PÁRRAFO V
OBRAS DEL ESPÍRITU

Yo sé que después de la lectura del párrafo anterior quedará dolorido el hombre viendo su pasado; y no puede ser menos cuando ya estarnos en el reinado del amor, por el que antes nos sacrificamos a nosotros que causar daño al hermano, sobre todo a sabiendas. Pero si no hubiéramos pasado por el mal ¿cómo conoceríamos el bien? Cuando de esta consideración, (que está en la justicia), saquéis la lógica consecuencia de que hicisteis el mal por ignorancia y que hoy hacéis el bien porque, si aun no sois sabios estáis en camino de serlo, diréis henchidos de alegría: "!Oh, feliz culpa!", y no porque alabéis la ignorancia, sino porque aquellos males os hacen apreciar los bienes eternos y ya no podéis ser locos de desandar el camino. Pues bien, ya que estáis en el camino del bien; ya que estudiáis sabiduría en medio de las delicias del régimen amoroso de la comuna al igual que los mundos mayores y sabéis que el principio de la sabiduría está en CONOCERSE A SI MISMO, vamos aquí a ver las obras del espíritu, aunque ya antes las hemos englobado en general, y a pesar de este párrafo, tan importante, será necesario decir mucho en lo restante del libro. Como aun no pertenece a este capítulo la obra mayor que ejecuta el espíritu, que es su aparición como hombre por primera vez en los mundos, diremos las obras del Espíritu y clasificaremos los espíritus humanos, naturales y elementales, todos en sus respectivas funciones; lo que me obliga, para vuestro mayor provecho y para mayor claridad, en dividir este párrafo en varios puntos, llegando a conclusiones axiomáticas, que otra vez no se os darán.

Punto primero
EL ESPÍRITU UNIVERSAL

El espíritu universal es la potencia, la fuerza, la sabiduría y el amor sumado de todos los espíritus del infinito, que responden a la vibración constante y eterna del padre creador, que desde su centro impele la ley y la marcha del infinito y por sus leyes inmutables que todos las cumplen y las hacen cumplir a la naturaleza. Es pues, el espíritu universal, el mismo creador, con todos los espíritus del infinito, y así todos estamos, vivimos y vitalizamos a la vez el Universo y, todos somos todo y parte del espíritu universal; y fijaos bien en esto: este todo, este conjunto grandioso, el sumo pensar en el que es todo y parte el creador con sus criaturas, es el espiritismo... !! Ahora os daréis cuenta exacta en vuestro grado de sabiduría, de lo que quiere decir espiritismo y por qué los detractores y transgresores lo han rebatido, amalgamado y desnaturalizado, porque ellos no cabían en tanta luz y armonía disciplinada. Pues bien; las funciones del espíritu universal, establecen la armonía del mecanismo celeste, representados todos y cada uno de los espíritus por la ley suprema de amor, que domina y rige; la de afinidad, que ordena; y la de justicia, que ejecuta y digamos que, todo lo hace el espíritu universal. Pero sólo así y de una ojeada, lo puede comprender el espíritu maestro, en cada plano y para su plano y no para todo el Universo; por lo que diré, que el espíritu universal (puesto que es él quien pone la armonía del mecanismo celeste, en todos sus movimientos) tiene a su cargo la creación de los mundos, con todas sus leyes, vida y movimientos; y dejemos aquí, porque en el capítulo correspondiente a la creación explicaré cómo se forman los mundos.

