Capitulo Ocho
La Sociedad.

Párrafo I
La Sociedad dividida en clases es un absurdo.

"Dios uno, Creador universal, no tiene principio; es eterno; los hombres son sus hijos y él su herencia".

Esta cláusula, primera del testamento de Abraham, es bastante, sin mas filosofías, para anular todas las clases que se han hecho en la tierra por los suprematicos, que están representados en otra cláusula del mismo documento, que dice: "Y como dan placer a la carne, lo toman los hombres que son de carne y no ven a Adán, que parece ángel". Y en otro lugar del mismo testamento, dice Hellí a Abraham: "Y mis hijos, negros de 'hollín, que demonios llamáis, enseñan a los hombres de la carne, (que son mis hijos) los deleites y los placeres y los males de matar y creen, porque no ven la luz de Hellí, que son dioses ; y la lucha es y el mal es y los sufrimientos es lo que les pagan".

Ya lo veis; todos sin excepción somos hijos del Creador, Padre Universal, y Él es la herencia de todos; no hay singularidad para nadie, y ni para mi, que como Juez de su causa me envió y dar la máxima ley como no la hubo para la aparición en la tierra en las mágicas bolsitas y como no hay singularidad en el nacimiento del monarca, como en otro cualquier individuo, aunque sea el pordiosero; como no hay diferencia en la muerte de nadie, porque la ley es una, inmutable é inflexible.

Pero..."Y como dan placer a la carne, los toman los hombres que son de carne y no ven a Adán, que parece ángel"; así es que. los que dan placer, los encastillados de la sociedad, son los suprematicos de las religiones, porque ya hemos probado que sólo viven de y para la materia, que es la carne, y los que les siguen y los que por ellos son investidos, son como ellos hijos y esclavos de la carne y son los únicos "demonios" que ha habido y no de los infiernos que no existen, sino en la tierra, como lo afirma el mismo Hellí por el espíritu que habló a Abraham, cuando dice "Y mis hijos, negros de hollín que demonios llamáis, enseñan a los hombres de la carne, que son mis hijos, los deleites y los placeres y los males de matar y creen que son Dioses, porque no ven la luz de Hellí y la lucha es y el mal es y los sufrimientos es lo que les pagan".

¡Cómo se conocen las palabras del Padre, que a pesar de haberlo suplantado con toda malicia para ser Dios ellos, haciendo Dioses mitos, aún los llama hijos y no hace excepción de nadie. Solo puede ser así el Dios de Amor que os da el Juez en éste Código, y el Padre; quiere ya ser conocido, porque se ha cumplido su promesa que esta en el mismo testamento de Abraham cuando dice: "Y los siglos serán treinta y seis, desde que escribiré mi ley hasta que la tierra la sabrá"."Y de este siglo mis hijos serán de luz, porque verán la luz de su Padre que les darán mis espíritus".

Contad desde que Moisés recibió la ley del Sinaí y el tiempo se ha cumplido; vino el Espíritu de Verdad y con él el Juez de vivos y muertos y todos los espíritus de Padre, y, por lo tanto, dieron la luz de la verdad y ya en la tierra no tiene cabida la tiniebla, que es el hollín del alma de que habla el Padre; esto justifica el juicio final, celebrado y la expulsión de la tierra de los malos trabajadores; y ya que sabéis que estáis sentenciados y que con el paso de tres generaciones el amor será la ley en la tierra y por él la felicidad de la humanidad, porque todos se reconocerán con el titulo único y verdadero que existe: "hermano"; pero esto no podría ser sin la Comuna, en la que todos son iguales en derechos y obligaciones, en trabajo y usufructo. Voy, por esto, a estudiar un momento sobre la actual sociedad, a fin de que podáis ganaros continuar en la tierra cultivando las flores y sazonando los frutos como expertos jardineros; de lo contrario, iréis al bosque que es tierra más dura, donde los sufrimientos os enseñarán a cultivar flore que, al fin, den fruto sazonado.

Por de pronto, saber que la sociedad, tal cual está constituida, es contraria a la voluntad del Creador porque es opuesta a sus divinas e inmutables leyes; y que, por la maldad de los hombres, la ley de igualdad ha sido desconocida, ultrajada y hasta borrada de las conciencias; y como el Padre no se deja burlar y sus hijos han de cumplir su voluntad, se ha dejado sentir con todo su peso en la ley de justicia, haciendo que cuantas veces delinquen vuelvan a la tierra y sufran las consecuencia de sus faltas anteriores, haciéndoles ver antes en el espacio sus faltas y el medio de corregirlas.

El espíritu ve claro en su archivo (si está en la luz) y no ve claro (si su orgullo le ciega). En el primer caso, viene decidido a la lucha en el trabajo; en el segundo, vine ciego y mas se cegará en cuanto se encierre en la materia; pero a estos últimos, generalmente, les es impuesta la reencarnación, para que el ejemplo de los luchadores, de los trabajadores, los despierte.

Los primeros son sabios y trabajadores de voluntad y militaron (según su propósito) en las hoy llamadas clases obreras que comprenden desde el labriego hasta el hombre de ciencia con todas las artes, las industrias y el comercio; los segundos vienen en odio y despecho y componen siempre la clases parásitas y quieren vivir la vida de la materia, vida animal, vida de predominio; son los que ponen el desconcierto, por la religión, las leyes opresoras, el fanatismo de religión y de la patria y son, en fin, los acaparadores de todo lo material y jamás se satisfacen, porque la concupiscencia se les despierta cada vez más, en castigo a su destemplanza y desmedida.

Estos son sabios en el vicio, la maldad y son los que han hecho las clases y las razas; pero son absolutamente ignorantes en las leyes divinas y naturales y hasta en las mismas de la materia, aunque es su único Dios; pero como tienen el odio al progreso acapararon por la fuerza desde el principio de las religiones, los productos de los trabajadores, sólo estudian por la ciencia de otros, pero de atrás y se oponen al progreso que cada nueva generación trae, y en otra, existencia aceptarán lo que en el presente rechazaron, y así, son la rémora siempre del progreso de los trabajadores, no sabiendo mas que lo que otros han estudiado; y esto, desfigurado, mistificado a su conveniencia; pero aun contra su voluntad, se tienen que ilustrar; pero en esto se debe ver la fuerza del progreso, que al fin nadie, ni por voluntad de ser siempre ignorante, puede serlo; Si no que es empujado por la inexorable ley de justicia, que al fin triunfa y será sabio.

Pero han causado gravísimos prejuicios a sus semejantes, a los trabajadores de voluntad; y cuando al fin estos son mayoría, se impone la Ley de Amor, que es la de los trabajadores y llega la liquidación de cuentas y cada uno debe saldar las suyas y acatar la voluntad de la mayoría, sin coartar en lo más mínimo, la libertad de acción ni su voluntad; y este momento llegó y la liquidación fue en el juicio final, contenido en el testamento de Abraham y anunciado por Jesús, con el advenimiento del Espíritu de Verdad.

Aquí los suprematicos y esas mal llamadas clases privilegiadas, altas o aristocráticas, que al fin, con honrosas excepciones son autócratas y desnaturalizados, a las que Juan llamó y llama "raza de víboras"; dirán que hay imposición y, por lo tanto, se coarta el libre albedrío.

Esto mismo alegaron los espíritus "negros de hollín" ante mí el día del juicio, y por cierto que estaban bien representados y por todos hablaba el déspota espíritu del que fue el papa Inocencio III, que más soez no puede haber y que solo el poder que el Padre dio al tribunal pudo librarlo de sus iras (1); pero, como dije a aquel energúmeno os digo: "Que todos tenemos el libre albedrío, pero somos responsables de nuestros actos y del daño causado a otros"; por lo que el libre albedrío es para el bien y no para el mal. No podemos causar daño a otro; pero sí el libre albedrío podéis ejercerlo en el mal sin causar daño ni escándalo material y moral a nadie, sólo seréis responsables por vuestro retraso; pero sabed que eso es más difícil que hacer pasar un camello por el ojo de una aguja de bordar en seda (hablando materialmente), pues no habéis de interpretar esto como lo habéis interpretado en el dicho de Jesús; y si esto es tan difícil que llega a lo imposible, así es el libre albedrío en el mal sin ocasionar daño moral o material a sus semejantes.

Cómo se ha llegado a dividir la humanidad en clases, lo hemos estudiado en su causa, que no es mas que religión, de la cual los poderes públicos civiles son feudos conscientes o inconscientemente; probé que no existe familia en amor y de esta afirmación resulta la nueva afirmación de que no existe sociedad, porque no puede existir formada por elementos heterogéneos y que están en pugna unos individuos con otros, porque no hay igualdad; y porque no hay igualdad, no puede haber unidad; no habiendo unidad, no puede haber justicia, y no habiendo justicia, no puede haber amor.

