Punto 2º. "El Espiritismo" según un Presbítero

Este sí que es realmente el Anticristo, porque es Antirreligioso; porque es la sabiduría total del universo. Pero no se confunda también "El Espiritismo luz y Verdad", que es el "Asiento del Dios Amor", con el "Espiritualismo", amalgama de religión y espiritismo negro y magias negra y roja, que la religión católica practicó y practica aun y enseña, para desprestigio del Espiritismo, porque es la piqueta de las religiones y de la ignorancia.

La fobia religiosa contra el "espiritismo racionalista" que por lo mismo es su demoledor, a veces, se desfoga con el vocabulario piadoso que los religiosos tienen.

Copiemos un trocito de una inmundicia que se llama "hoja" o "Periódico Católico" de Santiago del Estero, República Argentina.

MEDIDAS ACERTADAS

Era tiempo de acabar con tantos farsantes y charlatanes de truhanerías. La secta de espiritistas, los llamados evangelistas que infectan con sus biblias y folletos antiargentinistas, y los otros comerciantes de religiones que astutamente se disfrazan de cristianos se arman reuniones que ellos llaman novenas y que en realidad son bailongos inmundos en donde todo se hace menos de culto a Dios y a los santos, han recibido una orden terminante del jefe de policía teniente coronel Navarro Loveira, de cerrar sus puertas. El espiritismo, verdadero antro de corrupción, tenía hace ya tiempo preocupada a la sociedad santiagueña, sin que las autoridades tomaran ninguna medida para impedir el avance de la horda de vergonzantes.

Estos evangelistas desde tiempos lejanos repartían libros y folletos, cuyos postulados contienen los mismos o peores gérmenes de corrupción y de vicios asquerosos, por más que ellos afirman la creencia en Dios.

Los últimos bajo capa de novenas y rezos de piedad, fomentaban prácticamente los hábitos depravados. Esto lo sabían muy bien las policías de otros tiempos y también la prensa que aspaventando amor a la libertad de creencias nunca dijo nada y ahora que sería la ocasión de aplaudir la enérgica y acertada medida del señor jefe de policía, guarda un mutismo que no tiene atenuantes.

¿Será que no saben los cronistas lo que acontece al respecto? No. Esa medida, según ellos, favorece exclusivamente a la religión católica, lo que no pueden aceptar ni ver con buenos ojos.

Nosotros aplaudimos sin reserva la terminante orden del jefe de policía, no porque nos favorezca a nosotros, sino porque evita la inmoralidad y la barbarie en nuestro pueblo.

Bien, pues, por el teniente coronel Navarro Loveira".

No podemos decir más que: "Nadie piensa de otro sino lo que él es". Pero por lo menos, sed decentes en decir y hablar, para que aunque no lo seáis, parezcáis cultos, ya que vuestra fobia religiosa, no os permita ser ecuánimes y condignos ciudadanos. Yo, por hidalguía y agradecimiento a vuestra destemplada tocata que confirma a pesar de todo el espiritismo, os doy entrada en este libro, para que la justicia os pague vuestro "Denario, en esta y la otra vida, porque así es justicia".

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Copiemos íntegra una "Conferencia del presbítero Rodolfo Vergara Antúnez, pronunciada en la universidad católica de Santiago de Chile" y "Recomendada por la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Buenos Aires, calle Defensa y Alsina", según reza el folleto que nos sirve.

Este presbítero, confirma por entero el espiritismo: pero que ejerciéndolo nosotros, es diabólico. Ellos, ministros de Dios, ¿de cuáles espíritus se sirven para recibir las comunicaciones?... Porque las reciben, no cabe duda y han tenido toda clase de fenómenos físicos que hicieron milagros y los siguen haciendo. La desgracia es, que los diabólicos espiritistas los hacen también (1) y... se acabó el milagro. Eso es lo que les duele y los pone hidrófobos. Culpad a la ley que es una y para todos igual. Los árboles, se conocen por el fruto. El árbol católico y cristiano, ya hemos visto que fruto dió. La ley de los afines no la quiebran las bendiciones ni las blasfemias.

