PÁRRAFO VII
SOLO LAS RELIGIONES SON CULPABLES DEL MAL MUNDIAL

Aunque ya está comprendida esta afirmación en todo lo que queda expuesto de las religiones, hay que desmenuzar más esta materia hasta atomizarla y luego mirar los átomos con el microscopico para descubrir el germen y virus de la ponzoña: y aun habrá que agrandar la potencia del microscopio para encontrar el germen que envenenó las almas, porque es semejante al microbio del cáncer que el microscopio actual no lo puede encontrar. Pero como hoy ya usamos el microscopio omnipotente del espiritismo en su verdad y ser, nada puede esconderse a esta potencia visual (que es la conciencia en la luz del padre) y encontramos por su medio y en virtud de la justicia la fuente del mal, que son sólo las religiones.

Claro está que, como éstas se disfrazaron en la hipocresía aprovechando la fuerza del dogma que impuso a la ignorancia, pudo cubrirse la religión por largos millones de siglos; pero ésto obedecía a que, los instintos no se matan, sino que hay que dominarlos y hacerlos conciencia, porque la sabiduría consiste, en sacar bien del mal.

 

Y como esos instintos, (tanto en los gérmenes de vida animal como en la adoración o sentimientos) bullen todos a la vez y el hombre en la ignorancia no puede discernir hasta que el escarmiento y la experiencia le enseña; nace el antagonismo de los sentimientos y al igual que los de los instintos y como en aquellos, engendran pasión: aquí es natural que impere el sentimiento del dolor, o sufrimiento, ocasionado por una decepción en un instinto que tiene de adoración; y porque no encuentra la figura, o forma de satisfacerse, se echa en brazos de lo más halagador (que no puede ser más que irracional puesto que su estado no es el del raciocinio) y así creció el número de los no satisfechos, prevaleciendo en ellos y cada uno, aquello más halagador, que como he dicho, es forzoso que sea irracional, desde que su estado es irracional.

Ya os dije cómo salió la forma de religión y cómo nació el primer sacerdote o guarda del cadáver o fetiche y que, aquel mónaco, a fuerza de desocupado, ideó fórmulas o ritos; es el primer hipócrita y ya dije, que no puede haber dos sentimientos iguales en grado; y por tanto, el sacerdote, que dice igualar en la religión a todos, miente con el mayor cinismo; lo que nos lo confirman hoy ellos mismos, cuando se les acusa de su mal ejemplo y escándalos y dicen: "Haz lo que te digo y no lo que yo hago" lo que pone de manifiesto su hipocresía.

Mas estamos relevados hoy para estudiar más atrás de Adam; porque hasta éste, ya hemos visto que la humanidad no conoció más amor que la carne; y aun desde Adam, a Moisés, también estoy relevado, porque no se hizo más que roturar el mundo para la siembra que empezó en Moisés, con la ley del Sinaí, siguiendo todos los profetas la siembra, hasta que Juan y Jesús la dieron por terminada, sellándola con su sangre.

Desde ahora, desde Moisés, quedan señalados los artículos de verdad; los trabajadores y los detractores y condenadas las religiones e ídolos; los sacerdotes relegados: y Juan y Jesús lo confirman todo de pleno, no hablando nunca de religión; no levantado templos y llamando a los sacerdotes y supremáticos: "Raza de víboras".

Vemos a estos dos hermanos entre el pueblo y los aclaman; el pueblo está supersticiado y prejuiciado, por una ignorancia preconcebida en el dogma opresivo; y al calumniar los sacerdotes a Jesús, el pueblo, que en su ignorancia y superstición es del último que le habla porque no discierne, los sacerdotes hablaron, no al pueblo, sino al populacho que no es lo mismo y éste, a instigación del pontífice, pide la sangre de Jesús.

