PÁRRAFO VI
EL MAL Y EL BIEN

¿Existe el mal? ¿Existe el bien? ¿Dónde principia el bien y el mal? En el universo, en sus leyes, en el creador, no existe el mal, porque hemos visto y anatomizado todas las leyes derivadas de la ley madre-amor; y hemos visto, que hasta la ley de justicia en su mayor rigor, es un extremado amor.

Pero he aquí, que si ha tenido que derivarse la ley de justicia y aplicarla, es porque se ha cometido injusticia; y la injusticia es un mal, porque se ha causado daño a un segundo, o a muchos segundos. Pero este daño, esta injusticia, no es de la ley; es de los infractores de la ley y éstos, solo pueden ser los hombres.

Ya tenemos, que el daño, la injusticia, el mal, no es de la ley, sino de los que faltan a la ley, los hombres; y así, el mal existe extra ley. Pero, si existe, ¿dónde principia? Claro está que es la ignorancia; pero la ignorancia no puede ser el mal, sino un efecto del mal. ¿Dónde nace, pues, el mal, y el mal es un mal, o es un bien?...

Contestar esto, si no tuviéramos toda la base inconmovible que tenemos atrás, sería larga argumentación y no muy sólida, a no ser que esa argumentación abarcara todos los principios, leyes, verdades y secretos atrás contenidos, porque se querría ver nacer el mal en un determinado instinto; luego resultaría encontrar otro mal y habría que buscarlo en otro instinto y esto sería el cuento de nunca acabar; y al fin, no habría certidumbre de que nació el mal, de tal o cual instinto y sería tiempo perdido, como tanto se perdió en tratar de conocer al creador, sin conocerse el hombre a sí mismo.

Nosotros, tenemos ya todos los instintos en el alma del hombre y ahí es donde debemos ahondar, para encontrar el principio del mal y haremos obra leve, porque todo está allí reunido.

Sabemos que ningún instinto es malo, porque cada especie animal tiene lo suyo y cumple la ley; luego no puede estar el principio del mal en ningún instinto. Pero vemos que los instintos están convertidos en pasión en el hombre: ¿Porqué es esto? No puede ser más que por el antagonismo de unos y otros instintos que se encuentran reunidos en el alma del hombre, y cada uno quiere ser el primero en salir y el último en ser vencido; porque esto es oponer resistencia y cometer injusticia, que no la podía cometer antes cuando estaba relegado y sólo en un animal.

Es así en efecto, que las pasiones tienen su origen en el antagonismo molecular; y la anatomía debió haberlo explicado científicamente y mayormente haberlo comprobado en la mayor parte de los sistemas musculares, tejidos, membranas, nervios y venas, que están en contraposición para un mismo miembro y que son antagónicos los unos de los otros, porque cada agrupación de músculos, pertenece en sus partículas a las diferentes especies animales que tienen el mismo instinto y que necesariamente tienen que estar en cada miembro del hombre, porque el hombre, sólo tiene un miembro y un sistema de cada oficio o función y con él ha de desempeñar por justicia todos los oficios y funciones de los animales y de los otros reinos; por esto era de justicia que en su constitución estuviesen en cada órgano, miembro y sistema del hombre, todos los instintos de las especies que tienen aquel mismo instinto, y están en realidad y son antagónicos todos entre sí.

Aunque cada instinto tiene su ley y su tiempo impreso en aquellas fibras que pertenecen al instinto y no obrarán su función hasta que les marque el momento la ley que los rige; como la vida del hombre es la vida de todos los seres y de todos los reinos, resulta, que el hombre, en todo momento tiene en acción un instinto que es el que está siendo dominado por la saciedad de que debe ser satisfecho; aquella misma función pertenece a los otros músculos también y éstos serán satisfechos en su momento; pero como forman un sólo músculo o miembro, los instintos aun no dominados se reavivan en la reflexión del goce o del trabajo del inmediato; y como son símiles, todos esos instintos luchan por ser cada uno el primero, porque la reflexión de la función pertenece a su especie (que está satisfaciendo al que le toca su momento), esa reflexión los reaviva y nace en ellos la memoria; y de la resistencia que ha de oponerles el que está en función, nacen el antagonismo y la lucha, que es un mal.

