PÁRRAFO IV
EL ESPÍRITU NO PUEDE ELUDIR LAS LEYES DIVINAS Y LAS CUMPLE

He llegado al punto que atrás prometí de desentrañar el secreto más atrevido que ningún hombre se atrevió y es el mayor escándalo que a los ojos de los más libertinos puede cometerse. "El incesto" como se ha llamado a la unión de cuerpos entre el primero, segundo y tercer grados de consanguinidad.

Tan vulgar fue en los últimos tiempos el incesto, sobre todo en la unión de cuerpos de padres con sus hijas, de hermanos con hermanas y de primos hermanos, que apenas llegó ya a sorprendernos ni ser escándalo; es cierto que el ejemplo lo dieron muchos pontífices de la iglesia católica y sobre todos Alejandro VI, Borgia, que además de ser canónicamente con dos mujeres, hizo de su hija Lucrecia, su amante preferida y aun por la fuerza, estupró a su propia hija Valencia. No le quedó en zaga Benedicto XIII, departiendo el lecho con su madre. Y debido a estos incestos de los que eran pontífices de la religión que condenaba esos delitos por letras y los bendecía con su comisión, los hombres vieron, que las leyes prohibitivas, eran letra muerta.

Yo no voy a censurar a unos, ni a otros de los incestuosos, sino a hacer un juicio severo por las leyes divinas y fatales y por la razón libre de todo prejuicio y declarar, cuando es delito y cuándo no; pero adelanto, que no existe delito que puedan castigarlo los hombres, pero hay en ello delincuentes.

Sabemos, que las leyes divinas de afinidad y justicia, son fatales. Que el espíritu las obedece, sin tener en cuenta las leyes humanas, en cuanto no son reflexión de las leyes divinas y se oponen a ellas; y que son esas leyes sólo, a las que se somete el espíritu.

Además, la ley de justicia, tiene los agentes poderosos de las leyes de compensación e igualdad y por todo, la ley nos dice, que todo se paga, sin que pueda el espíritu elevarse, en tanto no ha vaciado los platillos la balanza.

Sabemos además, que las leyes del creador, no pueden cometer injusticia, igualándonos a todos como terrible rodillo, sin oír suspiros ni alabanzas, ni apiadarse de lágrimas; es la ley nada más.

Si lo que los hombres han llamado incestos es contrario a la ley divina en su principio y esencia, de la unión del padre con la hija, del hijo con la madre, del hermano con la hermana, la ley de procreación, no dará hijos en estas uniones; porque, como vimos lo que le cuesta preparar las cosas a la ley de afinidad para la encarnación de un espíritu, que si ella no preparó las cosas en su punto, el espíritu no encarna; quiere decir, que si de esas uniones hay hijos, éstos vienen porque están en la ley que les permitió y aún quizás los forzó a encarnar.

¿Qué nos dice la humanidad y la historia de las generaciones y sobre todo los hechos públicos que yo mismo conozco? Todo asegura que nacieron hijos de esas uniones, luego si nacieron hijos; si los espíritus no encarnan sin que la ley de afinidad y justicia les prepare todas las cosas, éstos, son hijos de la ley; los llamados incestuosos cumplieron la ley; y así, el incesto, no existe en la ley de procreación.

Yo sé, que esta mi conclusión es la más atrevida que puedo hacerse en la tierra y que el estupor, caerá sobre los prejuiciados por las leyes religiosas, civiles y sociales: pero no se estupefactarán los naturalistas y menos los hijos de la comuna, que saben, que nada sucede que no sea justicia, conocen la ley y se conocen a sí mismos.

No, el incesto no existe en la ley divina y natural; pero hay delincuentes, que en el incesto faltan a la ley y son todos los que los llevó su lascivia a la pasión no dominada y a la imposición y los que pusieron obstáculos a las consecuencias a la procreación, sin contar si sacrificaron al infante; porque esto, ya entra en la ley del crimen y éste es siempre una falta a la ley, que se paga, sólo dándole vida de nuevo a aquel ser, además de la sanción judicial humana.

Las familias se reúnen en el espacio, antes que en la tierra; y en el plan que forma cada espíritu antes de encarnar, ya expone a la ley de afinidad y justicia sus propósitos. ¿Están en la ley? pues son autorizados; si no cumpliera, contraería una nueva deuda.

Pero el espíritu, para formar su plan, tiene que conocer la organización social, la posición que debe ocupar y la compañera o compañero con quien debe unirse para procrear; y si las leyes sociales le ponen obstáculos insuperables, por el cargo, posición o ambiente; o si la que habrá de ser su madre es deudora o acreedora al amor de hijo y de esposo; o tienen deuda de una o más vidas entrambos; o la que será su hermana tiene esas deudas con el que será su hermano o es acreedora de lo mismo y ven sus espíritus que por las trabas de ley social, ambiente, posición, errada educación, sólo naciendo en la misma familia no fracasarán en sus planes, juntos, de una misma madre nacerán y serán el uno del otro, a pesar de todas las leyes sociales y críticas del mundo; cumplen la ley divina de justicia y se burlan de la ley humana absurda; no hay incesto, aunque el hijo engendre en su madre, en el misino lecho que el nació y el padre hará madre a su hija, en el lecho que la concibiera, si ello fue obedeciendo a la ley de justicia.

¿Cómo pueden los seres saber cuando obedecen a las leyes divinas? Conociéndose a sí mismos; sabiendo que en ellos no fue la pasión, la lujuria del placer bruto el que los puso juntos y que la conciencia no les acuse antes de juntarse; porque, después, no tendría remedio.

Pero también es necesario saber, ni su conciencia está prejuiciada, o anestesiada, que pueda engañarle justa o injustamente: en este caso, lo mejor y lo acertado es, exponer el caso a un ejemplar anciano y el consejo será acertado.

Mas no hay que temer ya nada de esto en los tiempos de la comuna, porque la moralidad, el ambiente, la igualdad y la fruición del amor, para todos es igual; pero no será de extrañar que sucedan casos en los primeros tiempos, porque como es natural, quedan muchas cuentas de afinidad y justicia que saldar entre los espíritus que acataron la ley a última hora; pero el maestro time el archivo de cada uno y por la ley, todo será dicho y revelado en justicia y aquellos protagonistas, serán atendidos con esmero y más amor, por valientes en saldar cuentas tan intrincadas y penosas, en medio de un redimen de luz, sabiduría, progreso, civilización y amor desinteresado.

Sentamos pues, en firme, que el llamado incesto, no existe en la ley divina; pero que si la ley humana lo estableció, los delincuentes son los ya descriptos, la ley misma y sus actores, porque debieron prever los casos aquí expuestos y haber imprimido en la educación un caso único que es de progreso y este es lo bastante para hacer comprender la no conveniencia de unirse madre e hijo, padre e hija y hermano y hermana y es que: Del cruce constante de familias y mejor de razas étnicas, se mejora la especie y se llega a la unidad y fusión de todas las razas, en una sola raza, dominando por necesidad, la más bella y fuerte.

Si la ley del incesto hubiera tenido esos conocimientos por principio científico, la ley hubiera triunfado: como solo tuvo principios inconfesables y absurdos, la ley fue vencida y derrotada por la justicia de la ley divina, a la que sólo el espíritu, se somete y no puede eludir su cumplimiento.

Sirva de ejemplo para todo lo referente a todas las cosas de la vida el caso estudiado, que es el más extremo.

Pero sabed, hijos de la comuna, que necesitamos siempre del consejo hasta que seamos sabios verdaderos; y vosotros, tenéis los consejos de los maestros y no podéis equivocaros; a ellos acudid.