PÁRRAFO IV
LEYES DEL ESPÍRITU

Sólo a las leyes divinas se somete el espíritu y éstas le rigen, sin importarle nada las leyes de los hombres, si éstas se oponen a las leyes del creador que en él están impresas.

Son varias las leyes, por partes, pero todas son una; y es la que prima y rige todo el universo, la del amor.

He de decir con propiedad, que la ley de afinidad, es el ordenador de todas las leyes divinas que, emanan de la de amor y que la de justicia es el ejecutor.

La ley de amor, está impresa en el espíritu como característica de la procedencia y naturaleza del espíritu; y esa misma ley está obligado el espíritu a imprimir en todas sus obras, como sello indeleble de que todas las obras del universo la tienen que ostentar, para la armonía en la infinita variedad; es pues, la ley de amor, la divisa y poder autorizante del espíritu, dado por el padre, propietario de todo el universo.

Como el espíritu es sencillo y sólo amor lleva en su vida para dar vida en formas a toda la eterna e infinita creación, la ley de afinidad, coloca cada cosa en su punto para que el espíritu las utilice y les de vida demostrativa; él es sólo amor y encierra en su alma, la esencia de las esencias de los reinos de la naturaleza; pero en esas esencias, están los gérmenes de todo y las cualidades de los tres reinos.

No le sería difícil al espíritu dominar, si sólo se encerrara en el alma; pero como en justicia, tiene que tomar al mismo tiempo un cuerpo con el cual ha de trabajar, porque el alma no tiene miembros y el cuerpo sí aunque es también esencias del reino animal y de los otros dos reinos en las partes correspondientes y cada partícula del cuerpo, tiene un instinto y así también, el alma de todos los animales que componen el mundo. Es aquí, donde la lucha titánica de los instintos se entabla, porque, al unirse las esencias por la vida del espíritu que forma su cuerpo, se vitalizan todos los instintos y pujan por salir cada uno el primero y hacer su vida animal.

Pero el espíritu sabe, que uno solo de los instintos es el que debe dominar primero. ¿Acertará en la elección de cuál le será más conveniente dominar entre los millones de instintos, todos a cual peor y que son tantos, como seres irracionales hay en la creación? Si acierta, empieza su lucha con una victoria y triunfará pronto. Es decir, pronto; en millones de siglos; pues millones de instintos y defectos tiene que corregir en su alma y los que se le irán aumentando en cada nueva existencia, porque cada cuerpo, sólo le vale, para un corto período que se lo marca la ley de afinidad, por el poder dinámico de cada cuerpo; pero en ley de justicia, este que triunfó desde la primera existencia, será siempre el que irá a la cabeza de la familia de aquel mundo. Son siempre más, los que no aciertan en la primera existencia y esto también va en perjuicio del que triunfó, porque tiene que ser dominado por todos y en todo el mundo, ese instinto que él dominó; y así sucesivamente sucede con todos, hasta que haya mayoría de dominadores y se llame a rendir cuentas a los morosos.

Así se cumple, en síntesis, la ley de amor, que es la ley primordial y la que autoriza al espíritu como mandante del creador.

Veamos ahora las otras leyes fatales, a las que tiene que sujetarse el espíritu, para cumplir la ley de amor, su patente.

La ley de amor, a todos los iguala en derechos y obligaciones y no puede el espíritu obrar en perjuicio de otro espíritu; y aquí es donde se hace la madeja poco menos que imposible de devanar, porque no todos obran con la misma diligencia; otros se equivocan en la elección de materia, de medios, o posición, o recibieron daño, o se apoderó de ellos un instinto de su alma y se convierte en pasión; otros, odian al que les causó un daño y en vez de perdonar como le manda el amor, buscan la venganza; otros se han enorgullecido de una obra, sin entender, que todo lo debe al que le dio poder ; y como sabe que tiene el libre albedrío y que no será destruido, se constituye en jefe de una grey y crea una religión; de esa salen muchos pagados de sí mismos y se forman divisiones y más religiones, que luego llegan a la idolatría; de aquí nacieron las divisiones de territorios, con cabecillas o reyes; estos y los que crearon las religiones, gustan de la holganza y ya no trabajan y esclavizan a otros menos expertos para que trabajen y llegan a creerse dioses y se hacen adorar; se dan derechos divinos y se inmunizan; pero los de otra religión o división los odian y se traban en lucha, moviendo las guerras y asolando los campos con la sangre del hermano y nacen todas las pasiones que antes fueron instinto sólo en cada especie del reino animal y crece la concupiscencia cada vez más, porque el espíritu, gustó de los goces de la materia y le inspira a su alma para que mueva todos los apetitos de su cuerpo, porque el espíritu es insaciable, ya que la materia no tiene con que llenar al espíritu, que sólo puede llenarlo la grandeza de su procedencia.

