PÁRRAFO VII
EL ALMA SOLO TIENE LA VIDA NATURAL Y TEMPORARIA

El alma humana, lo mismo que el alma de los irracionales y, de todas las cosas, sólo tiene vida natural; y ni unas ni otras son inteligentes, pero sí sensibles.

Si esto se hubiera pronunciado en el tiempo del dualismo los hombres, hubiera promovido intestinas luchas; y es seguro que el que lo hubiera pronunciado y afirmado habría sufrido persecuciones y aun el sacrificio, sobre todo en los dominios del cristianismo y más del catolicismo, porque al alma le concedieron toda la grandeza del hombre y de las cosas, en lo divino y humano.

Mas ya en los últimos tiempos del sexto día, en que el pensamiento libre se emancipó un tanto (lo que les permitía el prejuicio), han podido estudiar algo sobre el alma y demostró la ciencia (por y con las luces del espíritu) por el estudio del reino animal, que el alma, no era la causa del pensamiento del hombre.

Pero como no supieron llegar a las fuentes de las luces para saber lo que es el alma, se cayó en otro mayor error y tampoco se le concedió más vida que la de los cuerpos.

Lo que es el alma, lo diremos en el capítulo sexto, en su párrafo correspondiente, porque está dedicado exclusivamente hombre; aquí sólo se habla de la vida del alma.

El alma de los hombres, lo mismo que la de todos los seres de la naturaleza, es materia; y siendo materia, sólo puede tener la vida de la materia y ésta es vida natural; vida de ley en la creación, pero sin responsabilidad; porque la ley que rige a la materia es semejante a la que rige a los seres en su incubación, que no otra cosa es la materia sino los gérmenes de las formas, antes de ser formas: Es la semilla tirada por el sembrador en la tierra; es el huevo que ha de proporcionar el ser del polluelo cuando se le pondrá en la incubadora o lo cubrirá la clueca, que con su calor lo empollará y sacará otro ser de la clase del germen; pero que si no tuviera vida ese germen, en vano sería el agente calor y humedad, en el huevo y la semilla.

Esto es bien comparable al alma humana y a las almas de todos los seres de la vida natural; pero tan pronto esta alma se ve tomando parte, por su ley, en un cuerpo humano, animal, vegetal o aun mineral, toma sensibilidad y esta es únicamente, la cualidad del alma, como es cualidad en la semilla y el huevo, proporcionar elementos de cuerpo o forma; y por lo tanto, el alma, en general, no tiene más vida que la natural.

Lo demuestran claramente, todos los seres que no son hombres; nacen, crecen, se multiplican, sufren y gozan en su ley, con inconsciencia; son sensibles, pero no razonan; y el raciocinio es sólo lo que diferencia al hombre de los demás seres; pero es porque, en su alma natural se envuelve el espíritu, para obrar sobre todas las almas de los otros seres; pero aun esto mismo no diferencia el alma humana del alma irracional o natural, sino en el grado superior de sus esencias; porque la ley de afinidad, da a cada cosa lo que le pertenece para el cumplimiento de sus funciones, en la eterna creación; y como el espíritu tiene que hacer las mayores obras, requiere también para el alma en que se ha de envolver para obrar, materia adecuada, la más filtrada que la naturaleza en su vida natural tiene; pero esto, no le da, sin embargo, más vida que la natural, porque no la tiene.

Lo único que tiene el alma humana sobre las de los otros seres es, una mayor sensibilidad; porque, como ya he dicho, es materia más fina, más filtrada y por lo tanto, más bella, pero con la misma vida; si nos fijamos en un árbol con sus frutos, vemos que el árbol es sólo uno y que en sus frutos se notan diferencias de formas, colores y aún sabor, según que sean esos frutos de las ramas altas o bajas, que se hallen y que estén en la sombra, en el interior o expuestos a la luz en el exterior; pues cuanto más alto está el fruto y más al descubierto, es tanto más sabroso, más desarrollado y más bello; y no se sazona todo en el mismo día y aun nos cuesta creer a primera vista, si tenemos conocimientos de ( ) arboricultura o no lo comprobamos personalmente, que los frutos, los más bellos y los más raquíticos, sean todos del mismo árbol.

Así pasa con el alma humana: es fruto más adelantado del árbol naturaleza; pero, como en los frutos del árbol, tienen todos la misma vida natural, a pesar de sus diferencias en tamaño, sabor y belleza, y son la misma materia, del mismo árbol y de la misma vida.

Lo que hay es, que en la materia y el espíritu, lo mismo que en la sabiduría y en todas las cosas del creador, hay grados de perfección, lo mismo que entre los hombres hay grados de cultura y diferentes grados de belleza y de cualidades fisiológicas, hasta el grado de no haber dos iguales en todo el Universo, aunque a todos rige la misma ley y todos somos hijos del mismo autor Eloí.

El alma, cuanto más pura materia es, más sensibilidad tiene; pero será siempre materia de vida natural, aunque por su brillo parezca luminosa, como el espíritu; pero la luz del alma, no es más que la del espíritu, porque suya es y nada mas es la luz de las almas y de los mundos. El espíritu será siempre el espíritu, por nublado que esté; y el alma será siempre materia, por más que pueda alumbrar más que un sol; pero no podrá nunca salir de su vida natural, porque no tiene otra.

