PÁRRAFO V
QUIEN LLEVA EL VALOR DE LOS MUNDOS

¿Porqué he dicho, que las escorias de un mundo que desaparece van por su ley a alimentar otros mundos? Escorias son, los residuos que quedan de toda cosa que sometida al fuego, éste no la puede consumir porque no le es asimilable; así quedan cenizas, que no sólo no puede consumirlas el fuego sino que, si las echan en el horno, amortiguan y aun apagan el fuego.

He aquí el ejemplo vivo de lo que les pasa a los mundos: son combustible que consume el espíritu y consume (como el fuego) todo lo que le es asimilable, y lo que no, lo deja en las cenizas; son escorias que no le sirven en aquel estado.

Pero, ¿se pierden esas escorias, y esas cenizas? No. Está la química, que las rehabilita y las hace servir; de las escorias se hacen hasta adoquines que embellecen y afirman las calles de las ciudades y de las cenizas se hacen lejías para limpiar e higienizar el cuerpo del hombre, o son su defensa contra el pulgón y otra plagas que acometen a las plantas; pero en último términos son devueltas a la tierra y se asimilan a ella, y no seréis capaces, después de algunos siglos, de encontrar cenizas ni escorias muertas donde sólo cenizas y escorias fueron depositadas. ¿Qué pasó?... Que no eran cosa inútil, ni muerta, y puestas en un ambiente se transformaron y vuelven a servir de nuevo al fuego y otra vez consumirá el fuego lo que sea asimilable: así se transforma todo eternamente. El espíritu consume materia y exprime la vida de los mundos por los cuerpos de los hombres, hasta que no queda nada asimilable; el mundo y el espíritu, han terminado allí su tarea y su epopeya.

¿Qué sacó el fuego que consumió el combustible? Sacó calor, que lo convirtió en luz y movimiento; éste en fuerza, con la que hizo trabajos de provecho a las necesidades del hombre y le dió satisfacción y bienestar relativo, porque pudo hacer progreso, ciencias y civilización: es decir, aprendió a hacerse sabio y llegar adonde el hombre se proponía: a comprenderlo todo y a dominarlo todo.

Pues ésta es la función del espíritu, por sus cuerpos, en los mundos: exprimir toda la vida del mundo, todas sus esencias y riqueza de sabiduría, todas sus fuerzas, toda su luz y toda su sabiduría; y todo lo guarda en su archivo y como es natural, se enriquece. Y cuando no hay más que sacar, cuando no hay más materia asimilable, la ley del más del eterno progreso, lo llama a otra parcela que empieza en el grado de riqueza donde termina la que explotó, y se va el espíritu, llevándose valor del mundo, computando todo su peso y valor, en su luz, potencia y sabiduría.

¿Ha muerto aquel mundo? El espíritu es amor; el mundo va en el espíritu, en esencia; recién empieza a vivir la verdadera vida, que sólo está en el espíritu; ahora vive por toda la eternidad; vivía individualmente vida animal, sólo en su órbita, cumpliendo la ley de trabajo; ahora vive la vida del progreso y en muchos mundos y en el Universo, porque vive en el espíritu; y como el espíritu es consubstancial del creador su padre, con el espíritu vive en el padre, llegando a esta conclusión: los mundos y los hombres están muertos cuando decimos que viven, y viven cuando decimos que han muerto. Lo que quiere decir, que si cuando es hombre y mundo que se mueve en su órbita vive, a pesar de que su vida es de lucha y sufrimiento, cuando el mundo y el cuerpo del hombre dejan esa lucha porque triunfaron, vive más, porque viven gozando de su victoria, por lo cual se sacrificaron.