En este desconcierto, se han dañado unos a otros los ciegos y luchadores y han irrogado un gravísimo perjuicio a los que cumplen la ley; pero éstos se esfuerzan y piden a la ley su rigor y ésta cumple; pero ellos, los ciegos, no quieren ver, ni oír, porque se hacen sordos y se pasan siglos y miles de siglos y millones de siglos, y todos se deben uno a otros, vidas, honor, hijos, justicia, libertad e igualdad; y son las deudas tan viejas y han manchado la tierra con tanta iniquidad, que hasta se niega ya a tenerlos sobre su faz y, la ley de afinidad, con la de justicia, conciertan con el espíritu maestro del plano un hecho de ley y justicia. El espíritu maestro que está al cargo del mundo en su vida material (del que hablaré en su lugar) que tiene en su mano las fuerzas internas de la naturaleza y los elementos, acciona y hunde los continentes donde el vicio no tiene medida y la Tierra, sufrió uno de estos hechos hace ahora 87 siglos, hundiéndose toda la Atlántida y apareció lo que hoy son las Américas; y también ha tenido algunos otros de menor importancia, pero continuamente se ha demostrado la ley de justicia con epidemias y pestes, con tempestades terribles, temblores y volcanes horrorosos y, los desgraciados ciegos y sordos, ni oyen, ni ven y aun quieren sujetarlo todo esto a leyes naturales, (sujetándolo a una ciencia) que ni pudieron ni podrán, porque sólo es de la sabiduría del espíritu y de las leyes fatales derivadas de la ley de amor; y esto es así y en justicia y está probado por, las profecías y por la comunicación de los maestros en estos mismos días, como leeréis en la filosofía y la enciclopedia, que dictan en estos momentos postreros en que estamos esperando el parto de la tierra, que ya han sido anunciadas las señales y hoy (11 de julio de 1913, de la Era vieja) 23 del 10, del año 2, siglo primero de la era de la verdad, ha habido 4 movimientos en diferentes partes del mundo y en los dos hemisferios en el mismo día que son repetición de a diario y sólo el maestro y el tribunal saben a que obedece, pues la tierra está cansada de sostener tanta depravación; y más, después de celebrado el juicio de mayoría. Yo, aun pido al padre con la mayoría que acató la ley, que se cumpla la justicia en todo su rigor y aun así, es el máximum del amor para nuestros desagradecidos hermanos.

Era necesario relatar esos hechos aquí, a fin de que se pueda apreciar mejor, el valor de las leyes del espíritu; y ya hemos visto lo que es para él la ley de amor; su patente; su sello de potencia (como hijo y brazo del creador) que cumpliéndolas, se defiende con las leyes derivadas y fatales; pero los que se salen de la ley y obran lo contrario de la ley, sobre ellos recaen eu todo su rigor. El espíritu que se sacrifica en el amor, ¿no ha de tener leyes de defensa? Las tiene y por ellas llega a la mayoría; y es amor pedir a esas leyes, que cumplan su rigor.

El espíritu, no es de un mundo; ni tiene su vida ni su goce en un mundo, porque los mundos no son su patria: son una heredad que el padre entrega a una familia y el espíritu es investido, de autoridad y potencia, para elevar ese mundo a la categoría de los mundos de dicha y luz, después de haber dominado todos los instintos, cuando son instintos; todas las pasiones, cuando el desarrollo de los instintos por la inteligencia del espíritu rebelde, las convierte en pasiones.

