el Electro-Magno que sustituirá al dínamo, “bruja mágica” como la llamáis; como no fue utopía cuando dijimos, “dicen Paz y no habrá Paz”, a raíz del tratado de Versailles.

Del Electro-Magno, sólo diré que ha funcionado ya para renovar las fuerzas centrales de este mundo, que ya, en 1913, algunos astrónomos dieron un grito de alarma y dijeron en los periódicos: “La Tierra camina como un beodo”; y era verdad, aunque ellos no supieran la causa.

El gobierno del Espiritismo, entonces, hubo de pedir un adelanto bajo su garantía de Maestros responsables, para que, renovándole en parte las fuerzas vitales, pudiera resistir el tiempo necesario hasta la cancelación de esta humanidad, que ya tenía hecho su juicio.

Concedido ese adelanto, los Maestros instruyeron en los aparatos necesarios; se instalaron y se inyectó a la Tierra nueva savia en corrientes vitales, anunciándose luego en una continuada convulsión de fenómenos geológicos, ocasionados por el desalojo de los gases pútridos y en tal forma, que en un año (14 de septiembre de 1914, a la misma fecha de 1915) hubo más de una demostración por día, sintiéndose varias veces en los dos hemisferios. Y vuelve ahora en su acción renovadora en este “año de los grandes hechos” (2)

Mas, los hombres (astrónomos y geólogos), a pesar de la repetición diaria casi, al no comprender la causa del fenómeno, dicen con apático desenfado: “es cosa natural”. No conciben que sea la acción justiciera del gobierno del Espiritismo, para establecer su reinado.

Para el “Espiritismo Luz y Verdad”, no es tampoco cosa sobrenatural, porque nada hay sobrenatural. Pero sí existe lo extraordinario y esos hechos son extraordinarios y son aprovechados por orden, por los espíritus de la naturaleza, para marcar con precisión matemática los puntos por donde cortarán las escorias que desequilibran el globo terrestre y, con ellas formarán un nuevo satélite que anule las noches obscuras de la tierra regenerada, y cuyo satélite sea la firma que hará fe de estas conferencias renovadoras y preparatorias del reinado del Espiritismo y su gobierno, porque los misioneros de la tierra firmaron por ella la solidaridad con los mundos de la Cosmogonía. ¿Lo dudáis? No importa; pero, estudiad y estad atentos. ¿Lo negáis? Tampoco importa. Los hechos de la justicia y el reinado de Espiritismo, lo mismo serán y habrán sido los autores, la “Electricidad y el Espiritismo”.

Ahora, venid, ¡Oh hombres de las ciencias! Contestadme con la nobleza que estáis obligados a tener. Estas exposiciones, leyes y axiomas, Espíritu-Eléctricas y Físico-Metafísicas y por lo tanto, Ético-Filosóficas, que en su materialidad son rigurosamente científico-matemáticas. Todo esto digo, ¿No será bastante para que sepáis distinguir el Espiritismo Luz y Verdad que exponemos, del Espiritualismo amalgama que conocéis? Toda esa gran sabiduría, justicia y amor expuestas ¿no será bastante a que quitéis del Espiritismo, el Sambenito que le vestisteis, teniendo al espiritismo por patrimonio de locos, ilusos, fanáticos, supercheros e ignorantes? Mostradnos vosotros mayor grandeza que la que exponemos y contad con nosotros como justos admiradores y noblemente nos tendréis a vuestro lado.

Mas si todo eso no os hace deponer vuestra actitud quitando al Espiritismo ese infamante Sambenito, esperad un muy corto tiempo a que el Espiritismo se lo quite por sí propio como empieza a hacerlo y os lo ponga a los seudo-científicos, devolviéndoos lo que vuestro es y será en justicia, sin venganza.

Cuando esto suceda (y sucede ya en muchos) vuestro dolor os anula, porque no podéis ya oponeros al rigor de la severa y augusta justicia. Entonces asoma en esos su médula religiosa y piden perdón, que tampoco la ley inflexible puede conceder.

El perdón lo inventaron los dioses religiosos delincuentes de los preceptos naturales de la creación. Nunca la ley perdonó, porque sería la más grande injusticia; y menos podría perdonar ahora las inmoralidades siempre reprendidas, pero que hoy viene la justicia del Espiritismo a su acción reparadora de la insensatez de los dioses y sus esclavos; y, os aseguramos con dolor, que tanta prisa se da en su acción, que, toda esa renovación y el reinado del gobierno del Espiritismo lo verán las dos generaciones jóvenes que ya viven en la tierra y muchos de la tercera o vieja generación.

