PÁRRAFO VI
CONSECUENCIAS FATALES DE LA MULTITUD DE RELIGIONES

Las consecuencias fatales de las religiones, son principalmente, las razas, castas y las clases entre los hombres; y de esto, se originan por el antagonismo todos los desastres de la humanidad, que hubiera sufrido males, pero habrían sido originados por la ignorancia, pero no catástrofes; pues éstas, sólo puede originarlas, la maldad.

Pero, como religión supone fanatismo y el fanatismo, necesariamente es ignorancia, las religiones tienen la maldad y la ignorancia, representadas en su dogma que pide e impone fé ciega.

Pero como todas las religiones, son mejor la una que la otra para sus creyentes; la fé ciega requerida por el dogma y el desprecio que despierta el fanatismo por los de las otras religiones, agregado esto al antagonismo, nace necesariamente la pasión que lo lleva a uno y otro al odio y se consideran todos fuera del amparo de la ley divina y así es imposible que conozcan el amor.

Del desconocimiento del amor, no puede venir la unidad, la consideración y el respeto de gentes; y, trabajo le ha costado al pueblo poder llegar al fin de luchas y derramamiento de sangre, a hacerse respetar, siquiera con derecho a la vida de gentes en la ley civil: pero no lo ha podido conseguir dentro de ninguna religión sino en la libertad de conciencia; cuando ha conseguido emanciparse de la tutela religiosa.

Desde el momento (desgraciado y feliz al mismo tiempo) en que la tribu estableció la religión, no ha habido paz ni sosiego, ni alegría y la tierra se ha encharcado en sangre derramada por el odio a la raza, a la casta y a las clases y ­esta fué su desgracia; pero ha sido un bien, porque el hombre al fin, ha conocido los males y la causa de los males por los dolorosos y terribles efectos de la guerra y, hoy puede señalar sin equívoco en las religiones, a los enemigos del pueblo y del progreso.

Fué un bien también, porque de ese equívoco en la adoración de los ídolos, nació el tedio a todos ellos; y aunque cayó el hombre en el escepticismo, se encontraba desfogado del mal de la pasión religiosa y al fin comprendería, que los progresos de las ciencias, artes, industrias y todo su progreso, sólo triunfó cuando se desató de la tutela religiosa y la señaló como peligro del bienestar; y si antes hizo la religión en la ignorancia, hoy las desecha en sabiduría, por el escarmiento, por los sufrimientos y reconoce, que sólo el espíritu en su amor, es capaz de sostener y resistir lucha tan titánica tantos millones de siglos en 4 mundos y el hombre... Llora... No de despecho, sino de alegría de haber encontrado después de tantos rodeos por senderos y vericuetos, la gran vía iluminada del espiritismo, que todo y sólo es amor, que se identifica en la solidaridad, al Creador; y el hombre, en sus lágrimas de alegría, mira ya sin espanto y sin odio hacia atrás y ve que le fué necesario el sufrimiento para apreciar el gozo del vencedor y, mira arriba, lejos, muy lejos y ve un infinito de amor puro y ya no llama más que al Dios de amor en los primeros escalones; al padre en los segundos; y por fin, asciende un poco más siempre enlazado en una cadena consciente y rebosando amor en fruición dice: ¡Eloí ! . . Eloí ! . . . Y Eloí le contesta: ¡ Hijo mío, Hijo mío! ¡Por fin llegaste! Siéntate en mi banquete eterno, porque sólo pueden sentarse en mi mesa los hijos que saben amar. Para esto sólo, hermanos míos, sufre el espíritu; y esto tiene mandado y, llegan todos; no importa que han rodeado; llegan siempre y son juzgados siempre en amor, aunque sea en el mayor rigor de la justicia: y, llegará hasta el representante del dragón que se asentó en la bestia 666, que hoy es hundido en el abismo de un mundo primitivo, donde saciará su pasión y amará.

Mas no llegará la bestia: esta no es cosa, porque la religión no es cosa; por esto no llegará, porque es la discordia; no es espíritu, es sólo el alma de las almas en la concupiscencia; y a la mesa del amor, no pueden llegar las almas solas, sino como vestido del espíritu que en las almas de los hombres se encierra, con el sumo sacrificio que hace de sus potencias; pero el alma de las religiones no es individualidad; es el conjunto de los efectos concupiscénicos de las almas apasionadas; por esto no pueden llegar porque los efectos mueren (permitid la frase para expresarme) los efectos mueren cuando las causas se quitan; estas causas son las religiones nacidas de las pasiones de las almas, cuyas pasiones, ya os dije que son efecto del antagonismo por la ignorancia de lo que amor merece; lo que en amor presiente mas no lo encuentra y adora lo que le place al que domina al alma y al espíritu; el cuerpo que es burda materia aunque y a sea esencia; y en su fiereza e instintos animales, el cuerpo, no reconoce la superioridad del alma y ésta no puede reconocer al espíritu, hasta que éste, en su trabajo de microbio invisible, logra dominar, quitar al alma del mal, al igual que el microbio del cáncer, que se burla, no sólo del doctor, sino también de la química y del análisis y mata la vida del cuerpo, quedando estupefacta la ciencia en todos los casos. Así obra el espíritu sobre el alma y el cuerpo, hasta dominar las causas de las pasiones, que es el antagonismo de los instintos de los tres reinos.

