PÁRRAFO III
LAS RELIGIONES EN PARTICULAR

Quisiera ser benévolo, si me lo permitieran las religiones que voy a considerar; no digo que voy a estudiarlas; las estudié cuando escribí el primer libro "Buscando a Dios" y aún no sabía en mi materia que era el misionero y menos que era el juez de vivos y muertos, hasta después que ya había recorrido todas las religiones conocidas y otras que descubrí no conocidas ahora, como la Fúlica, que encontré acompañada de Peris; cuyos dos dioses, en su reflejo de Egipto a la China, compusieron la trinidad Krisna. No tengo pues, que estudiar sus principios ni nacimiento y os remito a el "Buscando a Dios" para ello. Aquí, sólo hemos de ver los resultados a que llegan las religiones cada una en sí y por sus hechos juzgarlas.

Sabéis ya, que todas las religiones son falsas y malas y la diferencia que hay de religión a iglesia; no ignoráis la ley fundamental de que “dos principios iguales se anulan entre sí por sí mismos y sin la acción de ningún otro agente” : y si todas las religiones dicen que tienen el mismo principio y no hay dos, sino trescientos treinta y tres veces dos y todas una a otra se acusan de falsa, es porque todas son falsas; y como quieren tener principio igual, por la ley dicha, se anulan todas.

Pero, yo, he estudiado y visto que la religión ha nacido de la necesidad de amar; de la necesidad que el alma tiene de expansión y por esto, es mal llamado religión ese sentimiento del alma, de la que sólo es la adoración por la conciencia o sentimiento y esto es libertad, emancipación. Religión es imposición; es traba; es dogma; lo que nos declara, ser contraria la religión al sentimiento libre, que es lo que el alma hace en la adoración del más allá de ella.

Si las religiones fueran el producto del sentimiento, no serían religiones; serían iglesias y no serían dogmáticas y la unidad de los hombres haría muchos siglos que se habría sellado; sino hubiera sido antes de Adán, lo habría sido inmediatamente de que se dió el conocimiento de un solo Dios creador, como padre universal de todos los hombres; porque las iglesias, son congregaciones de libres en la conciencia regidos por leyes naturales en lo moral y por leyes plebiscitarias en el orden personal que, ni aun llegaría a ser político, porque si la ley es plebiscitaria, es el reflejo exacto del sentimiento del alma y del ser ético del pueblo. Pero había religiones y no iglesias y por ésto no hay leyes del sentimiento del alma, ni éticas ni plebiscitarias, por lo que otra vez se confirma que, la religión es discordia no sólo de las almas, sino también de los cuerpos, porque todas encendieron el fanatismo; éste originó el antagonismo; el antagonismo, las pasiones; las pasiones,la concupiscencia; y ésta, las matanzas entre los hombres desolando los hogares, los pueblos y el mundo todo.

No hay ninguna religión que no tenga sus páginas ensangrentadas por el odio a otra religión; y cuanto más avanzó el progreso de los hombres (que no fué nunca al amparo de las religiones) tanto más encendieron éstas las guerras y nos lo prueba que, siendo la mal nacida religión católica la última que tomó nombre y asiento tan extraña y fraudulentamente, nació en guerra y muere en la guerra, sin conseguir matar a ninguna otra, ni aun a la mahometana nacida más tarde para servirle de freno y valla, porque oímos los misioneros, que: "después de ésto yo sé lo que me haré" y le pusimos el islamismo al frente; y no era bastante, porque la concupiscencia que envolvía el "después de esto yo me sé lo que me haré" eran mares de sangre y montañas de crímenes; la negación de la creación y sus leyes inmutables; y para atenuar tal perversidad sin faltar a la ley de libertad, nos inmiscuímos entre sus mismas mitras y nació el Arianismo, el protestantismo y otros cismas y al fin, se separaron los ortodoxos y ha sido para demostrarle al gran político Manuel primero, que los misioneros eran más políticos que él y dentro de la ley de libertad que todas las religiones niegan.

