CAPITULO SEGÚNDO
Ley de Amor

Párrafo I
¿Que es el amor?

La santa ley de Amor, es la ley madre de todas las demás leyes que rigen el universo y la única ley del Creador nuestro padre y él resplandece en todas sus obras.

Su conocimiento implica el grado máximo de la sabiduría; y la práctica del amor puro por amor desinteresado, es decir, por el amor mismo, la perfección del espíritu, que es relativa a cada mundo.

EL amor, lo tenemos escrito en todas las cosas de la naturaleza y en todo el universo; lo que falta es, saber leer en ese libro universal y hasta hoy no hemos podido hacer sino aprender la palabra, porque fue sustituido el amor, por una hija menor de ésta, que la religión la llamó caridad, en vez de piedad, que habría sido más justo en sentido humano.

Los prevaricadores del principio santo y único principio "Amor del Creador", hicieron la caridad, porque ésta, con parecer una gran virtud, es un átomo de la Ley de Amor; pero, al consagrar la supremacía, las castas, los derechos divinos, los hereditarios y tantas otras tiranías, se cubrieron en su maldad, con la caridad; con ella, después de apropiarse de lo que es común, las religiones y las leyes hechas siempre por los principios religiosos de cualquier estado, aunque éste fuera incivilizado, se planteaba la caridad para tapar la boca con un mendrugo, dado en nombre de la caridad; lo que significa rebajamiento del que lo recibe y es un criminal descubierto el que lo da; pero está amparado en leyes criminales también, hechas por los acaparadores, que ninguno de ellos puede mostrar las manos encallecidas, si no es por el manejo de la vara del castigo y otros útiles.

Yo pido una credencial de la naturaleza y del padre común, en que se me justifique que fueron engendrados y nacidos de diferente manera los supremáticos, que el último obrero; y si no pueden demostrármelo, queda de hecho proclamado el primer artículo de la Ley de Amor que dice: Igualdad. Sí, señores; la igualdad absoluta en el trabajo, en el usufructo en la ley y sin exclusión de sexos.

La caridad es condenada, desde hoy, con el cristianismo, porque fue su arma para humillar y para encubrir su maldad; y porque la caridad pospuso al Amor, como el cristo pospuso a Jesús. Caridad y Cristo, pues, pasan a la historia, en paginas de luto. Y como el Padre ocupa su puesto en la tierra, el Amor lo representa en los hombres que son sus hijos.

Pero el amor fraternal, aunque sea universal de la tierra, se me dirá, aminora el amor de familia y éste es sagrado.

Yo os contestaré que ese es un error muy grave y manifiesta una ignorancia reprobable; cosa que no tendrán los hombres del siglo venidero, porque la ley de Amor, les enseña una ley sublime, por la que se constituye la familia pequeña; el que diga que la fraternidad universal aminora el amor de familia, ignora en absoluto la divina ley de afinidad, que es el ejecutor le la suprema Ley de Amor (1).

La familia se constituye por la ley de afinidad, que tiende a reunir todo lo homogéneo; coloca, inexorablemente, todo lo que le pertenece en sí y en los sitios y en el tiempo matemáticamente justo; y es ella la que señala los hechos, las epopeyas y los momentos históricos; y de su ejecución nace la Justicia, segundo articulo de ley suprema; pero la ley de afinidad es en absoluto desconocida, porque aunque está escrita en nuestras obras de química, ni aun estos sabios la han profundizado; porque si la hubieran estudiado, ellos serian los apóstoles primeros de la verdad; peor para ellos, porque al fin de cuentas, nadie hay mas perjudicado que el que hace daño a otro; y el que sabe y no enseña, falta al amor y no cumple con el deber que trajo a la tierra y son deudas a pagar. Y Jesús os lo dijo, "Seréis echados al calabozo, de donde no saldréis hasta que hayáis pagado el último cornado". Pero el juez os dice que el calabozo de que habla Jesús es el mundo primitivo, donde ya han pasado, por desgracia, algunos millones de supremáticos el día de la sentencia del juicio final y os lo advierte a los que en la tierra estáis, para que trabajéis y no paséis vosotros. Y no me dirijo solo a los sabios que he citado; lo digo a todos los habitantes de la tierra, porque no hay excusa de ignorancia; todos tienen la obligación de ser sabios, pero más los que por tales se tienen. El padre pide, según los talentos que a cada uno entregó; y si el químico, el ingeniero, el filósofo y el que administra lo hace, es porque otros, con su cuerpo, roturan la tierra para darles los útiles y los alimentos, para que les enseñen y los administren; y si coméis del trabajo muscular del que a eso vino y vosotros no repartís vuestro producto de ciencia, o no adelantáis la ciencia, para ayudarle mutuamente e ilustrarle, sois... Daros vosotros mismos la contestación, porque yo no quiero manchar ésta página con el calificativo; porque este Código es el último que se le da a la humanidad y no deben, los venideros, herir sus oídos con palabras como esa.