No sabían que llegaría hoy el día de la justicia y la verdad y es lo que deberían saber, porque en Isaías y los demás profetas y el mismo Jesús se les decía; pero en su ceguera, en su odio al verdadero creador que nos marca una ley de amor de hermanos en igualdad, que no admite en su causa la supremacía y les ordena como ley de progreso el trabajo. Jesús lo acababa de predicar en las parábolas del sembrador, de la viña y de tantas otras; pero al anunciar el amor en su reinado, se escandalizaban los que sólo conocían el amor de la carne, por los cantares de Salomón.

De toda esa ceguera, resultaban idiotas y no comprendieron que, la sangre que pedían hoy la mostrarían sobre sus almas: y menos comprendieron su condenación al triste calificativo de populacho que se echó sobre sí, imborrable, la casta sacerdotal, que valiéndose del populacho para posponer Jesús a Barrabás, probando con esto la religión sus afinidades con los facinerosos, pues ampara al que había faltado a la ley civil y social (que es la única que puede regir los pueblos) y pide la crucificación de Jesús, porque ha anatematizado a la religión y sus sacerdotes. Lo que demuestra claramente, cuál será el espíritu social de las religiones y él propósito de sus ministros; el crimen, el latrocinio y la guerra, valiéndose siempre del populacho su igual; pues si el populacho es el actor, el autor es el sacerdote, representando a la religión.

En la muerte de Jesús, ha salvado su responsabilidad el poder civil que es el pueblo: y, miente y calumnia gratuita y maliciosamente la religión acusando a Pilatos, que hasta a éste llega el encono del pontífice por tener la valentía de decir, que él no sentenciaba, porque encontraba inocente a Jesús dentro de la ley Romana que era la civil. Pilatos cumplió su deber; y si luego sufrió, causa fueron los sacerdotes, bestias humanas, reconocidos como "víboras" por Juan y Jesús.

Mas he aquí a Juan degollado por el poder civil, el cual, en ley, es el pueblo. Parecerá que el pueblo se manchó con la sangre de Juan, mas no es así.

Juan arremete valiente a los supremáticos y magnates civiles y le dice con energía a Herodes : "No te es lícito quitar la mujer a tu hermano". Y es verdad que Herodes vivía descaradamente y con escándalo con su cuñada Herodías, llevando el mal ejemplo al pueblo.

La mujer, siempre fué esclava en todas las clases; sufre cada una en su estado esa esclavitud, sea mayor o menor, pero al fin es esclavitud. Sólo que la mujer del pueblo sufre mejor esa esclavitud, que es menor que la de la alta clase, porque ésta no se educa en la humildad; no sufre las privaciones; no está en el contacto del hombre que trabaja que lo hace ser más altruista, más moral y mucho mas amoroso con la compañera y los hijos, porque dice con gran sabiduría mirando a sus hijos y a la madre: "Bastante nos castiga el mundo! . . . ¡ Amémosnos nosotros y suframos nuestra suerte!. . . " De este modo, en los hijos del pueblo, la mujer no es tan esclava de su compañero como la aristócrata que tiene que mirar a tantas conveniencias sociales, todas irracionales y todas hipócritas. Esto y el libertinaje de los señores y la idiotez en que es educada, mata los sentimientos y hace de la mayor parte, una mujer de corazón seco para el amor verdadero, porque en la falsa educación se le ha matado el sentimiento. Es una muñeca que el capricho del más sagaz libertino la lleva a donde quiere; y como está la mujer de esa alta sociedad muerta al amor, viven en ella todas las pasiones y es un juguete de los niños... señores... hasta que cae bajo el hombre. Entonces, la mujer esa, calcula sabe que tiene que evitar lo que ellos llaman escándalo, en la divulgación, no de amores, porque jamás generalmente la lleva el amor a la unión, no de una pasión que entraña muchos males, pues allí resultan muchos manchados en una culpa del mismo tenor: por eso, Juan, reprendía con tanto coraje a Herodes. Pero estas mujeres viciosas, que son viciosas con cálculo y porque tienen el corazón seco, no tienen sentimiento. Cuando encuentran el modo de ser aduladas, ya no tienen en cuenta ni a su misma madre y barren los suelos con todo lo que presienten que las acusa o las puede acusar y se gozan en arrastrar y pisotear el corazón de los demás, grande o chico, sabio o ignorante, santo o demonio; para ellas, el único valor que hay es, seguir en las alturas de la adulación a costa de. . . todo.

