Capitulo siete
Los Estados Civiles

Párrafo I
Los estados civiles feudos de las religiones.

Extiendo mi vista y mi pensamiento por toda la redondez de la tierra; paso mis ojos sin necesidad, pero si para recibir testimonio, por historias, leyes y códigos, teologías y cánones y el dolor raja mi corazón de hombre; pero no mella al espíritu del Juez que anima mi ser, al tener que confesar a mi Dios de Amor que no ha habido estado civil ni sociedad libre aún en la tierra, porque todo, colectivo e individual, ha sido y aún es feudo de las religiones.

Desde oriente a occidente y desde el septentrión al mediodía, desde la primera iniciativa de religión por sacerdotes hasta el más soberbio emperador de los actuales, todo, todo ha caído bajo su formula en nombre siempre de Dioses tan tiranos y faltos de razón como sus sacerdotes ministros.

Estos, por su imposición sobre el pueblo y el guerrero, provocaron desde sus comienzos el odio a las otras religiones; fanatizados unos y otros hombres de todos los pueblos, nunca se levantaron con mas ardor de odio y de muerte que cuando fue invocado su Dios por los tiranuelos, declarando guerras sin cuartel, ya con el nombre de santas, ya de cruzadas o bien al nombre de patrias, aparte de otros estilos modernos que son aún más criminales, porque son realizadas con mas conocimiento de causa: pero estos puntos son posteriores a este párrafo y aquí sólo los noto como pie de justificación al apotegma con que encabezo éste, y voy a estudiar un sólo momento lo que debería ser el estado civil y la causa porque no lo es y cómo ya no puede ser.

El estado civil debió ser siempre, en absoluto, independiente de las religiones, pudiendo tener, cada individuo la religión en su inte­rior y militando libremente, como creyente, en la religión o fe de su convicción.

Si hubiera sido así, las religiones no hubieran prevalecido, porque ninguna tiene cimientos para prevalece sobre el estado, que lo deben componer los hombres civiles, absolutamente separados de los ministros religiosos. “Porque no se puede servir a dos señores a la vez”, como claro lo dijo Jesús, que siendo un Mesías moralista que nadie puede negar, pero por quien lo niegue, lo justifica como tal el Juez en los autos del juicio del juicio de Mayoría, con lo que declaraba la incompetencia del estado civil en la religión y de esta en el estado civil. Desde el momento que la religión formó estado moral y material que es cuando tiende al predominio de las conciencias, por que son dos poderes y el uno al otro se anulan, ya que los dos estados están su­jetos a los principios físico-metafísicos y esta es una ley precisa y fatal; “dos principios iguales se anulan”.

El estado civil, porque lo compone el pueblo, es soberano y responde a una necesidad de disciplina con el principio de autoridad, en el que se ha de respetar el derecho de todo individuo; y si no es así no es estado ni cosa que lo parezca; ya porque no es así, ni ha sido, ni lleva camino de serlo, no ha habido, ni hay, ni puede haber estado, porque en todo momento los poderes están divorciados de la opinión y sentir general, no existiendo mas que la trampa y la intriga, y en todo caso la fuerza, para reprimir desmanes que los mismos poderes provocan con sus locas administraciones en mil casos vergonzosos y penables.

El estado religioso, hoy eclesiástico, es soberano y se apoda ¡divino!.. Esto es una falsedad probada en todo momento por un ter­cer estado que surgió a despecho del estado eclesiástico religioso y vino a salvar al estado civil, y este estado, que se llama ciencia, le ha demostrado al estado religioso que no es divino, ni es estado más que de errores, de intrigas, criminal y usurpador de lo material y moral a los hombres y el respeto al verdadero Dios a quien niega en sus hechos, por lo que y porque la conciencia libre lo rechaza, ese estado eclesiástico no existe más que para los que no tienen valor de abrazar la verdad, la civilización, el progreso y la libertad en la soberanía de Estado Civil, sin admitir otro estado dentro de su estado.

Las religiones todas, fuera de la católica, forman estado; pero no están en divorcio absoluto con el pueblo que gobierna, porque éste es soberano y la religión tiene su imperio, sólo por moral; nunca material, y forma parte secundaria y depende, en absoluto, del estado civil; pero un así es causa muchas veces de encender guerras por las divisiones que fraguan en el sentimiento público y logran, muy a menudo, el derrocamiento de gobiernos y monarquías, por el fanatismo que encienden en sus secuaces y no le, importa el tiempo: esperarán la ocasión propicia; que por medio de la intriga van preparando, porque ellos no perdonan ni renuncian nunca al dominio de la tierra; lo que contradice al principio religioso que enarbolan, que todas. dicen que es de paz y armonía.