El amor de familia, tal como hoy se entiende, es el producto de un error y dice la ignorancia de los hombres, del verdadero amor; es empequeñecerle y encerrarse ellos en un circulo reducido, donde no se puede mover más que pocos pasos; es, en fin, un egoísmo absurdo, que trae las mas graves consecuencias, pero que el prejuicio no deja ver sus males.

Preguntadle a vuestro espíritu dónde se va cuando el cuerpo duerme; examinar lo que muchas veces recordáis de un sueño, encontrándoos entre personas con quién departís y en países extraños, y hallareis que el espíritu tiene más conocidos que el cuerpo que ahora tiene, no conoce; examinar el caso muy frecuente de sentiros atraídos por una persona con quién habláis; y sí ahondáis, llegaréis a saber un lazo de afinidad.

El amor de familia no sólo no se debilita, sino que se afirma y se dilata a su plenitud, con el amor fraternal universal; cuanto más sea extenso el amor, mayor será el progreso y la civilización; con el crecimiento del amor universal, se aminorará el crimen hasta extinguirlo y no conocerlo; en cuanto el amor universal empiece a extender sus ramas, las guerras no tendrán lugar, ni la política será una añagaza; el gobierno y administración recaerá, indefectiblemente, en el hermano común que preparado habrá venido a eso. Hasta hoy, el amor, es un egoísmo y no se conoce más que el amor de bestias, el amor carnal, al amor propio y esto llevó a la humanidad al amor de lo ajeno.

Pero el amor puro, lo santifica todo; la familia, el pueblo, la nación, el mundo todo; y con el amor puro, no hay ricos ni pobres; primeros ni segundos; y nadie, en ninguna parte, es extranjero: en todas partes tienen los hombres, los mismos derechos, pero en todas partes tienen que trabajar para todos; al revés que hasta hoy, que trabajan todos para uno; para el más audaz; para el más malo.

Con el amor puro, la inexorable ley de afinidad une a los seres en santa unión, por atracción, por sentimientos, por caracteres y se afirma el amor de familia, en la que se disfruta las delicias del padre común y cada cual es fiel en su balanza; no es posible el desconcierto, la miseria, los celos, las pasiones, ni el cuidado ajeno, cuando el amor impera.

Con el amor puro, todos a todos se respetan; todos a todos se ayudan; porque todos se consideran iguales y todos saben que todos tienen los mismos derechos, pero todos saben también que tienen obligaciones con todos por amor desinteresado, porque todos del trabajo viven y porque el amor impone la ley del progreso y el progreso es común. Por lo tanto el trabajo es común y el usufructo común también.

Esto es la esencia de la justicia, en la más absoluta libertad sin libertinaje; lo mismo que el amor puro mata el amor propio, la libertad derivada del amor mata el libertinaje.

Se objetará a todo esto que eso es la perfección y propio solo de hombres perfectos (2).

Nunca mejor objeción; para los hombres perfectos hablo; pero para los perfectos principiantes; para los que han acatado la Ley de Amor, en la que trabajan para llegar a la perfección; pero es de justicia darlo ahora, para que las tres generaciones que viven en la tierra y que han sido juzgadas no aleguen ignorancia y desconocimiento de lo que será el mundo pasadas estas tres generaciones, que pasarán en el plazo breve de 90 años; y para cuya fecha vivirán en la tierra sólo espíritus de luz; trabajadores de antes, que vienen a continuar su trabajo desde ahora y, no temáis que les vaya a torcer su camino, las moribundas malas costumbres de hoy; han vivido muchas existencias ya en la tierra en medio de la barahúnda Babilónica y, la experiencia, es madre de la ciencia y saben y han jurado al Padre; unos, venir para enderezar sus entuertos, y otros, a ser el sostén y preceptores de ellos; esto lo sabe el Juez, porque a él se lo han jurado, como juez del Padre. (3)

Conclusión: el Amor es la Ley Suprema para todos los mundos de la cosmogonía; la tierra, en su progreso material, es bella, porque le llegó el amor de los otros mundos hermanos; por tanto, el amor es universal y nos pone en unidad, comunión y comunicación con todos los mundos del universo; y así, el amor, es el Dios Amor; único principio del que se derivan todas las demás leyes.