Mas, nadie puede precisar año, día, ni hora y quien lo haga, se denuncia el mismo, falso profeta; ignorante de las leyes inflexibles universales y detractor del Espiritismo. Pero, la hora marcada en el Rol de la Vida de la Tierra, ya sonó. Y serán la “Electricidad y el Espiritismo” los que obrarán por mandato expreso del gobierno del Espiritismo, porque así es la política del Creador.

Entonces, la Tierra estará en posesión del Electro-Magno, para todos los usos; los cuchillos de mis hermanos médicos se harán innecesarios, porque aplicarán el Vítalo directamente; pero en breve tiempo, hasta que las enfermedades desaparecerán.

Entre tanto, hermanos y colegas electricistas, seguid dando aplicaciones de la Electricidad a todo, en todas formas que todo eso es trabajo adelantado; pero negaros a aplicarla a los elementos destructores de los hombres; no la apliquéis a las armas de muerte, porque ella es causa de vida, lo que aprenderéis como yo lo vi, ahondando en la fórmula raíz I=(E/R) de la gran ley de Ohm, que me llevó al conocimiento del C.G.S. Raíz de los números; y número es todo lo que la creación contiene y comprendí que esa raíz era inacabable y penetré el infinito que envuelven y que son esas letras, Madres de la Matemática Universal, dentro de la cual está mi espíritu y todos los espíritus que son la raíz eterna y pude exclamar convicto: “La vida es eterna y continuada”. Todo es Espiritismo y el Espiritismo lo es todo.

Claro está que, encontrando yo el Espiritismo de modo tan científico y material, mi exposición tendría que ser diametralmente opuesta al Espiritismo de los espiritualistas, curanderos, adivinas y supercheros que dieron motivo escandaloso para que los hombres de ciencia le vistieran el infamante sambenito de “patrimonio de locos, ilusos, fanáticos e ignorantes”. ¿Pero, qué me importaba todo eso, si yo, en la electricidad pesaba y media mi propia alma en la que se envuelve mi espíritu y por todo, sólo veía el gobierno del Espiritismo que me gobernaba a mí y que estaba dentro de mí como lo está dentro de cada hombre?

“La ley es una y la sustancia una”, dije entonces y, fue otro escándalo; pero nadie logra desmentirlo. Y yo no soy una excepción: soy de la regla general en la que todos los hombres se encuentran. Si alguna excepción he de admitir es, que aunque me rieron algunos colegas, rieron su propia incompetencia en comprender la electricidad. Y, aunque me vi “solo como palmera en el desierto azotada en todos los vendavales” (que ahora redoblan sus furias), eso mismo me hizo madera más dura y resistí sin doblarme, ni desmayar; y vi y palpé en el Espiritismo, cuyo gobierno admiraba dentro de mí mismo, escrito en I= (E/R)

Me convencí también, de que si hubiera más médicos y electricistas que comerciantes de enfermedades y de electricidad, habría también más espiritistas racionalistas, que espiriteros detractores del Espiritismo Luz y Verdad, padre de todas las ciencias.

Mas hoy se os llama y debéis contestar con lealtad; pero por lo menos comprended que al decir: “Electricidad”, decís: Pensamiento eterno del Creador; fuerza omnipotente y madre de todo lo creado. Y al pronunciar “Espiritismo”, pronunciáis: Política del Creador y gobierno del Universo.

Sabéis, pues, ahora, hombres todos, que esas corrientes que admiráis en la rotación de la dínamo y que veis materializada en la bella y brillante luz pero que desconocíais su esencia, es nada menos que la vibración continuada del Creador y mantenedora de la vida, que como su autor, es eterna y continuada. Vibración que es nuestra propia vida y dirigida por nuestros propios espíritus al tópico de la demostración científica, que ve en esa vibración la única sustancia existente que hemos llamado Éter y que desde hoy traduciremos en pensamiento de la creación llevado a cabo por el espíritu, voluntad.

Mas me empeño en que conozcáis la causa grande, por los efectos pequeños y vulgares.

Cualesquiera de las fuerzas conocidas y temidas; gas y vapor, por ejemplo, consienten imperfecciones y que la manejen hombres un tanto descuidados y atolondrados; pero, cuando alcanzan a su maltratante, lo castigan brutalmente, cruelmente, con larga agonía en la asfixia o en la quema horripilante; lo que debe probar con evidencia, la procedencia y materias de las que extrae esas fuerzas por combustión y combinaciones de elementos rústicos y tóxicos.