Todas las religiones, hasta en los países más retrasados al progreso humano, están bajo la férula del poder civil, pero en los dominios de la religión católico-cristiana todos los estados civiles están bajo la dominación del pontífice católico-cristiano y lleva el sello de destrucción, porque el cristo, contra todo lo que sé sosten­ga en su favor, que es todo sin fundamento racional, es destrucción y remito al mundo al examen de todos los pueblos de la antigüedad donde se ha tenido por ídolo al cristo y verán que han perdido su imperio y han caído al fin en el embrutecimiento; y hoy, que el signo de lo que Jacob llamó Cristo lo posee una potencia, esta sentenciada a su desaparición. (1)

De como llegó esta religión a constituirse católica o universal, cómo ha pretendido, no hay mas que registrar la historia y verán que el soborno y la falsificación fueron lo primero, con las mentidas donaciones de Constantino y Carlomagno, y las decrétales de San Isidoro escritas algunos siglos antes de la existen la de Isido­ro; pero ya, con esto, dieron principio a su obra de sujetar al cetro pontificio a los monarcas y emperadores, a los que tenia el pontífice siempre en jaque unos contra otros, bendiciendo a unos y excomulgando a otros, arma (la excomunión) también robada a los brahmanes, como todos los sacramentos y trinidades y otras menudencias.

Espanta, el doblez, la malicia, el escándalo, el robo al descubierto y por la fuerza bruta de los pontífices, contra emperadores, reyes y príncipes, y no ha habido uno sólo que no sea victima de sus intrigas, hasta que el tercer estado, la ciencia vino y con su frialdad, se puso del lado de la razón, que es el pueblo y a su empuje va desalojando a la déspota Iglesia; Pero en realidad es ella sola el estado en todos los continentes donde sentó su maldita planta, pero que no la pudo sentar firme en ninguna parte hasta que desnaturalizó a sus ministros, declarando el celibato y o confesión y demás sacramentos.

Impuesto el pontífice a todas las testas coronadas, menos de oriente, de donde huía el cristo símbolo (no Jesús, persona realmente) absorbió como suyo todo; basta decir hasta el registro puramente civil, y no se somete sino por la fuerza, aún en naciones ya independientes, a la justicia civil; y en esto tiene razón; porque ese estado y sus ministros no son seres racionales, porque se han excluido del derecho de gentes, por el celibato.

Pero la ciencia los somete, porque son fieras cometiendo crímenes como lo estudié en su lugar, llegando, ahora, entre los dos estados, civil y eclesiástico, al cuadro vivo del primer día del mundo tierra, es decir, el primer día del hombre en la tierra, el que tenía que luchar con las fieras para que no sucumbiera la humanidad; las fieras son las Iglesias célibes y el hombre es el anticristiano y antirreligioso.

Durante su dominio, los poderes y los pueblos vivían por voluntad de los pontífices y comían de limosna dada por ellos; pues según muchas bulas y documentos, ellos tenían derecho a todo y el pueblo y los monarcas a nada, y así llegó a ser.

Como encendió el odio entre unos y otros monarcas; como declaraba licito y aun premiaba la matanza de los que no comulgaban con ellos, las guerras no tuvieron fin; y los pontífices, desde la silla apostólica, han dirigido el fratricidio de la humanidad. Impusieron diezmos y primicias, con la pena del infierno al que no pagara; le levantó soberbios templos; y hoy aún hay reyes y presidentes que son dirigidos por el pontífice, hasta en los actos más insignificantes de política y se hacen pagar muy caros estos servicios de embrutecimiento; pero los monarcas y jefes de estado son todos sus subalternos y marchan bien en ese burro, autorizados a todo por quien no tiene poder de autorizar, y, al fin, la victima propiciatoria el “pueblo perro” que tiene la obligación de trabajar y el derecho de no comer; y si protestan un balazo por uno que el mismo pueblo paga y el plomo de la bala también lo pago el asesinado. ¡Pueblo, Pueblo! Resurge, que tu sólo eres el soberano; sacude tu pereza y no te dejes arrastrar más; haz justicia en nombre del Dios Amor, dando ejemplo que mil veces diste de cordura; pero ahora lo has de dar de amor, pero con plena justicia.

¡Solo un estado existe, el eclesiástico! Abajo para siempre y sacar hasta la piedra mas profunda de sus cimientos, conforme a la profecía; Derribar la causa y respetar los efectos, que son vuestros hermanos; pero ser inflexibles; oponer el espiritismo que es del Padre y es la base de la Comuna Universal.

