PÁRRAFO VIII
LAS SOCIEDADES PARCIALES TIENEN SU TÉRMINO

Cuando se estatuye una sociedad, se señalan los años que ha de existir bajo un régimen, siempre que todos los asociados cumplan fielmente lo estatuído; y en caso de que no se cumpla el reglamento, la mayoría puede enjuiciar y excluir de su seno a los malversadores y morosos y lo hace, para librarse el cuerpo de la sociedad, de la bancarrota y el descrédito.

Esa sociedad, distribuye entre sus directores los cargos, para que sean debidamente atendidos todos los ramos que abarca en sus operaciones; pero unos ramos producen más que otros y sería una injusticia querer que todos produzcan igual y ello no se pretende; porque todos los directores, deben saber lo que es cada ramo del comercio o industria y sólo exigen que todos produzcan lo que de ley pueden dar, porque la igualdad, se hará en la caja, para el dividendo. Allí sí ha de haber igualdad rigurosa, conforme a la cuantía de capital de cada socio.

Se cumple el tiempo estatuído. ¿Marchan bien el negocio y los socios? Pues se señala un nuevo término; se dan un apretón de manos y hacen un banquete de hermanos donde reina la alegría y la unidad hace llevadero el trabajo. ¿Va el negocio mal? Se disuelve, y todos se retiran mustios, pero resignados y se dicen uno a otro: "Si sabes algo en que poder trabajar para darnos vuelta, avisa". Se disolvió la sociedad con pérdidas iguales y en los dos casos hay justicia igual.

Pero puede ocurrir que los negocios fueron bien, produjeron lo que al formar la sociedad se calculó y se llega al final con déficit en la caja. ¿Cuál es la causa? Hay que hacer una investigación, un juicio, y se encuentra que el director cajero, u otro en abuso de autoridad, gastó lo que no le correspondía o no fue hábil para hacer producir la rama que le estaba confiada y aquello causó el desequilibrio; se le acusa ante el juez, de inmoral o de inepto, para sacarlo de la sociedad y se le condena a pagar la pérdida que ocasionó (si fué malversador) y se le destituye de la sociedad si es inepto y la sociedad se civiliza en la equidad y el trabajo.

Ahora bien; ¿qué es el mundo todo sino una gran sociedad, con su reglamento y su juez? Se instituyó esta gran sociedad, para 45 millones de siglos con su reglamento y sus obligaciones; el creador nos dió todo el caudal necesario para el desenvolvimiento y pagarle los capitales y sus intereses, con promesas de que, si se le pagaba en el tiempo estipulado de seis días, el séptimo lo disfrutaríamos sin gabelas y aun nos regalaría un nuevo semillero de regalías por haber sido cuerdos, para que gozáramos de nuestro trabajo.

Pasaban los días; mejor dicho, se alargaban desmesuradamente los días, hasta el punto de no saberlos distribuir. Habían consumido el 90% del tiempo, en dos días; y no sólo no habían pagado nada, sino que estaban empeñados en mucho más, pues lo habían consumido todo: capital, intereses y producto. Y lo pero era, que ya habían perdido el norte y no podían orientarse, porque se habían enviciado en la holgazanería y los pocos que querían trabajar eran obstaculizados por el antagonismo de los holgazanes y malversadores.

El propietario de la heredad llamó a uno de sus contadores y le mandó que viniese a investigar las causas y a poner remedio al desbarajuste de la tierra. El legislador, que acababa de liquidar un juicio de otra sociedad, la de Neptuno, de donde se excluían algunos socios (unos malversadores pero otros holgazanes y todos sabios, aunque antagonistas), con autorización del propietario, los trasladó a esta sociedad, para que se rehabilitaran, entre tanto que se hacía la investigación acá. El investigador llegó con su comisión, en Adán y Eva y empezamos a orientar a la sociedad terrestre en su verdadero derrotero.

