PÁRRAFO VI
EL ÚNICO FIN DE LAS LEYES DIVINAS ES LA CREACIÓN Y LA ARMONÍA

Sólo por seguir el orden riguroso y complementario de la enseñanza hago este párrafo, en el que poco tengo que decir, pues basta el epígrafe que lo encabeza.

Pero liaré una comprobación probatoria del aserto, lo más material posible y es, la constitución, o carta orgánica de las naciones, o sociedades, en que los hombres se reúnen.

En efecto; al constituirse una nación, se busca la unidad de sentimientos de todos los ciudadanos, para la armonía, sin la cual, no puede existir la nación.

En ella, se establecen obligaciones y derechos, libertades y restricciones, ordenanzas escolares, militares, policiales, de beneficencia, fiestas y asuetos y todos han de contribuir con su trabajo.

Tanta más armonía reina, cuanto mejor se observa la ley; y cuanto mas se trabaje, más bien comunal se adquiere; y la ley prevalece, aunque una minoría la impugne.

La ley representa a todos los ciudadanos; y un solo hombre capaz de ello, abarca y encarna toda la ley que rige a todo un pueblo en armonía: lo mismo sucede en las sociedades parciales, industriales, o de estudio y recreo.

Los hombres, en la individualidad, podrían obrar diferente; pero sería la confusión y el desquicio; y bajo una ley o reglamento, constituye la armonía en la variedad.

He ahí el perfecto reflejo y fin de las leyes que rigen todo el infinito, en las que cada individuo tiene una función diferente; pero se complementan todos uno a otro para la armonía y todos los hombres dan valor a la ley, siendo todos responsables, según sus actos y grados de progreso, que el juez los aprecia y de ese modo, nadie invalida la ley, aunque unos la cumplen sufriendo y otros gozando; pero eso no debe ser la culpa de la ley, sino de la imperfección de los hombres, como ya dejé estudiado atrás.

Ahora, ahondar mucho en las leyes divinas y en cuanto queda atrás expuesto, para seguir comprendiendo la creación que voy a entrar a describir; y al final, no tendréis mas remedio que conoceros perfectamente a vosotros mismos en toda vuestra grandeza de cuerpo, alma y espíritu y así os acercaréis al conocimiento del padre creador, al que todos debemos adorar en espíritu y verdad amando al hermano.