PÁRRAFO III
NATURALEZA DEL ESPÍRITU

Demasiado grande es este trago, que debe ingerir el hombre en sí mismo y a más de lo que ha hecho le obliga: pero por eso, yo os lo dividí en partes, porque aun estáis débiles por la tremenda lucha sostenida en la obscuridad de los seis días pasados en la duda. He dicho y así es, que el espíritu procede del creador directamente y aquí os digo que es de su misma naturaleza, que es consubstancial, y coeterno con él y en él, en ser y tiempo.( )

Es, pues, el espíritu, anublado y en luz, en estado libre o encarnado en un cuerpo, el primer efecto de la causa única; y por su destino, la primera causa en la creación y causa de todos los efectos del universo; y como la causa única hizo ese primer efecto y único, es el espíritu, creador de todos los efectos y por esto, causa única con su Padre en la eterna- creación y como él eterno y por tanto, el mismo creador; porque su naturaleza, es la misma del creador.

¡Y... busca el hombre al creador, a su causa, fuera de sí mismo, radicando en él en parte y por entero!... Conócete a ti mismo, hombre y conocerás al creador en tu mismo ser: y conociéndote a ti, conocerás la causa, el efecto y el universo.

Espanta, hermanos míos, esto; lo sé; y no sólo espanta, sino que anonada al volver la vista atrás y ver tantos desaciertos, tantos insultos, tantos odias entre nuestros hermanos, teniendo unos y otros al mismo creador dentro de nosotros mismos, porque cada uno de nosotros es una partícula directa y de su misma naturaleza y substancia. Pero no os espantéis; oídme y seguid leyendo y confortaos, porque ya citáis en la ley y el valor se demuestra en el hecho y en las enseñanzas del hecho y para eso nos lanzó el padre a la lucha; para ser fuertes.

El creador, nuestro progenitor y causa única, vive en sí mismo en todo el universo; es por sí mismo superior a todo, porque todo es efecto de él, que es la causa; y como todo lo ha ordenado en sus leyes, él no sufre ni goza en los hechos de los hombres sus hijos, porque les dio la ley de libertad.

Como él les encomendó a sus hijos los espíritus la creación, para la grandeza que desea a sus consubstanciales y él es sobre la grandeza de todos los espíritus, porque en si tiene la suma grandeza y está sobre la sabiduría de los infinitos espíritus, porque en él está la suma sabiduría. A él no pueden llegar las ofensas que los hombres le hacen en los mundos, porque no pueden negarlo aunque quieran, que sería la única ofensa capaz de llegar a él.

Por otra parte, en su rol, sólo están los espíritus, porque él es el espíritu de los espíritus. Y el hombre que en palabra niega, afirma en la acción al creador, porque obra, alienta, produce, consume, procrea y vive. ¿Qué es, pues, la palabra? una ofensa que se hace a sí mismo, o cuando más a un hermano; pero en la acción confiesa la vida y al autor de la vida, en tanto que la palabra hiere a otro semejante que ni aun tampoco le daña sino a sí mismo, porque se ha creado una deuda que la ley de justicia (que también la lleva dentro de sí mismo) la anota en el Debe y la tiene que pagar en justicia, porque se inhabilita para llegar al punto que le es mandado y aquí nacen sus sufrimientos, y si se ofusca y más deuda hace, más sufrirá en sí mismo y más se inhabilita, hasta hacérsele imposible el pago en esa morada. Esto es, llega la justicia, que está dentro de sí mismo y lo expulsa a un mundo más adecuado a sus afecciones, donde encuentra medios más en armonía con sus tendencias y lo hace, porque tiene el libre albedrío que el mismo creador lo dio; y, si le dio el libre albedrío, no ofende, ni ofenderse puede el que lo dio.

Lo que hay es que, esos ofuscados, rompen la armonía de la vida a que aspiran los demás, que en siendo mayoría, establecen la ley de justicia; y como ellos no están conformes, no pueden vivir y se expulsan a los mundos donde aún la justicia no impera; allí el sufrimiento mayor les curará su locura y llegará un día en que pedirá el mismo la justicia que antes no quiso acatar.

¿Quién ha sido el perjudicado y ofendido, sino él mismo?