Tu estado, pueblo, es la ciencia, la sabiduría y el amor; si el estado civil no reniega del estado eclesiástico no es de justicia equitativa; derrócalo, pero no ataques las personalidades, que son tus hermanos; Pero someterlos al trabajo común, por­que es la ley y ley común es el usufructo.

El estado civil, hijo hoy de la imposición del estado eclesiástico, está maniatado por el prejuicio; le conviene la ignorancia del obrero para seguir triunfando en mentidos plebiscitos, y por la fuerza bruta consiguen mayoría en loe comicios ilegales, y así, del derecho racional, triunfa siempre la supremacía, el improductor, el que no conoce el trabajo ni su ley y es vampiro en el estado eclesiástico imbuyen, por tiranía y por odio, el fanatismo de patria; hacen clases que se odian entre sí individual y colectivamente y esto indica que no puede haber estado sin una renovación absoluta de las costumbres; pero esto no podéis, hijos del trabajo, hacerlo sin ilustraros, y no necesitáis las universidades en las que por siglos la universidad de verdad es el universo, cuyo preceptor único es el Dios de Amor y su escuela es el espiritismo puro, como os lo expone el Juez, cuyo prefacio lo tenéis en el Dante y el Quijote, el Prologo en Kardec y la obra en la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal con toda la pléyade de sabios que hoy se ocupan de las investigaciones de las leyes naturales y la astronomía, las ciencias exactas, cuyo resumen es este Código de Amor, máximun de la ley del Padre; y cuando en él hayáis aprendido y mejor dicho, rememorado que lo que vuestros espíritus saben, todo estará en las manos de todos; la paz será un hecho y loa estados no serán feudos del estado déspota eclesiástico o religioso.

Siento en mi el clamor, de blasfemias, las maldiciones de cada uno de los secuaces del estado eclesiástico y sus corifeos de muerta conciencia, que se le dirigen al Juez del Padre; pero éste se ríe de todas las amenazas; cumple su deber y, en cambio, les manda amor; amor del Padre. Siento también las bendiciones del trabajador y de las madres libertas; pero estas tampoco me ufanan, pero me satisfacen, porque tengo ocasión de decirles por todos al Padre: Gracias, fui tu instrumento y mis hermanos te conocen; en su felicidad está la felicidad de tu enviado; la palma es el Espíritu de Verdad, porque el Juez sólo es su representante y no hace más que pagar una deuda contraída con el universo, por el amor de todos.

(1) En este momento no debe el Juez, ser más explicito, porque es oponerse a la voluntad del padre que me mandó

Párrafo II
Los ejércitos y las guerras.

Las guerras nacieron con la primera religión que el hombre inventó sobre la tierra; pero no acaeció hasta que bajo cualquier forma se inicio el sacerdocio, en el que la supremacía del hombre encontró la concupiscencia, que nunca se ha podido saciar y nunca podría saciarse, sino en un cambio de ambiente y posición de trabajo, y la justicia tiene ese medio.

Hasta entonces los hombres luchaban por desconocimiento de su ser, pero individualmente y en defensa propia; más llegando la emigración adámica con el principio del Dios único, la guerra debió cesar porque Adán, hijo del sacerdote y Eva, hija del guerrero, se unieron en matrimonio, ujiendo, moral y materialmente, los dos antagonistas; y duró largos siglos la paz allí en su centro y donde había apa­recido toda la emigración, según describí en su lugar; pero el sacerdote no se doblegaba a aquella ley de igualdad, que aunque fuera respetado por mayor sabiduría, porque era obligado por el guerrero y por el pueblo, a ser sabio en las escrituras estas, las fue mixtificando y adulterando, como se ve claramente en las leyes védicas, para hacer mantener la casa sacerdotal y con astucia fue revestido el guerrero en muchas ocasiones de prerrogativas. En esto se ve que el sacerdote necesitaba tener contento al guerrero para tener garantizada su actuación, y de la misma casta guerrera crearon los reyes, que eran jueces dela ciudad; y por este hecho era obligado a poseer conocimiento de las leyes y, en unión del sacerdote, dominaban a la clase de comerciantes y trabajadores; Todo lo cual dice que, para sostenerse, el sacerdote no podía menos de tener un paria que lo encubriera y castigara al pueblo, aunque sólo fuese por una falta de res­peto, que en realidad no la merecía, y ya tenéis el odio entre la clase productora y el guerrero, cuyo juez o rey era de su casta y bajo la guía del sacerdote, que no era tan malo como el cristiano católico, porque era padre y esposo y tenía que sentir el amor a los demás, por su propia familia.

