PÁRRAFO II
EL ALMA DEL HOMBRE

Hemos hablado del cuerpo del hombre como si fuera una entidad consciente, para el goce y el sufrimiento; y lo es en la vida natural; mas no lo es en la vida animal, ¿cuánto menos en la espiritual?...

Pero como no hay efecto sin causa, ni la causa lo sería si no diese efectos y no es posible separar los efectos de sus causas, de aquí que, los efectos manifiesten a la causa y no pueden, ni la causa ni los efectos ser ajenos el uno para el otro, sino sufrir o gozar causa y efectos, de sus luchas y victorias.

Mas sin el alma, no sería ninguna forma porque se disgregaría sí pudiera formarse que tampoco se podría; luego es que, el alma es causa del cuerpo para darle forma, vida y movimiento y trabajar y disfrutar de sus victorias, o sufrir con sus derrotas.

Pero si el hombre sufre o goza, llora o ríe, trabaja y huelga, produce y consume de todo y con todo lo que le es homogéneo o sea materia, porque cuerpo y alma materia son y separados no accionan, es porque entre los dos se complementan en la vida, se manifiestan en la sensibilidad, y gozan o sufren.

¿Vemos quejarse ni gozar a la tierra, los minerales ni los vegetales? No, porque son sólo materia de vida natural; están en la gestación de la vida animal; no tienen alma individual.

¿Sufren o gozan los animales? Sí, porque andan, trabajan, procrean y si les negáis el alimento, lo piden por el instinto de conservación: tienen alma individualizada.

Luego la sensibilidad, es del alma; tiene facultades; porque si he dicho que es materia y materia es el cuerpo, además de lo que he dicho antes, digo definiendo en justicia que el cuerpo y el alma, son materia en diferente grado de progreso y que cada cosa en la creación, tiene su clase de trabajo; pero aclarando aun más diré, que la causa de la sensibilidad del alma y sus facultades es, porque llegó en su desarrollo, desde la más burda materia y sus infinitas evoluciones, a equipararse al alma universal su principio; pero aventajándola, porque lleva en sí las esencias de todas sus evoluciones, entre todas las partículas de todas las infinitas substancias acumuladas en un mundo las que teniendo todas ellas vida natural, insensible en sí cada una, pero combinadas por la homogeneidad, unas a otras se dan la vida demostrativa por la ley de las fuerzas de impulsión y repulsión, primando (como es conocido) el potencial magnético del alma, que es el magnetismo remanente de su origen, el éter, que los electricistas nos explicamos y comprendemos bien.

Este magnetismo, es relativo a su trabajo y equivalente al valor de su fuerza original, que es el éter vivificante; y tanto más potente y sensible será, cuanto más se iguale en fuerza; así vemos en el reino animal, que no todas las especies sean del mismo valor, provecho y belleza, seres a quienes dan vida animada estas almas individualizadas.

Ahora, recordad cómo se han fundido todas las almas en el alma universal de la tierra, antes de aparecer el hombre; y ,sabéis que de las esencias de toda el alma se creó el alma humana y ya estáis en camino de comprender la potencia, sensibilidad, facultades y fuerza del alma del hombre, puesto que en cada especie de los animales véis una facultad; y de justicia es que, si el alma del hombre es la esencia del alma animal, tiene por / /necesidad todas las facultades de todos los seres, que a su formación contribuyeron.

Subamos ya al hombre. ¿Todos los hombres sufren y gozan en el mismo grado, con la misma intensidad, por el dolor o alegría? ¿Véis que ante un cuadro, de desgracia se impresionan igual todos los que lo ven? ¿Véis tampoco que ante un cuadro de belleza, o la percepción de una melodía, todos sienten igual y se transportan? Pues si el dolor es igual, la belleza igual y la música la misma, ¿porqué todos no se entristecen, gozan o se ensimisman en el mismo grado? La causa está en la sensibilidad del alma; que tanto más sentirá el dolor, la alegría y la sublimidad, cuánto mayor fuerza tendrá el alma; y esto es porque, la materia, en su primer estado, no tiene sensibilidad apenas; pero luego vemos ya a la planta entristecerse y secarse si la herimos y no le damos agua; más arriba, en el animal; lo vemos en su instinto huir del sufrimiento y quejarse si le habéís dado un latigazo, que a lo más le hace una pequeña señal, en tanto que aquel mismo golpe bastaría para herir y aun matar al hombre.