 

(1) Lea los cinco amores que anatomiza este punto

(2) Ni la "perfección", ni el "amor puro" puede tenerlo el hombre, pero sí relativamente; Pero usaremos sus términos para mejor entendernos.

(3) Buscad y entender."Los Juramentados". -Marcha.

Párrafo II
Ley de Afinidad

"Siempre que se reúnen las causas, que originan los efectos, se producen los mismos efectos". Este principio de ley no pudo nacer en la tierra, sino por el amor de nuestros hermanos mayores de otros mundos de perfección, pero aún perfectibles, hasta el infinito. Pero ¿por qué la ciencia adelanta tan paulatinamente? Y ¿por qué, en los últimos 50 años, ha descubierto la ciencia más secretos que en todo los siglos anteriores? Voy a contestar éstas preguntas de gran interés, para desfacer entuertos". Sí, tuya es la palabra, misionero Cervantes.

Hasta hace cincuenta años, el predominio mundial fue de las religiones. ¿Quién me dirá que no? Y éstas, que su sello es el estancamiento por todos los medios de las corrientes del progreso, habían hecho un dique con los cuerpos y sangre de los progresistas; por esta causa, los hombres de progreso que se querían librar de la opresión tenían que militar en esas filas y, como a hurtadillas, lanzaban un nuevo principio, que pronto caiga en la censura de la iglesia; y si tal era la fuerza del principio, se aprobaba con muchas enmiendas, que lo desfiguraban. Pero entre que se discutía y se lo disfrazaba ya trascendía a unos y a otros; y aunque se amordazase, algo quedaba y entraba luego en las universidades, en los laboratorios y, poco a poco, llegaba su fuerza a hacerse ley, por necesidad. Ya tenéis descubierta la causa de que la ciencia suele tardar mucho en descubrir secretos y principios elementales.

Pero el espíritu no muere y es constante cuando entro en el progreso. La ley de los afines, brazo ejecutor de la Ley de Amor, se veía siempre coartada por la maldad, error y predominio de los supremáticos, pero ella preparaba las cosas en sus puestos, reuniendo los efectos de las causas que se oponían al progreso y convierte esos efectos en causa, en virtud de la justicia y la igualdad por el amor común.

Al efecto; reunidos los oprimidos, los fracasados, los sacrificados por la opresión sistemática, preparados los elementos necesarios en la tierra, descienden, desde los descubridores de América hasta Napoleón, guerreros y rebeldes, hombres de ciencia y obreros. España prepara un nuevo mundo donde tendrían acogida todo los que necesariamente deberían dejar su terruño, después de librada la batalla que venia a librar y allí dejar preparado el campo de las ideas y, con su expatriación, traer al nuevo continente las mismas ideas, preparado así la unidad y poniendo el sello de que el hombre no es extranjero en ninguna parte.