Los espíritus que viven en la ley, luchan para dominar las pasiones de los que se salen de la ley y quieren vivir de las pasiones; y aunque no se sacian, lo toman por galardón; pero la justicia impone igualdad y en ese comportamiento no existe la igualdad y no es justicia que unos gocen y otros sufran; y menos justicia, que gocen los que no luchan y sufran los luchadores; los trabajadores en la ley.

Para esto, el autor de la ley de amor, derivó las leyes fatales, que es ímprobo su trabajo, e inútil con los que se niegan a cumplirlas y resisten, hasta que habiendo mayoría que las cumplieron, se llenan los tiempos marcados y obran en ley, librando de la lucha desigual, a los que luchan en ley.

Ya dije algo de las funciones de la ley de afinidad y de justicia en el párrafo X, del capítulo primero; pero es imposible al hombre, enumerar el cúmulo de combinaciones que la ley de afinidad tiene que hacer en un mundo de expiación para darle pie al espíritu a cumplir su deber, sobre todo en lo referente al pago de vidas, que es el capítulo más importante en la justicia, que exige el pago en la misma moneda; es decir, que una vida, se paga sólo dando esa vida por la ley de procreación, en un cuerpo, al espíritu que se le cortó una existencia.

Como el cuerpo y el alma son y tienen instintos animales, el goce de la materia es ley; y porque la materia cumplió su deber de trabajo en las leyes naturales para preparar materias esenciales para el cuerpo y para el alma, la ley, no sólo le autoriza al goce de la materia, sino que le obliga a usar de ella para la procreación de los seres y para la conservación; la ley, ha dado a estas funciones animales el máximum del goce de que la materia es capaz, para la incitación al cumplimiento y como galardón a la materia, pero en medida y para que podamos hacer el amor de familia. En esta ley de la procreación, la ley de afinidad y con ella la de justicia (que son fatales y que se cumplen necesariamente) es donde, las combinaciones son infinitas, porque llegamos, en los mundos, a ser todos los individuos deudores unos de otros, por afinidad o por odio y siempre por abuso y mal uso y peor cumplimiento en la ley de procreación, porque, el goce de la unión de cuerpos del hombre y la mujer, pasa a ser pasión por la ignorancia y el egoísmo; y lo que es sólo un deber de justicia y de derecho, (como pago a la materia por su trabajo) pasa a ser una fuente de deudas por el apasionamiento y el abuso y es este abuso precisamente, el que lleva el desequilibrio a las generaciones y es forzoso, en justicia, que todo se pague.

Mas la tierra llegó a un caso tan extraño e irracional que puede ser que mundo alguno no haya marcado caso semejante; es el celibato, impuesto por la última religión que apareció, la católica; y no en su nacimiento, sino cuando tuvo predominio en algunas naciones; y esto quiere decir, que no estaba en sus principios morales, sino que fue un abuso sugerido por su maldad y su odio a la humanidad: esto, significa renegar de la categoría de hombres y declararse abiertamente enemigos del hombre y un reto a la divina ley de la procreación y por lo tanto, a la Creación que tiene por fin primordial, la creación del hombre.

Está estudiado esto en el Código, con algún detenimiento y se anotará en la historia de la tierra, luego, cuando se escribirá. Pero no se puede pasar tampoco aquí, sin decir algo de esta monstruosidad, porque es la que hace imposible cumplir a los trinos el más sagrado deber y hace fracasar muchas veces a la ley de afinidad y la de justicia, a pesar del infinito trabajo que hacen para que sean cumplidas; por lo que, son los célibes transgresores de la ley y por eso se salen de la ley general; lo cual, en verdad, es renegar de su autor y dejar sus cuentas sin saldar en la tierra, porque rompen sus afinidades.

El amor da la carne, precisamente, es el eslabón más fuerte de la cadena en la vida de los seres y por él nacen los hombres en ley; se afirma el amor de espíritus y se va agrandando en la sucesión el amor universal, hasta constituir una sola familia.

Por otra parte, es el mandato supremo; porque el hombro en sí, lleva todo el valor de un mundo y los mundos son creados para crear al hombre; por lo que, el hombre ha de crear otros hombres. Ese es el principio que impera para la creación de los mundos.