Lo que hay es, que el alma, cuanto es más pura en su materia, es más sensible y más se acerca a su agente consciente, el espíritu que la ennoblece; y llega a ser tan sensible, que siente hasta las vibraciones de la vida universal, en tanto que otra alma de su misma naturaleza, pero que sólo vive su vida natural, en una bestia, apenas es sensible, ni al dolor de un fuerte latigazo; pero son de la misma naturaleza y ambas tienen la misma vida: la una es el fruto de la rama más alta del árbol que se satura de sol y de oxígeno noche y día; la otra es de las ramas bajas e internas, que sólo recibe el sol por la penumbra del follaje y el oxígeno frío y escaso, porque el follaje no le da paso libre; todo esto os lo comprobará una sola ojeada estudiando la naturaleza y convendréis, racionalmente, con sabiduría, que el alma, sólo tiene vida natural y que en realidad es la sensibilidad.

Aun hay que sentar otro principio, el más importante referente al alma, y es que, el alma en los seres y hasta en el hombre, es temporaria; pero seré muy lacónico aquí, porque he de tratar en su lugar lo que es el alma y allí tendré que hablar de esto.

Aunque el alma universal es coeterna al creador, el alma, individualmente considerada, es temporaria, porque tiene principio en cada especie y aun en cada individuo.

No se ha podido decir esto a los hombres antes de ahora; mas ya sabéis los hijos de la comuna, que sois los mismos hombres que no podíais recibir estos puntos de sabiduría en los tiempos seculares pasados, por causa de la ignorancia que os obligaba a ser dúos, pero hay que añadir que vuestras almas estaban a la sombra de la hojarasca del árbol y no estaban saturadas del espíritu, por la rudimentaria materia de ellas; y que al fin de lavaduras y filtros en múltiples existencias y trabajos constantes, habéis clarificado esas almas, hasta dejar penetrar la luz de la inteligencia del espíritu; por lo que, hoy, pueden darse los secretos de la sabiduría del espíritu.

Sí; el alma humana y la de todos los seres, como individualidades, es temporaria, porque tiene su feliz día de nacimiento a la vida demostrativa; y en tanto no se manifiesta en la vida de las formas, vive, sí, en el alma universal, pero no es individualidad; no forma número y por lo tanto, no vive demostrativamente, sino como todo, en el éter, vida universal.

Pero he aquí que la ley de afinidad, conforme al índice que tiene para la armonía y eterna demostración de la creación y de la vida, llega la hora de producir y reúne en su punto todas las cosas y produce aquel ser, con cuerpo, según las funciones a que se le destina y le da la vida sensitiva, por una esencia, que es el alma; que por sus cualidades, en la fusión de las substancias (que forzosamente son de movimientos contrarios) en su vida natural, pero en cantidades justas al equilibrio de las fuerzas y forman el flujo y reflujo, que es la manifestación de la vida universal, en las formas y los seres.

La estabilidad de la vida (o unión de cuerpos y alma) sólo dura el tiempo que las substancias del cuerpo pueden atraer al alma (que no es magnética), en tanto que las substancias del cuerpo son fuerzas dinámicas, que crean el magnetismo, porque retiene, por la ley de las fuerzas, un remanente, tanto más cuanto mayor es el magnetismo dinámico: polarizado éste, viene el desenlace, por la oxidación y polarización de los elementos del cuerpo y el alma se desenlaza por falta de atracción; pero ya germinó conforme a su ley y de aquel cuerpo surgió otro cuerpo; el alma dio parte de sí misma a otra porción de esencias de su misma naturaleza; y así se reproducen mejorando la especie, hasta su fin o perfección; momento en que, materia cuerpo y materia esencial alma, buscan cada una, por su remanente magnético su centro y reproducen la especie, mejorada en movimientos y organismos; pero entrando antes en el común de la vida universal natural, de la que no pueden salir hasta que en las necesarias evoluciones y purificaciones podrán, esas almas, forma( ) parte como alimento del alma de los hombres; esto cuando ya existen estos, porque el alma de los hombres se forma sí, de la misma manera o modo, pero concurren funciones muy especiales, como veremos en otro lugar.

Es, pues, así, cómo las almas son temporarias como individuales, aunque en el alma universal existan "ab aeterno", como el espíritu en el creador; pero conviene advertir y sentar que, si todo tiene alma, no se puede considerar almas individuales a las de los animales ni a los otros reinos numéricamente, sino como alma universal que se refunde todas las veces necesarias, hasta ser apta para formar el alma de los hombres. Aquí es donde empieza el día feliz del nacimiento del alma en los mundos, y durará su vida ya eternamente porque el espíritu la lleva con él para su forma individual; pero va refundiendo todas las almas de todas sus existencias en todos los mundos, en la primera que tomó en el mundo embrionario, purificándola cada vez más, hasta donde es posible la perfección en la eternidad; y no es "ab aeterno "en la individualidad, porque tiene un principio, y no es naturaleza inteligente, en tanto que el espíritu es la inteligencia. He allí, la diferencia y por qué el uno no tiene principio, aunque viva sólo en el creador hasta su individualización y la otra principió numéricamente aunque viva desde el principio en la vida universal; la vida universal es efecto de la causa de esa vida, cuyo autor o causa es el creador, en el que vive el espíritu "ab aeterno" y coeterno en la causa, su padre; es decir, más claro: el espíritu es del riñón del autor de la vida universal y es consubstancial y coeterno con él y en él; y el alma es del riñon de la vida universal, que es efecto originado de la causa, por lo que tiene principio y así es temporaria, aunque una vez empezada su vida individual, ésta ya sea eterna.