Pero ya quedaba instituido el sacerdocio y el ejercito; dos parásitos consumidores sin producir; y ya el hombre era obligado a trabajar más rudamente para quien ningún bien le proporcionaba sino era el odio, porque el sacerdote le enseñaba que el Dios de su vecino era peor que el suyo y lo excitaba con mentidas recompensas; el guerrero lo arengaba con la misma doctrina del sacerdote, mas el derecho de conquistar para su Dios el territorio del Dios vecino y allá iban los hombres a matarse. ¿Que beneficio sacaba el pueblo? Morir de hambre, porque los trabajadores habían ido a la guerra de Dioses, que no eran mas que las creaciones del sacerdote. ¿ Ha mejorado el mundo en éste punto? ¡Oh, horror! Entonces la guerra era cuerpo a cuerpo; hoy es todo un asesinato del fuerte contra el débil y hoy, los ejércitos, son la locura del final de la obra destructora de las religiones, sin las cuales no existirían los ejércitos, y así no existiría la guerra.

El sacerdote, entendido con el guerrero, hacía de un territorio una posesión propia y unidos levantaban un rey, que hasta se le concedió investidura y dignidad sacerdotal; pero eso si, bajo siempre del sacerdote, al que no le era posible mancharse las manos de sangre; pero esto era de la astucia, del deseo de predominio hasta sobre el rey y para no privarse el sacerdote del continuo goce de la concupiscencia. A él le bastaba orar y rogar al Dios de los ejércitos, al Dios de las batallas que pedía sangre, mucha sangre, y aun no se hartado de tan precioso líquido con los miles de millones de seres que han sucumbido en las guerras, encendidas solo con la fundación del sacerdocio y que no terminaran mas que con la desaparición de todos ellos, acabando con las religiones todas.

No podrá decirse que eso fue de los tiempos e incultos, porque ayer aun, el año 70 del gran siglo XIX, siglo de las luces, pero que la Iglesia católica encendió los odios de Alemania con Francia, y aun cuando el gran Bismarck, quiso evitar a toda costa el flagelo de una guerra sangrienta, yo se, y documentos hay que lo prueban, que el odio de Iglesia contra Francia forzó a Alemania, y las paginas de aquella epopeya no pueden ser más tristes y aun se acentúan hoy los rencores entre los dos pueblos, temiéndose en todo momento una ruptura(1). Esto es una página de los hechos de las religiones; pero todas, sin excepción ni una sola de las guerras en todo el mundo, son promovidas por las religiones, cuándo debería ser su papel contrario al que han desempeñado; pero donde se acentúan hasta el horror la imposición de-las religiones es donde dominó la cristiana desde su principio hasta nuestros días; y esto es bastante, aun, si apelar a su falsedad, para derribarla para siempre y derribada será, quiera y no, con gran estrépito.

El fin que persiguió esta religión, que es el predominio de los hombres hasta de los monarcas, es su supremacía y concupiscencia; y como el criminal Constantino se dejó investir por el pontífice cristiano entregándosele de pies y manos, ahí estuvo el mal que se ha perpetuado cerca de l7 siglos, sometiéndose, los monarcas al impostor pontífice que debía saber explicar el fenómeno atmosférico(2), que Constantino vio, y en amor a la verdad debía la Iglesia que pretende ser depositaria de la paz de las almas, decirle a Constantino lo que podía significar, que no quiero decir que no pudo ser aquel fenómeno, porque está en lo posible; pero es un efecto natural como mil otros fenómenos que la ciencia explica hoy hasta materialmente, y no hay mas que ver las múltiples explicaciones de todos lo astrónomos sobre los “antelios” “Halos” y la reflexión de la luz en la atmósfera y queda desmentido el prodigio de la cruz; y caso de que esto hubiese sido obra de los espíritus que pueden hacerlo, sería para anunciar lo aborrecible que llegaría a ser aquel patíbulo; pero como Constantino ignoraba que aquello fuese objeto de los cristianos, Constantino, por su fanatismo y medios, ganase aquellas siempre injustas batallas, el pontífice supo tocarle en el flaco y abdicó; se entregó y dio poder a los tiranos pontífices, que ya sabe todo el mundo cual ha sido su política y su fin; el predominio absoluto, como lo muestran las palabras del testamento de Pío IX que dice a sus sucesores; “Salvad la Iglesia, aunque sea a costa de la sangre de toda humanidad”.