Una mujer de éstas es la que pide la cabeza del Bautista, que a su instigación, ya lo tenía preso cobardemente Herodes; porque la viciosa mujer, su cuñada, ya había calculado, que el día del onomástico de Herodes, le sería fácil pedir su cabeza. ¿Cómo? No le falta el medio; todo lo tiene calculado y, unas piruetas y contorsiones provocativas de una chicuela aleccionada bastarían; y así fué y Herodes, paga aquellas obscenidades con la cabeza del "mayor de los nacidos" según la profecía, en la cual resplandecía la luz de la sabiduría del creador". La chicuela, cuya posesión costaría aquella cabeza toda luz, era nada menos que la hija de la viciosa señora, que la sacrificó por su odio. Aquí ha delinquido el poder civil, por causa de la inmoralidad; pero no ha delinquido el pueblo representado en el poder civil, porque ha sido en un acto privado del supremático y a espaldas del pueblo y por tanto a traición y lo prueba, que el César, desterró y deshonró a Herodes.

¿Por qué Herodes que temía por el pueblo tocar a Juan, por que Juan era amado del pueblo llega a faltar a la ley? Por sus vicios; por su educación moral. ¿Y quién es y era encargado de esa educación moral ? La religión.

Pero la religión es patrimonio de los sacerdotes y por ésto, de la muerte de Juan, son responsables los sacerdotes y la culpa es de la religión únicamente. Mas queda comprometido el poder civil, que por actos como estos, sus representantes, se divorcian moralmente del pueblo su representado.

El jefe del poder civil, es apoyado y defendido por los sacerdotes, entre cuyos dos poderes tienen el caudal de energías producido por el pueblo, que para reducir a éste, ambos se valen del populacho y arrastran al pueblo a sangrientos hechos, dejando entre tanto que la mayor inmoralidad se enseñoree y llegue el malestar a todos los hogares; pero primero, a los siempre mártires hijos del pueblo. ¿Pero está el principio de culpa en el monarca, o jefe del poder civil? Los males vienen de la inmoralidad; de la moral, se encargó el sacerdote en la religión. Entonces, si hay inmoralidad, el culpable es sólo la religión, es la raíz del mal y por esto, sólo la religiones es son causa del mal mundial.

Y en vano es que tratemos de encontrar un atenuante en favor de las religiones, que aunque inventaron la caridad que la han diosificado y ya vemos que ésta "reina de las virtudes cristianas" y por tanto religiosas, es el baldón mayor y la corona de espinas puesta en el corazón generoso del pueblo.

Ya tenéis probado, en analítico examen, que el mal mundial, sólo proviene de las religiones. Pero tengo que poner a salvo unos puntos muy interesantes relacionados con este juicio y son: el populacho y los jefes de estado: para lo que hago un punto aparte de justicia.

Punto primero

Los monarcas y jefes de estado representan al pueblo en el poder civil, cuando éstos son nombrados por el plebiscito porque el poder soberano es el pueblo. Hoy, ya es reconocido por todos los hombres este axioma: pero resulta, que todas las leyes y constituciones están manchadas (cuando no dominadas) por la moral religiosa, que ya hemos visto que esa moral, es la inmoralidad disfrazada.

Por esta causa y porque las religiones dividieron el mundo en razas, castas y clases, de las que se originaron las luchas, nacieron forzosas las patrias y con ellas los reyes encargados del poder civil, para la defensa sólo de los sacerdotes, en los derechos divinos que se atribuyeron.

Como los Reyes estaban (como lo están hoy) en contacto del pueblo y eran y son como los hijos del pueblo, trabajadores; y el trabajo es forzosamente el más rico lazo de fraternidad para el bien común y esto despierta sentimientos bellos y la verdadera virtud mutual, los Reyes, era forzoso que se inclinaran por afinidad, al pueblo que los sostiene o los depone.