La religión que debía prevalecer como única, (en tanto fuese la humanidad ignorante) era la Bracmánica que surgía de la idea del Dios único tan pronto se dió la primera ley; pero como había sacerdotes, no se conservaría limpia mucho tiempo; mas tampoco podría ser aniquilada mientras existiera otra, porque era la contrabalanza que pusimos a nuestra llegada a todas las religiones del Oriente, Asia y Egipto; también, pronto saldría un sacerdote que fué Zakiamuni y formó del Bracman, el Budha, que se mantiene civilizando entre sí, pero teniendo a raya al cristianismo y en cambio, le abrieron las puertas al apóstol Tomás, que fué con la doctrina de Jesús; y si hubiera estado solo el Bracmanismo, habría tomado gran incremento; pero el Budhismo, receló de la ley de libertad y sacrificó a Tomás; así y todo, la semilla buena arraiga siempre y tanto el Budhismo como el Bracmanismo se civilizaron, dejando entrar el progreso en la India y aun en la China, en tanto que el cristianismo lo excomulgaba.

Si se dice que el progreso ha salido de las religiones de Europa donde estaba la religión cristiana, no quiere decir, que sea el cristianismo la causa del progreso; pues Galileo será testigo de que fué obligado a retractarse de su afirmación de que "el mundo daba vueltas" y cuando estaba firmando por la imposición dijo: “y sin embargo se mueve”.

La religión cristiana, no admitió el vapor, el gas y la electricidad; y a pesar de las excomuniones y las execraciones, el pueblo lo hizo; y luego de decir esos retrógrados mitrados que eran "obras de Satanás", cuando el progreso los iba a aplastar, salen a bendecirlo para chupar de él, pero no era admitido el gas ni la electricidad en los templos; tienen razón, son viviendas de murciélago; la luz les daña y sabed, para confirmación, que en el Vaticano, no ha entrado hasta este año 1913, la luz de gas y electricidad negativa, cuando es la hora de su hundimiento.

Esto es bastante para confirmar, que esa moderna religión es la rémora del progreso; y que si ha salido de allí el progreso, es por dos razones que tampoco dicen nada en favor de Europa; sino que obedece a leyes invariables de la justicia divina desconocida aun por los hombres, aunque la conozcan los espíritus.

La primera razón es, que allí llegó lo último el flujo de las nacientes civilizaciones que corrieron desde el oriente y tenían que volver en el reflujo al punto de partida, como lo vimos fluir en Peris hasta Egipto, que al encontrarse con Fulo, juntos refluyeron hasta la India, para fluir ya, con el único Dios traído por Adán y seguir su flujo hasta el completo occidente, donde llegaban todas las potencias del progreso, en sus gérmenes y tenían que dar sus frutos y refluir en productos elaborados por el progreso.

Esta ley del movimiento la sabéis todos y comprendéis muy bien que es inmutable en su flujo y reflujo y es una de las razones de que el progreso naciera en Europa.

La segunda razón, es de justicia. El cristianismo es la rémora del progreso; es peligro, desde el nacimiento de la palabra Cristo; y porque es peligro, es tomado por la bestia y el dragón del Apocalipsis, como bandera del falso profeta, que es el mismo dragón o pontífice. Nosotros, los misioneros, teníamos la justicia de la ley; y allí donde tanta sangre se derramó a cada señal de progreso, debimos mostrar que sobre todas las trabas y sobre el falso profeta y sobre las fauces del dragón y los cuernos de la bestia, el progreso llegaba y aplastaba todo lo que oponérsele quisiera. Por esto, desde los consejos de Sión, se ordenaba a los maestros encarnar allí, para los fines de la justicia. Llevábamos esos espíritus, a estudiar el progreso en los otros mundos y encarnaban sabiéndolo y se les inspiraba, reservando, lo más alto, para la llegada del hijo del hombre que se había anunciado "que llegaría entre carros y lenguas de fuego" y así, para su venida, llegaron los ferrocarriles, el gas y la electricidad, cuando él aparecía en la tierra, siendo anunciado por el mismo falso profeta, que manda a los que fornican con la bestia (religión cristiana) bajo pena de excomunión mayor, "que aniquilen al Anticristo donde lo encuentren"; y no pudiéndolo conseguir, al morir, cerró el pontífice su testamento con estas palabras, dirigidas a los que alumbran a la bestia, para fornicar: "conservad y defended la iglesia, aun a costa de la sangre de toda la humanidad"; pero el desfigurado Anticristo responde: "Salvaré la humanidad, a costa de la caída de todas las religiones". Pero hundirá en el abismo o sea en el mundo primitivo, a la bestia y el dragón del Apocalipsis.

