PÁRRAFO V
LAS LEYES DIVINAS EN SU MAYOR RIGOR SON TODO AMOR

"Quien bien te quiera te hará llorar" dice un proverbio muy vulgar en la tierra donde nací y él encierra gran sabiduría.

De modo, que la felicidad no es reír, sino poseer la verdad, porque únicamente la verdad es la que hace llorar, porque siempre es amarga; pero cuando ya se está en la posesión de la verdad, ésta, no sólo no asusta, sino que da la paz al alma y descanso al espíritu; y este descanso y la paz, da la mayor satisfacción que apetecerse puede en el mundo; pero es después de llorar el equívoco y conocer la mentira por el descubrimiento de la verdad, que necesariamente ha de herirle sus pasiones, sus inclinaciones y le ha de doler arrancar los hábitos del error que seguramente le proporcionaron goce al cuerpo, que hacen llorar el espíritu y estar triste y variable su alma; y esto, todos lo han sentido y se han encontrado pesarosos después de un hecho que al cuerpo le dio placer, o lo desencajó en la risa.

¿Cuál es la causa de eso, sino el error y la mentira del goce?

El goce del espíritu, da satisfacción al cuerpo y al alma, si el espíritu está en la fruición del amor, que sólo puede estarlo cuando su cuerpo y su alma lo obedecen; entonces, de la obra de uno de los tres, los tres se alegran en el pensamiento del creador; pero si en la obra del cuerpo no se alegran el alma y el espíritu en su creador, están divorciados con la ley divina; y si la conciencia no remuerde, en este caso, estáis en peligro de la muerte temporal o "sombras de muerte", como dijo el profeta Zacarías al nacer Juan, señalándole la humanidad que dormía, a la que tenía que despertar.

Sí, tiene razón el proverbio que encabece, quien bien te quiere te hará llorar"; porque, el que bien quiere, corrige; y para corregir, no se puede hacer sobre hojuelas de miel, porque esto, sólo la mentira y la ficción lo tienen; la verdad es siempre amarga; y ved que esta se presenta desnuda en todo su rigor y que a pesar de ser una mujer con todos sus encantos al descubierto, no se ruboriza, ni teme; la verdad, es más fuerte que su enemigo; más pudorosa en su desnudez, que la mentira vestida de oropel y hojas de cizaña.

Si tuviérais un hijo, un hermano, o un amigo, con un brazo u otro miembro enfermo y os confiara que consultéis al doctor que ya lo visitó, el cual os manifiesta que no hay unís remedio que amputar el miembro para que el cuerpo viva; y vosotros andáis con rodeos para decírselo y cuando os decidís ya es tarde, ¿Qué habréis hecho?

Lo habréis asesinado; habréis sido cobardes para hacer justicia diciéndole la amarga verdad, que era rigor extremo, pero era amor extremo también, porque sólo sin aquel miembro podía vuestro enfermo vivir; mentisteis al enfermo; creíais quererlo y lo odiabais y lo asesinasteis y lo mataste. Un gobierno está tirante en las relaciones con el de otra unción; este le encubre al pueblo los tramites que lleva so pretexto de no alarmarlo; pero llegan a romper las relaciones y el pueblo que no se encontraba sabedor de que se le avecinaba una catástrofe, le sorprende el enemigo sin estar preparado en su ánimo a la defensa; aunque llegara a triunfar (cosa no probable) ese pueblo fue asesinado por imprudencia, por cobardía de su representante; pero si le hubiera dicho la verdad desnuda auque fuera muy amarga, el pueblo lucharía hasta salvar su honor; no importa que sucumbieran los cuerpos; habría salvado su honor; viviría entre los héroes vencidos por la fuerza o la justicia y eso sería amor de la verdad, en todo su rigor.

No aceptaron el rigor de la verdad y sucumbieron traidoramente a la mentira; y los vencedores, como el que dejó morir al enfermo, sólo tendrán la censura hasta de sus amigos; en cambio, si hubiera aquel sufrido la amputación a tiempo y el pueblo vencido en el rigor de la justicia y de la verdad, hasta de sus enemigos serían alabados por la amargura que sufrieron, porque la verdad va siempre acompañada de la justicia. ¿Quién hay duro de corazón, para no compadecer al que sufre el peso de la justicia?

Sólo no es compasivo, el traidor que se encubre en la mentira; en vez de prudente, es cobarde; y con capa de amor, causa el mal.

Por eso, la justicia divina no gasta paños tibios, ni contemplaciones; no mira a débiles ni a fuertes, ni oye lagrimas ni alabanzas ni imprecaciones; con tiempo anuncia los hechos y llegado el momento, obra, y, sálvase el que sabe ser fuerte; el que fue prudente y se preparó curándose en sana salud.

Así ha sucedido en el juicio de mayoría y está pronta a hacer lo propio con la tierra en su parto; y, en todo su rigor, es el mayor amor.

Los expulsados, como miembros gangrenados del cuerpo universal, fueron al hospital; a mundos donde sus pasiones no son faltas ante la sociedad; que aunque lo sean ante la ley divina, ésta, tiene tiempo de saldar y cobrará cuando se haya cumplido el nuevo plazo que les ha concedido; mas la tierra sufrirá en su parto para expeler las escorias y los gases fétidos y parecerá un beodo que pierde el equilibrio; pero se asentará y se engrandecerá luego viéndose adornada por un nuevo hijo que le refleje más luz del astro solar; y ya veis si estos extremos de rigor, son un extremo de amor.

Lo que hay es, que los hombres fueron insensatos y no quisieron oír la voz del espíritu, al que aun no le concedieron vida ni acción; vivieron engañados por su amigo y rey, su cuerpo; y por no amputarse en sus pasiones, consintieron el destierro dejándose vencer de la verdad, la que les llamaba en toda su desnudez a la razón de la vida, aunque se les dijo: "no puede ser que no seáis"; "la vida y la acción es del espíritu" que sabe que las leyes divinas son en todo su rigor, el amor de Eloí.

Sí, hermanos míos; no veáis en las leyes divinas por rigurosas que se os muestren, más que el cumplimiento del deber impuesto; por una verdad en su desnudez hermosa, estudiad los efectos para llevar a la causa; y forzosamente veréis, en el extremo rigor, el extremo del amor; porque, todas las leyes son divinas en el universo, así las que véis naturales como las que creéis humanas, que hoy, entre loa hijos de la comuna, son la reflexión fiel de las del creador, que las elevaréis por la sabiduría, cada grado que vosotros ascendáis hasta comprenderlas; entonces, ya no serán los reflejos en vosotros, sino la autenticidad de la ley, que siempre es; sólo que hay grados infinitos y en tanto no se comprenden, los hombres viven de los efectos que son la reflexión de la ley, que en tiempo se comprende; por lo demás, no se os dará otra ley que la que hoy se os da, porque es la ley única, al desnudo y por entero, para todo el séptimo día.