PREFACIO

Este mandato es eterno: sencillo en su pronunciación: pero muy difícil en su cumplimiento hasta hoy. Mas no le será difícil al hombre de la ''Comuna", porque desaparecerán las causas que hicieron a los hombres engañarse unos a otros y a sí mismos, durante los seis días tristes y terribles pasados en la opresión.

Aún no puede ser este libro, primero que se escribe para la educación general del niño y del hombre en el santo día séptimo y de amor comunal, limpio de inmundicias pasadas (para las generaciones dichosas que han de gozar del beneficio de nuestros -sufrimientos y sacrificios espirituales y materiales) pero no son pasadas esas inmundicias aún en el día que se da comienzo en este libro; sino que nos encontramos en el trance terrible del desenlace de la secular lucha del bien y del mal y la historia, les dirá a los hijos de la comuna, que aún suenan los sonidos mortíferos de los cañones destructores de las generaciones, mientras el temido de los hombres, escribe los principios de amor, de regeneración y de Redención definitiva, de un mundo, que su masa está agonizando, tísico de tanto sufrimiento y ahogado por la asfixia de tanta sangre que los hombres han derramado en hechos de fieras.

Mas es de necesidad, que en este libro (pauta de la pedagogía del día de la comuna) vea en sus páginas el pasado triste y terrible que hemos tenido, en el que todos hemos sido autores y vea las causas que nos obligaron a la lucha titánica a los misioneros que no hemos disfrutado de la beatitud de los goces de la materia que la ignorancia da a los hombres, cuando no conocen el fin de la creación y el papel principal del Espíritu en ésta.

De ese conocimiento de las luchas tremendas sostenidas, hasta llegar al disfrute de la verdadera comuna, con toda la luz del amor por emblema para el trabajo, del que disfruta por igual en sus beneficios; y con un solo nombre en la adoración del gran Eloí, único autor del universo, podrá apreciar en todo su valor el bien, hasta que por la sabiduría pueda olvidar el mal, hasta en el nombre, aunque de hecho no sentirá, porque entre ellos, ya no existirá.

Pero es de necesidad que lo recuerden en sus materias, para que de este recuerdo, sepan que hay humanidades que se encuentran en esas luchas, que ellos, ya, sólo por la historia saben y este recuerdo les lleve en espíritu a ayudar a aquellas humanidades en aquellos mundos, donde luchan como nosotros hemos luchado, siendo en estas luchas causa y efecto, por la ignorancia; único mal que existe y que lo hemos combatido los misioneros, con la sabiduría, única fuerza omnipotente, porque es el atributo del único creador, Eloí; cuyo dogma único que tiene para todo el universo es el Amor y nos lo da a entender, en el único credo para toda la familia infinita, en el espiritismo; porque este nombre, indica todas las leyes del infinito y representa, desde la entidad Espíritu libre o encarnado, hasta la comunión universal de todos los espíritus, hijos del Sólo Autor, que lo demuestran en la vida continuada y la creación continuada y eterna; por lo que, el decir espíritu, es lo mismo que decir, sabiduría y amor, que es la personificación del Creador, que en el infinito se llama Eloí, que expresa y reasume la suma e increada sabiduría, de cuya fuente se alimentan todos los espíritus infinitos por la única ley, en la mas justa igualdad: por lo que, Eloí es común a todos, y por tanto, los mundos y el infinito, es común a cada espíritu; y todo es y depende exclusivamente, de Eloí.

¡Oh Padre mío!... ¡Cómo se ensancha mi espíritu con estas declaraciones! ¡Cómo se agranda mi amor y cómo mi corazón de hombre late satisfecho, al poder estampar estos principios, en el libro que las generaciones de luz han de estudiar bajo la luz de mi credencial! ¡Gracias Padre mío; por fin, llega el Legislador a gozar la paz en el espíritu, porque sabe, que sus hermanos tus hijos, ya te comprenderán en tus leyes inmutables, "cuando habrás redimido sin dinero al que fue vendido y esta esclavizado sin precio" como dijo Isaías.

¡Espíritu de Verdad, hermano y maestro amado! Poco ha me dijiste: "Aún mucho nos queda que hacer; aún no hemos escrito nada de la educación del niño y de la madre" Ya doy comienzo y te reclamo la inspiración que no me puedes negar; porque si yo pongo mi mano, tuya es la obra en un todo, porque tú eres el director; no es tampoco ajena la cosmogonía, porque, ya, la obra de la tierra es común, por la solidaridad a la que felizmente pudimos arribar por el Juicio de mayoría y oiré como siempre gustoso, la inspiración de los maestros y hermanos.

¡Humanidad de la tierra! Estudia con ahínco en esta pauta, pues, ella es producto de la experiencia y es Espíritu de la letra del "Código de amor" y de la "filosofía" que se te da y de mi estudio de buscar el asiento del Dios Amor: Y si tú adelantas, se da por satisfecho el Misionero.

Joaquín Trincado.