PÁRRAFO IX
LOS ESPIRITUS NATURALES FORMAN LOS CUERPOS DE LOS ANIMALES

Nada hay nuevo bajo el sol y nada está olvidado en la ley del creador; pero sólo el espíritu es el autor de las cosas.

Seres y mundos se complementan en sí; ni los mundos lo son sin el hombre, ni el hombre lo es sin el espíritu.

Pero los seres que no son hombres en los mundos, como los animales y los arbustos y todo el reino vegetal, viven y procrean y no tienen espíritu, aunque vivan la vida universal, que es en buena comprensión de sabiduría, espíritu universal.

Hemos visto que el espíritu se fabrica su cuerpo en el hombre y que se embellece por la sabiduría del espíritu, cada vez mayor después de cada lucha o existencia y surge natural la pregunta: ¿Quién crea el cuerpo de los animales?

Fuera de la sabiduría del espíritu, fuera del principio espiritismo y sin conocerse el hombre a sí mismo, sería compleja la contestación y además imposible a las ciencias axiomatizarlo; a lo más, en un sano criterio, podrían sentar en hipótesis este principio: Si todo es creado en sus formas por el espíritu, el reino animal y vegetal es creado por el espíritu. Solo tenemos que suprimir el si, que es el que hace la hipótesis y decir en afirmación: Todo es creado en sus formas por el espíritu.

Es, pues, ya fácil contestar a la pregunta: ¿Quién crea el cuerpo de los animales? Os remito a los párrafos I, II y III del capítulo cuarto de la creación, y sería bastante para su declaración, fundamento y verdad; pero hay que decir algo, porque hay dos períodos de funciones muy fundamentales, referente a los espíritus y a los animales, antes y después de la aparición del hombre.

Son estos dos períodos, o fases, la creación de los animales y su belleza; la primera pertenece exclusivamente a la naturaleza; la segunda a la sabiduría o progreso del espíritu del hombre; pero en la una y en la otra la obra es del espíritu.

La naturaleza es sólo vida natural, no inteligente; es el éter sin formas que todo lo vivifica en su baño; pero él no es más que la vida sin inteligencia; no puede producir formas; a lo más, masas informes de materia; montones de vida natural.

Esto lo hemos visto cuando hemos contemplado a nuestro mundo, salir en aquel germen telúrico del sol, que vagando 23 millones de siglos cargándose de vida y ricos materiales, corrió los espacios hasta estar saturado de vida y gérmenes, materias que se le adaptaban en su largo viaje bañándose en la matriz del éter y ninguna forma se produjo: sólo había un informe montón de materia viva, de vida natural.

Pero la ley marcó su medida y le es entregado aquel rico montón de materiales en combustión, a un espíritu maestro, ser inteligente, y él, en coyunda con otro maestro que guardaba las líneas del camino en que el mundo debía correr su vida, combinan las materias en su afinidad y producen la vida en formas, después de haber solidificado la gran montaña gaseosa de materiales informes.

Pero tampoco éstos maestros lo hacen por sí solos, sino con legiones de obreros para cada especie, en las que cada uno ordena a toda su legión y ellos reciben las instrucciones del maestro del mundo; éste, a su vez, las recibe del maestro de los maestros, conforme a las cualidades de la familia humana que ha de poblar aquel mundo en su día.

Han de producir el caballo; y en la inteligencia del espíritu maestro está la cantidad de nitro, de cal, de oro, de azufre, de radio, de nihilita, de ázoe, etc. etc. que deben combinarse para él movimiento y cualidades de esa especie; un espíritu natural recoge sus primeras moléculas y por la ley se reúnen todas las otras; y con el alma ya engendrada dar los primeros vegetales y de los minerales combinados de los primeros invertebrados, o especies de montones de masas que se formaron al principio, todas aquellas partes químicas reunidas, tomaban movimiento y demostración de vida... Es un grandioso laboratorio químico.

Pero si todo esto podía demostrar la vida orgánica, sólo podía ser una pelota, inútil para la ayuda y servicio del hombre; además era necesario que se procrearan por sí mismos, porque quitaban del depósito el germen de la especie. Así seguía la inteligencia del espíritu maestro ideando su armazón, sus venas, sus tejidos, su estructura, sus órganos de procreación y todo lo imprimía en el alma del caballo y apareció la especie en machos y hembras y fué en la encina donde se gestó.

Así procedió con todas las especies animales primeras, que por el cruce se dividieron en familias; pero siempre tuvo y tiene el maestro del mundo, con sus legiones de espíritus naturales, que formar los organismos y estructuras de todo los animales, antes y después del hombre, es decir, de la aparición del hombre.

Sólo que, una vez aparecido el hombre, éste ya era árbitro del reino animal en lo referente al mejoramiento de las especies y aun de hacer nuevas familias a voluntad por el cruzamiento. Esto es de una gran ayuda para los espíritus naturales; y tanto mejores tipos crea el reino animal, cuanto más sabio es el hombre. En esto no tengo nada que estudiar, porque en los últimos tiempos, la necesidad del hombre, lo hizo adelantar mucho en el cruce de los mejores ejemplares, ya para crear tipos de trabajo, ya para su recreo y servicio. Pero todos irán cediendo su puesto, hasta desaparecer por innecesarios al hombre y porque el hombre enriquecerá su alma donde sólo debió enriquecerla: en el consumo de los vegetales que hoy son bañados en sus raíces por las fuerzas del electro magno y en sus tallos por el éter puro de su atmósfera, que ya, el hombre, no envenenará más con su maldad.

Hasta hoy fue de necesidad toda esa infinidad de especies animales para purificar más el alma natural de la que el hombre toma una parte en cada reencarnación; pero como esta tiene todos los instintos de los animales que el hombre recoge, porque no quiso conocerse, ni ser sabio, las convirtió en pasiones; éstas se le fueron adaptando, y todo aquello que no adelantaba al espíritu, todo se le pegó en sus almas; y al salir la tierra de su primitiva atmósfera en virtud de la justicia por el juicio de mayoría, los apasionados, fueron a los mundos primitivos con toda aquella carga de pasiones, que sólo son instintos, en los animales, porque les falta el ser inteligente que el hombre en él lleva encerrado y esclavo; ahora el mundo tierra se descarga de esa tremenda carga que la mayoría había vaciado de sí y la minoría la recogió y se la adaptó, acreciéndola, por causa de la potencia del espíritu, que se familiarizó con las pasiones. Allí tendrá que saciarse, de ellas y sufrir las consecuencias de su error, en tanto que los que dominaron en sí los instintos animales, purifican más su alma hasta llegar al progreso sumo de que la tierra es capaz en su máximo valor, y el hombre saldrá triunfante a un nuevo mundo que empezará en el progreso y gozo que tenía la tierra cuando termina su carrera, que será tanto mayor cuanto mayor sea el conocimiento de sí mismo, del hombre su señor.

El límite también del séptimo día está ahí, pero que el hombre tarda en saber todo lo que es su mundo. Pero tiene la noción cierta de la sabiduría y la verdad, lo que quedará resumido en el siguiente capítulo: El hombre.