Sólo en la unidad de pensamiento, de miras, de justicia y de obras puede existir sociedad; y como no existe ninguna de estas cualidades indispensables para que haya sociedad constituida, la sociedad no existe; sólo existe la supremacía, la fuerza bruta, la falsedad, el engaño y la injusticia, y por esto es nuestro mundo una jaula de fieras donde se destrozan las unas a las otras y donde se devora al que quiere domesticarlas, como paso a Juan y Jesús y muchos otros antes y después de ellos.

La sociedad de hoy es menos fiera que antes, porque los domadores son mucho mas, pues son todos los que protestan del atropello; pero las fieras son mas indomables, por traidoras; se encastillan y a mansalva dan el zarpazo siempre que tienen ocasión amparados en falsas leyes amasadas con la sangre de los corderos sacrificados; pero los pastores del rebaño descarriado por esos lobos eclesiásticos y civiles, y, mejor dicho, eclesiásticos sólo; porque casi todos los civiles, desde el juez hasta el jefe de estado y el monarca, son feudos del poder eclesiástico, o como se dice, jesuitas de levita. Afortunadamente, como estos sufren de cuando en cuando un arañazo de la fiera Iglesia y algún palo o pedrada del pastor o pastores que vienen a recoger el rebaño descarriado, que son los obreros; éstos están ya sin saber con quién quedarse, porque los suprematicos les humillan y les cobran, pero temen llegar al obrero, porque saben que lo han ofendido demasiado, aunque van admitiendo en las leyes alguno que otro articulo ante la imposición de la unidad del obrero y éste se calla un momento, cuyo momento es aprovechado por el lobo y comete un atropello de justicia y se queda con toda la ley para él.

El obrero protesta, se levanta en huelga ; pero se le engaña con falsas promesas y se le pone en pugna con el patrón a quien se le elevaron los derechos de producción y no puede satisfacer la justa petición del trabajador; y si consiguió un pequeño aumento, e le eleva el alquiler de la habitación, el precio del pan, la carne y todos los artículos de primera necesidad, hacer imposible la vida y quitarle los céntimos que consiguió en su protesta.

De todo esto se refrotan criminalmente las manos de satisfacción, primero, la Iglesia que no perdona la renta que le exige al estado por haberlo hecho estado y corromperlo y subyugarlo; segundo el estado con todos sus corifeos y pensionados; y tercero, la plutocracia o clases elevadas; tres clases absolutamente parásitas y derrochadoras del trabajo del obrero, que se nutren de sangre, porque sangre es el sudor del trabajador, y lo miran con desprecio sin darle entrada en los conciliábulos, que no otra cosa pueden llamarse los palacios de las leyes, y menos aún donde se amasan éstas leyes con la sombra y beneplácito del poder eclesiástico, que le paga con una bendición los millones que cobra y aún le otorga una indulgencia plenaria cuando barrió a la muchedumbre con una lluvia de plomo, porque pedían pan.

Pero aún hay más; la plutocracia y los suprematicos se apoderan en la clase trabajadora de los hombres de las ciencias por una migaja, a costa de toda su ciencia, aprovechando sus conocimientos y prejuiciándolos para que huyan del obrero, con el que deberían vivir y ser sus maestros, con los que serian en verdad grandes por su ciencia y pasan por pigmeos ante los suprematicos y plutócratas, con lo que logran hacerse odiosos del trabajador a cuya clase pertenece y donde conquistaría, seguramente, el título honorífico de maestro, teniendo en su mano en todo momento la fuerza del obrero, que es inexpugnable con una dirección lógica, y el hombre de ciencia seria lógico fuera del prejuicio y la imposición de la plutocracia; con cuyo yugo no sale el hombre de ciencia de un hombre mediocre y siempre discutido con sus mismos fundamentos, y el obrero lo mira displicente y lo cuenta entre sus enemigos, siendo así que debería ser su maestro y juntos triunfarían del despotismo que subyuga a todos y en vez de pedir un articulo en la ley que a regañadientes se les concede, para al momento crear otro que anula en su eficacia al concedido; cuando unidos el trabajo y la ciencia, seria la ciencia y el obrero el que impusiera leyes acertadas sin odio, porque la ciencia no odia; porque el obrero es noble y no odia, y el concierto, daría por resultado el bienestar de todos. Claro esta que esto nos lleva a anular las clases y matar las supremacías; y es por esto que los estados llamados gobiernos, a costa de sangre, pero no suya, cohíben la acción del obrero y maniatan al hombre de ciencia que vive muriendo porque está prejuiciado con su clase media, que no le permite rebajarse a la sencillez del obrero ni puede subir al rango de la plutocracia, y eso es estar aislado y el aislamiento, es vivir muriendo.

Los gobiernos y la plutocracia, no pueden pasar sin la cooperación de esa clase media que llaman, en la que están todas las conciencias de progreso; y los ganan con una migaja de su banquete, con un empleo, tal vez a uno entre cien mil, y se aprovecha su conciencia para anularlo a él mismo, puesto que se anula y se fraguan leyes contra la clase a que pertenece; y si éste se mostrase invulnerable, la intriga caerá sobre él y se le envuelve en un proceso, de cuyo delito fue máquina inconsciente y ya es inhabilitado el hombre con su misma conciencia.

De esto tenemos muchos ejemplos y es bien merecido, porque la ciencia, bien cultivada, engendra virtud, y la ciencia y la virtud, ejercida en la mayoría que es el obrero, es la fuerza moral y material y el hombre de ciencia sería virtuoso y fuerte, el que hoy no es ni lo uno ni lo otro por su culpa; porque se dejó prejuiciar por la religión y la plutocracia, y si consigue evadir su influjo, se encastilla en su orgullo mal entendido y se aleja del obrero, porque se cree clase superior y no es tal, si no igual, desde que tiene que manejar útiles y herramientas y esto es ser obrero y, por lo tanto, es de su clase; pero se condenan al no ser, porque viven en el aislamiento y la vida consiste en la unidad de las fuerzas.

Ahora bien tenemos esbozadas las clases; vemos siempre, en fin, que el factor único es la supremacía; y que esta solo reside en las religiones, la que para su vida necesita de la desunión de la sociedad; es innegable que los poderes todos son feudos de todas las religiones, cualquiera que sea la del estado; forzoso es confesar que, aun dentro de esas mismas clases, hay miles de clases, tanto en la religión como en el estado y la plutocracia y que dentro de esas mismas clases de clases reina un odio a muerte, una envidia implacable, que se zahieren y se aniquilan, teniendo por norma la hipocresía mas cobarde e infame, pues sólo están unidos en un solo hecho; el del dominio de la clase inferior en fortuna, no en títulos por lo que resulta que la riqueza, o la apariencia de riqueza por el despilfarro, es el respetado entre esas clases, no importando que sea adquirida esa riqueza aunque sea del comercio de carne humana en los prostíbulos, como se podrían citar algunos casos; muchos, de secuestros y no pocos por el robo.

A toda esta. clase, se le llama altas clases, y ellas, son las que dominan por culpa de la que llaman clase media, que ya he dicho que la componen los hombres de ciencia, de cuyas clases altas son ellos mismos víctimas porque, prejuiciados, se odian y se vituperan entre ellos mismos y condenan a las ciencias a un fin, para el que no las han traído los espíritus de Luz.

Hay otro modo de triunfar la supremacía, y es la división del partido que bajo un ideal se forman; si es de ideas antirreligiosas, como de necesidad es que sean las ideas de progreso, lo primero es excomulgado por las religiones, aunque todos ellos sean religiosos; luego, los poderes feudos de la religión, los reprimen y procuran ganar a los más moderados; y ya tiene aquel partido dos partidos: derecha e izquierda; y rara vez están conformes con un mismo acuerdo, y en esas dos divisiones habrá pronto tantas como prohombres y se esteriliza la acción del principio. En esta política de división tiene sus armas la supremacía y la plutocracia para su triunfo, porque, de niños, prejuició la conciencia con el error y el odio y gravita sobre los hombres como pesada losa que solo un sacudimiento brusco y de esfuerzo supremo podrá derribar y descargar a la conciencia para ver su error.

De aquí que la sociedad, como hoy está constituida, no sea sociedad; y origina, necesariamente, todos los males que atrás quedan enumerados y de que sólo es causante la religión, que en realidad de verdad es el sólo estado que existe divorciado de toda la humanidad consciente, porque en su principio, en su medio y en su fin, es irracional, inmoral y criminal, porque no tiene por Dios al Dios de Amor.

Por tanto, no existe sociedad y hay que hacerla; para ello, doy la Ley de Amor con el régimen santo de la Comuna, donde no hay grandes ni pequeños, ricos ni pobres, y en la que la ley la da el plebiscito para todos sin excepción y la vida es en unidad y amor, y se habrán acabado las miserias y los delitos.

