PÁRRAFO VIII
LA VIDA DE LOS CUERPOS ES MAS TEMPORARIA

Parecerá sin fundamento este párrafo aquí, puesto que vemos desaparecer los cuerpos de los hombres en cada tránsito de una corta existencia; y para los hombres de la tierra, antes del día de la comuna, es lo que se dogmatizó: lo temporal de la vida de los cuerpos de los hombres.

No se les pudo dar más a los hombres dúos; pero hay cosas muy profundas que desentrañar y sacarlas del misterio, qua lo fueron sólo por la ignorancia; pero es verdad también que la vida individual de los cuerpos de los hombres es más temporaria que la de las almas, porque empieza más tarde; pero una vez que empezó ya es también eterna y un prado más bajo que el alma en el progreso; y si no fuera así no sería la belleza, progresiva y sin límites, eternamente.

Admitamos primero que la vida de un cuerpo es sólo, su existencia en la realidad de la individualidad figurada de las apariencias; pero que no es así en la realidad de la ley, ni lo sería en justicia.

Tan pronto se desgaja de su centro la chispa que ha de componer luego la entraña de un mundo y todo el mundo, allí vive ya el cuerpo del hombre, que aparecerá en su superficie en el día de la ley; es el último de los seres que en germen lleva aquella chispa, matriz de todo lo que ha de procrear en cuerpos y almas.

Pero como el cuerpo del hombre está destinado "ab aeterno" por el creador, para regir todas las cosas de los mundos y embellecerlos, para lo cual en ese cuerpo se encierra el espíritu hijo del espíritu creador, el mundo que ha parecido hasta ayer a los hombres insensible, no lo es; porque los mundos viven en el alma universal y toda alma es sensible; el mundo, digo, sabe desde su iniciación en la vida, que lleva en sus entrañas un ser que a él mismo lo tiene que regir y embellecer; y en el momento justo que le marca la ley, parirá ese ser, que es superior a él mismo, porque en él ha de vivir su mismo creador, por sus hijos los espíritus.

Viven ya, pues, el hombre y su alma desde el principio del mundo, en el conjunto, pero no en la individualidad; porque, dado el fin que le espera, necesita llenar antes en ese mundo todos los requisitas de purificar materia, por medio de otros cuerpos y almas; por otras almas nacidas de las esencias de los cuerpos; y de las esencias de las almas, formará en su día los cuerpos y las almas de los primeros hombres; pero para esto, hará demostraciones que no hizo con ninguno de los otros seres como se dirá en su lugar y está codificado en el "Código de amor universal".

Es, pues, el cuerpo del hombre, lo último que procrea un mundo; y como no podría aparecer el cuerpo del hombre sin que hubiera materia elaborada para su alma, por razón de que ésta es más purificada que la materia de los cuerpos, resulta de aquí que, siendo todo la misma substancia, para extraer esencias suficientemente filtradas para las almas, éstas han tenido que empezar a elaborarse, mucho antes de la formación de los cuerpos de los hombres.

Y como la ley no transige ni regala nada, sino que todo se conquista por el esfuerzo en la vida de trabajo y ésta no puede ser sin formas, el alma que ha de animar el cuerpo del hombre, ha tenido que animar antes muchos otros cuerpos, enriqueciéndose de las esencias de todos los reinos y de las cualidades de todos, con virtudes y defectos: así, pues, el cuerpo del hombre se compondrá igualmente de las substancias de todos los cuerpos a los que tiene que regir; y no puede regir ni dominar, si no tiene en sí el magnetismo de toda y de cada una de las especies; y por la ley de afinidad (que todo lo rige inexorable) así sucede; y sólo así el cuerpo del hombre puede aparecer un día vestido con un alma más sensible que las de todos los otros seres; y como en el cuerpo y el alma del hombre están las esencias de todos los seres de los tres reinos, cada especie, respeta y se somete al hombre, porque en él ve toda la creación y, el león ve al león y sus contrarios; el caballo a sí mismo y todas sus especies, y así todos los seres.

Este es el secreto por el cual ha sido respetado el hombre en su cuna, cuando aun no podía discernir ni raciocinar.

Si el hombre es acometido alguna vez por ellos, es porque en sí lleva los contrarios del que le acomete; y porque el hombre vive siempre (antes de ser sabio) la vida de alguna especie animal de las que en sí lleva y aun no ha dominado. El hombre tiene que dominar todas las especies para poder vivir luego sus tres entidades en la vida del espíritu, que es cuando descubre su trinidad; y con cada individualidad, vive en la ley de amor o de sabiduría.

Pero el cuerpo del hombre, aunque desaparezcan los cuerpos al final de una existencia, prueba o tarea de trabajo, no acaba, ni falta su número; esto sería injusto; pero sí se deshace la forma, para tomar otra para otra tarea y el espíritu extrae la esencia de aquel cuerpo y la agrega al alma y se la lleva, dejando nada más qué escorias que tienen que volver al laboratorio, para servir a la especie adecuada y cargarse otra vez en la dínamo infinita del magnetismo que perdió por el óxido del calor del trabajo anterior y formará otro cuerpo; otra nueva forma; lo que repetirá eternamente.

Es, pues, el cuerpo del hombre, más temporario que el alma; pero, formado una vez, vive ya en el alma eternamente y los espíritus se materializan y se nos muestran con cada uno de los cuerpos, en sus formas, de todos los que han tenido en todas sus existencias, que como fotografiadas las tienen en su archivo con la historia de cada cuerpo.

Ya veis, hermanos míos, si tiene fundamento y sabiduría este párrafo, que habría parecido (antes de ahora), sin ningún fundamento; pero lo que digo de los hombres, puede decirse igualmente de los mundos y de los seres animados e inanimados; y por esto, el espíritu, puede representar mundos que ya no existen y animales que no conocemos ya en nuestro mundo.