PÁRRAFO III
LAS LEYES HUMANAS SON UNA REFLEXIÓN DE LAS DIVINAS

Cuando los hombres de los mundos, llegan a su primer grado de progreso, como son ignorantes aun de su procedencia, necesitan hacerse leyes para regular sus actos; pero esto demuestra, que desean avanzar.

La causa es su raciocinio y se hace honor, porque cabe que todo método regulado es provechoso; pero para esto, ha luchado antes con todas las dificultades, que le llevan a esa cordura.

Pero hace una ley conforme a su capacidad y adelanta todo lo que le permite el alcance de la ley, que habrá podido ser secular, pero al fin, encuentra un límite en el que la ley, por sí misma se anula y el hombre, en plebiscito, la deroga, cuando elabora otra que llena las aspiraciones, de la mayoría.

Hay, sin embargo, muchos, para los que sería aún de provecho la ley derogada; pero como el derecho es de la mayoría y no es cordura que éstos se detengan, hacen la nueva ley, en la que ellos caminarán con su paso de progreso, al propio tiempo que obligarán a la minoría a caminar más ligero, por el estímulo, que es lo que toda ley tiene en su espíritu.

Es forzoso que tropiecen y aun caigan los que por formar en la cola tienen que andar más ligero; pero para eso está el juez de la ley, que deberá ser el hombre más sabio; y lo primero que debe saber el juez es, medir las distancias entre los últimos de la ley y al hombre que cayó por falta de fuerzas y el que cayó por cobardía o malicia; y si el juez no sabe esto, no puede ser juez; como si la ley no reconoce grados en los hombres, es una ley absurda; esta ley, no será reflexión de las leyes divinas; es ley de los supremáticos; el pueblo debe abolirla, porque es seguro que no habrá sido hecha en plebiscito; no está obligado el pueblo a cumplirla y si la cumple, se esclaviza y se condena él mismo a la injusticia.

Ya que las leyes humanas y divinas son recíprocas, como son recíprocos los hombres y el espíritu; y como el hombre es arbitro de hacerse las leyes que le han de regir y el espíritu no puede ser ajeno al dictado de esas leyes, que le competen, porque le facilitará o le pondrá trabas al cumplimiento de la ley divina, de aquí, que la ley divina tome nota y cuenta de la ley humana, para apoyarla por sus medios, o rebatirla para no perjudicar a los hombres.

Mas ya he dicho, que la ley es de la mayoría; y mientras en el mundo haya mayoría de equivocados, las leyes serán también equivocadas; y aquí, la ley de justicia divina obrará en su día un fenómeno incomprensible para el espíritu errado, si éste lo es por malicia, además de la ignorancia.

No sabrá por qué; pero cometerá una falta el poder y comprometerá a otro pueblo; aquel lo castigará con una guerra, que en su derrota, le hará renovar la ley o hará la ley de afinidad y justicia un cataclismo geológico, o en los elementos y le restará fuerzas; o encarnarán los espíritus sabias y de fuerza y los derrotaran, tomando ellos el poder y renovaran la ley que está reñida con la ley divina, o con el grado de progreso de la mayoría en el verdadero cómputo del plebiscito, que lo es de hombres y espíritus.

Si el hombre no tuviera libertinaje en vez de libertad, sabría, que la mujer forma en el conjunto del plebiscito; pero sabe el hombre libertino, que si la mujer legisla, él no tendría el libertinaje y se vería muy pequeño; porque la mujer, por el solo hecho de ser madre, tiene más derecho al amparo de las leyes divinas y la amparan; y además, es siempre más sabia que el hombre en amor y justicia; y al no darle a la mujer el derecho de legislar, comete injusticia y esclaviza a la mujer, su madre, compañera e hija.

El hombre, ha sabido siempre que la mujer es más inteligente que el hombre; y para no verse cohibido en su libertinaje, no quiso educarla y la prejuició y aun mata sus sentimientos, haciendo de ella, una muñeca; es decir, le seca el corazón al sentimiento: por eso no ha habido leyes equitativas.

En este estado, la mujer en general, ha ideado la moda para hacer resaltar su belleza y dominar al hombre, porque la ( )mujer sabe, que la vida del hombre no es posible en el mundo sin la mujer; pero aquí ha de verse, más que la vanidad de la mujer, la sabiduría del espíritu que busca todos los medios de matar el libertinaje del hombre que es ciego en la pasión; y la mujer se ha visto en la necesidad de arrancarle a la naturaleza sus galas y sus aromas, para atraer así al hombre a su lado y dominarlo para la ley.

