PÁRRAFO VIII
LA CARIDAD RELIGIOSA ES UN BALDON

Que se haya escrito "Charitas" (caridad) antes de Cicerón, nada habrá que lo pruebe, puesto que en el griego no existe, en el árabe tampoco y en el sánscrito no se encuentra, aunque sí se encuentra beneficencia, que no es lo mismo, porque ésta es legal e impuesta en toda ley hasta en las más bárbaras; y todo el pueblo y familia tiene y tuvo la beneficencia por el auxilio mutuo necesario, porque todos a todos nos necesitamos y todos a todos nos complementamos y la beneficencia, por tanto, es justicia; y la justicia, es ley fatal.

Mas nos prueba todo, que antes de Cicerón, no se escribió esa palabra; pues su raíz (nos dice la academia de la lengua) es del latín: y si antes de él, no se escribió "charitas" es porque no existía la palabra.

Pero como Cicerón enriqueció aquel idioma, tan vivo y tan rico después de este lingüista, su vida vigorosa y su riqueza, se acabó por consunción, de vergüenza de servir de idioma a un estado sin territorios; a una religión apócrifa y a una iglesia degradada, que se sirvió de la riqueza, vigor y dulzura del latín, para hacer el más grande código de crímenes, entresacando la palabra "Charitas" para hacer un estandarte de oprobio y un baluarte de baldón.

Como después de los hechos de esa iglesia y religión, todo estaba adulterado en los escritos y reducido a cenizas los grandes archivos de Grecia donde estaban los terminales de la obra de los misioneros en progreso y ciencias y de allí no había más camino que empezar la sabiduría, en cuanto se le dió suelta a la bestia y al dragón; llegó a sangre y fuego y devoró aquellos ricos pergaminos.

Pero el autor y autores de ellos, Eloí y los misioneros, viven eternamente y lo saben sin que se les pueda olvidar, lo repiten cuando llegan los tiempos; y hoy, Cicerón (que fué el profeta Daniel) sopla a mi oreja y yo le oigo y diré por qué escribió "Charitas"; cosa que no han podido profundizar los historiadores, que aunque libres de prejuicios (quiero darles este honor porque lo han debido ser y si no lo fueron la justicia será con ellos) los historiadores, repito, debieron de beber en fuentes mistificadas después del siglo III, porque todo lo que hasta allí fué hecho ha sido destruido y no pudieron (aunque hayan sido libres de prejuicio) escribir verdad, porque sólo mentira han encontrado. Pero si Cicerón no dijo, (como no dicen la mayoría de los que componen una nueva frase, vocablo o nombre, porque lo han compuesto) hay hoy necesidad de decir cómo se compuso la palabra "Charitas" y os lo probaré hasta por la arquitectura, con las cariátides.

La idea arquitectónica de la "columna cariátide" (que es una pilastra en forma de mujer sosteniendo con la cabeza el peso de una cornisa o portada o templete o todo un edificio) tiene una historia sagrada; ésta sí que es una página sagrada porque es verdad y porque aquí nos servirá para saber con fundamento moral, científico y artístico por añadidura, el fundamento de la palabra "Charitas".

Cariandá, ciudad de la Caria al S. O. del Asia Menor, fué vencida por los griegos: las mujeres que podían escapar, marchaban con grandes cargas a la cabeza llevándose cuanto podían de sus enseres y vituallas y para auxiliarse, se manifestaban unas a otras mentando su ciudad, diciendo como santo y seña : ¡ Cariandá . . . Cariandá ! . . .

Aquellas mujeres querían llegar a Cariatiarín, que era otra ciudad donde estaba el arca santa de la ley de Moisés; cuya ciudad de Cariatiarín (que quiere decir ciudad de descanso) era de la tribu de Judá.

