PÁRRAFO II
PARA QUE SE CREAN LOS MUNDOS

Claro es que ya no hay discusión de que para qué se crean los mundos, pues hemos visto que todo fue sacrificado para hacer aparecer al hombre, habiéndose pasado millones y más millones de siglos tamizando substancias para su cuerpo y alma; pero, ¿no hay nada que considerar?

Desde que los hombres aparecieron en la tierra, han luchado para llegar al conocimiento verdadero de su aparición, creyendo que sólo eso les podría poner en situación de buscar y encontrar toda la verdad; no estaban equivocados.

Pues hoy que ya tienen la verdad, empieza su carrera de estudios y tienen que corregirse de sus errores anteriores, encaminando sus pasos ya en derechura al centro de las vibraciones de donde todo procede, y allí, cantar el hosanna a Eloí y el himno del vencedor.

Si de tanta altura y grandeza procedemos, ¿cómo han de extrañarnos todos esos preparativos, todas esas manifestaciones de la naturaleza, todo ese sacrificio de todos los seres para producir con sus esencias el cuerpo del hombre; sabiendo, que nuestro espíritu que ha de encerrarse en aquellos cuerpos y almas, es la esencia de la vida universal, del éter vivificante, porque es el creador secundario y parte consubstancial con el creador primario?

Mucho hizo la naturaleza; ¡agradezcamos en ley su sacrificio! Pero sepamos también, que nada hizo de más: hizo lo justo, lo que le imponía la ley para recibir al que venía a ordenarla, a dominarla, a darle vida demostrativa, a purificarla más y llevarla, adonde sin el espíritu no podría ascender.

Los mundos, la creación, no tienen más fin que darle asiento al hombre que ha de procrear por sí a los hombres, una vez que han aparecido los primeros, para lo cual, hubieron de. encerrarse en aquellas bolsitas, naciendo como gusanillos; pero la naturaleza (aun siendo vida natural), se singularizó en la producción del hombre sobre la de otros seres, porque la ley la obligaba; porque el espíritu ya la ordenaba.

Los hombres, en su ignorancia, han adorado a la naturaleza, o mejor dicho a la tierra y con ello se han rebajado a sí mismos, debiendo saber que, cada uno de los hombres tiene más valor que todo el mundo; pero en cambio, han hecho también un mal uso de la tierra y, con sus obras la han manchado, por el orgullo, no sobre la tierra, pues ésta los dominó siempre en fuerza brutal y natural, teniendo que ser la tierra directora del que venía a ser su director, y esto fue largos millones de siglos, cerrándole el archivo de sus secretos, porque el hombre, todo lo emplearía en reavivar sus instintos convirtiendo en pasiones, en vez de dominar sus instintos como era su deber, para hacer conciencia.

Sí; la tierra cerraba sus secretos y los hombres se veían sometidos a ella por su incuria; les daba sus alimentos, cual los merecían; poco más distinguidos que a las bestias, porque no querían ellos señalarse sobre las bestias que habían sufrido sacrificios para que el hombre apareciera; y como el hombre vivía todos los instintos de las fieras, ni. aun éstas lo quisieron respetar después de salir de la cuna o la caverna; y sin embargo, lo habían respetado cuando infante y lo dejaron crecer y multiplicarse, porque la ley les imponía respetar al indefenso; y no les imponía respeto, cuando ya el hombre podía razonar, con cuya facultad debía dominarlo todo y regirlo en amor.

Mas cuando el hombre derramó la sangre del hombre, todas las bestias reconocieron en aquella sangre su misma sangre y en ella, el hombre se sentenció a la lucha brazo a brazo con las fieras, que lo acometían, porque la afinidad del líquido de vida caído en la tierra reclamó su defensa y su venganza, porque era profanada contra la ley de amor que en toda las cosas hay impresa. De aquí, el hombre, empezará una vida desesperada, porque prevaricó; y la tierra y las fieras serán su castigo y su misionero primero.

Corrió así el hombre, más de 44 millones de siglos, envolviéndose cada vez más en las pasiones; y aun la tierra guardó en sus entrañas los tesoros de sus fuerzas, que ya no podía contener más, aunque los expelía en continuos volcanes; pero sabía la tierra misma que llegaba al fin de su término y el espíritu universal reclamó una intervención y recibió en su suelo una familia, desterrada de un mundo que llegó a su mayoría: Neptuno; que si allí eran supremáticos, eran sabios orgullosos, y en número de tres mil quinientos millones cayeron, encarnando en un breve siglo, cubriendo la tierra para servir de cama a la generación que vendría en una familia misionera, que se iniciaría en Adán y Eva; cuyo primer hijo, Set, de los mismos misioneros, daría la primera ley y cuyo espíritu es el mismo que anima el cuerpo del que os da la ley de amor.