Como los estados, pueblos y aun tribus veían que a menudo tenían que defenderse de la provocación de otros pueblos, se vieron forzados a ejercitar el manejo de las armas, de lo que resultó la formación forzosa de los cuerpos de ejército; y como estos son formados por los hombres jóvenes, son brazos robados al trabajo y la producción, siendo causa del hambre y la miseria en todas las naciones, no solo porque han de mantenerse estos hombres y sus armas, sino por la inmoralidad que necesariamente ha de despertare y propagarse entre todos ellos, la que llevarán luego a sus pueblos, si que también por los enormes gastos que ocasionará la protección u obras de defensa, y, por último, el derroche de las armadas por el mar, lo que constituirá el siguiente párrafo y luego llegaré a conclusiones.

(1) Eso se escribía por marzo de 1912. Esa ruptura y la conflagración Europea hizo irrupción en julio de 1914. Y..¿que hay de temores en estos momentos? 20 de septiembre de 1934.

(2) La cruz que vio el emperador Constantino en el firmamento dibujada por un halo luminoso.

Párrafo III
Las armadas y la paz armada.

Lamentable es que toda la juventud de la tierra esté de uno a tres años hoy (antes hasta 8) con un instrumento criminal entre sus manos, en cambio de la esteva del arado de la azada o de la herramienta de un oficio cualquiera; pero es más lamentable que sobre inmoralidad que crean por su desocupación, se les enseña el exterminio de sus semejantes, enseñándolos por el prejuicio de patria en la que se le fanatiza en vez de enseñarle que la patria de todo hombre es el mundo todo y que en ninguna parte es extranjero.

De esa idea de patria nace el odio al del otro lado de la fron­tera y así sucesivamente les sucede a todos en todas las naciones difi­cultando el trato; y gracias a que la idea de defensa del ahogado obrero tiende a solidarizarse en todo el mundo lo que hará apoyándose en este Código de Amor, la patria universal; los hombres sistemáticos y suprematicos no quieren ver en esto la gran obra de los espíritus; pero mayor será el desengaño que sufrirán, pues el primer movimiento universal será negarse en todo los pueblos a empuñar los hombres las armas para batirse con el de otra nacionalidad, porque ya, en su espíritu, ha entrañado la idea verdadera de fraternidad, por que el Padre ha previsto de antemano y ha hacho sentir la necesidad imperiosa de las emigraciones y así se han hermanado al propio tiempo que en todas partes surgía la idea de la mutua ayuda, para alcanzar un algo mejor pasar; y aunque son perseguidas por los gobiernos las sociedades de resistencia, no consiguen mas que una cosa prevista por los espíritus del Padre y es el justificado antimilitarismo, porque en toda emergencia sé hecha mano de los ejércitos para castigar a los que trabajan para mantener a esos militares, y ellos, trabajando, no pueden comer, porque todo le necesita el gobierno para pagar a los asesinos del pueblo y a la religión, madre e inductora e impositora de los ejércitos, de las guerras y de la re­presión siempre criminal de los hijos del trabajo que piden pan, que piden libertad de pensamiento para progresar, para ser sabios, porque ha llegado el obrero a avergonzarse de ser ignorante; la religión sabe que de la instrucción del obrero depende la desaparición de la patraña Iglesia y de aquí la imposición, bajo el nombre de un Dios falso en que se apoya la ignorancia, para que los gobiernos sus feudos, reprima a sangre y fuego a los que pida pan, al que pida libertades, y, en fin, al que se queje. Hay que mantener al pueblo en la ignorancia; basta enseñarle los absurdos de la religión y la mentida patria; hay que sitiarlo por hambre, para que no tenga respiro; para que el hambre le obligue a rendirse y has­ta hoy ha sido así; ha tenido el obrero que rendirse al hambre de sus hijos y al temor de quedar tendido en la calle de un balazo como otros compañeros; y vuelve al trabajo, vencido por los parásitos y sin conseguir su justo pedido, pero con un deposito mayor de odio contra su forzado explotador; contra los hombres del gobierno; contra el militarismo; contra todo parásito y contra toda la sociedad, cómplice con los causantes de su degradación por la fuerza bruta, que aprovecha todas las energías, todos los esfuerzos de todo el país y todo el producto de toda la industria, del comercio, las artes y la agricultura, para mantener la supremacía.