Punto segundo
LOS ESPÍRITUS NATURALES

Tener presente que, en el Universo todo es espíritu; pero sabed, que una vez formado un mundo y desde su primer momento, ya hay un maestro a quien la ley suprema entrega ese mundo, con el índice de todas las cosas que en él han de producirse, minerales, vegetales, animales, hasta el hombre; y las fechas históricas de las evoluciones, cataclismos, hecatombes, todo en fin, lo que se relaciona con la existencia de ese mundo; y ese espirita jefe, tiene a su orden y servicios legiones infinitas, que obran conforme a la ley de la creación de ese mundo. Para esto, el mundo en formación, boga por los espacios cargándose de vida y de los gérmenes de los seres que ha de producir; del calor, que ha de constituir su mayor o menor movimiento; y cuando tiene todo lo necesario a sus siglos de vida y a las producciones que ha de dar, lo sujeta a su órbita, para señalar los días y las noches, que serán mayores o menores según su volumen y su rotación sobre su eje y los períodos de circulación alrededor de su centro generador, o Sol. Cuando ya secó las aguas producidas por el enfriamiento de sus gases, debido a que, dentro de sí y como entraña, lleva incandescente la chispa o partícula de vida, que sacó como feto de su padre en la materia, el Sol; cuando secó las aguas, repito, empieza a producir la primera vegetación posible, para secar más y va agrandando los continentes con los residuos leñosos, luego con los residuos animales y con partículas sólidas que recibe de otros mundos que se disgregaron por haber cumplido su misión; así sigue la creación de aquel mundo, produciendo y reproduciendo especies, hasta el último germen de los que en sí encerró, en lo material irracional. Cuando ha llegado este momento, sabe el espíritu maestro que llega lo más trascendental: la aparición del hombre; y prepara todas las cosas (que en todos los mundos no son iguales), según que los mundos sean embrionarios, primitivos o de expiación; pero lo mismo para éstos que para todos los otros de perfección, existen idénticas cosas y leyes, con la diferencia, en justicia, para la belleza de cada mundo, por su categoría. Pero obra el mismo acto (en el grado correspondiente) para engendrar por primera vez, en aquel mundo, al hombre. Ya apareció el hombre, que seguirá la belleza; pero ese buen hermano queda siempre maestro del mundo, en su naturaleza, para seguir por la ley, con sus huestes, preparándoles a los hombres todo el arsenal de materiales adecuados y hasta el veneno y las balas con que se matarán por ignorantes y desagradecidos a quien tanta maravilla obró para, producir al hombre; pero Eloí no se inmuta: sabe que todos dejarán de ser niños y se amaran, porque ese es su mandato; y todos, al fin, lo cumplen. Mas ahora le queda al hermano Amor (con cuyo nombre se hace entender y se me muestra y me contesta) una tarea más ingrata, aunque mas divertida; y es hacer el coco a los niños juguetones, moviéndoles de cuando en cuando la curiosidad o enseñándoles una lengua de fuego en lo mas alto de los picos, o levantando una ola y barriendo la inmundicia de alguna ciudad arrastrándola al mar, o hundiendo un continente en el agua, hará apagar el fuego de las pasiones y aun poniendo faroles, muy altos, adonde los chicos no lleguen con sus piedras a romperle los vidrios, decir, las lunas o satélites que forma y que no son otra cosa que las escorias que van saliendo del horno y le estorban y, al tirarlas, es natural que se produzca un balanceo en la barquilla y caigan algunos millones de hombres al agua, por malos equilibristas. Perdonad mi tono jocoso en este punto, que es el que mas miedo causo y causa a los que alardean de muy hombres y aun no son hombres, pues tiemblan.

