PÁRRAFO IV
LA VIDA ES ETERNA Y CONTINUADA

Que la vida es eterna, está en la mente de todos los hombres; pero no admitieron que ésta sea continuada en el espíritu y de aquí los grandes errores de los hombres; y si la vida, siendo eterna no fuera continuada, sería la más grande injusticia que cometerse pudiera: y, ¿quién pudiera ser el que cortara la continuidad de la vida sino el autor de la vida?

Pues si esto pudiera ser, sería tan eterno como injusto. Esto es lo que resulta de las teorías erradas, de los que no comprendiendo la vida, ni de dónde procede la vida y por tanto, dónde radica la vida, trajeron al mundo a mal andar; pero es fruto de la ignorancia que originó la concupiscencia de los supremáticos que huyeron del trabajo y del estudio, por no tomarse el trabajo de conocerse a sí mismos y por eso, hoy, se les manda como primera obligación a los hijos de la comuna, porque en el conocimiento de sí mismos está el principio de la sabiduría universal.

Creer en la vida eterna y negar la continuación de la vida de los individuos, es la negación de la vida eterna, aunque se confiese de palabra (que es un absurdo) porque es negar con el ejemplo, todo lo que se confiesa y nos muestra la naturaleza, que lo palpamos, lo gustamos y lo vivimos.

Pero estos absurdos, sólo son propios de los cobardes llenos de pasiones impuras, más aún que ignorantes; pues sabios hay y grandes, que por no renunciar al goce de la materia se empeñan a sabiendas en negar la continuidad de la vida individual, y saben que mienten, pero no quieren reconocer que están equivocados y ahogan la voz de su espíritu cuando éste no es copartícipe con su alma y su cuerpo. Es este el momento terrible de la lucha entre seres que formaron una grey en discordia con los cuerdos que sostienen la continuidad de la vida y caen en guerras clandestinas y fratricidas como las que aun se están librando en la tierra cuando escribo estas verdades para los hijos de la comuna.

Y resulta de estas negaciones que por disfrutar de la materia, no la disfrutan, porque tienen que conquistar en lucha y fuera de ley lo que la ley les ofrece en amor y por deber, para la continuación de la belleza y progreso de la materia misma, que es lo que al espíritu le manda la ley, eternamente.

Lo que hay es que, como los hombres sólo han concedido vida al cuerpo y ésta han dicho que es la sangre, y cuando la conceden al alma, dicen también que el alma es la sangre, resulta que cuando el espíritu corta en justicia su lazo vivificador a aquel cuerpo de que se vistió para una de las partes de la obra que debe ejecutar, la sangre se paraliza; y como ésta, en el cuerpo humano, es lo que el éter en el Universo, el fundente de los actos y las formas, cuando le falta el calor del espíritu, no puede funcionar, porque le falta el impulsor que originaba sus movimientos y el corazón cierra sus válvulas, como lo haría cualquier máquina a la que se le cortase el vapor o la electricidad que la mueven, quedando una masa inerte, pero no muerta, y que para moverse, necesita la impulsión de un agente, o factor que equilibre su fuerza estática; de la impulsión y repulsión de las dos fuerzas, nace necesariamente un movimiento que es la demostración de la vida y, por tanto, la vida misma. Luego la vida no está en la máquina está en la fuerza impulsora; el cuerpo del hombre es una máquina, y así la vida del cuerpo, sólo puede demostrarla el espíritu unido a ese cuerpo y así es.

Ahora bien; la continuidad de la vida, está demostrada en lo continuado del progreso, siempre en ascensión; y como ya sabéis que la vida es del espíritu y éste todo lo aprende y nada olvida, y en el bien y el mal, el espíritu obra cada vez con más refinamiento porque conoce cada vez más las causas, si el espíritu sólo viviera una vez en un mundo, ¿Que podría saber? ¿Qué podría hacer? ¿Como se resignaría al trabajo ningún hombre, viendo que otros no trabajan?

¿Por qué lucharía por un ideal, sabiendo que pronto acaba su existencia, sin ver el triunfo de sus batallas ni el fruto de sus trabajos?

Y, sin embargo, ni aun los negadores de la vida del espíritu se substraen a la inmortalidad de sus nombres, después de lo que llaman la muerte y procuran dejar hechos por los cuales son invocados por otros que llegan después; y aquí demuestran sin querer, que niegan con la palabra la supervivencia (que no otra cosa es la vida continuada), y en los hechos, no pueden substraerse a ésta.

Lo que no ha logrado ningún materialista es, rehacer aquel cuerpo que cayó por una ley que no quieren conocer; y, sin embargo, ellos mismos siguen evocándolo, sin que les conteste la lengua de aquel cuerpo.

¿Por qué hacen eso, que de ser verdad lo que sostienen de la nulidad del ser después de esa muerte, les haría, ante la conciencia de todos ser locos o extraviados, tratándolos benévolamente?

No otra cosa son que extraviados efectivamente; pero con sus extravíos confiesan lo que niegan con la palabra: quieren que viva continuamente, eternamente; y, en efecto vive y continúa el trabajo, porque la ley se impone y hace que la confiese el mismo que la niega y, obedecen como corderillos, sin darse cuenta… y afirmando más a los que estudian, comprenden y confiesan, que la vida es continuada y eterna; y como la vida es el espíritu, a este lo evoca y responde, porque siempre vive: y eternamente continuará viviendo, en sí y en el Creador.