Por las continuadas guerras promovidas siempre por las religiones, nació necesariamente la nacionalidad y de ésta el fanatismo de patria, no mejor que el fanatismo religioso; y dos ejércitos luchan encarnizados al grito de patria y ambos invoca el mismo Dios y uno llevará la victoria y la religión entonara cantos a ese Dios antropófago. Y lo otros que invocaban al mismo Díos, ¿qué harán?. Crecerá su odio a sus vencedores y al Dios que invocaban y no perderán ocasión propicia para vengarse, y políticamente tienen razón, desde que tan falta de razón es su derrota con el triunfo de su enemigo, porque invocaban los mismos derechos de Dios y de patria; y ese Dios que hunde a unos y eleva a otros; es un Dios parcial y no puede ser mas que un Dios monstruo; ese no puede ser el Dios de Amor universal, Padre común; ese es el Dios de las religiones y de los suprematicos. Pero ya ha perdido la fuerza, que era la ignorancia del hombre del pueblo, porque el hombre, que servía de instrumento inconsciente en esas luchas, se hace consciente, se hace sabio y ya rechaza el militarismo y lucha decidido contra la religión y el Dios criminal de las religiones, y su triunfo está en la unidad. El juicio de Mayoría ha venido a confirmar esta unidad que ya se vislumbra en la solidaridad por el trabajo constante del espíritu; y el día de la batalla esta tan cerca, que el rumor ya se oye como rumor de imponente e irresistible tempestad.

Cundía el malestar por todo el mundo y sobre todo en Europa, viéndose inminente la gran catástrofe europea, cuando surgió al trono de Inglaterra Eduardo VII, que la contuvo con la paz armada y las alianzas de las potencias; ésta era una misión que le encomendaba el Consejo Superior y se instituyó el Tribunal de la Paz, todo obra de los espíritus de Hellí, y se han salvado millones de vidas y ríos de sangre, a costa, es cierto, de muchos millones de pesos, que se consumen en barcos y armamentos y que constituyen la ruina económica de todas las naciones; pero bendita sea aquella obra, que, si ocasiona la miseria de los pueblos, ha dado margen a las inmigraciones y éstas a la corriente de so­lidaridad entre los oprimidos y al conocimiento de unos y otros hombres de todas las naciones, que juntos trabajan, cambian impresiones, conocen todos los sufrimientos, los defectos y las causas de los males de todas partes y todos saben que el mal está, primero en las religiones y las supremacías y luego en el militarismo; y contra todo esto protesta el obrero, el industrial, el comerciante, el agricultor, el hombre de la ciencia y todo el trabajador.

Del mantenimiento de la religión, que en todas partes, el presupuesto no es menor que la lista civil y del militarismo que es un presupuesto espantoso, nace la miseria de todas las naciones. Porque además de que su lujuria la, su orgullo les lleva al despilfarro gastando una sola familia más que diez de obrero y viene la carestía de los víveres; pues como está llegando el momento de que todos quieren comer del presupuesto, y por los padrinazgos se crean empleos a miles, innecesarios, resulta que la agricultura, primera base de toda riqueza se queda sin brazos y no se fomenta la explotación de la tierra y aun desanima y hasta se ven obligados los agricultores a abandonar las tierras de cultivo, porque se les grava hasta no poder satisfacer contribuciones en impuestos onerosos, porque la supremacía infiltrada en las cabezas vacías de sentido común de los gobernantes, siervos de los pontífices y pastores de las religiones, no ven mas derecho que el de su panza y sus vicios y no les importa que el productor se muera de necesidad; y si protesta, ya tiene armas para reprimirlos, y estas armas han sido obligadas a pagarlas los mismos a quienes con ellas se asesina, y aun lo más grave es, que los hombres que manejan esas armas son los hijos del pueblo, los hijos de los productores robados del hogar en lo mejor de la edad, para enseñarlos a ser criminales y verdugos de sus padres y sus hermanos, con otra mentira no menos censurable que la religión; la patria, vaca lechera de todos los parásitos y retrógrados. Pero vino un azote mayor que todos a los pueblos con la paz armada; y es que la ambición de los déspotas; de los que no saben lo duro del trabajo; los patrioteros sin conciencia, viven con recelo del vecino, que lo mismo que ellos viven a costa del productor y con la misma canción de patria; todos piensan que, en cualquier momento su vecino se le vendrá encima porque le hizo una jugada política rastrera o por otras causas inconfesables, y se preparan hacen esos monstruosos barcos, con descomunales cañones, que cada disparo cuesta la manutención de una familia trabajadora de todo un año. ¿Y todo para qué?. Para la destrucción de la humanidad; para todo lo contrario la Ley de Amor del Padre.

