CAPITULO V
EL CUERPO DEL HOMBRE Y DE LOS OTROS SERES

PÁRRAFO II
LA BELLEZA ES A CAUSA DEL PROGRESO DEL ESPÍRITU

"No llega el niño a doctor aunque siga los cursos en la universidad; sólo lo será cuando los años y la experiencia lo hagan". Esto ha dicho el Espíritu de Verdad, en una comunicación en la que trató de fisiología y sociología; y el proverbio viejo nos dice que "la experiencia es madre la ciencia".

Todos sabemos, que el día que se empieza un oficio no se sabe el oficio, sino luego de haberlo practicado en toda, sus partes y por repetidas veces; es entonces que el obrero lo encuentra todo relativamente fácil y cada vez va mejorando el arte hasta hacer filigranas delicadas, que no supo ni pudo hacer cuando empezó.

¿Y qué es, pues, el espíritu más que el obrero? ¿No hemos visto por todo lo que he expuesto sobre la vida, sobre el espíritu y sobre las leyes, que nada hay hecho que no sea obra del espíritu? Repetiré que el Padre es sólo el creador universal y primario del éter que todo lo llena y del que proceden todas las formas en los mundos, los mundos y el hombre; que el espíritu toma de ese depósito todo lo que necesita para hacer todas las formas; y que cuando cumplió su ley, o propósito, deshace las formas para volver a hacerlas; y como es natural que cada vez le sea más difícil por la práctica que le enseña y porque sabe lo que le estorbó en la anterior existencia y porque la emulación de la belleza de otros más expertos le sirve de acicate; y, sobre todo, porque la ley de progreso le obliga siempre a más, embellece cada vez más su conjunto y minuciosamente cada particularidad de su cuerpo.

Y es que, los mundos, son una constante exposición donde hay premios al arte y la sabiduría, que se demuestra en la belleza de los cuerpos, en las producciones científicas naturales y, por todo, en la luz del espíritu.

Es así porque, el espíritu no puede hacer en las primeras existencias una belleza y forma ideal, porque es aprendiz y además, los materiales son rústicos y tiene que ir tamizándolos y afinándolos para que le resulten suaves y más modelados; y esto tiene que ser en los tres reinos, mineral, vegetal y animal, simultáneamente, y esto, también lo tiene que dirigir y ordenar el espíritu.

Es así, pues, cómo va modelando el espíritu las forma de los cuerpos desde la matriz de la madre, donde se cuida de sus organismos, tejidos y sistemas, lo mismo que los órganos sexuales en el género femenino o masculino que le ordenara la justicia, que está en él, conforme a la misión que se impone.

Una vez que nace el cuerpo del infante, el espíritu lo toma, pues hasta entonces no se encierra en su alma y se turba (es natural que así sea, pues pierde la libertad); pero continúa el trabajo de escultura empezando por la cabeza que le quedó desfigurada al nacer y ya se ocupa de darse las formas. Por esto veis tan a menudo cambiar al infante de parecido, hasta que llega a constituirse en hombre de acción.

El trabajo del espíritu en formarse su cuerpo, cuando es hombre, es más breve y sencillo que cuando es mujer, porque sus funciones son muy relativas en el hombre. En la mujer, en cambio, es complicadísimo; y lo fue mucho más hasta el día de la comuna, que no consistía solamente en la insuperable tarea de ser madre, (misión sagrada, cual de la tierra en su creación hasta la aparición del hombre) sino que debe observar especial cuidado en su escultura, porque tiene que tener en cuenta que es la depositaria de la vida de otros seres y del amor de familia; además sabe su espíritu cuál será su compañero y tiene que darse las formas que a él le agradarán en su exterior.

Mas como el hombre también cada vez se perfecciona y estima más la belleza en su complemento exterior, idea el espíritu las redondeces de sus curvas y recoge en su busto y fisonomía las gracias adecuadas, el ingenio en las facciones y los actos y los acompaña con los atavíos y, en fin, arranca a la naturaleza sus perfumes, galas y coloridos y todos se los asimila la mujer, para dar un incentivo al hombre, que por el error de educación puede en él más y muchas fatales consecuencias le hacen presa del error y rompe el lazo de la que en espíritu es su compañera. Todo esto tiene que tener en cuenta el espíritu que viene a ser mujer y ello le obliga a trabajar mas aprisa para alcanzar el tipo ideal, sin querer envejecerse.