Y es que; como habéis visto la formación del alma del hombre y ésta es la esencia de la esencia del alma animal filtrada en el último tamiz de la naturaleza y por sí tiene todas las delicadezas, sensibilidades, instintos y facultades de todas las almas individuales; y cuanto más se atomiza, deja las escorias burdas y se queda con las sensibilidades, que en un momento, se convierten en sentimientos más puros o menos puros, según vayan purificándose.

Pero si ahí quedara el alma como jefe de su cuerpo, sólo sería un alma superior a todas las almas que contribuyeron a su formación; sería un alma distinguida; pero, no sería más que un alma animal, porque le faltaría el raciocinio que no se lo pudieron dar entre todas las almas; porque no lo tienen: éste es sólo el espíritu. Tendría el alma del hombre los instintos todos de los tres reinos y obraría todo lo que los animales obran; trabajaría en la medida de sus débiles fuerzas animales; consumiría por la atracción unos alimentos y rechazaría por instinto otros; tendría voluntad, poseería el magnetismo y cautivaría con su poder imánico y retendría o mataría a sus antagónicos, en tanto que ese mismo poder, sería de salud para otros; pero todo ello lo haría inconsciente y sólo por el instinto, pero jamás se habría convertido el instinto en pasión.

La causa de todo esto es la ley que impera en cada instinto, que como es superior al instinto, lo domina; y como el alma, en sí, es impotente a resistir la ley, la cumple; y tenemos ejemplo en todos los seres irracionales, que siendo la facultad de la procreación la que da el goce supremo a la materia, y estando los animales en su completa libertad en el bosque, sólo la usan en el tiempo en que la ley les marca el celo y es cuando se solicitan unos a otros y se cubren y procrean.

¿Por qué no guardan luego el recuerdo del goce y quedan en deseos, puesto que tienen la hembra a su lado o la encuentran a su paso? Porque el animal sólo tiene el instinto en su alma y la ley le marca el período del instinto; satisfecho el instinto y la ley, aquél duerme; y la ley, aviva el instinto de otra especie y corre llenando todos sus artículos.

Mas en el hombre y (bien dicho en sentido propio, pues aun no podemos llamar hombre al cuerpo y alma) en el alma humana, ya imperan todas las leyes de todos los animales y así de todos los instintos: por esto, el hombre que está en su fuerza procreativa y bien predispuesto, no hay nada que se lo prohíba más que la justicia, que le prohíbe hacer injusticia ¿Y por qué esta singularidad, siendo que el hombre es de constitución más débil que los animales y de menor fuerza bruta? Ya os dije, que el alma humana lleva en sí todos los instintos, defectos y virtudes de todos los animales y en el alma viven; y si en los animales, cada uno siente la ley en determinado mes del año, entre todos la sienten en todos los meses; y como en el nombre están esas leyes todas y ellas no pueden hacer excepción en nada ni por nada, (porque son fatales), el hombre siente la ley en todo. momento; y lo tenéis demostrado, en que la mujer se nos muestra en su período todos los meses y una vez más en los doce meses del año, en general.

A lo que está obligado el hombre es, a regularizar su uso sin tenerlo como pasión dominadora, sino como ley de justicia; y no por el alma, puesto que a ella las leyes que la rigen son las que son de sus instintos; sólo que al llegar a ser esta alma una individualidad en la trinidad hombre, ya no son sus leyes las imperativas sino secundarias, porque llegó un mayor para darle el pago de su trabajo elevándola en categoría; y ese mayor, el espíritu, trae su ley y es de justicia que todos cedan el antiguo predominio que cada uno tenia, a falta de otra potencia mayor.