La Electricidad, si el descuido o el incidente la obliga a matar, lo hace de un golpe seco; como de gracia; sin sufrimiento y jamás daña al experto y prevenido, aunque esté obrando las más grandes hazañas. Pero aún hasta da la vida y la salud y descubre las causas de las enfermedades y convierte la noche en día. Es que, la Electricidad, es la luz de todo y es el todo en esencia y procedencia, como su esposo inseparable es el modulador de las formas que demuestran la vida; el espíritu; que si él no se fabricara los cuerpos no existiría como hombre.

Venid ahora vosotros los que de buena fe buscáis el espiritismo; y vosotros también espiritualistas, que por vuestra culpa, el espiritismo se ha visto ultrajado y con el sambenito de los científicos, que por vuestros juegos espiriteros, inmorales; por vuestro misticismo estulto; por vuestro dogmático fanatismo irracional; por vuestras milagrerías y supercherías despreciables, creyeron el espiritismo propiedad de dementes y utópicos. Decidme: ¿Podéis, ser espiritistas ignorando las profundidades de la electricidad, esposa inseparable del espiritismo, a cuya “Madre de todo lo creado” sirven todas las artes, oficios, ciencias e inteligencias?... Pues si la electricidad es la corona de todas las ciencias, es sólo por la causa dicha. Porque es la esposa del Espiritismo padre de todas las ciencias; y son, la una, el pensamiento; y el otro la voluntad del Creador; por cuya acción solamente existe y se demuestra la vida.

Yo no acuso. Yo expongo. Que os acuse vuestra conciencia si es que lográis hacerla. Pero desde hoy que se os descubre esta grandeza, quien se atreva a llamarse espiritista, le exigiremos por nuestro derecho de defensa del Espiritismo Luz y Verdad, que sean estudiantes y estudiosos de las ciencias, hijas predilectas y muy amadas del matrimonio eterno, Electricidad y Espiritismo. Y declaramos: que quien no sea así y no observe por lo menos lo contenido en los libros “El Espiritismo en su asiento” y “El Espiritismo estudiado”, para una sola práctica unificada y racionalista del Espiritismo, se confiesa él mismo, detractor, mistificador, prevaricador o superchero del Espiritismo, al que pusisteis tísico y acabamos de curarlo, como prometimos al abrir esta Escuela.

Os dejamos señalados sí, a la justicia y la crítica de los racionalistas, que es lo que no podemos evitar, porque no queremos que se nos acuse de encubridores.

Cuando abrimos esta Escuela os dijimos: “Empezamos donde terminó Jesús”; y os escandalizasteis, porque no conocéis a Jesús.

Nuestros sufrimientos por defender y sostener nuestra causa, fueron grandes. Pero hoy nos paga bien con la satisfacción noble de ver a los hombres que cultivan las ciencias rodearnos muchos ya en todo el mundo y todos, por nuestra “Filosofía Austera Racional” se avocan al estudio del Espiritismo, aunque les cuesta desembarazarse de los mil absurdos, de los millones de supercherías y de innumeras falacias del espiritualismo, sostenidos en las prácticas irracionales de sesionar, en los periódicos y revistas como en las conferencias, en los que sostienen absurdos como éstos: “Las ciencias son imperfectas”, “La religión y la ciencia, se unen por el Espiritismo”. ¿Cómo no habían de rechazaros los científicos?

Todo esto hemos tenido que arrancar de los espíritus, y arrancado y quemado queda en todos, menos una ínfima minoría de aberrados espiritualistas que, en estas alturas del progreso civil, salen discutiendo bautismos y matrimonios canónicos, cuando la justicia civil rechaza y desconoce validez en juicio, hasta los documentos eclesiásticos. ¿En qué siglo vivís? ¿No es eso la obra de los Arbués y Torquemadas? Probad lo contrario.

No. La ciencia es perfecta en sí misma, como hija del Espiritismo Luz y Verdad. La imperfección e ignorancia del hombre que estudia, es de él; no es de la ciencia. Y el Espiritismo, no puede querer, ni consiente casar sus hijas las ciencias con la religión su verdugo, por que él es absolutamente antirreligioso; por lo que, cometéis grave delito al hacer religión el Espiritismo.

