PÁRRAFO IV
LA VIDA DE LOS MUNDOS, SU DESAPARICIÓN

Ya probamos en su lugar, que la vida del alma y del cuerpo es temporaria y dijimos algo sobre la vida de los mundos; aquí debo decir, lo que corresponde a los mundos.

Sabéis que la ley es una para todo el Universo, y que materia y espíritu son regidos por la misma ley y es progreso indefinido e infinito. Hemos visto la formación de nuestro mundo y nada más fácil que comprender que vive; puesto que nosotros vivimos en él.

Vemos desaparecer los cuerpos de los hombres. Esto, para los hombres ignorantes era la muerte; mas la muerte no existe; porque todo tiene vida eterna; pero, como está impuesto el progreso eterno, si los cuerpos no se transformaran, esa misma estabilidad, representaría la muerte y hasta el creador y el espíritu se envejecerían y morirían y la eternidad sería una ficción.

Y si la eternidad no existiera, ¿para qué tanta lucha del espíritu y aun de la materia? ¿Por qué esas maravillosas creaciones de los mundos y los hombres en tantos millones de siglos? ¿No sería un sarcasmo la vida de los cuerpos, o del hombre, que dura tan breves segundos comparada con los millones de siglos que cuesta crearse un mundo? ¡Y pensar que esto creyeron los hombres!... Dá lástima. Las terribles luchas de los misioneros para iniciarlos en la verdad de la eternidad, suponen mucho más prodigio que crear el mundo y el hombre, y, sin embargo, esto fué hecho, "y consumieron en breve tiempo la obra de muchos siglos".

Y si el espíritu vive eternamente, ¿puede ser que muera el mundo donde se enriquece, donde trabaja, donde adquiere más sabiduría y del trabajo se abrillanta? ¿Cómo se probaría que la ley es una y que sobre ser una es amor? ¿La ley es una? ¿Vive el espíritu? ¿No tiene límites el progreso? Entonces, los mundos viven eternamente, aunque desaparezcan como unidad.

Los mundos, como las humanidades, tienen de vida siete días o épocas, que se diferencian, en que las humanidades hacen sus días más cortos, pues cuando aparecen en la faz del mundo, cuando ya éste tiene hecha más de media tarea; pero han de acabar los dos a la vez y cada uno busca su centro.

Los mundos, cuando han cumplido su misión, (que es cuando el espíritu encarnado en el hombre nada más tiene que estudiar en él) desaparecen; salen de su órbita y se disgregan en fragmentos y sus escorias van por su ley a alimentar con sus sólidos a otros mundos en formación, y llevan minerales a unos, materia que, ayuda a solidificarse a otros, que están la principio de su formación, como el mundo disgregado recibió, también residuos de otros que se disgregaban cuando él se formaba; pero siempre en ascensión de perfección, porque, ninguna molécula de los mundos, ni de los hombres, hace dos veces la misma función; la ley es ascender y los fragmentos del mundo que desaparece ascienden a un mundo más perfecto y más depurado y esto responde, además, al progreso indefinido; a que todo se espiritualice; es decir, a servir al espíritu de alma, que cada vez se agranda más pero ha de llegar por grados; por esto, los fragmentos de un mundo que ya han hecho un trabajo, por el que se ha enriquecido también por el contacto de la luz del espíritu, cuya luz es un crisol, le pertenece en ley ascender y asciende de grado en grado, hasta llegar a convertirse en esencia, corriendo de mundo en mundo, y llegando así a ser alma individual un día, que brillará más que un sol con la luz del espíritu, que la habrá agregado a su alma, va purificada.

Ya véis cómo así aunque desaparecen los mundos del punto u órbita en que sirvieron a una humanidad, no sólo no han muerto, sino que empiezan a vivir de nuevo, aun en su cuerpo o armazón; pero viven mas vivos, en los espíritus cuando desaparecen, que cuando nacen y se crean.