Es, pues, el alma humana, el depósito donde la naturaleza toda deposita sus esencias más puras y es por eso de mayor sensibilidad que entre todas y cada una; y así también, se reunen en ella todos los poderes y facultades de toda la naturaleza, de cuyas facultades, de cuyo depósito, se sirve el espíritu que en ella se encierra para obrar la creación de vida demostrativa o inteligente, por una ley mayor que rige al espíritu, en primer término, en tanto que a la materia, sólo le  impera esa ley en el conjunto de toda la naturaleza. Eso es el alma humana; pero hay que considerarla ahora bajo el aspecto hombre en sus funciones.

En el animal y reinos más bajos, el alma es el jefe de los seres para sus funciones; por ella se regulan, bajo las leyes de sus instintos.

Pero estos seres, animados o inanimados, es decir, movientes o inmovientes (porque animado es todo puesto que todo tiene alma, hasta una soga, cuyo ejemplo os dejé atrás), estos seres, digo, sólo son dúos, compuestos de cuerpo y alma; pero hoy ya, el hombre no es dos, sino tres, y no iguales, sino en ley mayores el uno que el otro.

En los animales, el mayor es el alma; y es justicia que entre el cuerpo y el alma del hombre sea así también y con más motivo, puesto que sabemos que el alma del hombre es el depósito de todas las almas de todos los animales; pero no obra como los animales, porque el hombre discierne, razona y vive vida diferente y se civiliza, cosa que no hacen los animales. Luego la causa de esto no es del alma, porque razonar es mayor función que las funciones del alma; y entonces, es necesario que el tercero que llega para constituir al hombre, sea el jefe y sea superior al alma puesto que obra diferente sabiduría que las otras almas. ¿Qué es, pues, el alma en el hombre? Es el ser neutral; el es compensador diferencial entre el mayor espíritu y el menor cuerpo.

Un ejemplo práctico y material nos va a llevar a la plena comprensión del caso y nos va a servir la electricidad, en su aprovechamiento: sabed que las ciencias llegaron siempre en su tiempo y, la electricidad llegó en su día para que el hombre se explique la vida y el Universo; y si antes no llegó, el hombre tuvo la culpa.

Tenemos una corriente dinámica con sus dos polos positivo y negativo; tan pronto como queráis unir los dos polos opuestos, éstos rompen por el punto más débil; no se avienen; son contrarios, no en su naturaleza, sino en su grado de potencia; no los dominaréis, ni se someterán sin un neutral de justa medida. Ponedles a los dos polos en el punto de su conjunción ese neutral, sea el filamento, sea el enrollado fijo o giratorio y tendréis a voluntad, luz, calor y movimiento. ¿Qué ha pasado? Que por ese neutral, habéis equilibrado las fuerzas y lo que antes, sólo era potencia perdida, ahora la aprovecháis. El .filamento, el enrollado fijo o el móvil, es una resistencia equilibradora.  Eso es un alma y así es el alma entre el cuerpo y el espíritu del hombre. Es el cuerpo la fuerza negativa y el espíritu la fuerza positiva que por falta de afinidad se repelen; pero encuentran ambos el alma resistencia entre los dos polos opuestos y se avienen, porque neutraliza cada parte su diferencia y, el alma luce, calienta y se mueve a impulso del positivo, que es la fuente de la fuerza y así el espíritu es el positivo - vida, que respondiendo a su ley y signo más, todo se lo asimila.

Aun hay más y más grande y bello que estudiar como ejemplo, en la electricidad; es el recorrido mayor o menor.

Establecemos una línea calculada para una potencia dada; tendemos dos cables o conductores de la sección correspondiente y llegamos al límite de nuestro cálculo; si pasamos de allí, la intensidad sufre una baja considerable que se anuncia en pérdida, menor luz, desigual movimiento y crecen los peligros. ¿Qué pasa? Que tenemos alma o neutra] en el receptor, pero no la tenemos en el camino, (línea o cuerpo) y con cualquier contratiempo, nos quedamos sin corriente; fuimos imprudentes en querer llegar a donde la ley no nos autorizaba. ¿Qué hacemos? Démosle alma a ese cuerpo: pongámosle un neutral que compense la distancia y la carga y ya tenéis (con la misma potencia) la corriente en los receptores, a una doble distancia, con un solo hilo más y de la mitad de la sección del positivo y negativo; hemos ganado doble radio de acción; es decir, hemos unido en ley, dos distancias.