Todos lo gobiernos saben que será ruina; pero ven que la otra nación hace, pues los otros hacen. ¿Que se hunde la nación? ¿Que importa?. Es necesario mucho para que a ellos, a los causantes, les llegue el hambre y La miseria; pero sabed que han habido reyes que han muerto a manos de los hombres oprimidos, y que si al pueblo no se le aconsejara calma, resignación, amor, ya habría estallado el infinito depósito de ira y desprecio que abriga en sus pechos; pero le decimos, en sus espíritus: no son los primeros culpables los poderes; hay una causa primera; esa debes derribar antes; y luego si no eres atendido, toma tú el poder.

Esto espera el pueblo y no en una nación sino en todo el mundo y ya el día llega, porque ya estamos en la alborada de la nueva era, en la que las religiones han de rendir cuentas estrechas y desaparecerán, porque así esta decretado en los Consejos del Padre; y ¡hay del que quiera resistir el empuje de esa corriente tremenda! Se suicida él mismo, porque las fuerzas vienen de dónde no llegan los cañones, ni las bombas de los aeroplanos. ¡Iglesias, poderes!.... No tratéis de resistir; vuestro esfuerzo será nulo y os acusaréis de incorregibles y más dura os parecerá la acción de la suprema justicia, quedáis avisados.

Párrafo IV.
CONCLUSI0NES DE ESTE CAPÍTULO

Las conclusiones que lógicamente se despenden de la exposición de los tres párrafos anteriores son bien tristes por cierto para la humanidad presente, porque manifiesta queda la imposición de las religiones y la inteligencia de los poderes civiles con esas mismas religiones, que a ellos mismos los reduce a ser pantallas encubridoras de las fechorías y crímenes continuados cometidos contra el pueblo, únicas a quién persiguen y aplastan unos y otros en pago de sufragarles todos los derroches y hasta los hombres mismos, para que sean su verdugo sin entrañas.

Se ha cantado y se canta, por todos los beneficiados y por todos los ignorantes, que la religión ha sido necesaria al mondo, y nunca mayor error que tal creencia; pues no han servido más que para la destrucción de los hombres y para encender los odios, crear castas y clases odiosas y razas, despreciables las unas de las otras.

Si la religión nunca hubiera existido, la fraternidad humana hubiera sido un hecho ha muchos siglos y el progreso humano estaría mucho más alto moral y materialmente y las miserias no se hubieran conocido, porque no hubiera habido divisiones nacionales, y el hombre no sería extranjero en ninguna parte. Se dirá que no hubiera habido estimulo y no se podría haber ascendido en conocimientos hasta donde hoy se conoce, y esto es otro error; porque la emulación habría sucedido igualmente y con mas intensidad, porque la verdadera autoridad de un pueblo es el hombre más sabio, y esto es bastante emulación para el progreso, que sería incesante, porque los hechos son los que hacen justicia; y como por la sabiduría de otro podría ser sustituido en su autoridad, el sabio dirigente, que aunque esto seria honorífico en justicia, en justicia, también seria sobrepuesto al sabio otro más sabio, sin que nadie pudiera quejarse; pero ni aun sabrían de quejas, porque el régimen era de justicia; por otra parte el espíritu tiene impuesto, por el Padre, el progreso infinito; y conoce y sabe el espíritu que en cada ascensión de mundo a mundo su goce es mayor y se habrán dado prisa en llevar a la tierra, a todo el progreso que esta puede tener, hasta su perfección relativa.

Los espíritus han traído siempre el progreso; pero como en la tierra reinaba el desconcierto, porque la religión y sus derivados han sido siempre servidas por espíritus materializados y aberrados a la supremacía, han sido aniquilados los hombres de progreso. De ahí la tardanza de la tierra en llegar al principio del progreso que hoy tiene; pero no ha sido hasta que ha habido una pléyade de hombres antirreligiosos; y eso que éstos han tenido que militar en el materialismo para ser menos perseguidos, pero esto era una medida tomada en los consejos de Sión, hasta formar doctrinas y cuerpos fuera del fantasma religioso, que apoyara al propio tiempo a los estados y poderes con la ciencia, ya que la religión no podía admitir los principios de la ciencia que la desmiente en sus errores.

Esto estaba conseguido a la mitad del siglo 19; y para el fin de ese siglo, contra la voluntad de la religión, habíamos conseguido hasta el dominio de la electricidad y de los aires; pero la Iglesia se vengó miserablemente y encendió las guerras por odio al progreso y excomulgó a todos los hombres de progreso, y tenéis la confirmación en el "Syllabus" que extracté en mi libro “Buscando a Dios".