Es tan complicado este mecanismo, que tiene que saber manejar, amén de las gracias morales, facciones y modalidades, otra parte, si no más sagrada, más intrincada y dificilísima por la gran precisión que en su organismo y funciones debe haber; es la procreación, cuyo tesoro de vidas lleva encerrado en su matriz.

Ese órgano hermanos míos es, no un mundo, sino el Universo completo; y si no lo ha estudiado el hombre en sus ciencias, es porque no concedió vida y acción al espíritu; causa esto de todo el error no sólo en las ciencias materiales, sino en las filosóficas y morales; pero llegó a la herejía en las teológicas y a la negación del Universo, en el celibato de la religión católica.

Os dije que no cuesta más crear un mundo, que encarnar un espíritu; todos los hombres nacen de matriz y esto bastará para comprender lo complicado del trabajo del espíritu en la creación de ese órgano más sagrado que el corazón, pues aunque no dependa. de la matriz la vida del cuerpo de la mujer, depende de ella la vida de muchos otros cuerpos; y puede decirse que toda su sabiduría el espíritu la necesita para ese molde, donde se han de fundir todas las esencias del Universo y hasta el amor divino, para que recobren vida animal bajo la unión de las dos almas enamoradas que deben unirse, para abrir las válvulas de ese depósito de los secretos de la naturaleza.

Mas no creáis que ha pasado desapercibido todo su valor e importancia a las religiones; pues para entorpecer el entendimiento del hombre que hubiera visto hace muchos siglos en las funciones de ese órgano la sabiduría divina, ellas mismas se encargaron por la teología de poner trabas, declarando inmorales y peligrosos esos estudios, y tenían razón: había el peligro de probar la mentira de las religiones y sólo podían conseguirlo por el prejuicio y la ignorancias de los hombres; y hoy aun no saben la verdad de ese órgano de la generación, ni los profesionales de la obstetricia; pero en el código de amor se manda que se les enseñe a las mujeres desde niñas y el hombre lo sabrá y se admirará y estudiará grandes principios de sabiduría.

Mas hay aún un punto, el más capital, que anotar sobre ese órgano de la vida de los hombres; y es que, siendo la mujer la depositaria y su espíritu el artífice, no es él el que tiene la llave de esa arca santa, sino el hombre.

Aquí habría que entrar en grandes profundidades, (muy minuciosas porque son anatómicas) pero ya se hará todo esto en el descanso comunal, porque ahora sólo hay (y aun tengo que mirar si hay) para que pongan el humilde puchero, que aunque escaso sea, mi cuerpo necesita; y ese estudio matemático especial, es obra de más de uno y de mas tiempo que el que ahora tiene el maestro para dar las generalidades y la verdad que son, la causa y la sabiduría, sin la cual no puede haber ciencias; y la anatomía de ese órgano, como la de todos los demás y de todo lo que se refiere a unidades o ramas de la sabiduría, son ciencias en las que trabajan y han de trabajar muchos hombres en cada una, conforme al principio verdad que aquí se les da.

Pues bien; he dicho que, siendo la mujer la depositaria de ese sagrado órgano y su espíritu el artífice, no es ella la que tiene la llave de esa arca santa, sino el hombre; y no hay por qué esforzarse en probarlo, porque sabéis que sólo el hombre puede hacer concebir a la mujer; más claro: sólo por la unión del hombre y la mujer se engendra otro semejante, porque, si la mujer es el arca, el hombre es la llave.

Esta función natural (pero divina en la ley de la procreación), no sólo no les ha dicho nada a los inflados sabios del tiempo de la supremacía religiosa y de los dogmas científicos, en su orden divino, sino que la hicieron materia peligrosa e inmoral, y para apoyarlo, se levantó el celibato. Sin embargo, ellos, los célibes habían nacido de matriz y por la unión del hombre, único que tiene la llave de esas puertas.