Termino este párrafo diciendo: que no ha existido ni existe sociedad y que no podrá nunca existir con la supremacía religiosa ni con la plutocracia en los gobiernos; y que, siendo éste el pecado original del mal de los hombres, queda decretado en los consejos del Padre la eliminación de las clases con sus causas originarias, y, por lo tanto, la sociedad perniciosa; debiendo, la humanidad, acatar este Código del Padre, que estará en plenitud de su imperio, con el paso de tres generaciones que quedan sentenciadas en justicia de amor.

(1) Léase 24 de Marzo de -1912 en la "Filosofía Universal"

Párrafo III
La División de Razas es Antinatural.

Con el predominio religioso nació también la división de razas, no solo en las diferentes partes en que han dividido al mundo, sino dentro del mismo continente donde más domino, siendo esta causa del desconocimiento universal.

La ignorancia de la mayoría de los hombres no es porque no sean aptos para ser hombres de ciencia y aun de sabiduría; si no porque la ignorancia es necesaria para el triunfo de la supremacía porque siendo ignorante la mayoría de la humanidad, pueden hacer las divisiones de clases y de partidos, para llegar a la división de razas, de lo que necesariamente nacería el odio de unos a otros; y nacería también de la división de razas dentro del mismo continente la falsa idea de patria; con todo lo cual lucharán los hombres del mismo continente que los dividen las rayas que llaman nacionales y aniquilan las fuerzas unos y otros; pero si amenaza una raza de otro continente se unirán los enemigos para batirlo y lo perseguirán ya hasta aniquilarlo en hombres y riqueza y, al fin, todo se consumió en humo y o se restituyen los millones de vidas que costó ¿Es esto sensatez? ¿Es esto civilización? Esto es peor que ser fieras; porque la fiera sólo sacrifica lo que ha menester de entre las fieras y lo come, por que ese es su instinto su ley; pero el hombre que lucha no como fiera, cuerpo a cuerpo, sino a traición y desde lejos y procurando rehuir el peligro, es un asesinato premeditado y sin provecho, porque lo que sacrifica no lo come como la fiera que lo hace para vivir; por lo que los hombres, en la guerra, se rebajan por muy bajo del nivel de los irracionales; esto son y no otra cosa los que llevan al pueblo a la guerra de clases y razas.

Hoy está en boga el estribillo de la civilización, para promover una guerra a cuyo resorte se agarran las naciones que quieren llamarse civilizadas y tiene en su seno la división de clases que hemos considerado, donde no se ve, no sólo civilización, pero ni siquiera ilustrada educación, y esta demostrado en que nadie se respeta en amor, y si acaso algo se respeta, es por temor o egoísmo.

No; la civilización no ha entrado aún más que en el obrero consciente; y este, inspirado, va paso a paso civilizando al compañero y hoy protesta ya del atropello y las guerras y mañana no irá a ellas y derrocara los poderes autócratas; pero antes quitará la causa primera, para cerciorarse de que la plutocracia tampoco es civilizada y tomará, no el poder, porque no es necesario poder, sino la dirección de sí mismo individual y colectivamente por el amor, y sólo esto es civilización.

Las razas no existen, aunque sean los hombres de diferente color o vivan en distinto hemisferio; en la tierra sólo hay dos familias hasta hoy y ya solo una existirá; la adámica, que trajo a la primitiva la luz y el progreso para llegar al amor como esta contenido en el testamento de Abraham.

Pero no vino la emigración adámica a destruir a la raza o fa milia primitiva, sino a salvarla; destruirla no es salvarla, como hacen las naciones que quieren pasar por civilizadoras. Adám y los suyos nacieron, y se multiplicaron en la familia primitiva, a la que iban infundiendo su ley y sabiduría; y esto es salvarla; pero la destrucción, lejos de civilizar, es oponerse a la armonía de la creación, que el Padre hizo en su infinita variedad.

¿Por qué la naturaleza nos enseñó el injerto para mejorar las especies? ¿Por qué en el reino animal, los zoólogos, estudian los cruces de las familias diversas para producir un tipo ideal? ¿Por que la hermosura a del jardín consiste en la mayor variedad y lozanía de las flores y las plantas? Si el reino vegetal tuviera un sólo árbol en calidad con un solo fruto, por grande que fuese su exhuberancia, ¿donde estaría la belleza y la armonía? Si el reino animal solo nos ofreciese un solo ser que para todo nos sirviera, ¿donde estaría su grandeza? ¿ Dónde nuestra admiración? ¿Dónde nuestra vida?.

Si el firmamento fuese todo un sol, aunque éste fuese infinito, ¿donde estaría la armonía ni la grandeza del Creador?.Todo esto seria horriblemente grande, pero terriblemente desconcertado; no seria obra digna del Padre Creador.

Pero, en cambio ¡qué grande se ve en su sabiduría y amor, en esa armonía en tan infinita variedad!.

La civilización sólo puede ser amor casi nadie ha llevado amor a las conquistas; y, por tanto, lo que hace es aniquilar destruir y esto no es civilizar; civilizar es educar la raza en el progreso sacándola de sus rutinas tratándola con amor y éste, desinteresado.

Las razas no son ningunas inferiores a las otra y todas han tenido un ala de esplendor y la consiguiente decadencia; pero ha sido debido siempre a imposición religiosa, al fanatismo de patria y a la ignorancia principalmente en que todas las religiones han mantenido al pueblo, y en vano buscaremos en China, en Egipto, en la Grecia, en Roma ni en Europa que hoy canta civilización, centros ni leyes que enseñen al pueblo ciencia y sabiduría; meros aún amor, que es la verdadera civilización; si esto no lo encontramos, ¿donde está la civilización? Aún se da un caso muy curioso que demuestra el animo civilizador que lleva a las naciones a civilizar a otros hombres, y es que llevan ejércitos compuestos de otros hombres más bárbaros que los que se quiere dominar y se les saca de las selvas para armarlos en guerreros; esto el mundo le sabe, que lo han hecho las naciones que mas alto gritan civilización; lo que demuestra esto es, que no hay tal intención de civilizar, sino de exterminar para aprovecharse del trabajo realizado por los sometidos y exterminarlos, lo que siempre es un robo legalizado por la fuerza y consentido por otras naciones también civilizadas, que pronto buscará otra víctima y será consentido aquel mismo crimen por la que antes lo cometió.

No; esto no es civilizar; esto es asesinar a la humanidad, con premio al crimen; y es mas digno de respeto el que llamáis cafre que vosotros que cantáis civilización y la justicia del Padre será inexorable con vosotros no aprovechando en nada el producto de vuestro delito de lesa humanidad y veréis impotentes desmoronarse vuestros castillos de orgullo y sucumbiréis a la ley que provocáis.

Todo ser, en la tierra, tiene su misión y el Padre ha creado con el mismo amor al negro y al blanco, al rey y al barrendero, y ninguno ha nacido de diferente manera que el otro; y, todos, en curso. de las múltiples existencias, hemos sido blancos, negros, chinos y de todos los continentes y ejercido y vivido en todos los rangos sociales, y por esto llegó la hora del conocimiento de las causas del desconcierto y el Padre decretó quitarlas para establecer la unidad.

En vano será que intentéis sustraeros; el obrero ha renegado de nacionalidades y religiones; su patria es universal; en todas partes ha hecho solidaridad y mañana ninguno os servirá para empuñar las armas fraticidas, pero las empuñara una vez, si lo provocáis, para daros el castigo que merecéis; esto consiste en vosotros; porque el obrero quiere paz y amor, trabajo y el bienestar que éste dá; los derechos sin supremacías y sin injusticias en la mas estricta igualdad. Esto es lo que se le conseja al obrero por los hombres de misión por los espíritus; y esto hace el obrero, por que ya es sabio en la solidaridad y el amor, por lo que, el Padre, esta a su defensa con todas las leyes de la naturaleza, las que se pondrán en movimiento si provocarais la justicia.

Amar vosotros al obrero y al hombre como a vosotros mismos universalmente y mereceréis el amparo que seguramente necesitaréis.

Esta es la ley: Amor.

La Criminología: sus causas.

El crimen no existe en los mundos superiores a la tierra, donde el amor es ley y la Comuna el régimen. En la tierra y mundos inferiores existe el crimen por la ignorancia y porque existen religiones; y aumentó el crimen en nuestro mundo cuando la religión católica toma incremento, hasta el punto que en los códigos anteriores a la preponderancia de esta religión no había penas ni sentencias para el parricidio; "porque no se comprendía (dicen los comentaristas) que un hijo pudiese matar a su padre o a su madre".