Desde aquella fecha, el progreso en la tierra ha superado en diez años, al conquistado en los siglos bajo las religiones; pero es que, desde entonces, los espíritus hablan a los hombres, porque ese era el fin que se proponían, porque no podían esperar mas, desde que estaba cumplido el plazo señalado, a la humanidad terrestre para llegar al progreso.

Por tanto, afirmo: Que las religiones no han sido necesarias en la tierra y como no lo son en ningún mundo, ni existe en mundos superiores, por lo que todos los profetas, misioneros y mesías del Padre que han venido a la tierra, ninguno (a excepción de Salomón, que más que profeta fue sacerdote y rey y está probado en todos sus escritos que habla solo de destrucción y no se ven en ellos amor, sino es la caterva de 300 concubinas, además de las mujeres propias) ninguno, repito de los profetas y mesías, ni Juan ni Jesús, predicaron religión ni templos, sino que predicaron su destrucción y la de los sacerdotes y supremacías; predicaron solo adoración al Padre y sin palabras, en espíritu y verdad y amar el hombre a sus hermanos, y todos éstos, como a los que les han seguido los aniquilaron; pero no han podido aniquilar las doctrinas que traían, contenidas ya en él Testamento de Abraham; y por innecesaria la religión pequeña, se ha decretado por el Padre, su destrucción, la implantación del espiritismo, única congregación universal que no es religión, sino adoración en comunidad y solidaridad de todas las humanidades del infinito y donde no hay mas ritos que el recogimiento del hombre dentro de sí mismo; ni más culto que la sabiduría, el progreso y el amor fraternal y universal que desde hoy se establece, quedando derogados cuantos ídolos con el nombre de Dioses, se le han enseñado erróneamente a la humanidad.

Que los poderes y los estados; las naciones o imperios que han sido creados por las discordias de las religiones y que tienen carta constitucional, reconociendo derechos al estado religioso, o que sin reconocerlos en la constitución tienen concordatos y alianzas en detrimento de la libertad de pensamiento, o amparen con sus fuerzas los templos y cultos permitiendo la confesión y demás sacramentos, se hacen reos con la misma religión; y ante la universalidad infinita de que forma parte la tierra, no son reconocidos y quedan en la misma situación que la religión; pero pueden revalidarse bajo un plebiscito fraternal, única forma de gobierno admitido hasta la implantación de la Comuna de Amor y Ley.

Que los ejércitos, las armadas de guerra, el solo hecho de poseerlos una nación, así como toda otra prevención que dificulte el libre cambio comercial intelectual y moral, se considera hecho criminal. La guerra es un asesinato premeditado, delito en que incurre desde el primer magistrado hasta el ultimo individuo de la nación que tenga uso de razón y cometen el delito de perpetración del crimen y del robo, mientras están al servicio de esas instituciones; porque no hay mas ley que la voluntad del plebiscito, que será sabio o criminal, de odio o de amor, según haya sido educado y tratado el pueblo, de lo que son responsables los gobierno y los tribunales de justicia civil, criminal y militar, porque son la amenaza continua al cambio de ideas, al libre examen, a la libre discusión y a la vida de los individuos; y todo esto es contrario a la Ley de Amor del Padre, al progreso y la inflexible y santa ley del trabajo, que fue impuesta a todo morador de la tierra, hasta su perfección; en cuyo momento, la misión de los hombres en la tierra ha terminado, pasando en comunidad todos los espíritus ya en luz y sabiduría a mundo mejor, para un nuevo progreso, hasta el infinito.

Ahora bien, gobiernos; vuestro impostor religión queda desmentido y sentado que no es necesaria ni nunca lo fue; sois, pues, cómplices con ella y habéis cometido toda clase de atropellos contra el pueblo y contra el Dios verdadero y único de amor. ¿Que haréis?. La resistencia por conservar la supremacía es inútil; si no cederéis a la Ley de Amor, cederéis a la de justicia implacable y veréis de todos modos, esfumarse vuestros dominios en el curso del paso de tres generaciones, o mucho antes si provocáis a la justicia, porque entonces veréis con horror hundirse parte de los continentes en el fondo de las aguas.

La sentencia se dio; el juicio final de la humanidad terrestre se celebró y todos estamos sentenciados y se os dice para que no aleguéis ignorancia y os salvéis en el plazo perentorio de vuestra existencia, acatando este Código y dando principio a su ejecución, único modo de no ser vuestros espíritus expulsados de la tierra y poder volver luego a trabajar en la comunidad; en amor os lo dice el Juez y lo escribe, para atestiguar al Padre que os lo dijo y que cumplió su deber. Cumplid vosotros.