En breves 57 siglos, aquellos 29 titanes misioneros, han triunfado de todo un mundo, porque venían como omnipotentes, porque comulgaban en la unidad universal y disponían de la sabiduría, fuerza invencible, cuando está como estaba solidarizada, en el espiritismo; por lo que, el hombre de la tierra, recibiendo leyes en todos los continentes y progreso y ciencias parciales y escalonadas, pudo saber hoy que, los mundos, sólo fueron creados para. crear al hombre.

Es cierto, que la humanidad ha sufrido terriblemente en esos 57 siglos; pero no había tiempo que perder, porque la hora se marcaba ya en la esfera de la justicia y era una humanidad renegada y prevaricadora; su juicio había sido acompañado de la destrucción del mundo y la ley no puede ser vencida por la ignorancia; pero había que luchar en 57 siglos, lo que el hombre debió luchar en cordura, en 44 millones de siglos en que avanzó sólo el progreso del mal por las pasiones, y el progreso del bien y la sabiduría, estaba relegada: hubo que poner de frente supremacías a supremacías, pasiones a pasiones y tratar a la Humanidad, (sin faltar a la ley de amor) con terrible vara de hierro, sucumbiendo nosotros en nuestros cuerpos en esas mismas luchas, como en Isaías y los profetas, como en Antulio y Sócrates como filósofos, como Juan y Jesús como moralistas y, aun hicimos sucumbir los imperios y restablecer reinos de libertad, desde Moisés y Ciro hasta el Cid y Jaime de Aragón, señalando el reinado de la libertad y confraternidad en Napoleón; desde cuyo momento, pudo el espíritu hablar y descubrir todo el progreso en un corto siglo, que el mundo debió haber ganado con prudencia y raciocinio en 44 millones de siglos para llegar a su juicio de mayoría.

¡Qué de luchas tremendas y acerbos dolores hemos tenido que sufrir!

Pero hemos merecido que la cosmogonía nos salude y que el espíritu de Verdad (que siempre nos dirigió en nuestra temeraria empresa) le haya podido decir al padre común: "Consumatum in brevis es plebit tempora multa” (Y consumieron en breve tiempo, la obra de muchos siglos).

Ya véis, hermanos míos, si tenéis que considerar puntos profundos en la creación de los mundos, para saber por convicción que los mundos son creados sólo para crear al hombre, y que el hombre asume en sí todo el mundo.

Mas hay un punto esencialísimo que decir y a propósito lo guardé para cerrar este párrafo, para borrar con él todo el error sobre el hombre y sobre todas las especies.

Cada una de las especies, al aparecer por primera vez en un mundo, lleva todo lo concerniente y afín a su especie; y el mundo, o la tierra, hablando en propiedad, jamás produce dos veces la. especie, porque la ley es la ascensión eterna.

Así, el caballo, con toda su familia, y el león, y el gato, y las aves, y los peces, como los reptiles y cada especie, al aparecer sobre la tierra, llevan en sí ineludiblemente todo lo que es de su especie, aunque la veáis dividida en muchas familias; luego, de los primeros, se reproducen por la procreación de la misma especie, que cada vez se va embelleciendo por la depuración de sus almas, las que, continuamente pasan al alma universal donde las toman los espíritus para sus almas, con las que el espíritu enriquece las suyas y domina los instintos de todos, por su poder y sabiduría.

Esto mismo nos confirma más, que toda la creación fué hecha solo para el hombre, porque su espíritu es el creador secundario y todo tiene el mandato de servir al hombre; pero el hombre tiene el mandato del amor, al que obedecen todas las cosas; y si el hombre, no las domina en un tiempo, es porque no ama.

Pues bien; la ley es una sola para toda la creación; y así el hombre, una vez que aparece en la forma prodigiosa y natural que habéis visto, lleva en sí todo lo que pertenece al hombre y, el mundo no produce dos veces al hombre, sino que se procrea de sí mismo, porque es la ley. Antes de ser hombre, sí, ha pasado por todas las especies de todos los reinos, de cuyo producto se forma su cuerpo y alma; pero llegado el momento de producirse el hombre, aparece hombre de las entrañas de la tierra. y no del vientre de un animal; ni aparece animal para ir transformándose, sino hombre como es hoy, con su estructura. y organismo; claro que tosco porque toscos son los materiales que encuentra aunque sean esencias animales, vegetales y minerales, pues la obra resulta según son los materiales. Pero el espíritu es fuego y viene a purificar materia; y aunque el hombre primitivo fuera tosco, llegaría por su trabajo y por su ley a la belleza delicada y aromática de nuestras tiernas compañeras y a la fuerte y modelada musculatura del hombre de hoy y seguiremos embelleciéndonos: es el proceso eterno.