Como estas mujeres llevaban sus niños que representa amor y se ayudaban unas a otras que es beneficencia, justicia, y para ayudarse era y es necesario dar uno a otro y eran de Caria y se dirigían a Cariatiarín, para descansar y con el propósito de defender la ciudad del descanso del arca de la ley y esto significa celo, Cicerón, en su pensamiento, resumió todas esas virtudes de aquellas mujeres en la palabra "Charitas", ya que los griegos rememoraban en las cariátides el hecho, digno de no olvidarse, de aquellas israelitas, bellas matronas. Este fué el pensamiento de Cicerón, al componer la palabra "Charitas", bajo la cual encerró todas las proezas de las mujeres cariandanas y de sus hijas, obligadas a entrar en Atenas llevando sobre sus cabezas, un templete con el escudo griego y la llave de la ciudad de Caria, rendida.

Esta es la historia de cómo surgió la palabra latina "Charitas", que es levantada más tarde como baluarte de salvación por la iglesia degenerada y la religión apócrifa. Pero Cicerón creó esa palabra, en un arranque admiración a aquellas matronas, porque entendía que merecían señalar sus hechos en la literatura, ya que se habían esculpido en la arquitectura tan bellamente, sosteniendo con su cabeza un edifico que representa protección del hombre por el hombre mismo; es decir, por su esfuerzo, por su trabajo en justicia y equidad, por la ciencia y el progreso, hijos de la sabiduría.

Cicerón, sabe y comprende el amor puro. Pero como el mundo no conoce más amor que el de la carne, si canta un canto al amor puro, el mundo, los amantes de la carne, se servirán de él para ofender al amor y los demás se escandalizarán, (sobre todo los sacerdotes) como sucedió 50 años más tarde de Cicerón, con Jesús, que habló de amor; pero Cicerón, ideó la palabra "Charitas", para representar por ella el valor, el celo, la valenía, la beneficencia y cordura de aquellas mujeres, por el hecho histórico que encontró en la Grecia representado por las Cariátides.

El hecho innegable de que, Caridad, tiene su raíz únicamente en el latín "Charitas", nos prueba, histórica, filológica y por añadidura arquitectónicamente, que Cicerón, compuso esa palabra que es un himno en su verdadero significado, al amor, al celo, a la magnanimidad, a la justicia; y es también, su analogía, una prueba fidedigna de que la ideó de los nombres derivados de "Caria" que son "Cariandá, Cariatarín y Cariátide", resumiendo todo en "Charitas". Todos los demás padres que se le den a la palabra "Caridad", son abortos dé la religión cristiana e hijos de su maldad, al igual que la invención del sacramento de la eucaristía, el nacer Jesús sin padre; el ser Jesús Dios; la resurrección de su cuerpo; la estrella de los reyes magos; el derecho divino de los sacerdotes y toda la demás trama absurda de sus teologías y dogmas, que para hacerlas prevalecer, tuvieron que aniquilar todos los escritos y todos los hombres que ciegamente no creyeran lo que ellos en su concupiscencia idearan para su satisfacción.

Mas a pesar de tanta sangre y de tanta violencia, el absurdo era tan mayúsculo, que por todas partes se traslucía; y a pesar del luto y sangre que sembraba el dragón, jamás pudo, con tanta sombra y crespón, ocultar sus garras y fauces, porque en medio de esa horrible oscuridad, había ojos de lince que traspasaban esa tiniebla y descubrían la falsedad: llegó el siglo de las luces con los carros y lenguas de fuego, e hirió de muerte al dragón en el mismo momento en que dijo sus dos últimas blasfemias, que son dos artículos de fé creados; el de la concepción inmaculada de María y la infalibilidad del pontífice cristiano.

Pero en aquel momento se le echó la cadena al cuello de la bestia y más se enfureció y pide y manda que aniquilen al Anticristo (1) que acababa de nacer; pero éste, 45 años más tarde y cuando va a formar tribunal para juzgar a vivos y muertos, le mandó un saludo, como diciéndole: "prepárese la bestia y el dragón porque van a ser encadenados y lanzados al lago de azufre según el Apocalipsis. Pero aun le ofreció amor, no caridad, pues esa bandera, es la mortaja que le tejió el cristo, a su vicario, que es el dragón; y la bestia, la religión.

(1) Pío IX, ha concebido al Anticristo en un hombre; pero han habido tantos llamados Anticristo por los pontífices, como el Kaiser, Obregón, Calles y otros, que ya nadie sabe cuál sería.