Si el alma no logra dominar contrabalanceando aquella fuerza bruta, con la fuerza de aquellos mismos instintos que en ella hay más purificados (porque ya son la esencia o alma de otros instintos) y triunfó la fuerza bruta de los músculos, ya tenéis una revolución y cae preso el instinto alma y no hay gobierno; se revolucionan todos los instintos de la misma especie y se convierten en pasión que trae fatales consecuencias para el alma; si arraiga ese predominio de los instintos ya convertidos en pasión, nace necesariamente la injusticia y de ahí las hecatombes, si el tercero que ahora entrará en funciones también es vencido temporalmente; porque sólo temporalmente puede ser vencido el espíritu.

: ahora entró en función el espíritu, único juez del alma vencida y del cuerpo animal vencedor por la fuerza bruta; pero la ley del espíritu no permite que haya vencidos, sino que todos sean vencedores, porque su arma sólo es el amor y su misión es la unificación y no el disyunte y menos la muerte o desaparición de ninguno de los instintos porque, sólo con todos los instintos puede el hombre ser hombre. ¿Cómo ha de arreglarse el espíritu, porque él no tiene más remedio que triunfar haciendo a todos vencedores, porque otra cosa sería injusticia y él sólo puede hacer el triunfo suyo y de los instintos por la justicia? El espíritu, tiene todos los medios necesarios en el amor, por el trabajo primero, luego por las enfermedades, siempre por el progreso gradual y civilización y sobre todo, por la desencarnación y reencarnación, y siempre tomará como único medio (porque no hay otro) el trabajo animal, hasta que por él se hayan doblegado los músculos antagónicos a los instintos del alma, sin haberles negado la satisfacción que les es de justicia a los instintos del cuerpo, que están un grado más bajos que los del alma; porque aun existiendo en los animales y en su alma están en esencia, en el cuerpo humano toman los músculos y son materia más rústica y tienen la fuerza bruta.

Como de las funciones del espíritu en esta emergencia hemos de hablar en los párrafos del capítulo siguiente, de "El progreso y la civilización", voy sólo ahora a fijarme en el instinto mayor (que en general origina todas las pasiones en el hombre) que es el goce de la materia, por la promiscuación que es el goce supremo en todos los reinos de la naturaleza y que no le es privado a ningún ser; pero que por ser el supremo goce como pago al trabajo y además impuesto como obligación ineludible para la reproducción de las especies, la falta de conciencia hace el antagonismo, de donde nace la pasión.

Os confieso, hermanos míos, que este estudio, en mi razón y en mi conciencia (única biblioteca donde tomo los datos para ir a los archivos de la cosmogonía a contrastar y ver los comprobantes), me tiene en mi materia jadeante y agobiado, porque tengo sobre mí una legión de los dogmáticos, sabios, naturalistas y materialistas y los furibundos célibes, que ante estas verdades se ven corroídos y avergonzados; y lo que es más, acusados de ineptos y sistemáticos; y eso que yo no los acuso de ignorantes, sino de prevaricadores, porque es mi deber; y en este agobio, también estamos representadas la gran trinidad máxima y la segunda del hombre; y como yo, hoy, al espíritu y al alma que se dejó vencer les impongo su remedio y esa alma es la ciencia equivocada de mis hermanos prevaricadores, y el remedio es la sabiduría que aquí opongo a la seudociencia; y esa sabiduría les va a obligar a sus cuerpos al trabajo, de aquí la oposición y la carga que me hacen, hasta dejarme jadeante; pero el espíritu tiene el mandato de vencer y yo fui mandado por el padre a ser el vencedor y el médico, yo no puedo hacer más sino dar la medicina más amarga que hay; la verdad desnuda, y no puedo dejarme vencer. En mi amor me sacrifico y opongo a su resistencia, mi potencia, que es la de la universalidad; la del creador.