Además, es el galardón a la materia por su trabajo y es el lenitivo de sus sufrimientos; por lo que la ley, ha dado en esas funciones el placer más sublime que hay en la tierra cuando se toma en su medida y en donde se debe tomar con amor a la ley y para el cumplimiento de la procreación y cuyos frutos, los hijos, son siempre una raíz que ya no muere nunca y se da el derecho de usufructo del mundo y sus beneficios y de las leyes divinas; y además de ser esta la raíz que le da savia al árbol, es siempre el pago de una deuda, o la reciprocidad del goce recibido; porque como esta es la ley que prima en los mundos y cuerpos y está estrechamente ligado hasta confundirse con la ley primordial, el amor, que rige al espíritu y única ley del Creador, en ella, la ley de afinidad y la de justicia son fatales y no quieren dejar de cumplir ni aun una mirada cariñosa. ¿Cuánto menos perdonarán una vida?

El engranaje, es tan complicadísimo ya por su natural, que la ley de afinidad, tiene que ser sabia sobre todas las leyes juntas, porque en su cumplimiento no puede faltar a la justicia, a la igualdad, a la compensación, a la física, a la metafísica, a la dinámica y aun a la mecánica. Esto es complicadísimo ya de por sí, por los instintos naturales de la materia; pero se agrava, cuando de instintos pasan a ser pasiones; y se reagravan, cuando estas pasiones han creado diferencias o castas y razas y clases, porque ya es concupiscencia.

Pero cuando aparece un fenómeno como el celibato, es el colmo; no hay nombre para calificarlo; la ley fracasa, no en las funciones, pero sí en los resultados; y no habiendo calificativo (porque son la negación del Creador y de la creación) los llamaré desnaturalizados, pues no son más que bestias furiosas, con canto de sirena.

Aparecieron los célibes, mil años antes del juicio y sólo en los dominios del catolicismo; pero esto bastó para hacer imposible a todos los espíritus del mundo, el cumplimiento de la ley, porque fue el golpe rudo dado contra la ley eterna; y por el celibato se llegó a la confusión, porque se les niegan los medios de las leyes impresas en el ser de la materia y del espíritu, para la reencarnación.

Pero como el espíritu y la materia misma, no se doblega a las leyes antinaturales; y los mismos célibes no se pueden substraer al pedido imperante de su materia; y como no pueden usar por un voto irracional de la carne y ésta pide y su espíritu tiene que pagar deudas y a la vez, la ley de afinidad le pone delante y hasta en su contacto a la mujer, a la que trata de desnaturalizar y la desnaturaliza, la toma, pero elude la responsabilidad del patriarcado, porque el celibato se lo prohíbe. Por esta razón sin razón, usando la astucia, toma toda mujer que puede (doncella, casada o viuda, no importa), pero con ninguna se hace cargo de las consecuencias y deberes del patriarcado; es un deshonor; se lo prohíbe su dogma. ¿Y por qué el dogma no le prohíbe que su carne le pida lo que es de ley? ¿Qué dogma es ese que no tiene la virtud de matar el instinto, sino que aun lo hace revivir por razón del ministerio y por el parasitismo a que obliga a estos pobres desnaturalizados? De aquí partirá la corrupción de la doncella, el deshonor de la esposa, la traición de la viuda y el crimen en todas y la prostitución. En fin, será el fruto del celibato, que no tuvo ningún mundo.

Porque como el célibe no puede ser padre, la necesidad imperiosa de la materia y la prohibición del dogma del uso natural e ineludible, lo va desnaturalizando, hasta convertirse en insuperable bestia sobre las mismas bestias y usa de la mujer, por medios antinaturales (que es prostituir a la mujer) y toma medidas contra la procreación, lo que indica indignidad, traición y cobardía; y por fin, como la ley se burla muchas veces de todos sus medios antinaturales, y hay sucesión, viene el abandono y se perpetua el crimen en el feto o en el recién nacido, o se tira a las casas de baldón que han tenido que levantar y se abren prostíbulos adonde van a parar las mujeres sus víctimas, o se encierran en los claustros que son prostíbulos más vergonzosos que los públicos; y en fin, quedan madres con deudas a cobrar y vidas que pagar; hombres deudores de honor, vidas y haciendas; hijos asesinados y abandonados que reclaman reconocimiento y vida; y todos, poseídos de odio y venganza, llegan a la imposibilidad del cumplimiento de la ley, en un mundo que ya está reclamado por la justicia y por la mayoría al pago de las deudas; al saldo de cuentos, que sólo pueden arreglarse por un neto de justicia extrema y provocada.