En nuestra Filosofía Austera Racional dijimos quien es el Anticristo.

Mas aquí estamos en juicio y necesario es "dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" y dar asentado en firme, los frutos que ha sacado de la caridad la humanidad y ver si puede ser virtud, o si es en verdad un baldón; y como ya sabemos su procedencia y lo que el autor de la palabra "charitas" quiso representar, debo distribuir en puntos de juicio mi estudio.

Punto primero
LA CARIDAD ANTE LA VERDAD HISTÓRICA

Todos los pueblos tienen sus fechas de recuerdo; la historia consigna los hechos que incumben a la humanidad; y a las virtudes y a la belleza, la literatura y los poetas le dedican las flores de la prosa y el sentimiento de la poesía; y en esas estrofas (cuando no cantan a lo abstracto) en los sentimientos nobles, elevan los hechos materiales a la espiritualidad que los originó y queda en la conciencia del autor del himno, la imagen o musa que se formó para representar aquella escena, real y material en el hecho, pero elevado a lo abstracto en el símbolo que lo reasumió. Por eso, en la sabiduría, no existen los símbolos; porque la sabiduría en sí es la realidad y él hombre sabio no necesita símbolos ni imágenes; pero para llegar a la sabiduría, hubo de pasar por los símbolos y las parábolas, los nombres y los superlativos, cada vez que subió un escalón.

La justicia es la ley entre los hombres y esta ley emana del amor; para llegar al amor, es necesario pasar por todos los escalones que hay desde el odio al amor; la justicia es el penúltimo, porque más arriba está la ley de afinidad, como formando antesala al amor; pero es la justicia la que nos introduce en esa antesala de la afinidad; y para llegar el hombre a la justicia ¡hay tantos escalones que subir! que hay que denominarlos con nombres, para facilitarle el acceso de cada escalón.

Por esto se le han hecho los nombres de valor, celo, beneficencia, benevolencia, misericordia y tantos otros, necesarios para considerar los diferentes grados de progreso de los pueblos y los hombres y de todos esos nombres, podemos buscar su raíz.

Pero se llega a un momento supremo en que para subir el escalón, nos encontramos (comparándolo material y prácticamente) con un pie en el escalón bajo y el otro (habiendo ya sostenido el equilibrio del cuerpo) en el escalón de arriba. ¿Qué se necesita ahora para colocarnos con todo el cuerpo en el escalón de arriba? Un otro esfuerzo mayor, porque tenemos que arrastrar todo el peso del cuerpo, mas guardar el equilibrio para no caer y es el supremo momento.

Hemos ejecutado en esta operación, todos los conocimientos y facultades inteligentes y materiales para cumplir un fin que nos proponíamos, y así sucede con todos los hechos de la vida.

Pero este acto (tan sencillo y necesario) lo comprendemos de una sola ojeada; no necesitamos estudiar un largo tratado anatómico para saber cómo se doblan las piernas por sus articulaciones, ni un profundo tomo que nos explique la acción de las fuerzas musculares, psíquicas, de voluntad, de equilibrio y todo lo que es la sabiduría que encierra esa simple acción de subir un escalón. Lo comprendemos, lo sabemos y sin embargo, su explicación ocuparía muchos libros, que un hombre no los podría aprender en una existencia. Como esto son todas las cosas de la sabiduría; las hacemos porque están en nosotros; porque es de la inteligencia humana; del instinto de nuestras moléculas. Es un acto material, pero su principio y su causa, están en la sabiduría del espíritu. Pero es de la incumbencia y de la necesidad de la materia y esa necesidad, le hace hacerlo inconsciente y como rutina y no le da mérito en lo moral y material de la acción.

Lo mismo son todos los actos de la vida en la individualidad, cuando los hechos son morales y materiales; pero cuando se toca a los hechos colectivos de las potencias del cuerpo, del alma y del espíritu en mutualidad, necesaria para la realización de una obra, de una familia, de una ciudad, o de todo un pueblo, ¡oh!. aquí ya es necesaria la justicia y la equidad; la prudencia y el discernimiento: la cordura, el valor, el celo y la medida, para formar una unidad de todas las individualidades, porque todos no son iguales más que en el querer de la cosa. Mas ninguno es igual en la intensidad del querer, como no lo son ni pueden serlo, en todas las otras razones; pero quieren todos y la obra se realiza porque unieron la voluntad cada uno en su grado y por ello, todos reciben beneficio.