Es cierto que eso ha ocasionado grandes desequilibrios en las familias, porque el presupuesto no alcanzaba; pero ¿quién tiene la culpa sino el libertinaje del hombre? El hombre corría tras de las bellas formas sin mirar la belleza del corazón; y la mujer, en su derecho de ser amada, ya que la esclavizó en no poder declararse a su afín y aun se le mato el sentimiento en lo más sagrado de su amor, buscó las formas, sin importarle nada de los agobios financieros del… señor… que esto ha sido el hombre, más que el digno compañero. De aquí que no pudiera haber armonía, ni amor verdadero de familia y así, leyes sólo egoístas e impositivas hubo por resultado de la fuerza feroz y bruta del hombre bestia que es bestia, por ser libertino; esas leyes, están reñidas con el principio de igualdad y justicia de la ley de amor.

Son leyes de desequilibrio, porque no habían sido leyes plebiscitadas, faltando el cómputo de la mujer; y faltó también el cómputo del espíritu, ni que el hombre, ciego por la concupiscencia no concedió vida, matándose a sí mismo. Por esto, son leyes no aceptadas, por las leyes divinas y de aquí la continua protesta del pueblo trabajador, que sólo ha sido sujetado por la fiereza sanguinaria del libertino, levantado, apoyado y sostenido por la religión que a todos envenenó y creó ejércitos y levantó cárceles, hospitales y casas de maternidad o baldón, hablando caridad, que es la negación del amor y la justicia del creador.

Mas a pesar del cautiverio y esclavitud impuestos a la mujer en todos tiempos y no concederle ningún derecho (habiéndole prohibido hasta la libertad de andar por la calle), la mujer se mostró en todos tiempos superior al hombre, aun sin entrar en las cátedras para educarse; y tenemos (donde tuvo un algo de amor y representación) ejemplos inmortales en las matronas de Israel en su intrincada misión de iluminar al mundo; y en los tiempos modernas, una Juana de Arco, una Agustina de Aragón, y otras tantas en las luchas de la libertad; una Teresa de Jesús, en las letras morales; una Concepción de Arenal en los foros, y una pléyade de escritoras y educacionistas, que al espíritu del legislador de la verdad, porque es la patente de que responden a su compromiso, todos los que con el partieron de los consejos de Sión, a establecer el reinado del amor e implantar la comuna, donde el plebiscito sea de cómputo completo.

Si, estando la mujer esclavizada, anestesiada en su corazón y teniendo que buscar su defensa en la moda para siquiera ser mirada, ha habido mujeres que su luz no ha podido anublarla toda la tiniebla del hombre libertino, ¿que sería la mujer en su libertad? Temen que si le dan libertad, las mujeres sean "marimachos"… ¡ignorantes, brutos! ¿No sabéis que la mujer es el depósito del amor? Cuanto mas alta coloquéis a la mujer, que es vuestra madre, que es vuestra compañera y madre de vuestros hijos, más subiréis los hombres; pues precisamente, la mujer tiene una pretensión muy justa y es que no quiere que haya otro hombre mayor que su compañero y esto es congénito del amor; y llamo a los hombres dignos a que eleven a sus compañeras y hagan su felicidad.

No habéis estudiado a la mujer; os habéis salido de la razón diciendo que: "La mujer es un arcano incomprensible": y yo os he dicho en el código, que la mujer es un libro abierto, en el que todo se puede leer; y que el hombre es el arcano, pero de ignorancia, de orgullo y de libertinaje; he ahí el arcano: dadle libertad y expansión a la mujer y veréis todas sus hojas al descubierto, en las que leeréis todo su arcano y no temáis que la mujer resbale, si ella se unió en libertad a su afín. Ahí está todo el secreto de la mujer. ¿No ha sido así? Pues las leyes sociales y constituciones son leyes de imposición; sólo por la fuerza bruta serán cumplidas; pero no habrá armonía, porque no hay justicia y, caen como torre de azucarillo en cuanto la gota de agua la tocó.

Y cayeron muchas torres de estas en todo el mundo y se levantaron un poco más firmes, dando alguna consistencia mayor a la argamasa del articulado en las constituciones; pero el terrible roedor, la religión amparando el libertinaje y aumentando su bestialidad, hacía otra vez moverse las aguas del pueblo sublevado de vergüenza y volvía a caer y llegó en estoy agitados vaivenes al último siglo de la era del cristianismo; era de luto y sangre para todos los pueblos y a pesar de la opresión mayor, la libertad del pensamiento abrió la terrible brecha en todas las instituciones y anunció la aurora del amor, que llega más fulgurante, cuanto más se ha pulido en las terribles luchas: se levanta el hombre que se enervó a sí mismo, porque triunfó la mujer; porque triunfó el espíritu y se hace cómputo completo y el mundo recibe una ley, reflejo fiel de la divina ley suprema y única de amor.

¿Qué proclama? Libertad igual; derecho igual; trabajo igual usufructo igual y la unidad común en todo el mundo. Pero unidad común, hasta en el amor. Vosotros, opresores de ayer, si triunfarais, ¿harías esto? Antes no lo hicisteis, hoy tampoco lo haríais ni lo haríais nunca. Por esto llegó la ley de justicia y todo lo iguala con su rodillo.

Bendita ley; bendito el autor de la ley. ¡Mujer... grita... viva el amor de Eloí!