La religión se receló; y para poner una valla infraqueable entre el Rey y el pueblo cuando el progreso de la unidad empezaba a germinar, los jefes de la religión idearon atraerse y atar a los Reyes por el halagador derecho divino; y los Reyes fueron de derecho divino y aun hereditario el cargo de Rey, que es lo más antinatural en derecho. No le había bastado a la religión el dominio moral; necesitaba el dominio civil perdido moralmente o de derecho y lo reconquistaron con una mentira sagrada; el derecho divino que ellos nunca tuvieron y vendieron muy caro a los reyes, pero con tal astucia sólo capaz y digna de los sacerdotes.

Al efecto, dieron derechos divinos a los más atrasados y bárbaros; y unidos por ese derecho divino, comprado a costa del sacrificio de su libertad y la de todos sus pueblos, se unieron ya (por mandato del jefe religioso, único jefe de hecho desde que es reconocido en derecho de dar la unción a un rey, consagrándolo en el derecho divino): se unieron, repito, los ungidos, contra otros no ungidos de propio intento, para llevarles la guerra y el malestar o el sometimiento y hacer de un libre, un esclavo; y si se resiste, se extermina un pueblo entero. ¿Qué le importa a la religión? ¿Acaso valen nada los perros hombres bestias del trabajo y mayormente si progresan? ¿No es la religión el valladar para contener el progreso civilizador? ¿ No se han proclamado ministros de dios y divinos como su dios? Pues por la gloria de dios; por el vicio de dios; por la concupiscencia de dios, mueren los hombres que progresan; porque el dios de la religión no quiere progreso; sólo, quiere santos; no quiere sabios, quiere bestias; no quiere hombres. Y como ya luchan por la gloria de dios y son los reyes de derecho divino, se enciende el fanatismo religioso y el mundo todo es un charco de sangre y no se ve más que miserias por largos siglos; y mayores que en ninguna parte, allí donde más se ha resistido a la religión; y que sea testigo la inquisición en España, la última nación vencida por la religión católica y cuyos hechos de fiereza y venganza no tienen precedente; son únicos, y la causa es, que resistió al catolicismo hasta que pudieron ungir al fanático Fernando y a la ignara Isabel, no española, hija espiritual del monstruo fraile Cisneros, pero ya a más de la mitad del siglo XV.

Todo esto daba el gran resultado a la religión; mataba al pueblo progresista y liberal y separaba al pueblo del afecto mutual de los jefes del poder civil y quedaba el populacho fiera, alrededor de los reyes y sacerdotes, (todos ungidos en el derecho divino) y, el pueblo se ungía a sí mismo en su propia sangre generosa, semilla del progreso y huyó adonde la providencia lo llamaba; a poblar nuevas tierras; pero quedaba ya la sentencia hecha y sólo a falta de firmar, condenando al populacho, el que, en una tregua de cuatro siglos, llenaría la medida de sangre y luto, pero se separarían por el desengaño, los reyes y jefes que habían caído por la astucia de la religión en el fango del populacho, o rodarían de sus tronos y, hoy le vuelven la espalda al monstruoso dogma representante fiel y único del populacho en todo el mundo; el pontífice cristiano; que ya ha perdido hasta el propio lecho de la prostituta religión, Roma ; pero que es necesario envolverla en el sudario de las aguas y los hielos seculares para matar el microbio morboso que ha dejado el populacho que allí fornicó y es sentencia que va a cumplirse en breve con espanto de todo el mundo, porque sus crímenes, también son espantosos a la conciencia.

El pueblo, hoy sube en justicia y en justicia se hunde el populacho; pero es porque ya se han separado los reyes y jefes del pueblo, del jefe y autor del populacho, entre el que hay mucho pueblo aún, pero es porque están dándole la última nota de amor para convencerles de su error a la vez que sirviendo de potente neutral, para que lleguen las salvadoras ideas del pueblo y evitar por ellos, por sus funciones de resistencia, la explosión fundente de la corriente positiva del pueblo, si chocase con el negativo populacho.

