PÁRRAFO II
EL INFANTICIDIO ES EL MAS COBARDE DE LOS CRIMENES

Todos los crímenes y delitos pueden tener algunas atenuantes; pero el infanticidio, no puede tentar más que uno; la locura o enajenación mental: pero a pesar de eso, habrá quien tenga la responsabilidad a poco que se ahonde, porque, el niño no se hizo solo en las entrañas de la madre, ni se gestó de la noche a la mañana, sino que hubo que pasar, por lo normal, siete a nueve meses en su encierro y es tiempo largo para que sea notado el embarazo y el estado perturbado de la madre, o ésta el del padre, u otros vecinos que conocieron la enfermedad de uno de los dos padres.

Y si quieren descartarse los que tienen conocimiento de la perturbación de los cónyuges de responsabilidad, con no ser sus parientes o no ser deber de ellos, manifiestan claramente su ignorancia de las leyes naturales y divinas; un egoísmo refinado y completa falta de sentimientos humanitarios, de justicia y, muertos al amor.

Ignoran por completo la vida comunal del espíritu que es el que forma las familias y busca las compañías en justicia y que por algo que no es casualidad, sino fatalidad, se reúnen bajo el mismo techo, o buscan amistad con quien vinieron a reunirse por ese lazo; esto, en la ley divina, obliga a todos, unos por los otros, sin tener en cuenta, razas, castas y clases.

Hay otras ocasiones en que, el infanticidio, se comete por falta de medios de subsistencia y aquí hay hechos culpables; pero los primeros son los convecinos y conocedores de la situación; los segundos y siempre, las autoridades que no tienen leyes previsoras y no educaron a la niña en sus deberes de madre.

Fuera de estos casos fortuitos y forzados por las circunstancias y la falta de amor, aunque la madre pueda ser la menos responsable, en todos los demás casos, es el más cobarde crimen.

¿Qué defensa tiene el niño para oponerse al golpe traidor y cobarde de su ejecutor? ¿Qué propósitos envuelve en su acción ese verdugo vil? ¿Qué demuestra un hombre o una mujer, que no se muere de vergüenza ante el indefenso infante que se sonríe inocente a su verdugo y no sabe leer en la mirada de aquellos ojitos de bondad e inocencia, que no buscan más que caricias y amor?

Siendo nula la defensa del infante, su ejecutor se rebaja de las fieras y lo demuestra al no caerse muerto de horror; ese, está muerto al sentimiento y obra lo que no hacen las fieras; pues éstas; defienden a sus cachorros con sus cuerpos y antes caerá la hembra que le quiten sus crías; lo que revela ese criminal es, la mayor desnaturalización del ser hombre, porque no le entraña la sonrisa inocente del infante; sonrisa angelical, que millones de veces salva la vida de sus padres, les da ánimo y valor en la lucha de la vida, apaga las penas de sus corazones y une siempre con su mira tranquila y su sonrisa, los desavenidos corazones.

El no leer nada el infanticida en los ojos del infante, demuestra claramente, que está divorciado de la naturaleza, por una vil ruindad; no tiene derecho a la vida de hombre; debe salir de la sociedad; es el único ser que no puede participar de la vida en común; sólo debe vivir con las fieras, por que es el rey de ellas por sus hechos, pero mucho más bajo que ellas, porque no tiene ningún sentimiento. Los niños, despiertan los sentimientos dormidos de largo tiempo; y el que no despierta de su letargo ante un niño ese es muerto sin remedio por esa existencia y será un gran amor el rigor del castigo para revolucionarle la conciencia.

Mas busquemos la raíz del infanticidio, pues ha de tenerla, no sólo en lo espiritual, sino también en lo moral, civil y religioso y veamos esas causas para analizarlas y que en la comuna, desde su principio, no registremos un solo infanticidio: y prevengo que, en el "Código", es el único delito al que señalé la pena que debería imponerse y es "meter en una jaula, a los delincuentes y exponerlos en el parque zoológico"; porque no son dignos de otra cosa.

Que hubo infanticidios en las tribus primitivas hasta Adán, no podemos menos de confirmarlo; pero ¿qué era la humanidad hasta esa fecha? La humanidad era selvática, ignorante, incivilizada; no eran hombres, sino aspirantes a hombres; no conocían más derecho que el de la fuerza; eran niños revoltosos que todo lo destrozaban y jugaban con todo en inconsciencia: no había temor, ni amor, en lo civil, ni en lo religioso; y baste saber, que se sacrificaban hombres como holocausto a sus dioses: no podemos fundarnos en esa sociedad para establecer la causa del infanticidio vulgar que se comete hoy ; pero hay allí una causa primera y es el odio espiritual, por ignorancia; mas no hay más responsabilidad que la del crimen, que en ley divina se paga, dándole de nuevo la vida y amando a su enemigo; ya tenemos que, la raíz primera o fundamental del infanticidio es, el odio espiritual.

Desde Adán en que se empezó a legislar en la tierra con principios de amor, debía empezar la civilización y fueron todos los esfuerzos encaminados a evitar el infanticidio. Tenemos los grandes ejemplos en todo Israel en sus grandes madres y matronas y nos da el más alto ejemplo Jacabel, burlando la ley de Faraón, que ordenaba el infanticidio de todos las varones nacidos en el pueblo esclavo: y, Jacabel, sí, echa al río a Moisés, pero de modo que no pueda ahogarse y en ocasión propicia de que lo salve la misma hija del faraón; y aun puso de guardia, Jacabel, a su hermana Miriam, para ofrecerle inmediatamente una nodriza, que sería la misma Jacabel, madre del niño.