Sí, todos han hecho su parte. Y si por su esfuerzo, voluntad y querer realizamos la obra beneficiosa, ¿no tienen todos derecho al beneficio? El que realizó la obra, ¿la hubiera realizado sin el concurso de los otros? No la hubiera realizado. Luego, director y dirigidos, tienen el derecho al disfrute del beneficio adquirido en el común esfuerzo; aunque el director sea encomendado por la colectividad del reparto del beneficio, no puede decir "te doy", sino esto "te toca" en el reparto; y esto es justicia.

Pero sucede siempre, que esos beneficios no se reparten sino que quedan en el depósito común, ya sean territorios, o despojos: y el director, jefe o rey, no puede disponer de esos beneficios a su capricho, sino con el beneplácito del pueblo; y el pueblo, tampoco los tiene en el depósito común para bulto y lujo, sino para aliviar y administrar aquellos beneficios por una ley que ayude a todo el pueblo y conforme a la ley, cada uno tome del beneficio común su parte.

Hermanos míos; estoy dando vueltas; estoy tomando todos los nombres de reparto del beneficio y en sus dos formas de reparto individual y común, no salta ni gramaticalmente el nombre "caridad", ni el verbo dar; ni saltó en la relación del hecho caridad: y es que, no existe la caridad en la justicia; pero en la justicia está por todas partes "beneficio"; y por lo tanto, cuando el beneficio forma un depósito común, su reparto será beneficencia, y esto es justicia.

¿Qué es, pues, caridad? ¿Dar de lo que uno tiene a otro que no lo tiene? Esto es amor y nos está mandado "ama a tu prójimo como a ti mismo" y esto es en lo moral y material; luego no encuadra "caridad" que es dar algo por piedad a nuestros semejantes, porque es relegar el amor que es la ley madre.

Mas se dice por los cristianos con mucho énfasis que, "la caridad es reina de las virtudes"; pero dicen la caridad cristiana, la caridad religiosa y esto, ya me llevará en otro punto a saber que la caridad es un baldón.

Aquí sólo quería ver, si en la historia y jurídicamente, la caridad tenía asiento, y tengo que decir, plenamente convencido que sólo tiene asiento (aunque muy tarde) en la historia negra y roja del cristianismo como virtud; y será, de seguro, tanta virtud la caridad, como el cristianismo y su cristo.

Pero algo ha de ser la caridad, puesto que Cicerón, en ella encarnó un gran pensamiento de homenaje y de reconocimiento; así la caridad, es un canto, un himno a las mujeres de Cariandá; esto es la palabra "Charitas": un canto.

Pero anatomicemos más fisiológica, étnica, ética y políticamente, porque, los himnos, los cantos y los símbolos, hablan de los pueblos y de los hechos, lo mismo que le hablan al cirujano, al médico y al químico, las moléculas del cuerpo humano y los virus y los microbios, para determinar la enfermedad.

¿Qué era Grecia ? ¿Qué era Roma? En los tiempos de Cicerón la Grecia llegaba a los últimos tiempos de su poderío, de su fe en sí misma y de su civilización, degenerada antes de llegar a la civilización que se le dió y no quiso recibir, pues sacrificó a los dos más grandes sabios que pisaron la Grecia; Antulio, que por no avergonzarse el Areópago, quedó anónimo para el mundo y se persiguió y encarceló a los discípulos de este maestro, en filosofía moral y astronomía.

Grecia, se emborrachó en su grandeza y letras y no ahondó en las doctrinas que empezó Antulio y llenó Sócrates. Este, como aquél, bebieron la cicuta por la envidia y despecho y Grecia renegó con esos dos crímenes de los sacerdotes y del senado, de su destino y así se sentenció a ser esclava, de señora que era del mundo, lo mismo que ya le había pasado a Egipto.