Oigamos. Digo, leamos. Dice el presbítero citado.

"Conferencia pronunciada en la Universidad Católica de Santiago de Chile, por el presbítero RODOLFO VERGARA ANTÚNEZ, Rector del Establecimiento y miembro académico de la Facultad de Teología de la Universidad Nacional Chilena".

"Recomendada por la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Buenos Aires, calle Defensa y Alsina".

"EL ESPIRITISMO"

Señores:

"Hace más de un siglo que va extendiéndose por el mundo una práctica que la razón y la fe condenan como engendradora de muchos males. Una práctica que sorprende por las inexplicables maravillas que produce y que excita vivamente la curiosidad por la novedad de los fenómenos que presenta; una práctica que aparece a los ojos de las almas incautas como inocente pasatiempo; pero que poco a poco va infiltrando traidoramente en los espíritus un veneno sutil que concluye por extinguir la fe, por corromper las costumbres y por causar en los que la frecuentan daños a veces irreparables.

"Esta práctica, que en toda la antigüedad gentílica fué conocida con el nombre de magia, se atavía hoy con el nombre de espiritismo. Y así como la antigua magia dominó en el mundo pagano y domina aun en las regiones no alumbradas por la luz del Evangelio; así también la magia moderna; así también la magia moderna, disfrazada bajo un nombre menos repugnante para las ideas de la edad presente, se esfuerza hoy por establecer su dominación antigua, conquistando prosélitos aun en las naciones más cultas. Y con una habilidad reveladora de su origen, cambia de fisonomía según el carácter y temperamento de los pueblos, a fin de conquistarse más fácil acogida.

"Y por eso, el espiritismo es positivo y dogmático en América; escéptico y discursivo en Inglaterra; místico y trascendental en Alemania; alegre y generoso en Francia.

"Por las condiciones especiales de nuestra época, en que la decadencia moral nos va acercando al antiguo paganismo y en que se siente un ansia insaciable de novedades y de emociones extraordinarias, el espiritismo constituye al presente un grave peligro para las almas. Y este peligro es tanto más temible cuanto que el enemigo que las acecha, es un enemigo insidioso y oculto, que fingiéndose muchas veces ángel de la luz, consigue abrir los ánimos a la confianza y llevar los hombres a su ruina por fácil e inadvertido sendero.

"Creo, señores, llegado el momento de denunciar este peligro, arrancando el antifaz al pérfido seductor que avanza entre las sombras. Y por eso me permitiréis interrumpir la exposición del dogma católico que vengo haciendo en estas conferencias, para dedicar la presente, a manifestar cual es la causa y origen de los fenómenos espiritistas y las consecuencias morales que fluyen naturalmente de esta demostración.

I

"¿Y qué es el espiritismo? El espiritismo, como lo indica su nombre, es la comunicación con los espíritus, verificada mediante la intervención de ciertos agentes que desempeñan el oficio de mediadores entre el mundo visible e invisible. Esta comunicación se efectúa de varios modos: ya por vía de interpretación de ciertos signos convencionales que consisten en golpes o movimientos de trípodes parlantes o giratorios; ya por vía de escritura, cuando la mano de una persona se ve obligada por fuerza irresistible a escribir las respuestas de los espíritus; ya por medio de audición, cada vez que los espíritus hablen en lenguaje ordinario y sensible; ya, en fin, por vía de visión, cuando aparecen en forma humana para conversar con sus evocadores.

"Preceden y acompañan a estas comunicaciones ciertos hechos maravillosos que anuncian y certifican la presencia de los espíritus; ora moviendo, levantando y deteniendo en el espacio cuerpos de gran peso; ora produciendo esplendores de forma y colores diferentes en lugares obscuros; ora causando ruidos de toda especie, desde el fragoroso estrépito del trueno, hasta las armoniosas modulaciones de instrumentos musicales.