En verdad que el legislador romano de aquel entonces se asustaría hoy, al ver el parricidio convertido en un crimen vulgar, y demuestra esto que, 24 siglos de tiempo, pasados la mayor parte en la dominación de un imperio religioso, solo han servido para matar el amor, que ya nacía entonces; y que se hubiera arraigado al no haber nacido esta apócrifa religión, en que hay pontífices que han asesinado a su madre después de compartir el lecho con ella, y otros, hecho vida marital escandalosamente con su hija y estuprado a otra, asesinando también a la madre de esta y esposa del pontífice. Rodrigo Borgia Alejandro VI.

Estos ejemplos necesariamente han de entrar en la humanidad, cuando saben que los que quieren pasar por ministros de su Dios comenten esos salvajismos; y es el caso que, donde más predomina la religión católica, los crímenes son mas y más horrendos que en los dominios de otras religiones; y, por lo tanto, la primera causa del crimen está en las religiones. La segunda causa está en el despotismo de los gobiernos; pero ya hemos probado que estos son feudos de las religiones, y, por lo tanto, la segunda causa es la religión

La tercera causa es la mala organización social, que exaspera por sus prerrogativas y porque se odian entre las clases de sus clases y porque el vicio y la corrupción están en ellos con mas intensidad, porque están apoyados por la ley hecha a su placer; pero más que todo, porque entre ellos vive el sacerdote célibe que se traga con la vista las formas de la descocada dama, que suelen llevar el pudor de los codos a las manos y al desnudo todo lo más provocativo; y como esta envenenada por el confesor y unida por la conveniencia a un hombre que no ama, y en su pecho se ha sembrado mala semilla, los vahos del festín y el no tener nada que hacer, se entregan a la pasión del que la absuelve y al provocado rival del esposo y se fragua y se comete el crimen en todo su horror; se tramitan duelos (que luego estudiaremos), y aquí la causa es la educación errada; la ley egoísta, la clase rival de la misma clase por el orgullo; pero como todo esto es hijo de la supremacía religiosa, la religión es la causa de estos crímenes.

La cuarta causa de los crímenes (es cierto más numerosos y más vulgares) es la ignorancia. ¿Y quien tiene la culpa de la ignorancia más que la sociedad? ¿Y quien ha dividido la sociedad en clases enemigas más, que la religión?. Luego, la cuarta causa de los crímenes, es la religión.

La quinta causa del crimen es la más dolorosa, porque en ella entra el aborto y el infanticidio; y como esto ya lo hemos expuesto cuando estudié los vicios y los prostíbulos y su causa es el celibato, la quinta causa del crimen es la religión.

Hay una sexta causa por la que se cometen crímenes, y es la locura o perturbación de las facultades; y la locura también es un crimen; y como esto, en general, es provocado por la pobreza, la pasión y la ignorancia, y esto es ocasionado como ya está probado y se probará más al tratar de la propiedad, que de todo eso es causa la religión, la religión es, pues, causa de estos crímenes como de los anteriores.

¿Quién fundamentara razones para rebatir éstas verdades? Nadie, puede hacerlo; ni los mismos pontífices; porque ellos van a la cabeza, en el consejo y la acción; pero resulta que los poderes, o gobiernos, cargan con la responsabilidad de la organización social y tiene, por lo tanto, la responsabilidad moral y material de todo el desbarajuste que ocasiona la imposición de la religión; pero como es un juego sucio, en el que no se pueden acusar el uno al otro, porque los dos han delinquido y uno solo es el perjudicado, el pueblo, el llamado pueblo trabajador, los dos criminales se callan, para que del escándalo no brote la ira popular y los aplaste como reptiles venenosos y pestilentes. Pero no temáis por vuestras personas, ni el uno ni el otro; os lo asegura el Juez que os acusa a los dos a la ves en nombre del pueblo. Más si no confesáis que estáis equivocados; si aun provocáis, os suicidáis vosotros mismos, y el pueblo que os abriría los brazos en amor, pero que os señalará el trabajo como ley, sí le decís... ¡Pueblo! ¡Nos hemos equivocado!, Os arrastrara en justicia y no será responsable, porque se le ordena amar y amor demuestra; el odio es vuestro y a cualquiera le es lícito aplastar la cabeza a la víbora que lo quiere envenenar y aun en vuestros códigos habéis sentado que la defensa propia es justa y el pueblo tiene derecho a defenderse.

Ya os lo dije: sed vírgenes prudentes y salir al camino con el candil encendido y aceite para alimentarlo, porque el esposo llega y se irá con las esposas que sepan complacerlo y desechará a las imprudentes.

Voy a estudiar un momento sobre lo anterior porque hay algo interesante que conocer y que pasa a la ciencia y a los jueces desapercibido, no quieren entenderlo de propio intento. No es muy fácil ser juez y sentenciar, porque los jueces están regidos por el código, como los confesores por la "Llave de oro" y otras letras; pero unos y otros cometen el error, apoyados en las letras sancionadas por cometedores de delitos que idearon artículos y más artículos en su favor y para sembrar confusión y buscar el descargo de sus culpas; pero esto lo aclararé en el párrafo de los tribunales y los jueces.

Donde quiero fijarme aquí es en los abortos, infanticidios y casos de locura; por lo que se refiere a los crímenes vulgares estaría sentenciado, cargando la pena de los que los cometen a los causantes; empezando de los pontífices hasta el último sacristán y desde el monarca o presidente hasta el último vigilante, y desde el general al soldado raso y seria verdadera justicia; porque, el crimen, debe pagarlo él que es causa de que se cometa.

Y no es que los que voy a estudiar no tuvieran que pagarlos ellos también, sino que aparecerán otros culpables de esos otros crímenes; yo soy justo, en hacer cargos aún contra mí mismo; y así nadie se ofenda del estudio recto, porque la verdad es amarga, pero cura como buena medicina.

El goce de la carne es una ley natural; pero es también una ley primordial para la procreación. Todos comen de la fruta; pero todos los que acuso rehuyen pagar la fruta al jardinero; pero en especial, el hombre libertino que bebe el amor de la mujer y la abandona por no pagar los vidrios rotos que el patriarcado le impone. La joven que fue seducida, o la esposa que burló al esposo, siente en sus entrañas el aviso del nuevo ser; y como se le ha prejuiciado de un deshonor, mal aconsejada, atenta contra la vida de aquel ser por todos los medios. Consulta al doctor, a la comadrona, o al boticario, o la adivina; y entre ellos encuentra un criminal que por unos centavos deshacen aquel ser que es obra de la ley suprema del Creador y quedan impunes en el 90% de los casos.

Aquí hay muchos cómplices, pero hay un asesino; es el que dio la droga o el doctor que hizo el raspaje, fingiendo una operación necesaria. De estos casos suceden a millares hasta en matrimonio, "porque se aumenta demasiado la familia, dicen, y ya no se puede atender por la carestía de la vida". ¿Quién es culpable de todo esto? Sí la mujer, después

de ser fecundada no fue abandonada, es seguro que no atentaría contra lo que concibió; y si no hubiera adivinas, ni boticarios, ni comadronas ni doctores sin alma y sin conciencia, se provocaría la muerte de aquel feto; estos desnaturalizados deben ser metidos en una jaula y expuestos en el parque zoológico en un día solemne y bastaría la pena; pero como todos estos (menos la adivina) pagan patente al gobierno y es su profesión, no son perseguidos; y si lo son, tienen mil tarjetas de recomendación de otros criminales más altos que hacen sombra al Juez; y quizás, y sin quizás la imposición será por el mismo

Padre. Esto pasa y esto no es justicia, sino injusticia sobre injusticia; pero, en cambio, es descubierta la pobre sirvienta que tuvo comercio con el patrón (que es muy general) y esta es cantada por el gacetillero, de "madre desalmada" y pedirá castigo ejemplar. ¿Y el seductor no es culpable? ¿Y el estado no es culpable? ¿Y la sociedad no es culpable? ¿Qué educación recibió aquella mujer? ¿Quién la perjudicó en el honor que le obliga a cometer el crimen?

El castigo de estos hechos lo merece toda la sociedad; castigar a uno sólo, es injusticia; el menos culpable aquí es el que cometió el hecho: la madre. Más si se le separa de la sociedad, se comete crimen mayor y se coarta a la justicia divina que busca la ocasión para que aquélla mujer cumpla con la ley y dé vida aquel ser, que es como únicamente se le paga al Padre, porque él ha sentenciado en justicia y verdad diciendo: "Si odias, tendrás que amar". "Si matas, al muerto resucitarás con tus besos". Y solo así se puede pagar esa deuda sagrada.