A nuestra llegada, ya habían consumido 44.999.200 siglos aproximadamente y sólo quedaban unos ochocientos siglos del tiempo fijado para el término de la sociedad; es decir, para su disolución. Pero sólo quedaban 57 siglos para el pago total, si se había de disfrutar el resto como galardón al trabajo y buen cumplimiento; y si no, serían encerrados en el calabozo, o mundo primitivo, a sufrir las consecuencias, y al fin, tendrían que pagar las cuentas, "hasta el último cornado".

El investigador hizo la ley de apremio; la comisión que le acompañaba revisó minuciosamente todo el desbaratado archivo y vió, que se podría remediar el mal (claro es que con mucho trabajo). Se calculó bien, por el trabajo hecho durante la investigación, que duró 15 siglos; y entonces le prometimos al propietario liquidar las cuentas en el tiempo marcado. El padre, entonces, nos dió sus contracuentas (que es el testamento de Abraham) prometiéndole que "la semilla del investigador, con su familia cubriría la tierra" y apareció en Jacob, para fundamentar la nueva sociedad; luego en Moisés, para dar la nueva ley; y los profetas, para señalar los trabajos; Jesús y Juan, para avivar el terreno y tender nuevas semillas, al par que anunciar que llegaría el juez y el representante del propietario, en el ya llamado Anticristo y el Espíritu de Verdad, para la liquidación y todo se ha cumplido. Del juicio, resultó, que las ramas del trabajo que se habían distribuido, habían dado los frutos apetecidos; pero la mayoría era perjudicada por unos pocos, vagos, inmorales y antagonistas y se les encausó según su delito y fueron expulsados en justicia, preparando entonces el juez, la ley del padre, para el usufructo del trabajo en el séptimo día; porque si bien es cierto que no se le ha pagado toda la tremenda deuda, le firmamos documentos que garantizó la cosmogonía, porque todos los trabajadores se encuentran en descubierto, y no por culpa suya (porque trabajaron fuerte y produjeron), sino porque les malgastaron sus fondos los malos administradores y aun sufrieron miserias habiendo producido tanto; y el propietario, que es todo amor, los abraza, los conforta y les regala su nuevo semillero, para que disfruten la paz, la alegría y el amor y se enriquezcan, para que disfruten la paz, la alegría y el amor y se enriquezcan durante ese tiempo, ya que trabajaron y quedaron pobres, por culpa de los malversadores.

Se había repartido el trabajo, en buen juicio; a unos se les encomendó la agricultura, a otros las artes, a otros las industrias y a otros la administración y se les permitió la emulación por el comercio a cambio de productos, y los hombres vieron que todo era bueno; pero los administradores malos. Entonces, por las sociedades, se les llevaría a la compensación de la utilidad del trabajo colectivo, y ya se les podía iniciar en los progresos de las ciencias (ya que la sabiduría solo podía ser el conjunto de todas las cosas); mas los administradores no respondieron para la unidad moral, pero esto no nos importaba gran cosa. Llegaría el juicio; los administradores, son menos que los trabajadores; y al llegar el investigador con la balanza, se dió el máximum del progreso material, con el vapor, el gas y la electricidad. Este progreso, reclamaba ya por sí solo, la unidad de todas las sociedades en una sola y, el rail y el telégrafo marcaron la unidad material; la mecánica, con ayuda de la electricidad, batió record y temblaron los administradores, porque se descubrió su inmoralidad y el juicio expulsa a los inmorales; terminan las sociedades parciales y de su unión nace la justicia; de la justicia la fraternidad; de la fraternidad el principio de la comunidad y de ésta la civilización, porque, sólo había un paso que dar, terrible sí, pero se dio, quitando de la sociedad los antagonistas, revoltosos e inmorales, que además de que nunca trabajaron, consumieron, estorbaron y aun persiguieron a los trabajadores.

De modo, que veis, que las sociedades parciales, sólo tienen por fin la emulación para el progreso complementario, en partes; y que cuando llegan a la cúspide de lo material, no pueden pasar sin un nuevo factor, que ahora es el "Electro Magno", sello del espiritismo, credencial del juez, insignia del representante del propietario y el nuevo semillero que el creador nos da para disfrutarlo en común, que es la civilización que empieza, donde terminan las sociedades parciales.