El espíritu es el microbio invisible, que por fuerte que sea el alma y la materia de los cuerpos, la dominará, y saldrá triunfante y entonces ríe y goza en la medida de los sufrimientos que tuvo.

Al cáncer se le administran medicinas y de nada sirven, sino en uno o dos casos por cada mil; al espíritu se le oponen como máxima barrera las religiones; pero aquí jamás triunfan en un solo caso. El microbio espíritu, al fin, vence a su alma y a los cuerpos y hasta un mundo y se lleva la esencia pura en el alma, filtrada al máximum de la pureza posible y se va al banquete del amor del padre, vestido de aromas, luz y potencia y canta el hosanna del vencedor y queda el cuerpo gangrenado de la religión exánime y sin forma y muerto; y de su nombre, sólo queda una página negra y orlada de rojo por la sangre.

Y es tanta la sangre derramada por las religiones, que sólo os daréis cuenta por la siguiente nota de las guerras llamadas de religión, que tomo sólo de una nación: la Francia, donde son conocidas con ese nombre de "guerras de religión” porque fueron declaradas y llevadas desde el solio del pontífice cristiano y fueron en estas fechas:

1ª., 1562 a 1563, acabó por la convención de Ambise ; 2ª., de 1567 a 1568, terminó con la paz de Los Pruneau; 3ª., de 1569 a 1570, terminó con la paz de Saint German; 4ª., provocada por la Saint Barthelemy, de 1572 a 1573, terminó con el tratado de la Rochela; 5ª., de 1574 a 1576, acabó por la paz de Baulieu; la 6ª., de 1576 a 1577, terminó con la paz de Bergerac ; 7ª., de 1580 a 1581, terminó por el convenio de Flers, y la 8ª., llamada guerra de los tres Enriques, de 1585 a 1594, que terminó sólo por la entrada de Enrique IV en París.

Alemania cuenta una guerra, que se llamó de los 30 años, porque duró todo ese tiempo; pero todas las naciones del mundo han tenido y tienen aún hoy los Balcanes, guerras de religión.

¿Y qué es la inquisición horrible, sino la guerra sin cuartel al hombre libre, al progreso y, en una palabra, al espíritu y al Creador? Y a tal altura llevaron su saña y rabia los feroces sacerdotes del cristianismo, que no es posible leer una sola causa o hecho inquisitorial, sin sufrir una tensión de nervios que hace saltar el organismo del hombre y tener el amor ya acendrado, para no maldecir a los actores; pero no se puede pasar sin maldecir a la inquisición, a la iglesia católica su madre, y al cristianismo su progenitor.

¡Oh! ¡Bien inspirado estuvo Jacob al tomar la palabra Cristo como símbolo de peligro!... Pero la humanidad, en su antagonismo religioso "amó el peligro y en el pereció" en la materia: pero estaba el microbio mortal de la materia o pasiones de la materia, el espíritu, y salvó a la humanidad, haciendo hombres, de fieras que perecían insaciables y sois todos vosotros esos mismos actores de tantos desaciertos y de tanta sangre derramada, sólo, absolutamente sólo, por causa de las religiones y nos bastará a probarlo siempre, el estudio jurídico de todas las guerras en cualquier nación, que siempre encontraréis la raíz en las falsas doctrinas de las religiones que están infiltradas y dominando la ley civil y a los hombres civiles que son feudos de las religiones, que aun pagan a los sacerdotes, su deshonor. Esto lo veréis más extenso en el código, pues allí se estudia profunda y esencialmente y conviene para la sabiduría que sigáis estudian­do causas.

Claro está que, siendo la guerra el mayor azote de la humanidad, origina los más grandes desastres de miserias y luto y llevan los hombres, con las armas, las costumbres y pasiones más disolutas, porque llevan el odio en el corazón y se desborda la concupiscencia brutal del vencedor cuando entra en el poblado y la ciudad, donde la mujer es sometida y obligada a las más grandes bajezas e indignidades y aun acaso, después de saciarse el hombre bestia, la despacha de un bayonetazo, o queda fecundada. ¿Y qué espíritus tomarán materia en esas condiciones bestiales, sino otros que odian a aquellos mismos que hacen la guerra y la bestialidad?

La guerra, en sí, poco es; lo terrible son las consecuencias; como la religión poco es en sí; sino las consecuencias de las religiones ya que no puede existir una sola religión, porque entonces no sería religión, porque la religión es odio, es fanatismo, es antagonismo, es pasión, es... en suma el desequilibrio.

Para existir religión, es de necesidad que exista más de una; dos sólo, serían todo el mal de la humanidad. Pero al existir tantas y de tantos colores y credos, es el desequilibrio. Son, pues, todas las religiones, la causa única y los culpables del mal mundial, como veremos aun en otro párrafo. Cierro este, sentando que: el mal mundial, es consecuencia necesaria de la multitud de religiones.