"En presencia de estos extraños fenómenos, ocurre naturalmente preguntar: ¿quién los produce? Sí, como lo enseña la razón, no puede haber efecto sin causa, ¿cuál es la causa de esos efectos maravillosos?

"Entre los muchos que han tratado de investigar el secreto de esos fenómenos, hay unos que los atribuyen a impostura, otros a alucinación mental y no pocos a causas puramente naturales.

"Pero basta un momento de atenta consideración para persuadirse de que ninguna de esas hipótesis es racionalmente admisible.

"No pueden atribuirse a impostura, porque el tiempo, que es el leal amigo de la verdad y enemigo implacable de la falsedad, descubre al cabo la falsificación. Y un siglo es tiempo suficiente para ponerla en transparencia, especialmente cuando los hechos caen bajo el dominio de los sentidos y pueden ser constatados por un gran número de testigos. Los fenómenos del espiritismo se encuentran en este caso: son hechos visibles y públicos y centenares de testigos aseguran su efectividad a la faz del mundo; siendo digno de notarse que muchos de ellos declaran haber entrado en la investigación de esos fenómenos con un espíritu verdaderamente escéptico y que han debido rendirse al fin ante la evidencia de la realidad.

"No es menos inaceptable la hipótesis de Littré, que explica esos hechos atribuyéndolos a un mero efecto de alucinación, es decir, a esa enfermedad de la fantasía, por la cual el que la padece toma por realidades sus propias imaginaciones.

Y en verdad, es imposible suponer que los millares de espectadores que asisten a las sesiones espiritistas, pertenecientes a todas las nacionalidades del mundo y de edad y condiciones diferentes hayan sido víctimas de esa extraña forma de delirio, creyendo ver tripodes en movimiento y oír estruendos en el aire, sin que en realidad haya habido nada que turbe la quietud y el silencio.

"Pero a lo menos ¿no serán hechos extraordinarios producidos por causas naturales? ¿No habrá entre las fuerzas físicas algunas que produzcan naturalmente esas trasIocaciones de cuerpos pesados, esos ruídos, esos esplendores, esas apariciones aéreas y vaporosas, esas mesas que hablan y escriben?

"No, señores: porque los fenómenos espiritistas tienen tales caracteres que no solamente excluyen toda causa natural, sino que a menudo se verifican contrariando las leyes más conocidas de la naturaleza física.

"Es propio de las causas naturales obrar constante y uniformemente: el fuego siempre quema, la luz siempre alumbra, la piedra lanzada al espacio vuelve siempre a su centro. No sucede lo mismo con los efectos del espiritismo: la experiencia enseña que nada hay más inconstante, nada más incierto, nada más indefinido. Unas veces se producen con la intervención de los mediums: otras veces con prescindencia de todo intermediario. A veces los espíritus se comunican por medio de golpes y a veces por lenguaje articulado o escrito. Aplicadas las mismas circunstancias y en las mismas condiciones, no siempre se producen los mismos efectos. Lo que prueba que esos fenómenos no están sujetos, como las causas naturales, a leyes invariables y permanentes.

"Y todavía esos efectos contrarían las leyes de la naturaleza. Contrarían, por ejemplo, la ley de gravedad, manteniendo cuerpos pesados en el aire y haciendo que un hombre suba a una alta columna sin auxilio de las manos ni de otro agente. ¿Será naturalmente posible que una persona hable idiomas que no ha aprendido jamás? De ningún modo; porque según su condición natural, el hombre no puede tener otros conocimientos que los que adquiere por la observación y el estudio. ¿Será naturalmente posible que un hombre anuncie lo que está pasando en un lugar distante? Tampoco, porque el hombre en su actual condición solo puede saber lo que está al alcance de sus sentidos externos.