Como toda ciencia, su padre es antirreligioso; pero su antagónico el espiritualismo, es todas las religiones juntas.

Pero el Espiritismo, no es una ciencia; es todas las ciencias reunidas y un punto más; y un punto menos solamente que la sabiduría del Creador, padre de todos los espíritus.

Sólo en este conocimiento podréis llamaros espiritistas y comprenderéis la gran coyunda Electricidad y Espiritismo, que a pesar vuestro encontraréis inseparables para desmentiros de que, “la ciencia es imperfecta” y que “la religión y la ciencia se unen por el espiritismo”, que es un delito de lesa paternidad. Pero estad seguros, que si no pudisteis estorbar la curación de la tisis que ocasionasteis al Espiritismo, no conseguiréis tampoco separar la gran coyunda Electricidad y Espiritismo que, como fecundo matrimonio engendró todas sus bellas hijas la ciencias, perfectas y antirreligiosas, que ya se ven galanteadas y adoradas por todos los hombres que han hecho conciencia; y hoy, al conocer a su respetable padre en el Espiritismo Luz y Verdad, esos enamorados científicos os salen al encuentro con los puños crispados de justa indignación y os apostrofan como merece un calumniador.

Sobre mí caerán vuestras maldiciones, como cayeron vuestras calumnias. Mas no me arredraron vuestras amenazas armadas en plena sesión pública. ¿Por qué todo eso, si vosotros teníais la verdad que yo rebatí y deshice? Una verdad tenida, se anula con otra verdad encontrada; la que cede, la que cae, es porque no era verdad.

Vosotros alejasteis del espiritismo a los hombres de las ciencias y nosotros declaramos que las ciencias son hijas del espiritismo, y lo probamos en que, el espiritismo señala rumbos nuevos y rectos a las ciencias para mayor progreso; con lo cual, los hombres de verdadera vocación científica, entran en el espiritismo y ven, que fuera de él no eran científicos; y que dentro de él, son escientíficos y se encuentran en el umbral de la sabiduría donde todo es luz, con la que presienten el espiritismo y se palpa que, electricidad y espiritismo es inseparable, como es inseparable el alma del espíritu.

Si esta lección no os bastara, espiritualistas, a romper vuestros moldes religiosos, habréis demostrado ser incorregibles en esta prueba.

Si este curso de la más alta electro-técnica-espiritual no os fuera suficiente, hombres de ciencia y electricistas, para declararos espiritistas racionalistas por afinidad de ciencia y arte, confirmaríais que estáis ciegos, en medio de la luz.

Y si a todos os fuese insuficiente este Código Científico-Metafísico, Electro-Jurídico-Espiritual, declaraos incurables de aberración en la tierra, pues no hay otra medicina, ni otra verdad mayor os será dicha en toda la eternidad.

Por fin, ¡hombres todos, hijos y amantes del progreso! ¡A todos os llamamos! No quedan aquí ocultas ni apagadas por estos muros nuestras palabras. Las llevan vuestros espíritus, que en desdoblamiento han llegado y han oído y las recordaréis. Os las repetirán también los espíritus encargados de ello por esta Escuela, que no es las paredes de este salón. La Escuela es su cuerpo de doctrinas, que como esta conferencia expande y lleva a todo el mundo y, ya, en todas partes las naciones tiene adeptos y cátedras que defienden las doctrinas y las difunden convictos.

Nuestras doctrinas, como esta conferencia, están dedicadas a rasgar velos en las conciencias y a absolver posiciones; a deslindar líneas confusas; a establecer, en fin, sólo dos bandos definidos de “Espiritismo Luz y Verdad” y “Espiritualismo Amalgama” que confundió a los hombres con su irracionalidad.

¿Tenemos derecho a forzar a los hombres a ese acto deliberativo? Sólo diremos, que se os pide esto; y que esta Escuela, en sus obras y conferencias de todo carácter, se puso a la crítica filosófica de los conscientes. Y la adhesión de los limpios de prejuicios; nuestra labor cultural y social, nos autoriza a ese derecho creado de nuestros hechos, lo que es legal; y señalamos calumnias, la crítica de los ignorantes y de los que desprestigian el espiritismo y sus hijas las ciencias, que sostenemos y defendemos.

Es justo, pues, absolber posiciones; y sirva de base la comprobación que hemos expuesto filosóficamente del Maridaje eterno de la Electricidad y el Espiritismo.

He dicho.