En la Grecia, se habían dado los progresos mayores que al mundo se habían traído, en lo moral, científico, orgánico y espiritual; y si hubiera dejado de lado lo religioso (que todo era antagónico) no hubiera tenido luego que caer bajo el yugo de Roma, que nunca llegó en moral, ciencia y artes a Grecia. Pero como la impetuosidad y orgullo de los griegos, era un reto constante a todo otro poder y pueblo, había sido su orgullo y su ignorancia lamentable en medio de tanta sabiduría como se había esparcido en su suelo. "No se conoció a sí mismo", habiendo tenido a Sócrates que esto enseñaba.

Roma, era más feroz; pero había allí una mezcla de civilizaciones vascas, griegas y egipcias, que con el cruzamiento de los pueblos del norte, menos civilizados, pero más fuertes brutalmente, eran una buena masa para modelar hombres de valía. Con esta fuerza, los progresos que llegaban a Roma, de todas partes, ya como comerciantes del Oriente y también fugados de la Grecia por las pasiones políticas y religiosas, otros desterrados y todos con su depósito de odio y sed de dominio, se levantó un pueblo fuerte, progresista y antagónico. Y en tiempos de Cicerón, Roma florecía y Grecia se marchitaba. Ella misma se adelantó su otoño; había segado las flores de una hermosa primavera, en Antulio, Sócrates y otros.

El mismo Cicerón relata las luchas Catilinarias y la historia de entonces, no señala más que páginas de lucha entra Roma y Grecia.

Grecia asoló la Caria y Cicerón canta a las Cariandanas mujeres, en su amor, celo, valor, fe y beneficencia; y estas mujeres que eran protagonistas de sus hechos, por la devastación de sus ciudades y hogares por las armas griegas, son a las que Cicerón les canta.

Cicerón, es romano y canta al valor de los vencidos de Grecia siglos antes; cuando Grecia domina y le arranca los territorios de Caria a Israel. En aquel tiempo de Cicerón, es deshecha Grecia, por Roma. Luego si canta Cicerón, que lucha contra Grecia y canta en favor de las virtudes de las mujeres de Caria que huyen del yugo de Grecia, su canto es un latigazo a los griegos, aunque no los ofenda, porque Cicerón era sabio y, el sabio fustiga pero no ofende y menos odia, aunque defienda con tesón sus ideales. Así, el canto a las virtudes de las mujeres cariandanas, es una afrenta para los griegos que no supieron o no quisieron respetar la grandeza de las israelitas de la Caria; por esto la palabra "Charitas" escrita por Cicerón, es un himno al vencido y tacha la brutalidad del vencedor. ¿No es esto lo que todo himno de guerra o libertad representa? Puede ser virtud cívica, política o religiosa, pero jamás virtud de amor puro; este amor, no lo tiene la caridad cristiana y religiosa, porque la virtud es universal, sin límites como el amor y no tiene color político, civil o religioso; y por lo tanto; aquí, queda la caridad ante la historia, como himno de guerra; y en lo religioso, como bandera de cisma y división humana, pues canta a unos y abate a otros; por esto lo tomó la religión cristiana y la iglesia romana como baluarte. ¿Para qué? Para ser el baldón de la humanidad como lo veremos por sus hechos en el siguiente punto.

Punto segundo

“Muéstrame tu fe por tus obras; porque la fe sin obras es obra muerta, como es muerto el cuerpo sin el espíritu", sentó como sentencia Santiago en sus cartas de justicia. ¿Quién podrá argüir en contra de ese principio?

Existiendo la justicia, la caridad es palabra sin sentido; y existiendo la caridad, la justicia es pospuesta en el sentido que la caridad es proclamada por la religión que la consagró reina de las virtudes.

