PÁRRAFO IX
EL AMOR ES EL MANDATO

Registrad el testamento de Abraham concierto del padre Eloí con sus hijos los hombres y sólo amor respira, hasta para sus hijos "negros de hollín". Ojead la ley del Sinaí que diera Moisés y sólo de amor habla, aun siendo ley para un pueblo que salía de una oprobiosa esclavitud y se veía por primera vez como pueblo con jefe.

Revisad con razón la doctrina de Jesús y su precursor Juan y ved que proclaman la libertad del hombre y anuncian el reinado del amor.

Estudiad toda la obra que hoy se os da (cuyo prólogo le fué mandado a Kardec como precursor de estos hechos) y ved que se os sintetiza todo en el sencillo mandato "ama a tu hermano".

Ahondad todas las profecías; estudiad todas las obras de los apóstoles y misioneros; inquirid a la naturaleza y sólo de amor os dirán y amor reina en todo en fruición.

Mas salid en desdoblamiento consciente y llegad a nuestros vecinos y hermanos, mundos de luz de nuestro sistema solar; entrad en el Sol nuestro padre en la materia; corred las siete y media nebulosas de nuestro plano; preguntad en todas partes al maestro espíritu de Verdad: ¿Cómo se llega a la sabiduría? Y una sola contestación oiréis: "Por el amor ".

Y es que, sólo el amor es la ley y por esto, sólo el amor hace grandes; sólo el amor nos iguala en justicia y equidad sólo el amor da consuelo; y sólo amor es la vida universal.

Mas a pesar de haberle predicado siembre amor a la humanidad, habiéndole dado una ley escrita en el Sinaí que sólo de amor habla al hombre, ¿por qué hay tan poco amor en la tierra?

Ya habéis visto que había religiones: que había sacerdotes y éstos no estaban dispuestos al sacrificio y, el amor es sacrificio. Por esto hay tan poco amor y es natural que se llegue lo último al amor, porque está el más alto. Y porque para llegar al amor puro, es necesario amar de toda nuestra alma y con todo nuestro espíritu a nuestros hermanos. El sacrificio siempre es amargo y la carne huye por ley natural del sacrificio, cuando el hombre es dúo. Pero no es así cuando el hombre es trino y sabe de dónde viene, por qué está en la tierra y a dónde va y cuál es su destino en el eterno progreso: es decir, nadie huye del sacrifico que el amor requiere, cuando se conoce a sí mismo, ¿Y por qué ha de ser sacrificio el amor, siendo lo único que puede dar satisfacción y grandeza al hombre? No es el amor en verdad el que da el sufrimiento; es la imperfección de los hombres lo que hace sufrir al hombre y al espíritu que ama; por esto es sacrificio; porque el que ama es sabio y comprende las miserias de la ignorancia del que odia, o no ama; hay los tres estados: el odio, la indiferencia y el amor.

Mas ya, en la tierra hay mayoría que aman y por esto llegaron los tiempos a su plenitud; por esto se pudo llenar al juicio y por esto se firmó la solidaridad con la cosmogonía ; por esto también llegó a la tierra el Espíritu de Verdad: por eso, igualmente, vinieron los maestros de los mundos de dicha y por todo ello, llega Eloí mismo con nuestra credencial de su luz, vida de la vida.

Pero el detractor vió que el amor se asentaba y previó su fatal caída; y con la saña de siempre (más aprovechando los progresos que por amor traíamos a la tierra) levanta la caridad y enciende las hogueras, pretendiendo apagar con sus llamas grasas, los fuegos acrisoladores del amor de los espíritus y de la ley y por la caridad posponen el amor. ¿Quién se extrañará de ello si vemos que pospusieron a Eloí por troncos secos, por hombres corrompidos, mujeres pudibundas y hasta por las víboras?

Sabían del amor puro y divino y aquí está su mal. Pero ellos que no tenían valor para el sacrificio del amor, ¿no harían todo lo que su concupiscencia les dictara, para anular si pudieran y ya que no, retardar cuanto pudieran su caída estrepitosa? Por esto, cuando se encontraban ya en un callejón sin salida, levantaron la caridad como baluarte. Pero ¿con qué inauguran la caridad, después del dogma? con la persecución rabiosa a los libros y los hombres por la inquisición, para matar el amor de hermanos que quedaba como fruto de la predicación de los apóstoles; pero el amor puro, no está en la carne; el amor de la carne, no es más que una reflexión del amor puro, para cumplir la ley de la procreación; y para matar hasta ese amor, idearon el celibato, que es renegar de ser hombres.

Y no les faltó más que eso para cortar su raíz y la cortaron; y por el celibato, hubo que levantar los asilos de vergüenza y desnaturalización, que son las casas de maternidad, con las que se ayuda a la desnaturalización, porque, muchas madres, si no tuvieran esa casa, tendrían consigo a sus hijos y serían madres de verdad; pero los llevan allí y cortan su raíz después de haber sufrido para dar la vida; y si no cortan la raíz porque siguen amando al ser que allí depositan, es para ellas la desesperación, porque aman al ser que salió de sus entrañas y por falta de medios de vida, las más; otras por el llamado escándalo social: y por fin, otras, por falta de virtud moral, viven muriendo, de lo que encontramos millares de dramas a diario y no son ellas responsables, más que de faltar a un deber; pero es responsable de esos hechos y de todos los que estudiamos quedan aquí, en la filosofía y sobre todo en el código, el haber los sacerdotes pospuesto el amor a la caridad; por lo que me he visto obligado a enterrar la caridad con terrible losa de baldón, para salvar al amor; lo mimo que hube de hacer con la cruz y el cristo para salvar a Jesús.