"Por otra parte, en las escenas espiritistas las mesas entran en conversación con los espectadores, dando respuestas adecuadas por medio de golpes convencionales o de palabras escritas con un lápiz adherido al pie de esos trípodes. Ahora bien, esa conversación supone necesariamente facultades intelectuales entre los interlocutores; y vosotros sabéis, señores, que las mesas, siendo compuestas de materia pura, son absolutamente incapaces de todo acto de inteligencia.

"Y bien, si la causa eficiente de los hechos espiritistas no se encuentran en el orden natural; si la naturaleza física es de todo punto inhábil para producirlos: aun más, si esos hechos contrarían frecuentemente las leyes naturales, ¿Dónde iremos a buscar la causa de esas extraordinarias maravillas?

"Hay, señores, más allá del mundo corpóreo, otro mundo invisible, pero real: este otro mundo es el de los espíritus, es decir, de los seres incorpóreos que residen fuera del universo visible; pero que mantienen con él continúas y estrechas relaciones.

"La existencia de este mundo invisible es una verdad de fe contenida en las Santas Escrituras y confirmada por las decisiones dogmáticas de la Iglesia. Esto bastaría hablando a los católicos; pero si hubiese de dirigirme a los racionalistas, añadiría que la realidad del mundo angélico no solo es enseñada por la fe, sino también aceptada por la razón y confirmada por la creencia universal del género humano.

"La razón nos dice que la creación no habría sido completa, si Dios se hubiese limitado a dar la existencia a la materia pura y a la naturaleza mixta del hombre, dejando en el seno obscuro de la nada a los espíritus puros, es decir, a los seres en que resplandecen de un modo más completo las perfecciones divinas. No se concibe racionalmente, que la omnipotencia creadora hubiese preferido para la manifestación de sus atributos a los seres menos perfectos, pudiendo crear para tan noble fin a seres más perfectos.

"Se diría entonces que Dios había tenido más empeño en multiplicar el vil polvo de la tierra, que en poblar el mundo de inteligencias purísimas y nobilísimas. Se diría que más estimación le ha merecido el gusano que se arrastra ignorado y obscuro en el polvo, que las criaturas espirituales capaces de conocerle y amarle. Esto no es posible, porque no es racional; y por lo mismo, debemos creer que si Dios fué fecundísimo en la producción de los seres materiales, ha debido ser mucho más fecundo en la producción de las gloriosas sustancias que piensan y quieren.

"La creencia tradicional del género humano confirma esta misma verdad. Y para no citar más que un testimonio de esta tradición, oíd, señores, lo que pensaban los más bellos ingenios de la Grecia en los días más bellos de su historia. "Orfeo, dice un apologista célebre, canta a los espíritus en sus versos; Pitágoras los coloca en el vestíbulo del mundo divino; Platón llena con ellos los espacios; Sócrates conversa familiarmente con uno de ellos; Aristóteles los considera como los motores de los mundos celestes; y todos los pueblos salvajes los adoran y temen su poder."

"Y esta creencia está de tal modo encarnada en la humanidad que trasciende al lenguaje popular, el cual aplica el nombre de ángel a todo lo que se distingue por su perfección, por su bondad y por su gracia. Ángel es el niño que duerme en los brazos de su madre; ángel es la doncella en cuyos ojos se transparenta la inocencia; ángel es el hombre que consume la vida en llevar consuelos al infortunio y socorro a la miseria".

II

"Existe pues, el mundo de los espíritus y solo allí podremos encontrar la causa de los prodigios espiritistas. En ese mundo hay tres clases de espíritus: las almas de los muertos, los ángeles y los demonios. Y bien: ¿cuál de estas clases de espíritus será la que actúa en las escenas del espiritismo?"