Si se mandó al hombre "amar al hombre como a sí mismo"; si se le ha dicho al hombre que no haga a otro aquello que para él no quisiera, ¿por qué hay que darle al hombre lo que no tiene y lo tiene el que lo da? Si se entiende en las cosas materiales, dar es una injusticia, porque la naturaleza todo lo da sin nombres de propiedad. El que da a otro cosa que la naturaleza produjo, o la comunidad creó, es declararse acaparador, egoísta y supremático, conforme a la ley divina y natural, que como el sol, todo lo da en parte igual y equitativamente a todos. Mas si el que da no lo produjo, ¿de dónde le viene? ¿Qué es? ¿Lo adquirió con la fuerza, con la astucia, el engaño o la imposición? Ante la ley divina, es detractor; ante la ley natural es un ladrón, ante la ley humana; es un criminal, un facineroso, un vampiro; porque todo aquello que acaparó por otros medios que la producción por sí mismo, es chupar, extraer la sangre del que lo produjo, que es el sudor o el fósforo gastado del cerebro para producir y eso es la esencia del ser humano; por esto son vampiros; seres degenerados.

Si el dar, lo entendemos por el lado moral, en cualquier caso, como el ánimo, el consuelo, la dirección, la enseñanza, la compañía, el auxilio en la enfermedad, todo ello es de justicia, porque todos lo recibimos directa o indirectamente de alguno o de algunos más adelantados y todo en amor desinteresado, como ellos lo han recibido de lo alto como Moisés y Jesús y tantos otros misioneros, apóstoles y hombres de ciencias e industriales que recibieron la inspiración. Aquí no hay caridad, hay justicia primero, y luego en todo caso, amor, en ley divina y humana.

La caridad lejos está de ser una virtud: es, en cambio, la antítesis de la virtud, porque autoriza la injusticia; es bandera de guerra (no podía ser otra cosa) desde que una religión apócrifa y degenerada como la cristiana, la tomó por bandera y como ella, es el peligro del mundo. La caridad, última bandera que enarboló para acallar la protesta de los hombres, es el baldón mayor que ha tenido la humanidad ; porque, por la caridad es desconocida la justicia.

Lo que es beneficencia que procede directamente de la justicia, no puede ser y no esa caridad; la beneficencia ennoblece y la caridad denigra, porque la caridad se ha convertido en limosna; la beneficencia es justicia; la caridad injusticia : y un caso práctico nos lo va a probar.

Reúnense un grupo de hombres, que forman un depósito común con su esfuerzo para ayudarse mutuamente en sus necesidades y dolencias y todo asociado va con alta cara cuando necesita el beneficio; no sufre en su moral; sabe que aquello es suyo, como de todos los comunistas y cada uno, en su tiempo, recibe el beneficio del bien común. ¿Se denigra ninguno? Todos consumen del común esfuerzo y se satisfacen. Pero hasta esto es una protesta contra la caridad; porque, si todo el pueblo estuviera comunizado, no tendría aquel grupo que comunizarse para auxiliarse; esto dice claro que la justicia está por los suelos; que la entidad gobierno no administra, porque no cuida de los bienes únicos que componen la riqueza del pueblo que son los hombres y se ven precisados a agruparse, para beneficiarse; no para caridarizarse. ¿Veis? ni aún el idioma quiere admitir la palabra ni gramaticalmente, porque es ridículo como bandera injusta de división y como quien la patrocina.

Pero vamos a ver los hechos de la caridad cristiana y religiosa, en los casos más usuales que se practica y se predica.

Se recogen viejos, mujeres y niños desvalidos y se dice que, “por caridad se les lleva al asilo"; buena es la obra y mandado está en la ley de amor: pero, ese acto es justicia. En toda ley existió y existe ese mandato; y si en alguna no existe, no es ley. Luego no es caridad; es justicia.

¿Qué son los viejos? Nuestros padres. ¿Qué son las mujeres? Nuestras madres, nuestras compañeras. ¿Qué son los niños? Nuestros hijos ¿Y hay que darle limosna a nuestro padre, a nuestra madre y compañera y al hijo fruto de nuestra unión, para la procreación y existencia del mundo? ¿Quién se atreverá a denigrar con la limosna a esos seres?

Puede ser que consanguíneamente, no sean nuestros padres, nuestras compañeras y nuestros hijos; pero espiritualmente, ¿quién negará que son sus hermanos, hijos del creador? ¿Por qué pues, la limosna? ¿Por qué no la justicia? ¿Se invoca In caridad? ¿Se hace la limosna?... Entonces, se confiesa que se quiere la injusticia. Se denigra el que esto hace y se humilla al necesitado. La humillación es vergüenza y ésta es un baldón. Baldón pues, es la Caridad.