La ciencia la dimos y bien se encaminó. Pero los prevaricadores se opusieron con absurdos dogmas uniendo todos los instintos para matar un instinto que era la ciencia misma, porque sabían que se juntarían todas en el hombre para dejar de ser ciencias y convertirse en sabiduría legislada. Lo mismo sucede con todos los instintos animales en el hombre; luego de ser satisfechos en su ley, se aquietan y forman conciencia, que es sentimiento, conocimiento de causa, virtud por su ley; pero que fuera de la ley, en el antagonismo, al querer satisfacerse todos a la vez, forman la revolución y esta es la pasión.

Ahora bien; bajemos a un hecho práctico y fijaré mi atención en los instintos de la procreación de los seres, que es la causa primera y promotriz de todas las pasiones, por el antagonismo.

La facultad de la procreación, la tienen impuesta por la ley todos los seres; y va ascendiendo de los minerales a los vegetales y de estos a los animales, donde el trabajo de la naturaleza termina, en lo irracional.

Pero como el progreso es continuado, no puede parar ahí y la sabiduría del espíritu, por la ley impuesta en el eterno progreso el espíritu asume entonces todas las especies en su grado máximo de desarrollo y se las asimila todas en el cuerpo y el alma para elevarlas a todas por el trabajo hasta su centro generados, procedencia universal y sólo le es dado esta facultades al espíritu. Como la procreación es el principio y fin de todos los seres, por ser la esencia de la ley de amor que es sacrificio, debía llevar en justicia el máximo sacrificio y también el máximo goce, para compensar el dolor con el goce. Esto es equidad.

El goce, como el dolor, es relativo a la sensibilidad del alma de los seres; y por esto el hombre, que tiene en su alma todas las sensibilidades de todas las almas animales, siente intenso como entre todos el dolor y el goce del más sublime de los actos impuestos a los seres.

Cada animal siente su aguijón en el tiempo que le marca la ley y no tiene en sus músculos más que aquel germen (propio sólo de él) y por eso, solo en su tiempo se ven aquellos músculos solicitados por la ley y es el pago a su trabajo en la naturaleza.

El hombre tiene en sí todos los gérmenes de todas las especies; y como todas las especies responden cada una en su tiempo y entre todas ellas llenan el tiempo, repercute en todo momento la ley en el hombre, en la partícula o molécula de sus músculos que tienen la afinidad de la especie animal que en aquel momento o tiempo es avivada por la ley. Así, el hombre, (en los dos sexos) está siempre sensacionado del instinto de la procreación, demostrándoselo la naturaleza (como observé atrás) con el período de la mujer, (trece veces en lo normal) en los doce meses del año.

Mas la sabiduría impone el progreso; el animal cumple como tal fielmente la ley que lo obliga; pero en el animal solo hay un instinto que impera en su alma y nada le contradice dentro de él; no hay lucha.

Pero si el animal nada diera de sí en la purificación de la materia, no progresaría, no se embellecería, no podría aspirar la materia a espiritualizarse y la materia se espiritualiza. Luego esto nos confirma más que el progreso inmediato al ser animal es el cuerpo del hombre, y sólo por el cuerpo y el alma del hombre, puede espiritualizarse la materia. Aquí es fuerza admitir el axioma de que el cuerpo y el alma del hombre son las esencias de los cuerpos y las almas de los animales que sirven de instrumento al espíritu, para la realización de la belleza y de la vida inteligente; sin cuya comprensión de la vida, la vida es inútil; inútil el esfuerzo del hombre e inútil todo lo que alcanzamos a ver y palpar. Sería vana quimera evocar la inmortalidad y una equivocación creer en el bien y el mal, en el goce y el dolor, y deberíamos reírnos del mentecato que hablase del sufrimiento moral que nadie puede esquivar ni nadie puede ocultar, por hipócrita que sea. Esto dice, que la conciencia existe; que la sensación existe; y esto confirma, que existen el goce y el dolor y por lo tanto, existe el alma racional, porque demuestra el raciocinio en sus obras por sobre todos los animales y, entre todos no han podido demostrar, ni la razón, ni el remordimiento, ni la pasión.