Todavía nos dan otro ejemplo grande aquellas matronas; a pesar de la ley de infanticidio, Faraón, veía gallardos mancebos que según la ley no debían vivir, porque debieron morir al nacer; y Faraón, llama a las parteras de Israel, Sephora y Phulla, para condenarlas, "porque no mataban a los niños de los israelitas al nacer" y, ellas se disculpan muy sabiamente y con valor, diciendo: "Señor, las mujeres israelitas, no son como las egipcias, porque son más robustas y paren antes de que lleguen las parteras: y, ¿quién les quitará sus hijos después de besarlos? ¡Oh, qué sabiduría encierra esa contestación!... “Son más robustas, dicen al rey, por no decirle, aman más que las egipcias”, pero le añaden: ¿Quién les quitará a sus hijos, después de besarlos? ¿Quién no vé el universo en los ojos del infante con su candidez y la armonía toda en esa candidez? Y, ¿quién si besa un niño, no recuerda que él lo fue como él que enjugó lágrimas y suavizó las asperezas del corazón del hombre y dio valor a sus padres para luchar en la vida y aun redimió a sus progenitores, porque en verdad de verdad es esta la misión principal que el espíritu trae para sus padres, porque es la raíz de la vida? Pues el infanticidio, (aparte del crimen cobarde que representa la ruindad más vil de un hombre) corta la raíz de la vida; la raíz que le había de absolver de muchas otras faltas de la ley divina, porque por la procreación existen las humanidades; para la procreación de los seres se crean los mundos y sufren todos los tres reinos de la naturaleza, aquel gran cataclismo que atrás os queda descrito para la aparición maravillosa del hombre en los mundos y a todo esto reniega y se condena el hombre por el infanticidio y, no puede tener atenuante.

Mas ya, la humanidad tiene los ejemplos dados por Israel y en ello han de ver que, ni reyes ni emperadores deben ser respetados en sus mandatos contra la infancia; y si bien los hombres deben respetar las leyes y los poderes constituídos y defender su patria (mientras hay fronteras) luchando dentro de la ley de gentes, todo hombre debe levantarse con coraje, de cualquier nación, casta y clase que sea contra aquel bárbaro que diese una ley infanticida; y será más gloriosa la hazaña, cuanto mayor sea el bárbaro a quien se castigue por una ley irracional; y si hoy fuera la China, con cuatrocientos cincuenta millones de habitantes la que tuviera esa ley de infanticidio y se levantara contra la China, por esa causa la república de Andorra que sólo tiene 14.000 habitantes, ésta triunfaría y redimiría a la China, porque su ejemplo sería secundado por todas las madres chinas; la justicia divina prevalecería en favor de la infancia y tenemos la prueba de esto en Israel, que triunfan las parteras, de Faraón, no por ellas, sino porque son secundadas por las madres israelitas; y es que, la ley está en las madres y ellas la imponen.

¿Por qué pues, hay hoy tantos y tan horrorosos infanticidios, con tan hermosos ejemplos y tantos progresos que hay en el mundo, aunque no haya civilización? Busco y rebusco entre todas las naciones constituídas legalmente y encuentro en todos sus códigos, penado, el infanticidio: luego no está la causa en las instituciones civiles, pero sí está en ellas los efectos vergonzosos de esos cobardes crímenes y el estado civil es el responsable, por cuanto estudiado queda atrás para todas las cosas de la vida civil; y más porque en todas las constituciones veo “la religión del estado es tal o cual”. ¿Será entonces la religión la causante?.

Estudiemos por las constituciones que dicen "la religión del estado es tal o cual": examinamos éstas y todos sus sacerdotes, patriarcas y pastores, son casados y con hijos y viven la vida común de familia. Estas religiones, aunque malas como religiones, en lo civil, sus hombres, viven como todo honrado ciudadano, con sus esposas e hijos; éstos, pues, no pueden ser causa de infanticidio; tienen hijos. Sólo nos queda la desgraciada religión cristiana o romana, que sus hombres y mujeres, sacerdotes, legos y monjas, son célibes renegados de la ley de procreación y ya, el análisis dice inequívocamente que, estos son la causa del infanticidio, del homicidio, del uxericidio, del fratricidio y también del regidio.

¿Pero hasta cuando saldrá, como el aceite sobre el agua, la inaudita acción de la religión cristiana, católica y no católica, sobre las aguas del mal mundial? ¡Acaba ya, Padre mío, con tanta vergüenza que hay sobre la tierra por esta condenada iglesia y religión Cristiana y, acaben todas; porque ya es hora de sacudir el baldón ignominioso que han cargado a los hombres! ¡Sólo tu justicia puede reducirlas al no ser, en un instante que con ansia espero!

Yo os confieso, hermanos míos, que no quisiera tener que revolver más fango abominable de esa bestia inmunda; pero es tal su maldad; está tan metida en todas partes y en todas las cosas como el agua en la tierra, que en cualquier punto, a mayor o menor profundidad, se encuentra; pero ella sola es la que pierde ya, pues a cada paso recibe un cañazo y, como las serpientes, queda doblada y llegan los caminantes y la aplastan en el polvo, sin miedo y con coraje; ella se lo preparó, justo es que lo sufra.

Como ya está encontrada la raíz del infanticidio que es el odio; y hoy sólo radica esa planta de ponzoña en los célibes para el infanticidio, no tengo porque estudiar más en esta materia. Os remito al libro "Buscando a Dios" y al "Código de Amor" y en ellos veréis todo lo que aquí no haya dicho; y soy relevado también del párrafo que correspondería aquí bajo esta sentencia: Los medios contra la procreación, son la negación de la ley, puesto que en los mismos libros está estudiado y codificado: por lo que, cierro este párrafo, diciendo: El infanticidio corta la raíz de salvación al que lo comete.