Mas el niño desvalido, ¿por qué ha de encontrarse? Y la mujer sin amparo, ¿por qué ha de encontrarse? Y el viejo sin recursos, ¿por qué ha de encontrarse? Se encuentran, porque no hay justicia: porque hay caridad; porque hay religión que es desequilibrio. Relegación de derechos.

El niño, no nació del aire; nació de la matriz de una mujer, por la unión de un hombre libertino o no, civil o religioso, que esto no hace a la justicia de la ley, que sólo reconoce hombres y mujeres para la procreación. Ese niño, entró al mundo por la puerta legal y tiene derecho a todo en ley de justicia, por la que viene al mundo. Si se le llama hijo de la caridad, se cometen todas las injusticias y se enmienda la plana al creador en intención y se desnaturaliza al hombre desde su nacimiento.

Esto, es obra de las religiones; si los gobiernos obran así, es porque son parias con las religiones.

La mujer que fue madre, vino a serlo. Si abandonó el niño, por falta de medios de vida, no es ella culpable de su falta material, aunque sí de su deber, pues debió saber que vino a ser madre. ¿No lo sabe? La culpa es de la sociedad; del régimen civil. Pero como éste es paria del religioso que dice tener la misión de la moral, la religión (que no tiene justicia porque tiene caridad) es responsable de ese hecho y de la indigencia y desamparo de la madre, cuando joven y cuando anciana.

El viejo a quien se asila, ¿no trabajó en su edad fuerte? ¿Sí? ¿Y dónde está el producto de su trabajo? ¿Quién lo acaparó? ¿Por qué otro que no sudó tiene para dar? ¿Qué significa esto? ¿Puede verse latrocinio más escueto? Pero se levantó un asilo donde recibirlo, por caridad. De modo, que de niño sufrió el desamparo. De hombre fuerte, fué explotado. Y en la ancianidad, es recluído y sacado de la sociedad, porque estorba en la calle; avergüenza a su explotador. ¿Queréis mayor baldón? Pues esto es caridad.

Si hubiera justicia, ¿habría ese cuadro? Donde hay la justicia, sobra la caridad: no hay lugar a limosna; es todo beneficencia y el beneficio en común, es amor; y porque no hay amor de hermanos, no hay beneficencia; no hay justicia; y los que han aborrecido la justicia para cubrir su latrocinio, han hecho caridad y, con el mayor descoco, piden al usurpador los sacerdotes y sus feudos ¡caridad! . . . para los hundidos por el baldón. Pero aun esto lo hicieron, sólo cuando el pueblo iba a estallar en su cólera y con esa palabra lo acalló en su nobleza; pero no le dió más que mayor vergüenza e ignominia y aun se apoderó el sacerdote del asilo y del hospital, donde acaba su comercio infame la religión, con su caridad.

¿Qué falta le hacen al desvalido los innecesarios ni pantominas grotescas y ridículas en su degradación? Pero allí está la serpiente acabando de envenenar si alguna molécula queda sana en la materia del anciano, o empieza a infeccionar las del niño, o desnaturaliza a la mujer con sentimientos de oprobio, odio y vergüenza; pues sobre todo, el sacerdote, inhabilita al niño, a la mujer y al viejo, para protestar de la injusticia y lo hace, ¡por la caridad! ...

Y lo más tremendo es que para ello invoca derechos y potestad divina dados por Dios; y su dios, ya hemos visto quién es: su concupiscencia. Esto es "caridad".

Pero llega más lejos la caridad; pide y sangra al gobierno que es feudo de la religión y éste le da sumiso lo que pide; pero para poner 20 camas para 20 recluídos en dos salas, recibiendo todos los olores y miasmas de todos, habrá el salón de conciliábulos ricamente amueblado; otros receptorios voluptuosos donde recibirán las damas muñecas que sirven de gancho a los. . . ministros de Dios a cuenta de cubrirles sus liviandades. No faltará la capilla que costará por sí sola más que todo el edificio y allí se le hostiga al recluído y se le obliga a descubrir sus debilidades, cosa que el creador no hace y, esto es “caridad".

