PÁRRAFO II
¿DE DONDE PROCEDE EL ESPÍRITU?

Es ésta la pregunta más trascendental del hombre, que quiere saber su origen; pero no se le puede dar en mundos anteriores a los de expiación y ni aun en éstos, mientras no son regenerados, como la tierra hoy, por un juicio de mayoría o final, en el que se acata la ley suprema y se implanta como única ley, bajo el régimen en que sólo puede reinar esta ley de amor, que es la comuna.

Antes de este juicio, ha tenido que sufrir el espíritu, como espíritu y como hombre, todas las leyes fatales que se derivan de la ley suprema; ha tenido que eliminar de su alma todas las imperfecciones, es decir, dominarlas y someterlas a la ley única, que arrastra como pesada carga desde mundos inferiores, desde el embrionario, donde se inició en la vida de creador y como entidad numérica.

Y como mientras está así cargado no puede comprender al creador en toda su grandeza, sería inoportuno decirle que procede de tan alto ser: se le va iniciando picando su curiosidad y se le exponen parábolas en el tiempo en que ya empiezan los dúos a hacerse alguna luz por el desengaño de sus luchas, en tal o cual tendencia o religión y se encuentra descorazonado y en terrible duda, porque no sabe si empieza o acaba, o si nunca empezó y acaba al cerrar los ojos de aquel cuerpo.

Pero, como los espíritus maestros, en tiempo, toman cuerpo entre ellos y les enseñan con ejemplos y parábolas, les despiertan la curiosidad; porque, aunque sean ignorantes y hasta ciegos, les es congénita la idea de la vida eterna y, aquí empieza una terrible lucha de la conciencia y el raciocinio, con el terror ingerido de credos y tendencias materialistas, hijas del dominio de las pasiones.

Y como ven los ejemplos dados por los maestros y que muchos de ellos, por ellos sufrieron el sacrificio de sus cuerpos por sostener esos principios y enseñanzas que les traen, toman valor en su valor y ya, la luz les empieza a iluminar y, a falta de otro título o conocimiento dicen: "¡Padre, sálvanos!"... El creador, que sólo espera esa palabra de reconocimiento de los espíritus sus hijos, decreta la redención definitiva de los conscientes en mayoría y le da autoridad representativa al maestro, bajo la égida y dirección del maestro de los maestros, llamado en cada plano, como le conocemos, "el Espíritu de Verdad".

Para llegar a este momento del triunfo del espíritu en su juicio de mayoría y final, ¡oh, qué de luchas ha sostenido el espíritu! Ya lo veremos en el párrafo "Obras del espíritu"; pues aquí, sólo debo decirle al hombre, de dónde procede el espíritu, porque ya, el hombre de la comuna puede saberlo y es mi deber decírselo. Pero tengo que guardar estricta regularidad, consecutiva y gradual, porque hoy ya no son parábolas, ni metáforas, sino la verdad, en su punto y desnuda y así me lo exige el mandato que traje del padre.

El espíritu, procede directamente del Creador; y es parte del Creador con El y en El, antes de ser hombre, cuando es hombre y eternamente lo es con El.

Mas como le está mandado demostrar la vida y la existencia de su progenitor y ha de actuar por lo tanto, como obrero en la creación eterna e infinita, manejando materiales imperfectos, pegajosos y enfermos y éstos y el espíritu son de la misma procedencia y por lo tanto de la misma ley, no puede salirse de la ley por la que él es tratado en amor; y con el mismo amor tiene que vencer a la materia, acrisolándola por su calor, por su luz, por su sabiduría ganada con la experiencia de la lucha; porque él no tiene cuando sale a la lucha, más que el amor del padre del que procede y la libertad plenipotente para obrar dentro de esa única ley; y con esa arma (cierto que es inquebrable) ha de triunfar quiera o no quiera, porque es el mandato de su progenitor .

Pero esa ley de amor, tiene los agentes inexorables da las leyes de afinidad y justicia, (que son fatales) ayudan al espíritu y en su mayor rigor, son el mayor amor también; ponen cada cosa en su punto y el espíritu las invoca, cuando ya tiene valor, fuerzas y sabiduría para soportarlas, por el trabajo que le dio experiencia.

Es entonces que el espíritu descubre su procedencia y se enciende en su mismo amor, partícula que recibió del autor su padre y se descubre en su luz y puede comprender que es grande, porque grande es su procedencia. Ahora empieza el culto de las virtudes para limpiarse el barro secular pegado a su alma en la lucha con las pasiones; y como ve a los otros en su similitud, (aunque en diferentes grados) su amor trabaja para allegar hasta él a los rezagados y él marcha tras los que ve más adelante, que también lo llaman y se le puede decir: "Eloí es tu padre y nuestro padre; corramos hacia el que nos espera"; ahí el espíritu, se viste de su luz y de las galas de sus victorias.

Sí, hermanos míos; Eloí es nuestro autor. De él procedemos y hacia él caminamos y hemos de llegar a la casa paterna después de las obras que nos encomendó ejecutar, conforme a nuestra naturaleza.