"Hace más de un siglo que surgió en la mente de algunos espiritistas la idea de atribuir a las almas de los muertos intervención directa y eficaz en esas escenas. En su concepto son ellas las que dan vida e inteligencia a las mesas parlantes; ellas las que se ponen en comunicación con quien quiera evocarlas; ellas las que dan solución a las cuestiones de hechos y de doctrinas que se les proponen"

"¿Y qué hemos de pensar, señores, de esta opinión? Hemos de pensar que es inadmisible a los ojos de la razón y del buen sentido humano; porque las almas de los muertos, en su condición natural, son absolutamente impotentes para producir los fenómenos espiritistas. Y, efectivamente, las almas separadas del cuerpo no adquieren fuerzas y virtudes que no tuvieron en su unión con el cuerpo. Al contrario, con la separación del cuerpo pierden el único medio de que podían valerse para obrar sobre la materia y ponerse en contacto con el mundo corpóreo".

"Privadas, pues de este único medio, se encuentran absolutamente imposibilitadas para actuar con las fuerzas materiales y producir efectos sobre la naturaleza física. Falta, por consiguiente, a las almas humanas una condición natural indispensable para ser la causa productora de los fenómenos espiritistas. Y si es verdad que Dios puede concederles por gracia virtudes que no tienen por su naturaleza; si es verdad que Dios puede permitirles que se comuniquen con los vivos y aun que obren sobre las fuerzas materiales; también es verdad que Dios no permite la suspensión de las leyes ordinarias de la naturaleza, sino por motivos dignos de su infinita bondad y sabiduría, como serían los intereses de su gloria y la salvación de las almas, la confirmación de alguna verdad revelada o la recomendación de alguna virtud moral. Y por lo mismo, sería manifiestamente impropio de Dios que suspendiese la condición natural de las almas, permitiéndoles que concurran a las escenas espiritistas para entretener a los vivos con prodigios que sirven a menudo para propagar errores contra la fe y fomentar el desahogo ilícito de las pasiones. ¿Y no véis, señores, que según esta doctrina, Dios estaría siempre a la disposición de los mediums concurriendo con su poder extraordinario cada vez que a estos se les ocurriese dar un espectáculo de espiritismo? ¿Creéis posible que las almas que gozan en el Cielo, que se purifican en el Purgatorio y que padecen en el Infierno estén de contínuo atentas a la evocación de esos agentes que las llaman para satisfacer la vana curiosidad de unos cuantos espectadores? ¿Creéis que, aun siéndoles posible, estén dispuestas abandonar en cualquier momento el lugar en que cumplen su destino, para venir a la tierra a divertir a los vivos con frívolos y extravagantes pasatiempos? El buen sentido rechaza una suposición tan absurda"

¿Y que diremos de la hipótesis que atribuye a los ángeles los efectos del espiritismo? Diremos, ante todo, que entre la hipótesis de las almas humanas y las de los ángeles hay diferencia: que la primera atribuye los fenómenos espiritistas a una causa impotente y la segunda a una causa eficaz. En verdad, los ángeles tienen verdadero y natural poder para obrar sobre la naturaleza material; y en virtud de ésta, pueden mover los objetos localmente con sólo el imperio de su voluntad; pueden valerse de los agentes naturales para producir, instantáneamente efectos físicos; pueden ver, su extrema agilidad, lo que pasa en lugares lejanos; en razón de su habilidad y penetración, pueden conjeturar lo que está por venir; y en virtud de su ciencia altísima, conocen todos los secretos de la naturaleza y pueden comunicarse en cualquier idioma".

"Los ángeles podrían ser, por consiguiente, causa eficaz de los fenómenos espiritistas, si sólo se atendiese a su poder y ciencias naturales. Pero sabemos por la fe que la acción de los ángeles está enteramente subordinada a la voluntad de Dios, a quien sirven como delegados, emisarios e instrumentos de su Providencia. No dependiendo sino de Dios, sólo de El reciben la misión que han de desempeñar en el mundo en favor de los hombres. Abrid las Santas Escrituras, y en todos sus libros hallaréis a los ángeles desempeñando ministerios de bondad, de misericordia y de justicia para salvar, dirigir y corregir a los hombres. Por lo tanto, si el ministerio angélico procede de Dios como de su principio y conduce a Dios como a su fin, no puede ser obra de los ángeles lo que no sea conforme a tan augusto principio o se oponga a tan alto fin. Por lo cual, de tan nobles y santos espíritus no puede proceder sino lo que se enderece a la gloria del Creador o conduzca a la salvación de los hombres."