Mientras, los aventureros (según mezquinos historiadores), hombres de misión, según el Juez que sabe a que obedecen estos efectos, porque sabe la causa que los origina: mientras éstos hombres de gran misión, unos vestidos como frailes, otros como guerreros, otros como labradores y aunque fueran como cazadores y hasta como bandoleros, preparaban un continente, una nueva morada dentro de la morada misma de la tierra, que antes no fue, porque así convenía a la inexorable ley de afinidad, que tiene por base la justicia, la igualdad y la compensación, se desataron las furias del Dios de los supremáticos, allá en el viejo continente, y pusieron en juego las hogueras, las mazmorras, las ruedas, los garfios, los potros, los venenos, la soga y el puñal, en venganza de los atrevidos que habían prestado auxilio y oídos a los aventureros que desmintieron que el universo fuese aquellos pedazos de tierra, con lo cual, los principios hubieron de cambiar y las ideas avanzar. Y ya empezó el primer clamor de los de abajo; los del medio, se unieron a ellos porque llevaban la fuerza, y llegó el capitán, en los comienzos del siglo de las luces, y Napoleón quiere unificar la tierra. La espada era aun necesaria; aunque Napoleón antes fue uno de los discípulos amantes de Jesús, venia con la espada porque la ley de afinidad le enseñaba y le imponía traerla, para iniciar la unidad bajo un sólo credo, el Amor; del que aún no se podía hablar y darlo como ley suprema. Napoleón, por la gran presión religiosa, pasó de la raya que se le había marcado; no porque él lo quisiera sino por que lo vendieron sus mismos capitanes. Él, en España, no iba mas que a despojar a un babieca que tenía la corona impuesta por Roma y era un obstáculo para su alta idea, de hacer el imperio universal. La ambición el algún capitán suyo, hijo de los errores y prejuicios de religión y supremacía, no cumplió las órdenes de Napoleón y lo hicieron fracasar en el establecimiento del imperio único; pero dejó bases puestas, y arriba, en los Consejos del Padre, se tomó buena nota de ser la hora de preparar la descensión del Juez para derribar el apócrifo Cristo (por lo que seria llamado el anticristo), arma de la causa de tantos y tan tristes efectos ¿Sabían estos puntos los historiadores? Se les dijo; pero el prejuicio les hizo ser cobardes y faltar a la verdad de la historia. Se les dijo, he dicho; sí, señores historiadores, se les dijo. ¿Quién desconoce al "Nariz de Porretín" que os han dicho que hablaba e informaba, y aun mandaba digo yo, a Napoleón? Pues yo lo conozco aquel enano con nariz de Porretín y vestido de rojo, que le ordenaba a Napoleón, como hubiera podido presentársele de Juana de Arco. ¿Puede alguno dudar que el Apóstol de España, Santiago, haya sido visto a caballo y dirigiendo una batalla de un puñado de hombres contra grandes legiones de moros? Si hay quién lo dude, que vaya a África; donde después de muchos siglos, hay quienes preguntan "si aún vive el del caballo blanco" pero sobre todo os lo dice el Juez que fue un apóstol de Jesús, para sustituirlo como jefe del apostolado. Todos los hechos de la tierra se producen por la influencia y con participación de los espíritus; y no por capricho y gusto, sino obedeciendo a ley de afinidad, que prepara con la más estricta justicia todos los hechos; desde la constitución de una hormiguita hasta las hecatombes de Mesina, Santiago, California, y, si está en la justicia, rompe un mundo en pedazos, para unirlos y deja uno fuera y sostenido por la misma ley, sirviéndole de luna, que le da luz por reflexión, de noche; esta es la ley de afinidad, en la cual, la humanidad que ya empieza a llegar se baña en Amor y Justicia.

Pero en todas las cosas que pertenecen a hechos históricos, la ley de los afines, tiene poco que cuidarse (diríamos en nuestro modo de expresarnos en la tierra), porque cada cosa (de tierra arriba) al milímetro y al segundo de nuestras medidas, cumplen su deber porque todas las cosas y los seres se bañan en el amor. Pero en los mundos de expiación, prueba y primitivos, donde no reina más que la malicia y la carne, ¡oh! ¡Qué trabajo ímprobo para organizar un hecho! ¡Que de siglos son necesarios para reunir los afines en el punto de justicia! ¡Sólo el poder del Dios Amor puede hacerlo! Porque no vayan mis hermanos a creer que basta querer la justicia; porqué esa en su mano estaría siempre. Es necesario que ésta esté en armonía con todas las otras leyes, y consiste, la gran parte, en el hombre, que tiene libre albedrío y no se lo coarta el Padre. Pero como la ley de los afines, muchos siglos, decenas de siglos antes de un hecho ya lo señala en armonía con la ley suprema, triunfa siempre y a su hora, por la justicia.

Lo tenéis demostrado en el testamento de Abraham, insertado en el capitulo primero. Siglos antes anunció la ley, escrita después del cautiverio de Israel; y anuncia, la luz de sus hijos 36 siglos antes y manda, entre ese tiempo, profetas, misioneros y Mesías y, la víspera del acontecimiento mayor, cincuenta años antes, vienen los "Ángeles y lenguas de fuego" a preparar el camino al Espíritu de Verdad y al hijo del hombre, que vendría a juzgar a los vivos y a los muertos.

Pero la materialidad de los hombres y la malicia (de los demonios que llama Abraham, que trabajan en contra de los ángeles, que son los espíritus de luz, que unos y otros fueron hombres y lo vuelven a ser), la materialidad, repito, entiende que los ángeles son, los que la ignorancia le ha pintado; y las lenguas de fuego, material; y ha sido necesario, para que el hombre no alegue ignorancia, que éstos vinieran como lo conocían; llegaron espíritus tomaron la forma con que la fantasía humana los pintara y ocurrieron las hecatombes de Mesina, la Martinica, California y que los volcanes, o vesubios, sacaran su lengua y escupieran lava; Pero aun así, los sistemáticos, los malvados, los opositores a la justicia verdadera, lo achacaron a castigo de lo libres, de los que amamos en el progreso al verdadero y único Dios, en amor y verdad. . . ¡ Insensatos! . . .