Todo esto es práctico; filosofemos ahora un momento.

El alma, filamento, resistencia fija o móvil, nos dió luz, calor y fuerza; y un hilo de compensación (neutro) os puso en condiciones de unir dos distancias con la misma fuerza y todo (en, el conjunto) ha perfeccionado el sistema obedeciendo a la imposición del positivo, que es la potencia dinámica.

Siendo, pues, en el hombre, el espíritu, la potencia, (o sea la fuerza positiva) por la ley de las fuerzas, (igual en todo que la ley de la electricidad) no podría ser, unirse el espíritu en consorcio íntimo con el cuerpo humano para obrar, porque es tierra que es fuerza negativa por las impurezas. Luego si el cuerpo del hombre obra, discierne y razona y esto sólo es del espíritu que no puede en ley unirse con el cuerpo, lo hace por el alma que le sirve de neutral, resistencia, equilibradora de las fuerzas entre los dos polos; así el cuerpo y el espíritu cumplen cada uno su deber y el alma recibe en su resistencia las corrientes. Así, las contracciones de la electricidad producen el trabajo y unen en un solo cuerpo las dos distancias que deben recorrer; es decir que, así como cuándo el neutro en la corriente dinámica está equilibrado por el cálculo del ingeniero todo marcha en su ley, así también en el alma ya equilibrada por las funciones del espíritu, su elasticidad, le permite al espíritu recorrer las distancias de la materia y las del espíritu, estableciendo el circuito cerrado y sin fin del cuerpo y el espíritu y viven uno y otro por el alma, en las regiones de la materia y en las regiones del espíritu, que es la misión de éste; y como el ingeniero, no teme quedar sin luz y corriente, porque sabe, si es larga la distancia y si faltara un momento el hilo positivo o el negativo, esa función le corresponde al neutral; con lo cual, puede el espíritu entretenerse un momento de estudio, más allá.

Esta es el alma en el hombre. Es un ejemplo vivo, que para que yo explicara la trinidad del hombre, vino en su tiempo a la tierra la electricidad, que es la imagen viva y tangible del espíritu y como él, procede de la vibración del creador; por eso, en su lugar habéis visto que llamo a la electricidad fuerza omnipotente y madre de todo lo creado; y ello es así, porque, es la demostración de la vida y del alma universal.

Sí, todo se le ha dado al hombre en su tiempo; sólo que su alma no se hacía lo suficientemente elástica para que el espíritu pudiera estirarse cada vez un poco más a fin de ganar la distancia de su reino y naturaleza, porque era mucha la resistencia de su negativo y por esto sufría largas epopeyas de interrupción y había que ir soldando y soldando cada vez más, hasta vencer todas las pasiones de la materia; y en cuanto pudo la resistencia hacer el equilibrio de las fuerzas, el alma se hizo elástica y le quedó camino al espíritu para establecer el circuito cerrado y compensó matemáticamente, las fuerzas de los dos polos. Así se han unido el mundo espiritual positivo y el mundo material negativo y, hoy, la luz aparece hasta en los que aun son dúos, porque ha sabido el legislador hacer series con esos dúos (lámparas de menor voltaje) y las hemos conectado al receptor en series bien medidas y viven todos con la luz de su grado de progreso y ya ascenderán con facilidad hasta los grados superiores.

¿Quién no comprenderá ahora de una hojeada, el alma humana? ¿Quién no se explicará con claridad sus funciones? ¿Quién no tratará de darle la elasticidad posible con la sabiduría del más grande amor, para que así pueda el espíritu ir lejos, muy lejos; cada vez más, hasta su centro, sabiendo que más y más brillará su alma hasta apagar con su luz, un sol y muchos soles? Ese es su destino y su pago por los sufrimientos de ser el neutral, la resistencia, entre las dos potencias, la material y la espiritual; ésta, todo lo tiene que elevar a la mayor luz, a la sabiduría, al amor puro. ¡Bello fin el del alma materia! Porque... el alma materia es.