¡Oh, sociedad! ¡Oh, jueces! ¿Sabéis estas leyes divinas? ¡De que otro modo sentenciarías si las supierais!. Pero vuestra misión (hoy desgraciada) puede ser grande con este Código. Educar, dar ejemplos de virtud. Amar. He ahí vuestra misión y el mundo se regenerará; mas ya sé que predicaros a vosotros es predicar en desierto, porque de más arriba viene vuestra acción; pero sois así y todo responsables, porque, si tenéis conciencia y sabéis que es irracional y antinatural vuestra sentencia, no sirváis, que el campo es grande y le hacen falta brazos para trabajar y allí podéis ser buenos obreros y dar beneficios a la humanidad y gloria al Padre Amor; y vosotros, todos los que cooperáis a quebrantar la sagrada ley de procreación, ¡temblad por vosotros mismos!, porque la justicia del Padre será inexorable y en el mundo primitivo os serán arrancadas las entrañas más de una vez por animales carnívoros y sabréis al fin, por el remordimiento de la conciencia, lo miserable de vuestras acciones de hoy.

Otro punto interesante es la locura, enajenación o pérdida de las facultades, donde hay hechos horripilantes que no se pueden castigar porque no es responsable de sus actos; pero yo os digo que hay responsables y es la ciencia antropológica que no entiende ni palabra de psiquis espiritual y que es precisamente la faltad de desarrollo de facultades espirituales en el alma, por falta de educación moral y ambiente propicio que el espíritu debió encontrar; y como sólo encontró la falsedad, el error y aún la persecución personal por parte de la religión, de los poderes y de la ciencia médica, que se ha aferrado a la matera por imposición de la religión, que no ignora que ésta, viene para darle el mentís y hundirla para no levantarse más, ha monopolizado y prejuiciado todo, además de que la ciencia medica ya es de por si materialista; pero cederá quiera y no, y si quiere ser ciencia, aceptará la parte espiritual que le pertenece, o nunca será ciencia y siempre erraría. Por esto esa ciencia será entregada a hombres facultativos en la psiquis espiritual.

Quieren estudiar a un loco y son ellos mucho más locos por aberración y prejuicios que el enfermo, en la mayoría de los casos; han hecho mil autopsias al cadáver de un demente pretendiendo encontrar en el cerebro la causa de la locura o de la enajenación y nada; su cerebro no ofrece nada anormal y un solo caso deberla haber bastado para encaminarse por otro sendero, pero sería confesar lo que no quiere confesar ni tragar; antes se ahogarán que tragar la píldora de la verdad espiritista, porque no han podido comprobar con medios materiales; si es espiritual, ¿cómo queréis sujetarla a la materia?. Pero habéis visto fenómenos que no los puede producir la materia, y que, si se han producido, una causa hay; y esto basta al sabio para salirse de la materia ahondar en su alma en sí mismo encontrará la causa y estará en camino; pero no importa; yo he proclamado axioma al espiritismo, porque el espíritu es el Creador y este es axioma.

El espiritismo (queráis o no queráis) establece su reinado por que es luz, verdad y amor, y por se llega a la sabiduría del Padre, demostrando en que, el espiritismo es su gobierno.

El espíritu, al reencarnar con facultades medianímicas, cuenta con que debe encontrar el medio ambiente a propósito para su desarrollo; llega a la edad en que debe desarrollarse y el ambiente le es contrario por la presión, el prejuicio y la ignorancia en que se le ha obligado a su persona y ve su prueba perdida; si no tiene grandes virtudes o bien sentado progreso, se exaspera y comete cuantos crímenes le vienen a la mano y la ciencia dice: "es irresponsable" tiene razón; la materia, en ese caso, como en todos los hechos es irresponsable pero el espíritu no es irresponsable ante su Padre y sus leyes y tiene que pagar aquellos vidrios; pero como la justicia humana no puede castigar al espíritu, dice bien ser irresponsable; pero sabed que en todos los hechos de la vida es lo mismo; el autor es el espíritu, el actor la materia y al castigar la materia cometéis una injusticia que habréis de pagar vosotros mismos en espíritu y materia. Pero en el caso de los hechos de la locura, la religión, la sociedad y la ciencia, son responsables por ellos, porque les han negado los medios de desarrollar sus facultades a sabiendas, porque nadie puede negar los hechos del espíritu, que son hechos naturales que la ciencia envuelve con el nombre de fenómenos y la religión con el de milagros, no siendo tales, ni menos misterio que no existe ninguno para el espíritu, mas que del axioma Creador en su ser sin formas, pero no en sus manifestaciones que son todas las formas y, por todas, la forma hombre.

Hay otra clase de locos; los materializados: estos son más incurables; pero son más responsables, porque generalmente se provocan ellos la perturbación, ya por las ambiciones, ya por un revés de fortuna o de familia los enajena, y estos, ante la creación y ante los hombres, son responsables de sus hechos; pero de todos modos, este delincuente, como todos, no lo sería sí el régimen fuese moral.

El castigo corporal es un crimen más que la sociedad se agrega al crimen de lesa humanidad que comete para todos con sus errores y ya sabéis donde está la fuente del error; en el prejuicio científico y religioso; en la autocracia de la religión y en la plutocracia gubernativa y social, a quienes el Juez desde este Código acusa al Padre y en su nombre condena al no ser a esas causas; mas no a los causantes; que son efecto; éstos seguirán viviendo y en los siglos se corregirán.

Moralizar la sociedad, empezando por moralizarse los poderes; matar la caridad hipócrita encubridora de la maldad de los que ejercen poderes y enseñar y dar todo por amor; pero no acaparéis lo que no os pertenece (y no os pertenece nada que no ganéis con el trabajo) y el crimen no existirá; porque el espíritu en plena libertad, llega siempre al centro de la luz de su Padre y allí rememora lo que la opacidad de la matera le cubre; y en su conocimiento se sobrepone a la materia y trabajan los dos al unísono, pero dirigiendo el espíritu a la materia, lo que hoy es al contrario, por los errores religiosos, científicos y sociales.

Ahí está la fuente del crimen, sobre todo de los contenidos en este párrafo, entre los que, el aborto y las malas artes para esquivar la procreación y al fin el infanticidio, es lo más horroroso que comete el hombre y la mujer; porque crimen de otra naturaleza, aunque contrario a la Ley de Amor, cuando no es premeditado, tiene muchas atenuantes; pero los descriptos en este párrafo son siempre premeditados y sobre seres indefensos y esto es propio sólo de fieras, y para ello han de estar atacadas de la hidrofobia, si no, no los cometerán esas mismas fieras; lo que quiere decir que la humanidad, en su desequilibrio ha llegado a ponerse por más bajo nivel que las fieras, y el mal esta solo en las religiones, cuyos individuos se desnaturalizan por sus votos que no pueden cumplir, porque la carne tiene su ley y esta ley es del Padre y oponerse a ella nadie puede; pero él prejuicio y la maldad les aviva para encubrir su mentida virtud.

No los acuso porque los célibes tomen lo que la ley de la carne les obliga; los acuso de que lo roban con deshonor y burlando la creencia que infunden y porque son los inventores de todo el mal que lamentamos; porque no se doblegan al trabajo único medio que puede moralizar y dar el bienestar a la humanidad; y como yo conozco bien al corazón humano, y sobre todo sé que los sacerdotes jamás se arrepintieron de sus hechos, el único medio que humanidad tiene para moralizarse es, enterrar para siempre las religiones y no atender ruegos s ni lloriqueos, porque ellos jamás perdonaron. "Juicio, pues, sin misericordia, a quién no usó de misericordia día" fue el lema del apóstol de España, y hoy que actúa como Juez, lo pone en práctica para curar la locura universal.

Párrafo IV
Los duelos y el suicidio.

La humanidad está más loca, hidrófoba, porque no ama; y su locura y fobia esta arraigada criminalmente en la destrucción de loa seres.

El duelo entre dos personas es un crimen premeditado radica en el odio escondido en los corazones.

El duelo, provocado por una frase hiriente, por un roce desagradable en el que se pide una reparación por las armas, hay criminales y cómplices y cometen el mismo delito los protagonistas y los padrinos.

Pero cuando el duelo es ocasionado por preferencia de las caricias de una mujer, se extiende el delito a una infinidad de personas y pone de manifiesto el error de la ley opresora y de conveniencia y la inmoralidad de la sociedad y las costumbres.

Un hombre, en una crítica mordaz, ya por escrito ya en un discurso. dice una palabra que (si entendiera de amor no la diría) ofende a la que le dirige el epíteto; y este, que habla de honor y no sabe de amor tampoco, le manda dos... caballeros, como llamáis en la sociedad mal constituida y por lo tanto prostituida, para que repare la falta y pide sangre que lave la mancha al difamador, que lo es aunque diga verdad, porque nos esta prohibido por la ley de Amor descubrir los defectos del hermano en particular. Se puede atacar a las causas y acusarlas y destruirlas en justicia pero nunca a los efectos de las causas, que son los hombres individualmente; por eso os digo; ¿Quién de vosotros es limpio de corazón? Y si ninguno es limpio de corazón y podéis ser acusados de una y muchas faltas, ¿con qué derecho acusáis al que no amáis? Y tú, que te crees ofendido por una palabra o un leve hecho, ¿porque has de premeditar el asesinato, si tu conducta puede ocasionar que otros muchos te puedan pedir esa misma reparación?.