Pero la ley es previsora, como inexorable; y antes, los que habían de hablar, mandaron al mundo a otros afines que tomaron cuerpo con aptitudes y facultades, por los que ellos hablarían y, uno entre todos, que recogiera la filosofía y la diera impresa al mundo, mientras el Juez llegaba a su punto con todos los suyos para recibir al Espíritu de Verdad, recoger su palabra y juzgar a los vivos, y a los muertos; y tanto vale negar, como nada; los hechos han sucedido y el que no lo quiera creer y aprovechar (hablo a las tres generaciones) lo creerá con perjuicio suyo al desencarnar. Yo cumplo con mi deber, y he luchado 57 siglos para cumplir mi juramento al Padre y, unas veces encarnado y siempre como espíritu, estuve en la lucha y en ella continúo.

Pero la ley de afinidad, donde mayor es su trabajo, es en la unión de los seres, que se descarrían por el desconocimiento del amor puro y los obceca el amor propio y el amor carnal, no siendo éste el amor que de unir a las familias; más también es licito y necesario el amor carnal y está dentro de la ley y es él de necesidad, mientras no se tiene conciencia del amor puro, para la ley de procreación. Pero lo trataré, con la extensión debida, después de la ley de justicia.

Conclusión: La ley de afinidad es el ejecutor de la ley suprema de Amor; ésta es inflexible y matemática y alcanza a todos los hechos del universo, desde la unión de primer "electrón, la molécula y el átomo" hasta la completa terminación de un mundo y no acaba eternamente sus funciones de transformación, siempre progresiva, hasta el infinito; pero es como un ser sin entrañas ni sentimientos; no le ablandan las lagrimas ni suspiros, ni la ufanan las alabanzas; ella es la ley y nada más.

Párrafo III
Ley de Justicia

El amor no puede ser sin justicia, ni ciego; como se ha cantado. Yo os digo: el amor, de hecho, es sabiduría: y por lo tanto, de derecho, es justicia: y la justicia, aun la terrenal, tiene que ser toda ojos. La justicia recibe los hechos obrados por la ley de afinidad, y la justicia tiene que ponerlos, cada hecho en su sitio y preparar un sitio para cada hecho. Si la justicia obra a ciegas, no puede ser justa.

En los actos de la naturaleza, la justicia resplandece hasta en las cosas, insignificantes (para nosotros los hombres de la tierra), y nada sucede sin que lleve el sello de la ley de afinidad, que es el ejecutor del amor del Padre. No existe la casualidad, en lo material ni en lo espiritual, sino que todo obedece a una causa primera; pero la ignorancia de los hombres les hace repetir muchas veces: ¡Casualidad!. No, hermanos míos; no hay casualidad; lo que hay es ignorancia e imprevisión; y el sabio, el llamado sabio, el magistrado, el juez, la ley que pronuncie casualidad, declara su ignorancia de las causas que producen esos efectos que no comprenden y llaman casualidad. En cambio, son el cumplimiento fiel e irrevocable de la justicia de la ley suprema de amor. Fatalidad, si puede admitirse, en el sentido de la acepción que la academia le designa; pero entonces es justicia de necesidad en vez de fatalidad.

La muerte repentina, el asesinato en general, el robo (mal llamado), la tristeza, la alegría, la paz y la guerra; la creación de un mundo, su transformación, la vida humana, la vida espiritual, la comunicación del espíritu obrando sobre la materia de un encarnado; la ignorancia aparente, la ciencia y sabiduría que llamáis infusa; la ciencia y sabiduría de los hombres; todo, todo obedece a la justicia de la ley; la desaparición de un continente, la destrucción de una ciudad, la derrota de un ejercito, la sumersión de una escuadra, el hambre, la peste, la asolación de los campos, no es menos justo que el bienestar y la dicha.

Ya os lo ha dicho Jesús. "No cae la hoja del árbol sin la voluntad del Padre". "El que ha hierro mata, a hierro muere". Con la vara que midieres, serás medida". ¿Y qué caso ha hecho la humanidad de esto? Los hombres de la ley, por desidia, para envolver su ignorancia, han llamado "casualidad" a los hechos que son de justicia.

Pues bien, hombres; sí no entendisteis el verdadero sentido de las palabras de Jesús, yo os las diré de modo que las entendáis: "Si odias, tendrás que amar''. "Si matas, con tus besos resucitarás al muerto”. Si te apropias de lo de tu hermano, serás despojado de lo que no has ganado". "Si cometieres escándalo, el escándalo será sobre ti, hasta que lo borres de tus escandalizados"...

