PÁRRAFO VII
EL PROGRESO Y LA CIVILIZACIÓN.

Este párrafo se pone aquí para seguir el orden del hombre y dando cimiento al capítulo séptimo, donde hemos de estudiar el progreso en todos sus grados, y el mismo fin tienen los demás párrafos de este capítulo.

El progreso corre parejas con la civilización, porque, como he dicho, el progreso tiene dos ramas y la civilización es un solo cuerpo y corona del progreso.

Puédese tener progreso y no haber civilización; porque, repito, el progreso tiene dos ramas generales que son, progreso material y progreso espiritual; y sólo cuando las dos ramas marchan paralelas, marchan también, coronándolas la civilización, formando su trinidad. El progreso material es el cuerpo; el progreso espiritual es el alma, y la civilización es del espíritu.

El progreso material es el trabajo; el progreso espiritual, el disfrute en equidad; y la civilización, la unidad y justicia en derechos y obligaciones de los individuos todos de la sociedad.

El progreso material reclama la cooperación de todas las energías de la colectividad; el progreso espiritual requiere la unidad unidad de todas las individualidades; y la civilización exige sabiduría individual y colectiva en los dos progresos.

El progreso material, representa la fuerza bruta; el progreso espiritual, la fuerza de la justicia; y la civilización, la fuerza de la sabiduría; por lo que, en tanto la mayoría de un pueblo no es sabio, no puede haber justicia; y no habiendo justicia, es imposible que haya civilización.

La civilización es el cimiento de la sabiduría; ésta, el trono del amor. ¡Por eso está tan alto! Y como la sabiduría no se compra en papeles, sino que es el resultado de luchas, de sufrimientos, de victorias ganadas, de registros en continuadas excursiones por los mundos y en el conocimiento de sí mismo sobre todo, no se puede ser sabio sino en miles y miles de existencias y en miles y miles de mundos, y sabiendo, desde luego, todas las ciencias, artes, oficios y progresos de un mundo; y no con una ciencia, oficio o un progreso, sino con todo ello; y sin todo aquello, no se puede ser civilizado.

Sin sabiduría en la mayoría de los individuos no habrá civilización, aunque podrá haber mucho y todo el progreso material porque entre todas las ciencias, las artes y los oficios, se acercan a la sabiduría y se complementan a sus fines, para elevar el progreso material; pero como no existirá el progreso espiritual, porque no hay sabios con todo el progreso material, habrá injusticias, luchas, sufrimientos, dolores, suicidios, en fin, el antagonismo que llenará de guerras, sangre, luto y desolación, tanto mayor, cuanto más grande será el progreso material y más desconocido esté el progreso espiritual, y por tanto, es nula la civilización.

He aquí en pocas líneas un gran retrato de la tierra; pero no voy ahora a entrar en ese estudio; lo haremos en el capítulo séptimo; pero diré que, en la tierra no se conoce por nadie en estos momentos la civilización y apenas hay un poco de ilustración y algunos literatos vacíos; hombre de memoria y un tanto educados conforme al honor social, pero la civilización no la tiene ninguno, ni arriba, ni en medio, ni abajo; porque ni abajo, ni en medio, ni arriba, han querido progresar en el espiritismo, único que puede y da, porque en sí la tiene, la civilización.

Y sin embargo, de la altura que está la tierra en el progreso material, (con lo que se le ha enseñado del espíritu que no ha querido entender, sino que aun lo han combatido), de ese grado de progreso, repito, a la civilización, no hay más que un corto paso, pero terrible, pues es anular el antagonismo, porque viven en las pasiones y la pasión es ciega.

El espiritismo, ha encontrado mayoría en el juicio, en espíritus y encarnados y no puede pararse el progreso; y como tiene todos los medios en su mano por la justicia; ésta fué pedida y concedida y por ella son retirados los antagonistas, no del cuerpo universal, sino del cuerpo familiar de la tierra y son remitidos a un mundo donde sus instintos están reinando y, allí se saciarán y se hartarán; entonces harán armonía entrando en la conciencia de su alma y habrá triunfado su espíritu teniendo que reconocer al espiritismo, que es luz. Y se les saca de la familia, porque no cumplen sus deberes de sociedad; porque malversan el progreso (que es un fondo social y común) y sufren perjuicios los que dejaron el antagonismo. Empezará pues, la civilización, donde termina la sociedad disoluta por el antagonismo, opuesto a la civilización.

Es cierto que es radical y tremenda la medida tomada en la ley para la expulsión de los antagonistas, que es nada menos que la renovación de la faz de la tierra, en la que caen opositores a la civilización; pero, ¿acaso se excluyen de sus consecuencias los que quieren la civilización a pesar de no ser responsables? No solamente no se excluyen, sino que piden la justicia aun sufriendo sus consecuencias y pagan los vidrios rotos por los malversadores; pues les queda la tierra desmantelada y revuelta; pero la arreglarán a su gusto, como hacen los socios que deshacen una sociedad echando de ella a los malos socios y haciendo luego un nuevo reglamento en armonía con la nueva marcha a seguir.

Esto mismo pasa en la tierra con el cataclismo, que de un momento a otro esperamos de la justicia; acaba una sociedad de antagonismo y empieza una sociedad unificada en la civilización.