Como estudié en el punto sexto del capítulo anterior, las religiones todas, sólo han tenido por fin la supremacía. Esto lo hemos visto desde la tribu en que surgió el primer sacerdote, aunque aquél sólo fuera un monaguillo; pero que ya gustó de la holganza y fué creciendo en su familia ese halagador vivir; y como no hay cosa peor que la ociosidad para inventar ociosidades porque no duelen los huesos del trabajo, cada vez subía la concupiscencia de los ídolos, porque median los gustos de los dioses, por los del sacerdote y de esto resultaron tan grotescas y criminales prácticas, que no son fáciles de destruir; y aun hay hoy, no sólo vestigios, sino refinadas costumbres, que sólo han cambiado en la forma hipócrita; pero en la intención, es aún el sacrificio de víctimas humanas, como veremos en el párrafo siguiente.

Mas si todas las religiones, una a una estudiadas, sólo encontraremos que su fin es la supremacía del sacerdote y hacerse diferente de todos los demás seres, también todas son, no sólo inmorales, sino la inmoralidad única que en la tierra ha habido, en hechos, palabras y principios, sobre todo en sus teologías, donde las prostitutas y libertinos se sonrojarían si las leyeran, aunque sean escritas por "angélicos doctores" como suelen llamar a esos escritores infamantes del Creador y sus leyes.

Mas no hemos descuidado nada en todo tiempo; al dogma, oponíamos la libertad del pensamiento; la libertad de conciencia y el libre examen; a los sacramentos, el desprecio al despotismo y el socialismo, cuando fué poco el liberalismo; y cuando un pontífice dijo que "él era Dios, que era infalible", se le cayeron los cuernos y cayó él mismo esclavo; porque estaba dicho: "La bestia sacudió la cabeza y todos sus cuernos cayeron al mar".

¿Qué queda hoy de las religiones? Una página de sangre, otra de vergüenza, otra de baldón y otra de olvido para ellas. Amaron el peligro y perecieron en él; jugaron con fuego y por fin se quemaron cuando llegó el fuego del espíritu, que de un solo chispazo apagó todas sus fogatas de las pasiones.

Las religiones manejaron todas las armas y sucumbieron suicidándose. El espíritu manejó el amor y todo lo venció, porque es arma inquebrable y a nadie hiere, aunque le amargue. Por esto, hijos de la comuna, cuanto más améis, mejor venceréis todas las dificultades de la vida y más potentes seréis. Amad, pues, a vuestros hermanos, porque ese es el secreto del triunfo. Hacer como yo que quito las causas, pero salvo los efectos que son los hombres; y éstos, aunque sea el dragón del Apocalipsis, es un hermano nuestro porque es un hijo de Eloí.

En suma y terminando este párrafo, (porque tocaré ahora las características de algunas religiones) diré: Que las religiones, en general, son la concupiscencia originada por las pasiones que nacieron del antagonismo de los instintos; y que, las religiones, no son ni están en la ley de justicia, por lo que son la oposición a la ley de amor; y es por esto que, los misioneros y sus discípulos, no instituyeron religión y sí congregaciones, bajo las tribus de Israel; y luego de Jesús y entre los gentiles, iglesias, que son lo mismo congregaciones y os lo prueba, que sólo un día se señaló por Moisés para reunirse los hombres a conmemorar la liberación del pueblo; y eso, que fué tan grande la página de aquel hecho. Todo lo demás que encontramos en la ya religión Judaica, que no admito que se la llame mosaica porque no fué estatuida ni fundada ni siquiera indicada por Moisés; y os lo prueba, que cuando bajó del monte con la ley y vió que el pueblo había adorado al becerro de oro, quiso romper las dos piedras de mármol y lo habría hecho, si los idólatras no hubieran roto el becerro y los hubiera abandonado a su suerte. Todo lo demás, es obra de los sacerdotes, después de la prevaricación de Efraim y Juda.