Ese asilo, reclusión o casa de vergüenza, es un tentáculo del inmenso pulpo, cuyas tendones salen todos del dragón y entre todos esos tentáculos de asilos, hospitales, templos, capillas y catedrales, forman la inmunda bestia 666 y fornifican con ella todos los que la sostienen y reconocen por virtud, la "caridad".

Y llegan más allá con la caridad; un hombre que cometió un delito, es sentenciado a muerte; y con ser ya una injusticia esta sentencia, se le impone el sello de la caridad. Al pie del patíbulo, se encuentra el juez que representa la justicia de los hombres y ostenta el código; junto a él están los sacerdotes y algunos desalmados que se hacen llamar hermanos de la paz y caridad y ostentan la cruz y el cristo, bajo el nombre caridad. Este acto es su terrible acusación, porque sólo hay aquí signos y símbolos mentidos y falsos; la ley, hecha por supremáticos; el supremático sacerdote y corifeos degenerados que no les acusa la conciencia de ver la víctima en manos del verdugo; pero que si tuvieran conciencia y conocieran la justicia, darían libertad al reo y se pondrían ellos a disposición del verdugo, pues todos son más culpables que el ajusticiado; pero se quedan tan frescos porque, allí está la cruz afrenta, el cristo peligro y la caridad baldón, manejado todo por el dragón sacerdote, montado en la bestia. ¿Qué hay más? Hay indulgencias y conseciones, a los más caritativos; es decir, a los que más vampiros son; hay el perdón del corruptor, con tal que haga limosnas y asilos donde recoger los hijos que ellos abandonan y la mujer que ellos corrompen; y hay, por fin, la corona de la caridad cristiana, en las mazmorras, en los potros, en los tablados, en la hogueras y, todo esto es caridad. Será bastante para decir, que la caridad cristiana y religiosa, es el baldón de la humanidad.

Pero hay más. El desequilibrio ha llegado al colmo de la tierra, los hombres trabajan y no pueden cubrir sus necesidades cuando trabajan; pero llegan las damitas ganchos a ofrecer la caridad, con la condición de que vayan a confesar, o les pagarán el bautizo del niño, o el gasto de la iglesia por casarse canónicamente; si no, no hay caridad. Otras veces veréis un hombre joven y una madre joven, con los hijos en los brazos, harapientos, macilentos y descalzos, denigrándose por las calles y las puertas, recibiendo oprobio y aun así vuelven a su tugurio con la vergüenza en la cara, el corazón partido y lleno de odio y desesperación y las manos vacías, cuando no haya sido llevado preso ¿Qué camino le queda? El gobierno no lo remedia y es el único que tiene ese deber; pero él es feudo de la religión y para eso tiene establecida la casa de caridad; que vayan allí; que pierdan la dignidad; que es sometan; que dejen de ser gentes; ahí tenéis la opoteosis de la caridad.

¿Queréis más baldón? Y pensar que todo esto se derrumba con sólo pedir justicia, tan sencilla, tan honrosa y tan dulce con su atributo de beneficencia, donde no tienen cabida ni religión, ni Cristo, ni cruz, ni caridad!... ¡Da lástima! Pero llega la justicia inflexible y rompe toda esa trama tejida por la caridad, porque el baldón de la humanidad llegó al colmo.

Sí, ¡hijos de la comuna! Todo esto hay en estos momentos supremos en que pido al padre la justicia y en que llega el mismo Eloí con su luz que es nuestro salario y rompe y quema esos tentáculos del inmenso vampiro, porque llegó la medida a rebosar; cae la caridad baldón de la humanidad; se levanta la justicia beneficiosa y se asienta el amor como mandato de Eloí que llega en su magninimidad. ¡Bendito Eloí! Bendito tu amor que es el remedio único que la humanidad tiene para quitarse el baldón de la impúdica caridad! ¡Ven, Padre, en tu justicia; yo te espero con ansias de amor.