Esto confirma también, que el alma humana no está sola y que es dominada o regida por otro ser superior que sólo puede ser el espíritu, que, ángel o demonio, representa al poder supremo y es sólo el espíritu el responsable, porque para eso es omnipotente. Pero como no es omnímodo, quiere decir, que sobre él hay un poder mayor que lo manda y que lo rige y es el creador, manifestado en su mismo poder, en la ley su única arma el amor, con la que tiene que triunfar y triunfa siempre.

¡Hermanos míos! He luchado, he sufrido, me he agobiado aquí como entre todos los hombres, para ordenar toda esa terrible argumentación; pero no merecéis menos vosotros, que como yo habéis sido víctima del antagonismo, única causa y principio de las pasiones; pero estoy satisfecho y confortado y me llega una voz consoladora del tribunal de Sión por toda la cosmogonía; es un saludo; es un ¡adelante!... adelante!..., que me quita toda mi aflicción y todo mi agobio se cambia en dulzura en mi alma. Os hago partícipes de él y conmigo, evocad la omnipotencia de la universalidad por el Espíritu de Verdad, verdadero adalid de esta argumentación de máxima sabiduría y con él, cantemos un sentido hosanna a Eloí, causa de la sabiduría, que sabe sacar bien del mal.

¡Gracias, padre mío! ¡Gracias, cosmogonía!... ¡Gracias, Espíritu de Verdad! Ya está sentado el principio de las pasiones que tanto los hombres buscaron y desde hoy saben que, sólo el antagonismo es el nacimiento de las pasiones y así la causa del mal.

Pues bien, hermanos míos; ya sólo tengo que deciros en este punto el mecanismo, aunque ya está esbozado en todo el párrafo, pero es así.

Toca la ley el aguijón de la reproducción, supongamos, del caballo, en su tiempo; y como en el cuerpo del hombre está el caballo (como todos los animales), repercute la ley en el hombre, siempre que toca a cualquiera de las especies; si en todos los hombres estuviera ya dominado el instinto caballo, no dejaría de sentir la ley; pero como en el hombre está la ley obrando de pleno en la sabiduría del espíritu, ésta toca el resorte de esa ley en su alma, en la conciencia, (archivo del alma) y la acalla en justicia.

Mas supongamos que no está dominado el instinto caballo en el hombre y por justicia está en acción el instinto león; éste está en sus funciones y en ley es primero hasta que se sacia y se asimila al instinto esencia que está en el alma; y esto, que es ascender, es también someterse a ley mayor, para obra mayor, porque sabe que allí va a tener el premio de la ley mayor y no le ha de faltar el pago de su trabajo de la ley menor, o individual de su especia; ha ganado; disfrutará de lo justo de su trabajo y del bien resultante de la unidad en la ley mayor.

Pero como estando el instinto león en funciones no puede menos de hacer sentir en la comunidad del hombre, hasta que se sacie y se domine a sí mismo para entrar en la conciencia de la unidad y ha repercutido en el tiempo la ley del caballo que no está dominado y sumado a la conciencia y éste quiere imponerse al león que está en acción, se traban en lucha en el cuerpo y el alma, la esencia del caballo contra la esencia del león. En los instintos brutales del caballo y del león, en el cuerpo nace el antagonismo y se eleva a pasión si es vencido el instinto del león que está en acción, porque él no puede dejar su puesto porque tiene órdenes mayores; pero el vencedor caballo, respondiendo sólo a su ley y desconociendo la ley mayor, trata de sacar de la acción al león y se enseñorea el caballo. Como todas las especies son en familia, cada familia se suma a su especie y el alma es vencida por un momento, porque en esa revolución de instintos, todo se desconcierta y domina el instinto más fuerte, tanto más bestial o feroz, como sea el animal de aquel instinto. Pero entra entonces el espíritu para dominar aquel desconcierto y tiene muchos medios a su alcance y consiente las enfermedades, en primer término; luego apela al remordimiento si logra dominar en aquella existencia, o acaso corta repentinamente la existencia para volver luego más avisado y después de haber hecho sufrir a su alma las consecuencias de su debilidad, o de su participación con el cuerpo. Esto denota ya potencia y elevación del espíritu; pero sabe que el suicidio es siempre cobardía y no lo provoca ningún espíritu de algún progreso; y sí los vencidos por la pasión que no encuentran satisfacción aunque goce su instinto, porque, como los otros, por la anarquía que reina en aquel ser lo mismo se declaran con derecho, nace la concupiscencia insaciable, que es señal de que el espíritu está dominado por todo aquel enjambre.

