PÁRRAFO X
LA PATRIA DEL ESPÍRITU

La patria del espíritu es el Universo: los mundos son un destierro de necesidad para su progreso; y cuando por su esfuerzo logra vencer las pasiones de su alma, los mundos ya no son para el destierro: son colegios del padre donde aprende y donde enseña; y ya maestro, puede llegar a la casa paterna, donde se doctora.

Ese es el axioma absoluto; pero hay que considerar mucho en el y veremos, que aun los mundos de destierro, son la patria del espíritu.

Es lanzado el espíritu a la vida de Creador secundario, sencillo, con sólo el sello que le sirve de patente de su procedencia procedencia el amor, con cuya arma es obligado a triunfar en lodos los mundos. Pero hemos visto en el estudio del espiritismo el engranaje terrible e infinito que hay que mover y que se mueve en verdad para la creación de los mundos, sin mas fin, que dárselo al espíritu como colegio; pues, a la verdad no otra cosa son los mundos; pero vuestra admiración será mayor cuando describiré los actos que el mundo realiza para que aparezca el hombre.

Luego, si tanto trabajo cuesta preparar esa aula para el espíritu, aunque ese mundo sea en realidad un destierro como es una de las haciendas de la inmensa heredad de su padre y es heredero de todo lo de su padre, también en ese mundo que sufre, está en su patria.

Lo que hay es que, como el niño, en los tiempos en que se vendía la ciencia, para empezar una carrera tenía que salir de los brazos de la madre y dejar su casa para encerrarse en el colegio, distante muchas veces medio mundo; y aunque en el colegio nada le faltará, sentía en su corazón la nostalgia de la madre, las añoranzas de sus hermanos, la ausencia del calor de la familia en una palabra; esto es un destierro necesario a su cultura y tienen que sufrir todos por el; la madre le manda de continuo su pensamiento y sueña que está enfermo y no es atendido; los hermanos echan de menos sus travesuras o sus gracias y sólo el padre se muestra, al parecer, insensible; sabe que es necesario aquel sacrificio y en todos avisos, sin dejar de respirar amor en todas las cartas, le encarga siempre, con severidad y aun con amenazas tacitas, mucha aplicación, pero le da una esperanza para el día en que acabe sus grados y pueda volver a la casa paterna; ese día es de gran alegría, se hace banquete y se invita a los parientes y a los amigos; el niño es agasajado por todos, compensando aquel solo instante de satisfacción, todas sus nostalgias y sus añoranzas y dando el mismo por bien sufrido su destierro.

Esto mismo le pasa al espíritu para con su padre, y los maestros de la cosmogonía sus hermanos (al ser lanzado a la lucha en el colegio de los mundos, los que son preparados por grados lo mismo que los grados de las aulas del colegio adonde fue el niño a que hemos aludido), lo vigilan y lo enseñan con entero amor, pero con el más inflexible rigor.

El niño hace su primer grado; el espíritu va al embrionario; y como el niño asciende en grado, el espíritu asciende en mundos; del embrionario el de prueba, de este al primitivo, de este a uno transitorio, de donde entrara en el de expiación y, allí terminara sus grados de licenciado, con los que será reconocido en el juicio de mayoría; entramos entonces en el banquete del séptimo día, donde nos preparamos para ejercer nuestros estudios en la infinita universidad del padre; mundos sin sufrimiento pero de eterno estudio, como ocurre con el niño que ya terminó su carrera : trabaja más que de estudiante, pero está satisfecho; es hombre y libre; vive.

Vive también el espíritu después del mundo de expiación, porque es licenciado y libre en la ley del amor; y va, muchas veces a recorrer los colegios, para animar a los estudiantes; les cuenta su paso por los grados que ellos cursan y cuando lo entienden, el goza y adelantan los estudiantes Así, todo el Universo es la patria del espíritu; desde el mundo embrionario hasta la casa del padre, con todos los infinitos espacios interplanetarios; en todos vive alegre, ya como hombre, ya como espíritu, pero siempre aprendiendo más sabiduría, hasta abarcar de una ojeada el Universo su patria total, recibiendo y dando amor; y todos lo recibimos de Eloí.