El Creador, en su ley, le dijo: "Harás esta parte de la creación; cuando la harás, te recibiré, te pagaré y te encomendaré obra mayor". No le impuso tiempo, porque el tiempo no existe en la eternidad.

¿No hizo la obra en la epopeya que la ley marcó por la justicia y la armonía, medida tan sólo por el tiempo de la ley de los mundos, en el que la mayoría llega? Pues la justicia le dice que no puede romper la armonía; y como no puede vivir en una ley en la que él está contradicho y no puede dejar de ser (y esto es lo terrible) se deja arrastrar por la ley, que tampoco lo puede desheredar y, allá va el pobre ciego a pagar a la creación lo que le debe; porque, ni al hombre, ni aún al espíritu le debe; sino a la creación que es la heredad común.

Al expulsarlo, la ley no rompe el libre albedrío; los expulsa, porque se impone la armonía y aquéllos la rompen; y es una prueba de que no le coarta la libertad, el que no se efectúa sin un juicio en los mundos, y hasta que hay mayoría que estén en la unidad de la ley de amor y es proclamada ésta como régimen; y se les oye a los que no están conformes y aun se les advierte a muchos que no conocen la ley en su fondo, pero que son dispuestos trabajadores que fueron estorbados por los transgresores; y se admitirán hasta éstos, si ellos se someten en voluntad.

¿No quieren someterse? entonces, son sacados por la ley de justicia y llevados donde aun sus afecciones no constituyen falta.

¿No es esto el extremo del amor?... ¿No es esto demostrar el espíritu su naturaleza, que es el mismo creador, que es ardor?

Pues sabed aun más; sabed, que para obrar en este caso de justicia, aun no obran por sí los espíritus de la mayoría, sino que depositan toda su acción en el maestro de los maestros, el Espíritu de Verdad y esto es conforme con todas las leyes del creador y porque aquél es el que está en los secretos de la justicia, porque a él han llegado todas las hojas de servicio de cada uno de los individuos del mundo hombres y espíritus y es reconocido árbitro en nombre de la ley, por el mismo autor de ella. Lo que demuestra, que la mayoría consciente, no obra en represalia, sino en amor de la ley.

Y no es que al espíritu le falte potencia; pues puede hacer un mundo y lo hace, porque su procedencia y su naturaleza le da este poder. ¿Cuánto mejor podría, por potencia, someter a los detractores? Pero sería contrario a la libertad del espíritu, aunque no contrario a la ley de amor; pero como están las leyes establecidas en toda armonía, no puede, ni quiere romperlas el espíritu en luz; aun antes les da valor, pidiendo a las leyes que obren y así hace.

Restaría decir ahora, que toda la grandeza y potencia del espíritu, tan grande, que uno solo alumbra más que muchos soles como el que nos arrastra en su sistema y que el Espíritu de Verdad, es tal su luz, que alumbra los mundos todos de siete y media nebulosas que componen su plano y que al igual son los maestros de todos los planos alumbrando el suyo. Sin embargo, todos estos maestros de los mundos con los espíritus infinitos que pueblan los mundos y el espacio, no sumamos un grado de luz y potencia, ni de la sabiduría y amor, de nuestro progenitor Eloí. ¿Comprendéis ahora la grandeza de nuestro padre?...

¿Qué somos, pues, cada uno individualmente? Desapareceremos casi en la comparación; pero tenemos comparación; infinitesimal sí, pero comparación es; y sobre todo, somos consubstanciales y coeternos y vivimos en él y él en nosotros y su grandeza en nuestra grandeza. El es eterno y eternos somos nosotros; él es infinito e infinitos somos nosotros; y siempre vamos hacia él y llegamos en el tiempo a visitar la paterna casa y trabajamos en su hacienda que es nuestra heredad.

Esta es la felicidad de los espíritus, que se comunica a los hombres en los mundos, viviendo en la trinidad del hombre y en la ley y régimen y armonía de Eloí, siempre ascendiendo y siempre subiendo más y amando más; pero sin llegar al límite jamás. "Los mundos son infinitos y el ( ) hombre ha de vivir en todos los que existen; pero la creación sigue y no se acaba", nos dejó escrito Abraham.