Este, hoy, hace sus últimos esfuerzos para avivar las dominadas pasiones en el pueblo y origina aún tremendos trastornos; pero, como el pueblo ya es consciente, se limita a la defensa y no lleva la ofensiva, porque sabe que es el último momento de la tregua dada y no declara una batalla (en la que el triunfo es descontado) porque ya no hay igualdad numérica y la nobleza del pueblo no le permite luchar tres contra uno. En cambio luchó, cuando contra uno había tres en los tiempos de la edad de hierro y la media, hasta las hogueras inquisitoriales.

Pero tenían el ejemplo de los misioneros que los animaba y en espíritu sabían que cada uno de los 29, empezó la lucha tan desigual de uno contra setenta y cuatro mil millones y habían triunfado, porque la sabiduría es arma invencible y el progreso arma inquebrantable; y después de Juan y Jesús, todo el pueblo tenía ya el arma del progreso que nosotros habíamos implantado en nuestras victorias por la sabiduría y con esa arma de progreso traeríamos las ciencias que son leyes matemáticas originadas por el progreso y dejábamos al pueblo dúo consciente, con un poderosísimo dúo; progreso y ciencia; efectos invencibles de la omnipotente causa espíritu.

Sí, nosotros traíamos esta gran trinidad: sabiduría, progreso y ciencias; pero en ley de justicia, tiene que hacer cada uno su parte y nosotros, con la sabiduría, iniciamos el progreso al pueblo conquistado con la sabiduría; y este pueblo, quedó a cargo del desarrollo del progreso gradual, que lo fué elevando por los escalones de la ley; y aunque lo aprovechaba para sus pasiones el populacho, lo veíamos y lo dejábamos en justicia durante la tregua, pero ya se les había señalado la duración de esta tregua que duraría 40 siglos desde Abraham, pero se le señalaron 36 desde Moisés, porque dijo Helli a Abraham en su concierto: "y los siglos serán 36, desde que escribiré mi ley hasta que la tierra la tierra la sabrá"; después de los cuales, el mismo Helli asegura el triunfo del pueblo, diciendo: "Y de este siglo mis hijos serán de luz, porque, verán la luz de su padre, que les darán mis espíritus" .

Ahora bien ¿quiénes son los hijos de Helli entonces y hoy los de Eloí? Son los hijos del pueblo; los hijos del trabajo que cumplen su ley de progreso; y aunque todos los hombres, (hasta el que representa el Dragón) son sus hijos, como lo confiesa en el mismo testamento, sólo se pueden llamar tales, aquellos que honran su progenitor; porque aunque él no los desecha, sus leyes no los admiten en el concierto, hasta que se someten y cumplimentan a la ley: y no la cumplimentan los que no trabajan, los que no aman y en vez consumen lo que trabajan los cumplidores de la ley y aun les llevan la guerra y les estorban en el trabajo. Esos son los que forman el populacho hoy y siempre y están arriba, en medio y abajo para llevar el desequilibrio abajo en medio y arriba y tener así la discordia sembrada en todos los terrenos. Pero, gracias a Eloí a la caldera del fanatismo religioso le falta ya el carbón y al pueblo laborioso le llega el Electro Magno, que en su luz pura, en pureza de alma y de espíritu, canta a Eloí su hosanna en el himno del vencedor.

Y... el populacho va a tierras más duras hasta que sepa decir lo que le enseñó el profeta: "De lo profundo del corazón, llamo al Señor. Señor, Padre mío, escucha mi voz, que pequé contra ti delante de ti, mas ya óyeme, Señor".

Se habrá entonces regenerado; de populacho se habrá hecho pueblo y el padre, en cumplimiento de la promesa por el mismo profeta, les mandará sus ángeles (1) para que les guíen y los guarden por todos sus caminos, hasta llegar a la victoria que es la sabiduría, por el progreso, la ciencia y entonces, entrarán en la armonía de los espíritus de luz y verán que sólo el espiritismo es el pueblo en verdad de verdad, y el jefe único porque es su padre y creador, Eloí.

(1) Esos ángeles, compréndanse en los espíritus de los poseedores de la sabiduría ciencias y progreso.