El difamador, repito, en su sátira o provocación, ya ha medido sus probabilidades y piensa en quitarse un enemigo político o rival en amores, aunque sea el marido de su amante y ha premeditado el asesinato aun antes de lanzar la ofensa; pero quiere legalizar su crimen por lo que llamáis reglas de honor, para mayor baldón vuestro.

Pues bien; en cualquiera de los casos el duelo es un asesinato premeditado y son culpables el ofensor y el ofendido, los mediadores, la sociedad, los poderes y la religión, que sembró el odio y la venganza en vez de la tolerancia por el amor, porque el perdón no existe y seria una ofensa grave perdonar, el que cometió o puede cometer aquello que dice perdonar.

Mas la reparación no llega, aunque se batan; porque, en general, el comprometedor, como dije, ha meditado las probabilidades del triunfo; y sobre haberlo ofendido y lo derribará de una estocada o de un pistoletazo y se queda tan fresco como si hubiera matado un ratón y queda dueño del campo; quizás de los besos de la esposa del vencido y carga baldón sobre baldón. ¿Dónde está la reparación? Y aunque sucediera que el ofendido venciera al ofensor, ¿borrará la memoria de los que leyeron la acusación que originó el lance? La marcha a su conducta queda latente, con la agravante de un asesinato que le seguirá todos los momentos de su vida; y si fue ocasionado por los besos de su esposa, ésta no se los dará ya, porque en su corazón se habían gravado los del vencido, que quizás eran los que pertenecían a su alma por la ley de afinidad.

Ya veis el error en que vivís; ya veis de cuán distinta manera tenéis que pensar y cómo el odio sé abraga en vosotros con la hipocresía del honor.

Amar en verdad a vuestro hermano; acusar y derribar a las causas pero respetar las individualidades porque son efecto de causas que a todos afectan y todos tenéis él deber de defenderos del enemigo común, que es la causa.

El suicidio: Es otro efecto de las misas causas del error, del odio, del egoísmo y de la imposición y de la malicia; pero en general, es una pusilanimidad, una cobardía y siempre, como todos los crímenes del asesinato, se quebranta la justicia del Padre.

Hay algunos casos en que el suicidio es provocado por la maldad inaudita de un hombre o de varios que se ceban en destruir a un individuo moral o materialmente y aun las dos cosas a la vez y se le acorrala por todas partes y se le hostiga y se le hace imposible la vida y ve que no le queda mas camino que matar a su enemigo y morir el encerrado en la cárcel. Sabe que es responsable de la muerte de su enemigo y no quiere vivir aprisionado; sabe que, aunque pida auxilio a la justicia y aun siendo atendido por esta, no se librará de la persecución de los malignos que se han cebado en él; viendo lo imposible, se ofusca un momento y se despacha a así mismo.

Aquí hay un caso que puede ser hasta virtud, si el espíritu es consciente y con su sacrificio quiso evitar mayores males; pero debe una vida al Padre, que la tiene que pagar y son responsables de esa vida también sus causantes, que odiaron y tendrán que amar; mas en este caso, el menos responsable, el espíritu, sufrirá aquellos mismos horrores, porque no-tubo valor de arrostrar todo el tiempo que en la tierra le hubieran durado, porque en ningún caso, el hombre, puede disponer de su vida y todo lo que le pasa es justicia; y sí seriáis sabios, sabríais que eso mismo hicisteis antes sufrir vosotros. Los demás casos del suicidio entran en la ley del asesinato y representan siempre una cobardía para la lucha de la vida, si que también del bien que todo hombre tiene que reportar a la comunidad, porque ésta es la ley divina que te tenemos que cumplir queramos y no queramos, porque las leyes del Creador son inflexibles y tenemos que pagar hasta el último cornado de nuestras deudas al Padre y a sus hijos nuestros hermanos.

Es, pues, el duelo y el suicidio un asesinato premeditado, en el que son culpables todas las partes que actúan conocimiento o las provocan por sus imposiciones y errores, que es la raíz de estos hechos; y es la sociedad, los poderes y la religión los responsables que encienden en el odio y fomentan la ignorancia la en vez de la sabiduría y el amor, y os acuso por todos estos asesinatos que habéis de pagar al Padre, único señor de nuestro ser y propietario de la vida universal y de nuestras vidas corporales.

Párrafo V
Los tribunales y los jueces.

Los tribunales de justicia, en general, son lo contrario de lo que indican; pero son así porque son dependientes del poder religioso, y basta, para cerciorarse, ver constituido un tribunal, cuyo ritual, o ceremonias e insignias son los de la religión y los del poder feudo de las religiones.

Afortunadamente, de pocos años acá es libre el acuerdo de jurar o no; pero se le pide promesa de verdad y sabéis que Jesús decía y la ley de Moisés manda no jurar en vano, y en el tribunal (que necesariamente el reo ha de negar) se le pide juramento o promesa de decir verdad, con lo que se obliga a jurar mentira y entonces, el tribunal es de injusticia.

Se ha conseguido también en muchos países el tribunal por jurados y esto es un triunfo de la democracia; pero se ven tales absurdos, que causa lástima, y, al fin, prevalece la malicia de la ley.

Los tribunales que juzgan a los hombres por faltas que cometen o pueden cometer los mismos hombres que lo componen, no son tribunales de corrección, sino de exterminio, aun cuando no existiera la pena de muerte; y en la justicia divina están condenados esos tribunales donde se aniquila al delincuente, sin corregirlo, porque se le inutiliza para redimirse.

Pero lo que exalta al espíritu es la parcialidad que reina en esas instituciones inquisitoriales; porque allí solo se castiga al débil, al oprimido por todas las clases sociales; y si de vez en cuando se sienta en el banquillo un plutócrata, todo se modifica; es una formula, una parte mínima cuando a ese debería aplicársele todo el rigor de la ley, que los suyos y tal vez el mismo amaño para oprimir.

Si es una sotana el que ha sido acusado por la voz pública porque ha sido descubierto en uno de los mil crímenes que comete, no habrá juez que tome su causa aunque se amotine el pueblo; ya se le hará callar a balazos. Esto se presencia muy a menudo, como en él celebre caso del padre Manuel y la infeliz Rosa Tuso, a quien se la sacrifico en vergonzoso calvario después de haber sido estrupada y se la declaró demente; pero ya lo veréis, jueces que os negasteis en aquel y otros casos en el mundo todo; no porque debáis condenar, porque esto no lo podéis hacer ni con el padre Manuel ni con ningún otro hombre; pero tenéis obligación de dar satisfacción al perjudicado y hacer pagar con un buen ejemplo de amor la falta cometida, reparando el mal en lo posible; pero en aquel caso sois responsables de la muerte de aquella joven y de la parcialidad y miedo al coco iglesia con lo que confirmáis que los tribunales son la mordaza manejada por la religión, por lo que los condenó a su desaparición en la forma y mala aplicación de la justicia con la misma Iglesia o religión.

Los tribunales están hechos en la tierra sólo para castigar al humilde, al oprimido por todas las sanguijuelas que chupan la sangre dulce del trabajador, pero no para el déspota y tirano que abusa de autoridad, supremacía que no le da al pueblo, sino que se la robo descaradamente bajo una ley que no sanciono el pueblo, porque no puede el pueblo sancionar lo irracional que corrompe y estupra a la hija del pueblo abandonándola y haciéndola rodar al prostíbulo, o asesina aun se ríe de su hazaña, porque sabe que su influencia esta sobre el Juez. Pero en cambio, un padre que se ve precisado a tomar un pan, porque no se lo dan y sus hijos mueren de hambre a pesar de trabajar todo el día y le pagan mísero jornal, a este se le aplica todo el rigor de la ley; es un ladrón y se le separa de sus hijos y lo lleváis donde solo vosotros deberíais estar, porque el ladrón verdadero es el que come sin producir. Esto es un delito en la ley del Padre y se os invita a gustar la amargura del trabajo, para que sepáis ser jueces.

El obrero no necesita tribunales; el obrero necesita que todos trabajen y le den ejemplos de amor, porque él los da y trabaja; y cuando todos trabajen como obreros, tendréis derecho a comer de vuestro trabajo, de vuestro producto.

Hoy alegareis que trabajáis; es cierto; pero ese trabajo no produce ni es necesario más que para el supremático, por lo que es, sí, el verdugo ejecutor que los vampiros chupones del sudor tiene para unos pocos que trabajan, para esa multitud de vagos criminales, que afortunadamente en la justicia suprema tienen contados los días que mancharán la tierra e irán a donde les pertenece; al mundo donde reina su afición; -a donde todos lucharán por el mismo predominio, y por ese se despedazarán con rabia y seréis vosotros y os conoceréis en vuestros espíritus, hasta que, vencidos por el desengaño, os acordaréis de las verdades duras que os dice el que en la tierra es el Juez del Padre y acatéis esta ley única: El Amor.