Y es tan horroroso, hermanos míos, que habría muy pocos valerosos aun entre los hombres más gallos para contemplar el cuadro que representa un hombre en la concupiscencia; entrad en un parque zoológico (si es posible que exista completo) con todas las especies animales, fieras y bestias reptiles, acuáticos, alados, invertebrados, insectos y parásitos y suponedlos a todos metidos en una sola jaula sin divisiones, viendo arremeterse unos a otros, despedazarse con sus zarpas y colmillos; unos chupando la sangre a otros; los reptiles enroscando y asfixiando a otros y envenenando a todos con sus guizques; en ese cuadro, podéis imaginar la realidad del hombre en la concupiscencia que el espíritu tiene ordenado y mandado apaciguar y dominarlos a todos, sin destruir ni ser vencido ninguno. ¿Os podéis dar una idea de tanto horror? Pues el espíritu, en el tiempo, de todos triunfa; a todos los hace vencedores y todos van a su archivo, a su conciencia, a vivir la vida del alma, en esencia; el alma, la vida del espíritu; y el espíritu la dicha de su triunfo en la vida del creador; pero todo ya goza la vida eterna y de paz, porque acabó el antagonismo.

Sí; el antagonismo es el principio de las pasiones y se inicia (en general) en los músculos de los órganos de la generación, porque en ellos está la ley de todos los seres y repercute esa ley en el hombre en todo momento y no puede eludirla, ni tomarla en desmedida, ni a destiempo, porque todo indicaría injusticia. Ahí nació el antagonismo que originó la pasión y ésta la concupiscencia.

Por lo demás, termino diciendo, que el mal no existe en la ley; y que el mal se convierte en bien, porque jamás triunfa el mal; y si no triunfa nunca, no existe el mal sino en el antagonismo, que un momento pone el desequilibrio entre los instintos, que son todos y cada uno un bien, en cada artículo de la ley. Pero triunfa siempre el espíritu por su omnipotencia, que al fin hace esa arca (ya era tiempo de que se os dijera). Sí, hace varar esa arca el gran Noé en la montaña de la sabiduría, después de bogar en las horrorosas olas del diluvio de las pasiones y puede dar suelta entonces a todas las especies porque ya están domesticadas y ninguna se acometerá ya, por que salieron triunfantes de su revuelto diluvio, que no se repite en ningún ser. Entended, que esto se os quiso manifestar en el símbolo del arca de Noé; y yo mismo lo escribí rememorando en él este hecho real que os queda estudiado del bien y del mal y al propio tiempo, en ese símbolo, se hizo historia del mal y al propio tiempo, en ese símbolo, se hizo historia de que, por primera y única vez, se juntó en una sola familia cuando Noé, todos los 29 misioneros que llegamos a la tierra con Adán y Eva. En ningún símbolo encuadraba mejor que en aquella familia que formaba en sí la salvación de un mundo que se ahogaba en el diluvio de sus pasiones; y el hecho de representar dentro de un arca todas las especies de la tierra (cosa irrealizable en lo material) sólo tenía por base el cuerpo del hombre, su alma y su espíritu; tres en uno, conteniendo realmente todos los instintos de todas las especies, como os queda demostrado.

Ya veis, hermanos míos, lo que es el bien y el mal; ya veis que sólo el antagonismo es causa del mal, pero que el mal no existe en la ley y ya veis al fin que el hombre es el arca de Noé y como aquélla, representa y es el hombre, todo el universo.