Punto tercero
LOS ESPÍRITUS ELEMENTALES

No son éstos menos alegres con los niños barbudos que tienen ínfulas de hombres, olvidando, que para serlo, tienen que probarlo en no comprometer a los mayores. En el momento en que el mundo fija su órbita (porque ya es una unidad) se encarga de los vientos y la atmósfera, otro maestro, que tendrá que absorber todos los miasmas de los hombres. Y como a nadie le agradan los malos olores, al recibirlos, contra su voluntad, no es extraño que escupa y riegue y barra fuerte y mande peladillas amargas de agua congelada y les haga algunos jeroglíficos, con sus rayos de cólera, porque el es un anciano que tiene mucho trabajo y los niños lo comprometen con sus travesuras; y estos pierden, como es natural, porque son heridos siempre en lo que más aman y se le pierden las golosinas y hasta les deshace las costillas: son cosas del juego, y es natural que triunfe el campeón quedando los niños un poco tristes al ver rotos sus juguetes: pero veréis que pronto lo ensucian todo otra vez y vuelven a comprometer su Dicha, que así se denomina el respetable hermano jefe de los elementos, que se ve obligado, por la justicia, a hacer la desdicha de los revoltosos, con el mayor Amor, pues, en los casos extremos se unen Amor y Dicha, para hacer respetar el principio de autoridad del creador, que los encargó del orden. Bien, hermanos míos; dispensadme, repito, estos puntos un poco joviales, porque también yo necesito un poco de expansión; pero tomad las cosas por el lado serio, pues sabéis que todo eso ha sucedido en la tierra; nada sabíais, en cambio, de estos personajes o espíritus que dominan y gobiernan la naturaleza y los elementos, aunque se han mostrado más de una vez. Pues bien; ved cómo nada se descuida en la creación de los mundos y sabed, que estos hermanos, nos han guardado en la cuna defendiéndonos de los rigores inclementes que nos podían aniquilar en nuestro desvalimiento y de las fieras (nuestros primeros compañeros) hasta que pudimos defendernos; pero todo es obra del espíritu en su conjunto y por tanto comunión del espiritismo. Sabéis ya de estas dos clases de espíritus; clases por su misión, no porque sean de distinta naturaleza que nuestros mismos espíritus, sino porque obran en sus reinos conforme a la ley y a despecho de la impotencia del hombre, y se sirven (porque está en su peder) del cuerpo de los hombres y de los animales, si así les conviene; pero en general, obran unidos los espíritus naturales y los elementales y, ellos son los que en cumplimiento de la justicia levantan montañas y las hunden, haciendo surgir un mar donde había una montaña y una montaña donde había miles de metros de agua, quedándose tan frescos. Han cumplido la ley. Y es que tienen el índice de los sucesos que han de acaecer y lo tienen siempre todo preparado para obrar a la voz de "¡Ahora!" que les da la ley en justicia, cuando la hora se marca en el reloj universal. Y diré por ultimo, de estos dos hermanos Amor y Dicha, que ellos no son ajenos nunca a los grandes hechos de las naciones y aquí está el secreto de muchas derrotas de ejércitos antes invencibles y de la sumersión de invencibles escuadras, que sucedieron y de que ya, en la tierra, sólo por la historia se enteraran los hombres felices de la Comuna.