Todos estos principios morales están escritos por el legislador Shet hace 57 siglos y repetidos millones de veces por millares de moralistas; las religiones, los han tenido todas; pero la supremacía en que se han encastillado; el no practicarlos ellas, que son las primeras que debían practicarlos, llevó al escándalo a los estados civiles; y éstos, prejuiciados por el error y falsa interpretación teológica de las escrituras, hicieron los códigos, que son una completa equivocación; en el dicho de "el que ha hierro mata a hierro muere" han entendido la pena de muerte, que ha manchado todos los códigos y los sentimientos de todos los hombres. La ignorancia y la malicia solo pueden entenderlo como lo han entendido; pero no habéis querido entender que “ni la hoja del árbol cae sin la voluntad del Padre”; no habéis que­rido entender "no quiere mi Padre la muerte de sus hijos, sino que se convierta y viva"; sois hijos de la carne, y por eso oís nada más que los espíritus de la carne, como lo dijo Hellí a Abraham.

Más yo os pregunto: puesto que habéis tomado la palabra al pié de la letra, ¿por qué matáis de diferente modo del que uno mató a otro?. ¿Cómo os arreglaríais para matar a una mujer que mata el feto dentro de sus entrañas? Si habíais de ser justos en la aplicación de la palabra, tendría que morir del mismo modo que mató. ¿Sois impotentes para ello? Pues, no cometáis injusticia. Yo os lo digo; los delincuentes son enfermos del espíritu y hay que curarlos; con su destrucción, los enfermáis más; con su retiro de la sociedad no los curáis porqué le priváis de los medios de curación.

No sois justos, porque sois ignorantes; sois ignorantes, porque no sabéis amar; no sabéis amar, por que sois y vivís sólo la vida de la carne.

Los delitos no los comete el cuerpo de un hombre; la ejecu­ción del delito efecto del espíritu es y el espíritu es de Dios y solo Dios puede juzgarlo.

El cuerpo es sólo una máquina regida por un agente, movido por una fuerza indestructible, por un principio inteligente, al cual no puede la justicia de la tierra castigar, ni el Creador destruir, porque es parte de El mismo y lo creó para ser eterno.

Ese espíritu equivocó el camino, por el ambiente; por él equivoco de las religiones, de los estados, de las leyes, de la parciali­dad del juez, y es el juez, el estado y la religión el responsable y "pagarán hasta el ultimo cornado”.

Pero el Creador tiene medios, en su ley inexorable, para atraer y en su inmenso amor, manda sus hijos de luz para que le lleven sus hermanos, “negros de hollín", una vez que se iluminen en su conciencia; no los elimina, cuando son tercos y obcecados; el Padre tiene moradas, hospitales donde curar a esos enfermos y allí son curados por los mismos que los enfermaron; por los injustos, por los que escandalizaron y no los abandonarán hasta que los hayan curado y redimido, para lo que tienen que hacerse sabios, sabiendo amar.

He ahí la verdadera justicia; esa no puede equivocarse; esa produce los efectos que son de justicia, porque son sostenidos por causas justas.

Sabedlo, pues; las vidas que habéis cortado por vuestras leyes, las tenéis que devolver; reanudarlas y ponerlas en camino para terminar su carrera y misión. De modo que, cuando sentenciáis a un hombre a la muerte, os sentenciáis vosotros también a dar vida material a aquel espíritu, y cuando sentenciáis la prisión de un hombre separando de la sociedad, vosotros mismos os sentenciáis a darle la libertad; de donde se desprende la reencarnación de los espíritus por necesidad y justicia, por la ley de igualdad y por la de compensación, sin cuyos artículos no podría existir la Ley de Amor.

Se dirá que el crimen hay que castigarlo; que la pena de muerte se impone por vindicta pública; que las cárceles son necesarias para separar de la sociedad a los perturbadores. ¿Dónde hay mayor error? ¿Por qué ha de hacerse partícipe a todo un pueblo de la venganza, ya que según decís, esto significa vindicta? El pueblo, en todo caso, debería castigar a los causantes del delito, que no son otros que los legisladores, los gobiernos, las religiones, que le han enseñado odio en vez de amor y lo mantienen ciego y fanático en los errores de religión y de patria y le enseñan supremacías que en la ley no existen, aunque existan superioridades de sabiduría y virtud; estas, que son las verdaderas superioridades, la ley suprema de Amor les da el titulo de Maestros; pero no los autoriza más que a enseñar el bien y nunca a castigar; porque en justicia, el castigo, está en la conciencia del delincuente cuando se le despierta; esa conciencia es juez más inexorable que la muerte material y el remordimiento le hará reconocer su equivoco y sabrá que tiene que remediar el mal; pero si en vez despertarle la conciencia, se le embota separándolo de la sociedad y sometiéndolo a penalidades que las bestias sólo pueden soportarlas, el odio crece y su regeneración se retarda.­