"Y bien, ¿os imagináis, señores, que Dios pueda confiar a esos espíritus la misión de producir golpes en las mesas parlantes, causar espanto con ruidos estrepitosos, y contestar por medios exóticos a preguntas vanas y pueriles? ¿Os imagináis que esos insignes príncipes de la Corte Celestial puedan envilecer su dignidad hasta el punto de convertirse en espíritus golpeadores, petulantes, malignos y mentirosos, como son los que intervienen en las sesiones espiritistas? ¿Os imagináis, en fin, que esos espíritus santísimos vengan a enseñar a los hombre falsedades ante la ciencia, herejías ante las enseñanzas de la fe y deformidades ante la moral cristiana?"

"Y bien, preguntamos de nuevo: ¿Quién puede ser el autor de los fenómenos del espiritismo? Examinados esos fenómenos en su naturaleza interna, la razón nos obliga a admitir una causa extraña a la naturaleza corpórea y humana; una causa dotada de inteligencia, poderosísima en su acción y malvada en sus intentos. Estos caracteres se reúnen en los demonios. Son extraños a la naturaleza corpórea humana, por que son espíritus puros. Son poderosísimos en su acción, porque no han perdido con su caída el poder y la ciencia propios de la naturaleza angélica. Son malvados en sus intentos, porque con el pecado se depravó de tal manera su voluntad que su único placer es el mal y su única aspiración hacer guerra a Dios (2) y arrastrar a los hombres a su irremediable desdicha. Es lo que nos enseña la revelación y la creencia universal del género humano. En las dos extremidades de la Biblia, en el Génesis y en el Apocalipsis, en el principio y en el fin del drama gigantesco de la humanidad, encontramos al demonio seduciendo al hombre para apartarlo del camino de la felicidad. Como la serpiente que se oculta en parajes obscuros y se lanza silbando sobre el viajero desprevenido, el corruptor invisible de las almas, les tienden lazos llenos de artificios para perderlas. "Padre de la mentira", según el Evangelio, cubriéndose de apariencias falaces, afecta un fin que no es el suyo y sólo descubre sus intentos cuando ha conseguido habituar a sus victimas a las tinieblas y al oprobio".

"Esta es también la creencia universal y por eso la antigüedad gentílica tributaba culto y ofrecía ofrendas a los demonios para librarse de su malevolencia, haciéndolos propicios. Y Milton no es mas que un eco de esta creencia, cuando pone en los labios de Luzbel, caído al abismo del eterno dolor, estas palabras: "Mal, sé tú en adelante mi único bien".

"Y puesto que toda obra refleja la fisonomía de su autor y todo efecto sigue la naturaleza de su causa, no es posible dejar de ver en el espiritismo la fisonomía del demonio y en sus efectos la perversidad del espíritu del mal. El espiritismo es, en verdad, herético en sus doctrinas y desastroso en sus efectos. Léanse las obras espiritistas y en ellas se verá negada la revelación, rechazada la autoridad de la Iglesia y ridiculizado el uso de los Sacramentos. Sus prácticas conducen al restablecimiento del antiguo paganismo, persuadiendo al hombre de que el placer es el único fin de la vida humana y que, cuando éste falta, la vida es una carga inútil y penosa de que es preciso libertarse por la muerte. Sus efectos son no menos desastrosos: las revelaciones de cosas ocultas, verdaderas o engañosas, hechas por los espíritus, han producido muchas veces las más dolorosas consecuencias: separaciones de tálamos, enemistades sangrientas, demencias incurables y funestos suicidios".