Allí veréis lo que habéis hoy llevando a la cárcel a la pobre madre que se atrevió a tomar unos míseros trapos (que no han podido ser valuados) para envolver a su niño porque carecía de ropa y le imponéis dos años de reclusión; allí veréis el delito de vuestra parcialidad y sometimiento a la religión apócrifa y seréis sentenciados tantas veces como vosotros sentenciasteis; temblad, temblad, “porque juicio será hecho sin misericordia a quién no uso de misericordia”. Agradecer al Padre, que en el día de la justicia os dé es te aviso para vuestro provecho y no penséis en oponeros a su poder, porque sus decretos se cumplen y la sentencia esta decretada, dando el tiempo de salvarse en la transición concedida; luego no habrá lugar, porque sus sentencias son inapelables pero tenéis libertad hasta el último momento.

Mas el tiempo máximo está señalado con el paso de tres generaciones, en 90 años; durante los que, dulcemente, se cambiará la faz de la tierra y ya dio principio; pero si vuestro despotismo provocase las fuerzas de la naturaleza. El hermano que las maneja y que tiene ordenes concretas haría toda la obra en pocos minutos y la tierra parecería perder su equilibrio y el horror os haría pedir que la tierra os tragase y no lo conseguiríais; porque la tierra no quiere ya retener las partículas, que se le han corrompido y hasta vuestros cuerpos saldrían de la atmósfera para ser purificados de la maldad, en el “Pantógeno”, único que tiene suficiente calor para matar vuestra putrefacción infecciosa.

En verdad de verdad os digo por la justicia del Padre, que estas cosas pasaran en el tiempo prefijado y para que los obcecados no ale­guen ignorancia de que el día de la justicia llegó y porque se les dijo y no lo creyeron, para constancia y acusación se escriban. Entonces ya no servirán lloros ni clamores, porque se os llamó y no contestasteis; porque se os dio la luz y la apagasteis; “id a la morada que habéis ganado”,os dirá el Espíritu de Verdad y se adelanta a su voz por su representante en señal de amor y se os pide que contestéis en amor.

Párrafo VI.
Las penas y los establecimientos Penales.

¿Hasta cuándo, hasta cuándo tendré que enumerar errores y miserias, Padre mío?.

Dura es la tarea del Legislador de Amor, al verse obligado, para la corrección de sus hermanos, a examinar todos sus vicios y errores en toda su desnudez, para que todos se den por aludidos y nadie pue­da decir: “Tío, yo no he sido”. Porque en verdad, todos hemos sido y todos tenemos que corregirnos de algo; pero los poderes, los que dicen gobernar al mundo y no han hecho ni hacen más que desconectarlo, estos no se pueden corregir con modificaciones; es necesario anular las causas porque no se puede edificar en firme sobre cimientos minados por las aguas de la concupiscencia.

La infiltración inmunda de las religiones en los tribunales hace imposible la reconstrucción, porque quedan, aunque sean muy profundas, las cuevas, llenas de miasmas y microbios destructores, y, por experto que sea el ingeniero, al edificar sobre esos terrenos, su obra se resentirá por asientos; se agrietaría y caería.

¿Queréis un ejemplo ¿ Ahí tenéis la Francia, que pretende haber reedificado todo? ¿Puede hoy ser ejemplo de moralidad? No-solo es un centro de corrupción depravada, sino que en este mismo momento que trazo estas consideraciones está la guillotina en acción donde un hom­bre deja de ser, contra la voluntad del Padre. (En Saint Pol se esta ejecutando a Duperrat. ¿Dónde está la obra reedificada, si en nada ha cambiado del antiguo edificio de destrucción? ¿Quién es un juez para disponer de la vida de un hombre, aunque tenga cometidos todos los crímenes imaginables? Para hacer justicia en esa forma (si eso entendéis por justicia) deberíais empezar por llevar a los mayores criminales; pontífices y súbditos de estos, reyes y emperadores, generales y soldados y vosotros mismos, jueces, que perpetráis a sangre fría las ejecuciones de los reos por un delito, mientras dejáis impunes los crímenes de la autocracia y la plutocracia que originaron la exasperación de los hombres, por la opresión, el hambre y la ignorancia.

Ya os lo dije atrás: esa pena corresponde, por orden, desde el primer magistrado al último individuo de la religión y el estado que domina un pueblo, hasta llegar a vosotros, jueces de injusticia.

¿Quién de vosotros es tan puro que pueda acusar a su hermano? Y pues vosotros sois mas delincuentes que un asesino y un ladrón vulgar, porque adelante vais con el ejemplo y la opresión, ¿porque no os sentenciáis antes a vosotros y podréis invocar un principio de justicia humana?.

Pero habéis hecho una ley de embudo os asís a la parte ancha, dando al pueblo la parte estrecha; y ¡ay de vosotros aun en vuestras personas sino contuvieran los espíritus de amor la ira del pueblo, que ya no puede más! ¡Como seriáis arrastrados y pisoteados como reptiles!. Pero el consejo de los espíritus de luz os libra de esas iras de que sois merecedores según vuestras leyes; pero porque las iras y la venganza no son de la ley del Padre, los contenemos; más temblad, porque la justicia del Espiritismo es más tremenda que cortar la existencia a un hombre y a toda la humanidad y estáis en peligro de que os alcance ese rigor; pero aún se os avisa en el tiempo de transición. Abolir en absoluto la pena de muerte, u os sentenciáis a vosotros mismos, porque “Juicio será hecho sin misericordia a quien no hizo misericordia”, es la sentencia.

Los establecimientos penales son una degradación en vez de ser casas de rehabilitación; allí no se ve mas que otra mayor injusticia.

Hombre de armas a la puerta; hombres de armas en el interior, por todo, el castigo, la mortificación, el desprecio y la muerte cerniéndose sobre todos lo encarcelados.

Calabozos inmundos que ni son propios de fieras, sin luz ni aire y hedor infeccioso, mina y mata la humanidad del preso y alimentos impropios de perros se les suministran.

Esto se ve; pero hay algo que no se ve, porque no lo pueden ver los ciegos de espíritu; el padecimiento moral del espíritu del preso, que puede ser de dos modos, de rebelión o de decaimiento; si es de rebelión, instiga a los espíritus de los otros presos, y cuando las materias duermen, tienen sus reuniones acompañados por otros espíritus que los confortan, pero que les ayudan a protestar; y si no son espí­ritus de amor, promueven disturbios que muchas veces son escenas de horror, o preparan la evasión dejando dormidos a los vigilantes, y la persecución les hará defenderse, prefiriendo morir en lucha antes de ser encerrados de nuevo; pero de todos modos, ninguno se ha corregido en el encierro y fue peor cuando salió que lo era cuando entró.

Se hace responsable al cuerpo, y la materia en sí no puede ser responsable, ni puede hacer el bien ni el mal sin el espíritu; por lo que es el mayor error castigar a la materia, como sería un error achacar al traje que vestimos la deformidad del cuerpo; si el cuerpo es nor­mal, el traje no presenta deformidad pero si el cuerpo es deforme, a pesar del traje se manifestará la deformidad.

Luego si, el cuerpo no ejecuta más que lo que el espíritu quiere y este querrá bueno o malo según su progreso, obrará según la edu­cación y el medio ambiente en que la sociedad le obliga a actuar. ¿Por qué castigar al cuerpo?

Con el castigo al cuerpo se exaspera el espíritu y no solo no se corrige, sino que solivianta a otras afines y vuestras injusticias en las penas las vengarán esos espíritus en vosotros mismos, haciéndoos pasar por los mismos tormentos y sufrimientos que a ellos les diste; no será en esa existencia, o sí, pero será en la inmediata de seguro; y esto os explicaría mil hechos que no sabéis explicaros porque sois pretendidos sabios la materia tiene leyes que aun no sabéis, a -pesar de consistir vuestra pretendida sabiduría en lo material y tangible; pero la materia es forzosamente tributaria del espíritu y de este n sabéis nada, y ahí vuestro error, vuestras injusticias, vuestros crímenes que próximamente sufriréis vosotros.

Lo primero que tiene que saber un juez es, la fisiología del espíritu, las leyes de la justicia divina y que el hombre no puede llamarse tal si no está descubierta en él su trinidad de cuerpo, alma y espíritu. ¿Pero acaso esto lo han querido admitir los jueces? ¿Dónde estaría su poder bruto? ¿ ¿Cómo hubiera podido triunfar el hombre animal que solo ha descubierto la dualidad de cuerpo y alma? Es ese el estado que se encuentra la supremacía y la plutocracia, que es cuando se gusta del placer en subyugación de los demás, porque impera el egoísmo, el amor propio malentendido y todas las concupiscencias de la materia.