Afortunadamente, pasadas tres generaciones, pasará con ellas todo ese maremagnum de errores, porque los que van llegando a la tierra ya traen la sabiduría del amor bien aprendida y el ambiente será de amor, pero de estudio; os lo digo porque los que hoy estáis en la tierra y ya sentenciados, aprovechéis y no aleguéis ignorancia y empecéis a deshacer vuestros equívocos, los que necesariamente os llevan al mundo adonde ya fueron muchos de vuestros colegas, para ser allí curados de la ignorancia de la verdad, ya que en la tierra fueron sabios del error, de la mentira, por la supremacía y el prejuicio. Vivir alertas y pedir al Padre luz y recibiréis luz sobre luz; pero pedirla en espíritu y verdad, limpiándoos antes del odio y del prejuicio, porque el Padre no oye más que a los humildes de corazón.

Conclusión: Nada sucede en la tierra y el universo sino dentro de la más estricta justicia; y el hombre no puede castigar al delincuente, pero tiene el ineludible deber de corregirlo y enseñarle amor; y todos los seres son responsables de su ignorancia y tienen el deber de ser sabios, estudiándose así mismos y consigo el universo; solo el Padre tiene el derecho de justicia, porque "Ni la hoja cae del árbol sin su voluntad".

Párrafo IV
La Ley de igualdad y compensación

La ley de igualdad se impone en la ley de justicia, y es tan admirable esta ley, que nada excluye del verdadero amor del Padre. En vano intentará sustraerse ningún ser de la igualdad de la ley, porque la de afinidad reúne todas las cosas en justicia y una y otra son inflexibles y llevan a los seres al cumplimiento de sus deberes en voluntad y amor. Podrá el hombre resistirse, luchar contra su destino, obstinarse y retardar su cumplimiento, hacerse moroso en el pago de los talentos, poner el desequilibrio en un mundo, pero todo en vano. Si en la tierra no está la satisfacción de sus deseos, si se equivocó y no encuentra el camino, si le daña la vista la mucha luz, si el odio lo domina, si la ignorancia es su favorita, si la supremacía le atrae, tiene el Padre, en su amor, moradas a propósito para todos los gustos; la ley le pone los medios para que llegue en el periodo que la misma señala, para ejecutar la parte de la obra que le fue confiada en bien de la comuna universal y la ley y los medios es igual para todos. Si el tiempo, siempre largo, señalado no le basta y los más llegaron a la igualdad, el principio de justicia se impone y se le señala la morada de sus afecciones. No importa que hayan pasado siglos; el tiempo es eterno, siempre está en el momento presente; al final, él solo se hace el daño, creándose nueva deuda que le obliga a trabajar más, y al fin el desengaño lo vencerá y reconocerá su equivoco; emprenderá el camino y llegará de jalón en jalón a la sabiduría, al amor.

Mas para llegar al amor, que es donde empieza la dicha y la felicidad por el usufructo de sus trabajos, todos sin excepción han consumido por igual; todos han pasado por todas las pruebas; todos han padecido los mismos errores, las mismas equivocaciones, los mismos goces y los mismos dolores; todos han llorado y reído la misma cantidad; todos han sido discípulos y maestros; todos han sido reos y jueces; todos han sido mandatarios y mandados; todos han dado y pedido y todos disfrutaron de la riqueza y la pobreza. El rey ha sido obrero y el obrero jefe y el emperador súbdito; la mujer fue y será hombre y el hombre mujer, siendo antes o después hijos de sus hijos y hermanos de sus hermanos; por lo que el titulo de padres es sólo aparente y momentáneo, en la larga serie de existencias; pero la maternidad es entendida en la ley, por el mayor grado de amor de los individuos que componen la familia, según la ley de afinidad que lo ordena, pero dentro de la mas estricta justicia, haciendo pasar a todos los individuos por ese título, que en la humanidad es lo único santo que hay, por los sacrificios que consigo lleva; pero como en el espíritu no existe el sexo, todos fuimos padre, madre é hijos, en la misma familia; y porque procedemos todos del mismo origen, del mismo Padre común, el titulo único y verdadero y estable en la tierra y toda la cosmogonía es el de hermano. El parentesco material no existe como genealogía permanente, más que eventual, pues muchísimas veces se interrumpe por hechos de justicia; y quién hoy es Europeo, ha sido ayer Chino, el Chino Europeo, el Asiático y el Australiano lo mismo y el negro blanco y el blanco negro.