Yo salvo a Jesús y su familia; salvo entre los hombres el amor ley del padre, con el amor a los hombres, ¿Quién me salvará a mí entre los hombres? A mí sólo puede salvarme el amor universal y éste es Eloí; hoy estoy confinado entre los hombres, a los que mi amor a ellos por el Padre, salvo: todos sois libres; sólo yo soy esclavo de vosotros mismos, mientras no os améis como hermanos. Y si yo os salvo a vosotros, ¿queréis seguir sordos al amor, para tenerme esclavo? No, no lo queréis, mayormente cuando no os quedan las causas de religión, de sacerdotes, de ídolos, de cruz, cristo y caridad, que arranco y echo al fuego; y no temáis, que de sus cenizas vuelvan a nacer como se dice del Phoenix ; éste, sólo es el espíritu; y éste vive ya del amor de los hombres y del amor universal; y no es que hay dos amores; sólo hay un amor, pero tiene muchos grados. Como tampoco hay más que una sabiduría y sin embargo, hay muchas ciencias; más entre todas estas ciencias, más las artes, industrias y progreso general, sólo son el primer grado de sabiduría, porque, la sabiduría del espíritu con ser infinita y sumada toda la sabiduría de todos los maestros y de todos los seres del infinito, aun es sabiduría y no la sabiduría; ésta, sólo pertenece a Eloí.

Lo mismo es el amor: tenemos amor de padres, amor de hermanos, amor de amigos, amor de esposos, amor de hijos y amor de la carne; y todos esos grados, no son más que como las ciencias referentes a la sabiduría; la reflexión del amor universal, que hay que darlo al hombre por grados, porque, todo el amor, no lo puede abarcar de una sola vez; lo mismo que no podemos llenar la sabiduría, sino aprendiendo un arte, un oficio, una ciencia, luego otra, otra y otra hasta llegar a, saberlas todas.

Pues bien. ¿Cómo queréis llegar al amor de Eloí, sin amar antes a vuestro hermano que con vosotros convive?... Eso es la locura, el error en que se encerraron las religiones; no; hay que amar primero al hermano; pero hay que amarlo antes la carne, porque ésta es el principio del amor, por el que la naturaleza nos demuestra sus halagos, para incitarnos al cumplimiento de la ley de procreación: mas ese goce, lleva consigo el mayor sacrificio del hombre, sólo comparado con el sacrificio que el espíritu hace al encerarse en el alma rudimentaria y con ella en los cuerpos, con los que ha de realizar todas sus obras.

Si los hombres hubieran querido ver quién era el que condenó a la carne como terrible enemigo del espíritu, hubieran visto a los sacerdotes y que, para sancionar tamaño error, se hacían célibes, los que llamaron a la carne enemigo del alma, con lo cual, cortaron su raíz y pretendieron que la cortase toda la humanidad: sin embargo, ellos mismos, sólo por la carne (en su uso por el amor) pudieron existir, porque El padre no es el hacedor de los cuerpos de los hombres y las mujeres con puñados de barro, sino que, ya sabéis cómo nacieron los hombres, machos y hembras, y con el mandato de "creced y multiplicaos".

Por la ley de procreación se estrechan los lazos de familia, cada vez más; pero si no existiera más que la familia individual, jamás el amor universal triunfaría; pero la justicia impone la reencarnación por afinidad y cada vez que vivimos en el mundo ensanchamos nuestra familia espiritual y consanguínea y no puede ser la ley de afinidad cumplida hasta que todos somos raíz de todos en forma tal, que tirando de un solo hombre cualquiera, se vea que todos están unidos por el hilo fluídico pero irrompible del amor, del mismo modo que veríais un copo de blanco algodón, que de cualquier fibra que tiréis, arrastráis todo el copo: así justamente es la humanidad de un mundo, para llegar al grado máximo de unión en el amor.

Cuando a esto se ha llegado, la sorpresa va a ser mayor; vais a ver entonces que esa bella guedeja unida, de tantas fibras, no está aislada (como no está el capullo del algodón sólo) sino que, como todos los que tiene el algodonero, están unidos al árbol por su pezón. Lo mismo es la humanidad de la tierra unida al sol (su centro orgánico) por los rayos de luz, hasta que los hombres reconocen el amor por la ley; pero entonces también veréis, que ese sol depende de otro y así, las humanidades todas se enlazan al centro de la vida formando un solo copo de fibras delicadas pero irrompibles todo el universo, bañándose en el éter vida universal: lo mismo que el algodonero se baña en la atmósfera que lo alimenta en su oxígeno.

Mas para que el algodonero nos diera esas blancas guedejas, ¿qué tuvo que hacer antes? Antes tuvo que entrar la semilla en las entrañas de la tierra; promiscuarse en la sangre de la tierra, y esto es sacrificio porque se aprisiona y se pudre para hacer raíz y quedar unido a ella fraternalmente, hasta dar su fruto. Esta es la ley universal para todo ser y todo esto es, sólo amor.

Sí, la carne no es enemiga del alma; el alma; salió por la metamórfosis, de la carne y, toda carne será con el tiempo alma; ésta, el espíritu que la purifica (como el oxígeno madura los frutos y blanquea el capullo del algodonero) la lleva en esencia hasta el trono del padre. ¿Cómo, pues, había de ser la carne enemiga del alma, si metafísicamente, la carne y el alma son una misma cosa? El enemigo es, las pasiones; dominar las pasiones y usar de la carne en medida, justicia y afinidad: he ahí el camino primero que todo hombre tiene que andar y por él llegamos al gran copo de infinitas fibras irrompibles. Este es el mandato para llegar al amor universal que reside en Eloí, y el mandato es tan sencillo, como grande: "Ama a tu hermano".