Jamás un hombre completo que descubrió su trinidad estaría al frente de estas instituciones de crímenes, y solo dos han tomado esos cargos, para cerciorarse y palpar las consecuencias, que les fueron tristes por cierto: Pilatos fue uno, en cumplimiento de su deber: Bismarck fue el otro, en cumplimiento dé una misión que no pudo cumplir por, la imposición del pontífice cristiano, que, en odio a Francia, no dejo prevalecer la alta diplomacia que traía Bismarck de los Consejos Superiores, para evitar las jornadas de sangre del año 70 del siglo diecinueve.

Pero no quedará el Padre burlado, ni el espíritu dominado por la materia; ha llegado el ”Renovavis fatien terrae”, cuantos han luchado y cuantos han sido sacrificados se encuentran en la brecha; y unos encarnados y otros en espíritu, llevan la acción con todo el poder del Padre y nada ni nadie podrá estorbar la implantación de la nueva ley.

Pero entre tanto, con las bases de este Código, modificar las penas y las cárceles convertirlas en colegios de, instrucción con el mayor grado de amor posible, porque el espíritu solo por el amor sé re­genera y solo por el trabajo progresa.

No podéis cortar la acción del espíritu inutilizándole el cuerpo del que tiene que servirse para el trabajo de progreso; y sois responsables del estancamiento de espíritu al encerrarle su cuerpo en la cárcel donde se exaspera, porque sabe que delinquió por la falta de educación, de lo que es culpable la organización social y el prejuicio religioso dominante de la sociedad autócrata.

Los jueces, más que ninguna otra persona, deben saber que en el hombre hay dos fuerzas; la centrípeta o psíquica y la centrífuga o física, y que no es hombre completo en tanto no han unido las dos fuerzas; y de su desunión es culpable el prejuicio de religión, de patria de ciencia y de sociedad y esto origina los desequilibrios de las facultades del espíritu, que tiene que hacer esfuerzos titánicos para qué por su fuerza, que es la central e inicial de la centrípeta y centrífuga, no se le escape en su rotación la fuerza centrífuga o física de la materia; pero como la falsa educación tiende a favorecer el extravío del físico que se cree primero, porque se le consagra toda la atención de la educación, por error, y la psiquis, que es el espíritu, no solo no le presta atención sino que si llega a manifestarse se le persigue científicamente, achacando locura, demencia, enajenación, neurosis y mil otras trapisondas hijas de un error materialista impositivo, por la supremacía y la plutocracia que siempre legisló para la materia; hasta que, por fin, el espíritu ha vencido en su tremenda lucha secular y se impone a la fuerza centrífuga y la sujeta al cumplimiento de su deber, y no por tiranía, sino en amor, porque no le coarta leyes que le pertenecen; antes le excita a su fiel cumplimiento de la ley divina.

He ahí demostrado que el espíritu es amor; porque habiendo sido rendido muchas veces por la tiranía de la materia, no sólo no solo no la castiga, sino que le da los medios para purificarse y la lleva de la mano, como el Padre al niño, para que no caiga en un lodazal, divinizando los actos que antes cometía con intención torcida por su error.

Mas al presente hay algo más tremendo que considerar y los jueces deben saberlo; la ciencia espiritista se les anuncia; pero el Código de Amor Universal trae descubierto el secreto y os lo dice para que no aleguéis ignorancia y podáis evitar gravísimos errores.

Nunca se encontró la sociedad tan desequilibrada como en estos momentos y se cometen toda clase de atropellos y delitos penables en la ley humana, pero que muchos y la generalidad son el cumplimiento de la justicia divina; porque como estaba decretado el día de la justicia y la sentencia final se dio, la tierra, para el nuevo régimen de la ley de Amor, les obligó a reencarnar a todo los espíritus que tenían cuentas pendientes entre sí, formando familias de lo más heterogéneo, para buscar la forma de dirimir sus odios y tenéis la prueba en que, apenas hay una familia que entre sus individuos no haya alguno que en espíritu sea el enemigo más grande que han tenido.

Esto es la causa de que en los últimos tiempos haya aumentado el parricidio y el uxoricidio y por la falsa educación el infanticidio que ha llegado a ser casi un delito insensible a sus actores.

La culpa es de la ciencia, que no ha querido aceptar desde el principio de la filosofía espiritista traída por los mensajeros del Padre, para darles luz de la fase por la que había de pasar la humanidad, en la que los jueces se verían perplejos ante la clase de hechos que sólo rara vez se cometían hace sesenta años y que han llegado ahora casi a ser vulgares, y eso que llega a conocimiento de los tribunales sólo el 5% y quizás no tanto.

Hay un punto aún más interesante y que no es público, ni aún el uno por mil; es el comercio o conocimiento carnal de padres con hijas, de hijos con la madre y mucho mas de hermanos con hermanas, dentro del mismo hogar; esto responde a que entre ellos había vidas que pagar que antes las habían cortado; y que siendo el cumplimiento de la justicia divina, porque “si odias tendrás que amar” y “si matas, al muerto resucitaras con tus besos”. Si es conocido algún caso por la justicia de la tierra, ¿cómo se castiga?. Sabed que el espíritu solo se sujeta a la ley divina; y al quererlo sujetar a ley humana ignorante de estos secretos, no porque sean tales porque se os han descubierto, sino porque en vuestra supremacía, en vuestro error y vuestra ignorancia de las cosas del espíritu, desequilibráis al espíritu y cargáis vosotros con la responsabilidad, que pagaréis.

Las penas corporales, no redimen al delincuente y menos la reclusión y aislamiento de la sociedad; es cierto que la pena de muerte se impone menos que antes; pero debió desaparecer hasta la historia de ella; es cierto también que el régimen carcelario se ha dulcificado mucho, pero debe desaparecer en absoluto.

Las cárceles, aunque no lo queráis confesar, no han tenido mas fin que e! librarse a teocracia y la plutocracia de la persecu­ción de sus mismas obras; porque si la organización social fuese moral, no habría crímenes que castigar; porque ¿cómo queréis que no os persigan si abrogándoos vosotros todos los derechos de toda la humanidad se la negáis a los hijos del trabajo, obligándolos a ser los burros de carga,llevando una vida miserable y de horror, no encontrando justicia a su pedido de pan produciéndolo él teniendo que andar semidesnudo tejiendo las sedas que vosotros y vestís; durmiendo en el suelo o so­bre paja y poco menos que a la intemperie, en tanto que vo­sotros reposáis en muelles no estando cansados mas que del vicio y la lujuria os embalsamáis de esencias incitantes, mientras el trabajador respira una atmósfera pestilente y pútrida? ¿es esto justicia? ¿Es esto equidad? ¿Es esto amor? ¡Y queréis que no os odie el tra­bajador provocándolo y persiguiéndolo en todo momento y no encontrando justicia ni aun en millones de casos de estupro y abandono en sus mismas hijas¡.

Poned remedio pronto o temblad, porque en vuestra mano esta evitar la tragedia; pero si la provocáis, seréis aplastados como lo que sois; víboras ponzoñosas que habéis envenenado la sangre del pueblo trabajador y productor.

No aleguéis que habéis heredado los bienes que poseéis, por que es otro absurdo, como, lo probare en otro capítulo donde veréis que no hay familia mas que en el espíritu.

Las cárceles no pueden existir desde hoy, porque tienen derecho a la libertad mas que vosotros que los encerráis, los hom­bres que por vuestra culpa cometieron hechos que no habrían cometido si la moral os guiase y la ambición no os embotase.

Y no creáis que digo que no se debe sujetar la maldad y el crimen. Yo vine para anular estos, estableciendo el Amor y la Comuna y no hay nada más fácil que redimir al que cometió un hecho; pero no puede ser en el encierro, sino en la libertad y el amor.

Hacedle ver al que ha delinquido su equívoco y le veréis llo­rar y arrepentirse. Pero ¿cómo podéis vosotros ser eficaces, si el delincuente sabe que vosotros mismos le provocasteis con vuestros errores? Sólo podréis hacerlo acusándoos a vosotros mismos primero; “quitad de vuestro ojo la viga y luego podréis quitar la paja del de vuestro hermano”, como dijo Jesús, por sabia advertencia.

Estudiad antes las leyes divinas que los “códigos de fantasía” que os habéis fraguado en el sueño de vuestra conciencia y ve­réis que todas las cosas que pasan son el cumplimiento de la justicia del Padre, porque ni una sola hoja cae del árbol sin su voluntad.

El amor del Padre y el del Juez que mandó a imponer su ley de Amor, os da claro y probado vuestro error en el libro “Buscando a Dios”, señalándoos la causa total de ese error y perversidades que este Código acusa y es el auto fiscal inapelable que había de producir la sentencia jurídico-humano-divina, inapelable también.