Párrafo VII
SU TRIUNFO Y SU GOZO ES SOLO POR SU SABIDURÍA

Sin antes sufrir no puede existir el goce, porque no es posible apreciar el bien en su valor sino se ha sentido antes el mal; pero el mal no existe más que en la ignorancia.

Si pudiéramos abstraernos del sentimiento, del dolor, de la aflicción, nos encontraríamos insensibles y no podríamos tampoco sentir satisfacción en el goce, ni aun del espíritu.

Pero esto es imposible y contrario a todas las leyes de la naturaleza porque, toda naturaleza tiene alma y el alma toda es sensible.

Como la sensibilidad tiene asiento en el alma, y alma tiene (como dije en su lugar) todo, hasta el dogal con que el verdugo ejecuta al reo, hasta el dogal siente sensaciones y siente el bien y el mal; y esto no es exagerado, sino la verdad en toda su altura.

Y ya que he tocado este punto tan extremo, voy a probar físicamente que, una cuerda siente (por si no se ha fijado el hombre) y ésta será la más culminante conclusión.

Hace el ingeniero su cálculo de la resistencia de esa cuerda o cable (ya sea textil o metálica) para levantar un peso dado y exige su perfecta y regular construcción en toda su largura.

Se la pone al trabajo a que ha sido destinada y cumple mientras no se pasa del límite calculado y marcha bien; pero al recibir un golpe que la hiere o la convulsiona por ponerla en funciones bruscamente, se rompe; examinadla en seguida y veréis que en la rotura hay mayor grado de temperatura que en el resto de la cuerda; es que ha sufrido.

Pero observémosla en su trabajo forzado, es decir, con mayor carga que la calcula y veréis con asombro que toda ella no sólo despide calor al tacto, sino que protesta y sale de ella humo; y obreros advertidos podrían dar testimonio de que han tenido que derramar agua a lo largo de la cuerda, para que haya podido resistir hasta poner la carga en su sitio; yo lo he visto y practicado repetidas veces; pero son más los que por impericia, por desconocimiento de las leyes físicas y naturales, no lo han observado; se ha roto la cuerda o cable, observando más de una vez, asombrados, que la cuerda, no se podía tocar de tanto calor.

Llamemos en nosotros la inteligencia y nos dirá lógicamente, que ese hecho, no es un fenómeno, sino un hecho natural en sus leyes y no podríamos menos de concluir afirmando, que aquella cuerda tiene vida y lo ha demostrado, hasta protestando por el humo y el calor, de que sea sometida a mayor esfuerzo que aquel para que fué calculada.

Protesta, se calienta, se quema y resiste si es auxiliada por el agua. ¿Qué otra cosa es esto sino sentimiento? Y ¿qué puede dar sentimiento en todo más que el alma, aunque sea natural? No perdáis de la memoria que el Universo todo es un alma y que el alma es sensible, y por lo tanto, sufre y goza: os lo demuestra hasta esa cuerda, que parecerá que es mas insensible que todas las otras cosas del mundo.

No digo nada de la planta y del árbol, que se seca si no se le da agua, o no da frutos, o no los sazona, si no le da el sol y el aire; otro tanto se puede decir de los reinos animal y mineral, porque a éstos ya les conceden vida y sentimiento las pobres principiantes ciencias; pero esto, todo por sí, demuestra vida y sentimiento, sufrimiento y gozo en la sequía o la humedad, o en el calor y el frío.

De modo que, la cuerda que fué sobrecargada y empezó a sacar humo, sufría; y muchas se rompieron y quedaron sin terminar su trabajo; la que sufrió y pudo cumplirlo y gozó, fué porque la pericia (que es sabiduría) la ayudó refrescándola; las plantas se secan por la sequía: si se las riega, se renuevan y se ponen lozanas recompensando al previsor que las regó, con frutos que no hubieran dado; sufrían por la impericia (que es ignorancia) y gozan por la previsión, que es sabiduría; los minerales, en su terrón, están aprisionados; los saca el hombre y dan su belleza natural; los modela el hombre combinándolos y valen más y son más bellos; sufren y gozan en la ignorancia y la ciencia que los embelleció en las esencias extraídas de los minerales o vegetales, vemos químicamente, que unos se repelen a otros y que algunos, bien combinados, siendo antes fríos, se ponen en movimiento y obran maravillas; y otros que matan un organismo o corroen el metal, combinados, dan la vida y abrillantan los metales.

¿Y esto qué es sino la manifestación del sentimiento, el sufrimiento y el goce de su alma? Si el mineral no hubiera sufrido su incubación, ¿gozaría al formar un objeto de arte, o servirle de herramienta a su señor el hombre? Negar esto, sería un abuso sin nombre, pero no sin precedentes; porque hay aún hoy mismo hombres que niegan la vida al espíritu, que es lo mismo que negar que la madre goza en la vista de su infante más que el padre, porque es fuerza que así sea; porque la madre sintió mucho más que el padre y hasta se sacrificó exponiendo su vida en el parto y sigue sacrificándola por sus pechos.

Ya veis; he tocado en breves líneas todo el Universo: el caso más bajo en la cuerda y el más sublime en la madre que están uno y otro en la comprensión más elemental, porque escribo sabiduría y no ciencias y no puede quedar nada obscuro a los hijos de la comuna que empiezan su carrera de sabios y no de científicos solamente; y os queda demostrado en lo bajo y lo sublime, en lo más material y lo más divino, que los sentimientos y goces del alma son sólo par la ignorancia y la sabiduría del espíritu, porque una y otra cosa, sólo pueden radicar en el espíritu, que siempre triunfa del alma, del cuerpo, del mundo y de la ignorancia; pero si no sufriera, no gozaría; mas el mal no existe en la ley sino en la ignorancia, que no es de la ley.