He ahí el producto de convertir un instinto en pasión, reagravado por la oposición a la ley de reproducción con el celibato y la desnaturalización.

Pero es que esto es a causa de ese derecho de la ley ineludible no cumplida desde él principio, por ignorancia y debilidad del espíritu; cuando se da cuenta de su yerro, ya suele ser muy tarde, porque el alma aprisionó al espíritu terriblemente y la materia por sus adoradores, creó leyes deprimentes a que no se sujeta el espíritu; y como la ley de justicia le obliga y la ley de afinidad le pone todas las cosas en las que tiene deudas en su camino y la fuerza de estas leyes es inexorable y por tanto fatales, el espíritu, toma la parte que le corresponde al cumplimiento de esas leyes, tratando de descargarse de sus deudas y se burla de todas las leyes humanas que lo coartan; pero como su materia y su alma es más fuerte porque se lo consintió antes, doblegan al espíritu y le deshacen los planos porque, el alma tiene derecho al goce de la materia y no tiene responsabilidad, como materia que es; y aun imprime a su cuerpo sus pasiones el que, también tiene derecho sin responsabilidad porque también es materia animal., y como están protegidos por las leyes materiales que el hombre apasionado hizo, el espíritu se ve vencido ya en ese mundo y se declara impotente, haciéndose entonces copartícipe con la materia y será un monstruo, basta que la fuerza de la justicia pedida por la mayoría los expulse, que es, cuando la ley de afinidad declara que no les queda ya en ese mundo afección ni raíz. Entonces, la ley de amor, los lleva a otra morada donde sus pasiones no constituyen daño o falta para los moradores, porque están en las mismas condiciones y, allí caen para saciarse de las pasiones. El crimen y el hastío, les hará darse cuenta de la enorme deuda que tienen en la creación porque, el hastío y la hartura son los únicos medios de corrección de la ley

Este es el proceso del abuso y mal uso de las leyes divinas; pero la causa de todo es la negación a la cooperación de la ley de procreación en justa ley, porque esto mata todos los sentimientos; basta que miréis en los ojos de un infante para comprender todo el amor del Universo, el que destruís al oponeros al nacimiento del hombre, porque ello es quebrantar las leyes divinas y eso solo es bastante a traer todo el desequilibrio en los mundos. He tomado ese punto porque es el más intrincado de cuantos desaciertos se cometen en los mundos y aquel en el que, los maestros docentes de la comuna (que serán verdaderos maestros no sólo de ciencia, sino de sabiduría) al estudiar cualquier punto de falta de las generaciones pasadas, tendrán que buscar la raíz y verán que todo empezó por ahí y sabrán dar el consejo saludable a las juventudes, aunque nada habrá ya que temer, porque todos los transgresores habrán sido expulsados; pero tenemos siempre más allá el límite sin límite del amor, cuyo grado máximo y perfecto, sólo el Padre lo tiene y al cual nosotros no podemos llegar. Pero cuanto más puro es el amor, más bienestar conquistamos, porque obramos con más justicia y damos menos trabajo a las leyes, cuanto más sabios nos hacemos.

¡A que trabajo ímprobo e incalculable hemos obligado a la ley de afinidad, por el desacierto, debilidad e ignorancia de los hombres! Espanta pensarlo; recordad sólo, que dije antes que, le cuesta más trabajo la encarnación de un espíritu que, la creación de un mundo; y esto, cuando todos los elementos están dentro de la ley.

¿Que será, pues, en el caso estudiado? Repito también, que ello no es de la comprensión ni aun del hombre trino; es sólo comprensible, para el espíritu maestro.