En esto precisamente está la sabiduría y la demostración más culminante, de que nada se mueve solo en la naturaleza; y bien se le había dicho a la humanidad que, "ni la hoja de un árbol se mueve sin la voluntad del creador".

Así es y en nada falta la armonía; y menos podía faltar en esa función primordial para la que son creados los mundos, que es la procreación de los seres, engendrados por el macho en la hembra en el reino animal, al que el hombre y la mujer, en los cuerpos, pertenecemos.

Mas si la mujer prepara su matriz y sus ovarios y cada óvulo es una placenta, no tiene en su néctar el poder del engendro; y es porque, no es función individual, sino colectiva, del Universo todo; y concurre a cada acto de la concepción una asamblea regida por un tribunal formado por el padre, la. madre y el espíritu que debe encarnar, siendo testigos por el Universo, dos individuos por cada parte que son, un guía y un protector, sumando 9 y con el espíritu maestro de la naturaleza como secretario, 10; debiendo añadirse aún el espíritu maestro o secretario del Padre como juez autorizante el que anota en el índice de la vida aquella nueva existencia.; en cuyo índice, las leyes fatales toman nota de los hecho de justicia que debe realizar el nuevo ser y le ponen las cosas en su punto y a su tiempo para su cumplimiento.

De modo que ya veis lo grande del momento de la concepción de un hijo, cuando todo el Universo concurre al acto que las religiones y los dogmas científicos han llamado inmoral y lo han anatematizado; y no sólo eso, sino que se declaró el celibato, contrario en todo a la ley.

Pero como esto tendré que tocarlo más adelante, me dejaré de consideraciones para hacer el último punto sobre el hombre, en este asunto. Dije en su lugar, que antes de encarnar un espíritu, hace un juicio y expone sus medios, sus condiciones y cuantos requisitos necesarios a su prueba deben concurrir; que saben ya desde entonces el sexo que debe tener cada uno en justicia y los hijos a que deben dar vida corporal; y si el sexo lo tienen que tomar en justicia, esto os llevará a la certidumbre de que el espíritu no tiene sexo, y esto es también una verdad eterna.

Pues bien; si la mujer tiene esas funciones tan delicadas en preparar ese órgano tan interesante, el hombre tiene otro trabajo no menos importante y es cargarse de microhombres en su médula, en la que viven ya los gérmenes de los cuerpos que ha de engendrar, encerrándolos por el espermatozoide, en la matriz donde sólo puede gestar y formarse, por la substancia afín que contiene el óvalo donde entra el microhombre, que desciende desde el centro de vida cae su padre, recorriendo con velocidad no soñada, en un instante, todo el trayecto desde el centro o cerebelo por la médula, en cuyo instante, la substancia seminal se eleva a la uretra, que ha de servirle de vehículo hasta la matriz. Aquí se encierra tal sabiduría, que los hombres no han podido comprenderla y han hecho grandes absurdos.

El microhombre, que desciende desde el centro de vida del hombre, en todo su camino va por la médula, substancia blanda y que por su ley le abre paso; pero al llegar a la uretra, conducto seco y rústico, el microhombre, por su delicadeza, se destrozaría si no tuviera la substancia seminal que lo recibe, para servirle en las paredes de la uretra de lecho blando y cálido en grado justo de calor.

Este es el oficio del líquido seminal; ser el conductor del microhombre, que no se desliza de su centro, hasta el instante supremo en que todo está preparado.

Ya veis qué grande es la sabiduría de la procreación y todo tiene que hacerlo en su cuerpo cada espíritu; y tanto mejor lo hace, cuanto es más maestro; es decir, cuanto es más sabio; pero no están solos en el momento de la concepción de un ser el hombre y la mujer que se juntan, sino que la una asamblea de espíritus que son testigos y tienen funciones que cumplir todos y todos asistimos a estos actos unos a otros, por ley, por justicia y por deber.

La responsabilidad del mal uso, verla en el Código y veréis lo que todos hemos hecho en la ignorancia y la malicia y cuánto habremos sufrido y héchonos sufrir unos a otros y sacad consecuencias para el provecho de la comuna en el cumplimiento de la ley de la procreación; y sabed también que, la belleza es a causa de la sabiduría del espíritu.