Punto cuarto
EL ESPÍRITU HUMANO

Las obras del espíritu humano, o encarnado en el hombre, constituyen la arquitectura del edificio de la creación; porque en esa arquitectura, se dan la belleza y las formas vivas del ingenio, con las fuerzas combinadas de toscos pero fuertes materiales. El arquitecto, no puede crear y no crea belleza, sino con mucho trabajo, buenas herramientas y buenos materiales; pero produce mayores bellezas con los materiales más dóciles, que en sí, no tendrían consistencia alguna, si no fuera porque luego cuenta con aceites, barnices y pinturas, que dan fortaleza a las débiles filigranas, que son más débiles, cuanto más bellas por su finura. El mundo ha pasado muchos millones de siglos dando vueltas sobre su eje alrededor de su centro progenitor el Sol, creando materiales para producir las formas, tamizando las substancias y separando y juntando las de cada especie; y cuando ya tiene preparadas suficientes cantidades y provisiones alimenticias adecuadas al débil organismo humano, llega la familia espiritual, o sea, los arquitectos que han de demostrar la vida del creador, en formas delicadas y belleza; y la tierra, hace una demostración y el más grande de sus sacrificios, para que aparezca su director, que es la corona de su trabajo y, surge el hombre. El es el arquitecto y tiene que embellecer esa magna obra haciendo formas que den armonía, sin que pueda deshacer nada de la obra ya hecha; pero le es dado y mandado demostrar que todo tiene vida porque, como él, todo procede de la única fuente de vida: el creador. El hombre, después de sus primeras luchas para procurarse lo que su organismo necesita (porque desde el primer momento tiene el instinto de conservación) arrancará piedras, las amontonará y con ramas de árboles las cubrirá, apareciendo las ciudades; verá que del contacto de dos árboles cada uno dio el fruto del otro y aprenderá y obligará a que los árboles den el fruto que le agrada; observará que dos animales diferentes se cruzaron y está en el secreto de mejorar las razas para su servicio; encenderá el fuego que la naturaleza le mostró en el rayo y por él separará minerales y hará herramientas, y descubrirá el vapor y la electricidad, uniendo continentes y cruzando océanos y llegará hasta echar las palabras al aire, y éstas serán recogidas dondequiera que otro hombre haya puesto un receptor. Descubrirá las ciencias una por una; la física lo llevará a la química y ésta a la perfección de la mecánica para las industrias: unirá y reconocerá por fin, todo el globo y sus habitantes, de uno a otro extremo. De la rusticidad de los primeros hombres, llegará por el cruce de tribus diferentes, a la mágica belleza de nuestras compañeras y a la gallardía del hombre de hoy. Del instinto, apenas, que tenía en su aparición, llegará a la perfecta razón que discierne y a la inteligencia que todo lo abarca; y de la adoración de una piedra, o de un semejante, se elevará hasta la adoración del único creador y, llega hoy a llamarlo por el nombro común y universal: Eloí. El hombre encontró un mundo muy rico, muy fuerte, lleno de vida natural aunque agreste y frondoso bosque, pero él es la inteligencia; es un creador secundario; será casi bestia al aparecer; cometerá actos salvajes hasta que el dolor del escarmiento lo desengañe, pero llegará en continuada lucha adonde se le ha ordenado y presentará en su día formado de aquel bosque, un bello y bien trazado jardín, que le ofrece a su progenitor, lleno de armonías de aromas y de vida. Se habrán matado los hombres por su ignorancia primera, pues al encontrarse las primeras tribus se creían enemigas, surgirían por las adoraciones las religiones, que se condenarían la una a la otra y serían esclavos los vencidos y sacrificados al ídolo de su religión; se levantarían cabecillas que se convertirían en tiranos uniéndose a los sacerdotes que se llamarían de derecho divino, los que, a los más pacíficos los liarían bestias de trabajo y no tendrían éstos más libertad ni derechos que los inspirados por la tiranía y supremacía, pero al fin les vendría la igualdad, por su reconocimiento fraternal. El mundo, que fue patrimonio común y libre para todos antes de las tribus, sería dividido en pedazos por los supremáticos insaciables y en su concupiscencia, se harían propietarios del territorio, de las vidas y de las haciendas y serían sus hijos patrimonio de los señores; pero en la lucha de los hombres están también los espíritus y llegaran por fraternidad y por sabiduría a borrar fronteras y se verán todos unos y Hermanos y, el mundo, heredad común; ahora, todos trabajarán y todos consumirán equitativamente lo que necesitan, reinando la paz y el amor comunal ya imperturbable. Era la ley; la ley es el creador y el creador siempre triunfa; y su hijo el espíritu, también triunfa siempre. ¿Cuánto le ha costado al espíritu este triunfo? Lo que cuesta hacerse sabio. Lo que le ha costado al hombre conocerse a sí mismo en sus tres entidades. ¿Qué luchas ha debido sostener?... La historia os lo dirá por las ciencias y el progreso; yo, sólo digo lo que aun no ha podido decírsele a la humanidad en la lucha e ignorancia. Pero pensad, que cuando el hombre apareció en la tierra, sólo había en ella árboles y animales, y viendo lo que hoy hay, deduciréis su trabajo y las luchas sostenidas, deducidlas de la consideración de los instintos, astucia y fiereza de todos los animales cuyo conjunto es el hombre en su cuerpo y alma y todos los ha tenido que dominar el hombre para llegar al estado de la comuna y a la función de la ley suprema de amor que se ha proclamado, cual era el mandato que el espíritu traía de su Padre Eloí, para lo que le dio ayuda en los espíritus naturales y elementales para los cuerpos; la del Universo, en sus espíritus; y la plenipotencia en la luz y sabiduría.