Pero la expulsión de estos espíritus no es un castigo; es el cumplimiento de la ley de justicia, que tiene que llevar la armonía a todos los seres y todas las cosas y para eso, la ley de justicia, tiene la fuerza de las mayorías, que es todo el Universo; porque el infinito todo está regido por la misma ley y ningún mundo está fuera del circuito de las leyes divinas, que engendran, para su tiempo, y para cada mundo, las leyes naturales; éstas y primero las étnicas, (desde las cuales ha de ascender el espíritu por grados, a medida que vaya triunfando de los instintos de su alma) gravitan en ellos hasta el fin de la etapa del trabajo, que es cuando hay mayoría de vencedores que ascienden desde las leyes étnicas a las naturales; de éstas a las fisiológicas, y así sucesivamente, hasta vivir el amor comunal donde, se entra en la entraña de la ley; en los secretos de la creación y el conocimiento de sí mismos, para llegar a percibir a Eloí.

El espíritu, tiene que pasar por todos los grados y por todos los estados de la vida de un mundo y practicar todos los oficios, todos los cargos, todas las ciencias, ser padre, madre e hijo; y sólo así se comprenden la igualdad y la compensación; el dolor y la ternura; el respecto y la mutualidad; la vida en familia y comunidad; la fraternidad, la libertad y el amor; pero en todo son actores la ley de afinidad para preparar las cosas en su punto y la de justicia, para que se cumplan.

Y las leyes se cumplen siempre, aunque los hombres falten; pero ellas nada hacen injusto ni sufren, porque el hombre no las cumpla, ni gozan por su cumplimiento; ellas son frías, inexorables, fatales; no tienen entrañas ni sentimientos. Si lloramos, lo mismo que si cantamos, llega la ley como inmenso rodillo y todo lo iguala, sin que nadie la detenga; tiene orden inexorable y cumple; es perfecta como su autor.

Y bien, hijos de la comuna; este trago largo y amargo que es lo peor, será siempre entre vosotros el sinapismo de mostaza que os obligue a la circulación de la sangre y la purga de vuestra conciencia; y estad seguros, de que no habrá un acto de vuestra vida que no tenga su explicación en los casos aquí estudiados y que en el "Código" están compendiados y en la filosofía comentados. Allí encontraréis las palabras del espíritu de Verdad, Maestro de los maestros y de otros más maestros de la cosmogonía. Aprovechad sus luces sobre este punto capital, para el bien y el mal de los hombres en el mundo.

Porque, aunque nuestro mundo está ya en la comuna universal y nada hay que temer, sabed que hay hermanos nuestros, de nuestra familia, que fueron expulsados y no puede faltarles nuestro amor en justicia. Porque, si yo y un corto número de hermanos de amor y abnegados vinimos voluntariamente de un mundo mayor y abandonamos dicha y felicidad para sufrir horrores entre vosotros hasta llevaros en estos cortos 57 siglos a la dicha que disfrutáis en la comuna y al goce de la luz, credencial que Eloí me dio para ser reconocido y que os queda en propiedad, también vosotros tenéis que salvar a los otros que se equivocaron, como equivocados estábais todos cuando vinimos nosotros con Adán y Eva, y éramos nada más que 29 para más de dos billones de hombres y espíritus de nombre y hechos de fieras que en el mundo había; y eso, que hacía muy poco, (unos 26 siglos) que había ocurrido la hecatombe de la Atlántida; y hemos triunfado y disfrutado como vuestro, el triunfo, y lo es , porque nos oisteis es, pero la ley de justicia os habla ahora y es necesario que la oigáis y salvéis del naufragio en que cayeron por su ignorancia, nuestros hermanos expulsados.

¿Qué armas traíamos nosotros? Las que no se quiebran; la sabiduría y el amor y éstas, os las hemos dado y las disfrutáis; pues las tenéis y podéis triunfar en aquellos mundos como nosotros en éste, en el que sois felices, porque sabéis que el amor es la ley y que las leyes del espíritu, sólo son las leyes divinas, con el valor que da el amor, de hoy con el pensamiento a las moradas donde sufren aquellos equivocados y salvadlos. Pero, atender primero a los que por ley están aun entre nosotros en la prueba final.