"Básteme citar un solo hecho en confirmación de esta verdad. Es la historia lamentable de un padre de familia que, habiendo perdido a su esposa, a quien idolatraba, quiso buscar algún consuelo en su dolor, interrogando a los espíritus acerca de su condición en que se encontraba en la eternidad ese ser tan amado. Y cuando él creía confirmarse en la persuasión de que allá era tan feliz como lo merecía su virtud, oyó la horrible declaración de que su esposa le había sido infiel toda la vida".

"No hay como expresar la impresión que produjo en el infortunado esposo una noticia tan terrible como inesperada. Presa de la desesperación, maldice una y mil veces la memoria de aquella a quien tanto amaba, deshereda y arroja de su casa a sus inocentes hijos y muere al poco tiempo víctima de incurable tristeza"

"Y bien, ¿cómo no ver en estos efectos la mano de aquél de quien se ha dicho que "fué homicida desde un principio"? ¿Quién sino el "padre de la mentira" puede hacer del engaño el medio de conquistarse prosélitos?"

"Esa fué la táctica empleada para seducir a los progenitores del linaje humano; éste es el arte con que ha logrado esparcir en los pueblos errores y supersticiones culpables; éste es el artificio de que se vale al presente para arrastrar a muchas almas incautas a su ruina. ¿Y para qué añadir más reflexiones en confirmación de esta verdad, ya que los mismos espíritus, interrogados acerca de su condición, han declarado más de una vez que son espíritus del mal?"

III

"De los antecedentes expuestos se deduce una consecuencia ineludible: la obligación para los cristianos de abstenerse de toda práctica espiritista. Por derecho natural debemos abstenernos de todo acto intrínsicamente malo; y es indudable que es intrínsicamente malo entrar en comunicación voluntaria con los demonios, enemigos jurados de Dios y de las almas. Por eso en el antiguo y en el nuevo Testamento se prohíbe, como práctica gravemente perniciosa, invocar e interrogar a los demonios. Por eso la Iglesia ha renovado, por su parte, la misma prohibición, declarando que en las prácticas espiritistas hay intervención diabólica. Por lo cual, si se preguntase si es lícito asistir a los experimentos magnéticos o espiritistas, aunque sea por mera curiosidad y sin tomar parte activa o directa en ellos, responderíamos que, según los principios de la moral, no es lícita la asistencia a esos experimentos porque la curiosidad de ver operaciones diabólicas es de suyo mala y peligrosa; y porque esa asistencia es una cooperación, a lo menos indirecta, a aquellos experimentos, y no es lícito cooperar, ni aún indirectamente, a una obra intrínsicamente mala".

"Estas conclusiones prácticas, son, señores, el resultado necesario a que nos conduce la investigación que hemos hecho de las causas del espiritismo, investigación que ha puesto en transparencia la verdad tristísima de que el gran adversario de Dios, aunque mil veces vencido, no desmaya en su intento de arrebatar almas al cielo para hacerlas participantes de su propia desdicha. A pesar de sus derrotas, sigue probando la suerte de las batallas, convencido de que, si nada puede contra Dios y su obra, puede mucho con aquellos que, como la primera mujer, se acercan a él para oír sus palabras engañosas. Renovando sin cesar la antigua tentación, convida a los hombres a acercarse al árbol prohibido para comer de sus frutos, persuadiéndoles de que, comiendo de ese fruto, no tendrán necesidad de Dios, porque serán como dioses. Y así halagando el orgullo humano, ha conseguido que muchos hombres, creyéndose luz y maestros de sí mismos, excluyan a Dios de su razón, de la moral, de la legislación, de la familia, de la educación y hasta de la tumba. Halagando la sensualidad, triste herencia del primer pecado, muestra la belleza del fruto prohibido e induce a los hombre a buscar en el placer el fin de la vida y en el oro el secreto de la felicidad. Y fingiéndose a veces verdadero amigo del hombre le presenta el mal bajo las apariencias del bien para ganar su confianza, como aquellas ninfas del mar de que habla la fábula, que con la dulzura de su canto atraían los navegantes a los escollos".