Así, pues, no existen las razas, ni castas, ni las jerarquías, ni los títulos nobiliarios hereditarios, en verdadera justicia, sino como compensación por ésta misma ley para que, todos gasten el mismo caudal y todos pasen por todos los grados, que es a lo que responden todas esas instituciones, necesarias en las humanidades y mundos, para llegar al amor fraternal humano, que es la sabiduría suprema; y ésta, por grados también en cada mundo y en cada nebulosa; no porque sean necesarios en la ley divina, sino que, una vez cometido el error, la Ley de justicia forma parte para compensar a los perjudicados.

Mas llegado al conocimiento del amor, que es cuando la igualdad en el caudal gastado y en el progreso realizado está en equilibrio y la mayoría se encuentra abiertamente en un progreso espiritual que se impone al progreso material, para encauzarlo a la verdadera belleza, se impone la paz, por la justicia. Ahora la ley de afinidad señala una epopeya, una nueva era, un nuevo momento histórico y son separados los retrógrados por enfermos y se los somete a la curación, en mundos conformes a sus aspiraciones; no se les aniquila; no se les separa del cuerpo universal; se les lleva al colegio, al sanatorio; a instruirlos, a curarlos, siguiéndoles el amor de sus hermanos que los visitan, que los animan, que los consuelan y, por fin, se curan y se regeneran por el amor. Todos hemos seguido esos caminos.

La compensación es tan justa como todas las cosas del Padre; cada uno disfruta de lo que produjo y en comunidad, no siéndole posible (por el control de su conciencia) tomar más de lo necesario; y el amor de sus hermanos, su progreso, el amor del Padre le llevan voluntariamente al trabajo, al estudio, siempre mirando que más allá hay más perfección, que está obligado a conquistar.

Ya en este grado de luz, la injusticia no cabe; la intriga, la política, la religión, el estado (como nación pequeña) desaparece y se convierten en nación universal y en ninguna parte es extranjero y en todas partes encuentra lo necesario en la más completa libertad de acción, porque cada uno, en su deber, tiene la justicia por balanza y el amor por base todos sus actos; por todo credo el mismo amor, que es el Dios de la creación.

Sabe que más abajo tiene otros hermanos menores que enseñar, y en su facultad llega a ellos y les da de lo que a él le dieron cuando se encontró como ellos, ignorante. Con la misma facultad, llegan a él otros mayores y le dan de lo que tienen, animándole a ir más allá, llegar hasta ellos y así hasta el infinito en la eterna cadena del progreso en perpetuo e inagotable amor, del Dios Amor.

Conclusión: La ley de igualdad es el complemento de La Ley de Amor: nadie puede esquivarla y obliga a pasar por todos los grados, posiciones y conocimientos del mundo; da la libertad absoluta, pero hace responsable del daño causado a un segundo; no existe la supremacía, pero sí la superioridad en sabiduría, la que obliga en amor a enseñar al más ignorante, lo que implica reconocimiento, pero sin humillación ni supremacía, porque está dentro de la ley de justicia y es lo que constituye la armonía del amor; los sexos no existen en el espíritu; por lo tanto, la mujer y el hombre complementan la armonía, y los derechos y las obligaciones proporcionales en el seno de la familia, son en absoluto iguales ante la comunidad; la procreación es ley impuesta por igual a todos los seres y la unión para la procreación es exclusiva de la ley de afinidad; pero son necesarias la cooperación de todas las leyes del Creador. El titulo de madre es santo único en la tierra. Pero, como el de padre, es temporario, porque el espíritu, por la ley de justicia e igualdad, tiene que ser hijo, hermano, padre y madre, y, por regla general, en todos los pueblos y colores; de todo lo cual se desprende que, la Comuna es el único gobierno, es el amor por el Amor, la que es regida por el Maestro superior, como es en los mundos de luz de todas las cosmogonías en todo el universo.

Ya tenemos la síntesis de las tres leyes complementarias del amor del Padre, y como catalogados los artículos de esa ley suprema; los que vamos a estudiar francamente, para las generaciones primeras de la "Nueva Era" y del Séptimo día de la humanidad terrestre, identificándome en los mundos de la cosmogonía, en cuya cadena formamos y para que les sirva de conocimiento a las tres generaciones que quedan sentenciadas en la tierra y opten en libertad y voluntad por escoger la morada que les cumpla: es decir, seguir perteneciendo a la tierra en su día de luz, y amor, o marchando en el acto de su desencarnación al mundo inferior correspondiente; porque ya, en la tierra, no caben los retrógrados, los sostenedores de la supremacía y el error; La tierra es patrimonio de los hijos del progreso y el Padre se les dio en usufructo de su trabajo, durante el Séptimo día, en el que, con la paz y el amor con todos sus atributos, se elevarán al progreso y perfección relativos a la tierra.