"Pero el tentador no arroja a Dios de las almas, sino para sustituirse a El en la adoración del mundo. Quiere una iglesia, quiere un culto, quiere apóstoles y ya los tiene. Tiene su iglesia en la Francmasonería, tiene su culto en el espiritismo y su apóstol en el racionalismo. Unos y otros trabajan a su modo para extender el reino de Satanás y destruir el de Cristo. Y aunque jamás conseguirán su intento porque el reino de Cristo es inmortal, es el caso de repetir las palabras de Pio IX, de gloriosa memoria: "Yo no temo por la nave; pero no respondo de sus tripulantes".

"Dios deja a los espíritus del mal una libertad limitada para dar interés y grandeza a la lucha entre el bien y el mal, que constituye la vida humana. Sin lucha no hay méritos ni gloria; y Dios quiere que las coronas que reserva en la eternidad sean el premio de los vencedores en su lucha contra el mal. Pero el hombre no está solo en estos combates: Dios le ayuda, le alienta y le estimula con su gracia, a condición de que se aleje del astuto y perfidio enemigo y no entre jamás en capitulaciones con él, porque el que voluntariamente se expone al peligro, en él perecerá"

Rodolfo Vergara y Antúnez, Presbítero.

Magnifico, señor Presbítero Don Rodolfo Vergara y Antúnez; magnífico. Pero ya verá Vd. que mal le paga ese Dios de los Angelitos. Mejor, muchísimo mejor le va a pagar el "Dios de amor" que no tiene contrincantes ni deshecha a ángeles y demonios, porque no los hay; sino espíritus de progreso y retrógrados. Los de progreso son, todos los que trabajan. Los retrógrados, los parásitos. ¿A cuáles pertenecen Vd. y sus colegas, los frailes, los obispos y el Papa con sus menguados rebaños?... Que feo se pone esto ¿Verdad Don Rodolfo?... Yo, sin embargo, os agradezco la confirmación: pero, os habéis acusado de muchos "pecados" que puede perdonároslos el Dios Católico, pero no el Dios de Amor el que, no hace todo lo quiere sino todo lo que debe. Además, no podéis invocar en vuestro descargo la atenuante de la ignorancia que no os quitaría responsabilidad, pero sí la culpabilidad que después de esa conferencia os habéis creado y... ya veréis, señor presbítero Don Rodolfo Vergara y Antúnez que, "el Gobierno del Espiritismo" en recta justicia no os perdonará, porque la ley nada puede perdonar. Ya no será en la tierra; tampoco en el infierno ni el purgatorio donde paguéis, ni en el cielo donde cobréis. ¿Dónde están esos lugares? Si la astronomía no miente y la geografía universal no está mal hecha (y no hay ningún santo que tal diga porque el telescopio, el metro y las matemáticas lo desmentirían) no se encuentra sitio en los espacios siderales e interplanetarios, donde poner el cielo, ni el purgatorio ni el infierno. ¿Puede vuestro Dios aunque sea de las iras, de las venganzas y de los ejércitos, hacer sitio donde no hay un milímetro desocupado?... ¿Verdad que esto se pone feo de contestar?... Y lo grave, gravísimo es, que con plena sabiduría contesta todo eso el "diabólico" "Espiritismo Luz y Verdad" que debe ser en verdad, el arma invencible del verdadero Anticristo.

Ante todo esto, señor presbítero Don Rodolfo Vergara y Antúnez, colegas, frailes, obispos, Papas y sus rebaños borreguiles, acabo diciendo que, si no lo soy, quisiera ser EL ANTICRISTO.


(1) Al final de este Epílogo, vea uno de esos milagros.

(2) Si a Dios se le puede hacer guerra, deja de ser el "Dios omnipotente". Quitarle un solo hombre, es una derrota.