Párrafo III
LLAMADA A JUICIO A LOS ESPÍRITUS Y LOS HOMBRES

Enero 28 de 1912, por el médium Portillo.

Heme aquí; entre vosotros; Amor os una.

Benditos, benditos los días de la luz en que emitís vuestros juicios, y bendito el sol que os ilumina el entendimiento para llegar hasta el solio del padre en aras del altruísmo, en completo desinterés material, en lo que nosotros nos emplacemos y os ayudamos en virtud de la justicia y la ley de afinidad, por que sabéis desprenderos de la materia que ocupáis, para remontaros al estudio de la Cosmogonía.

No podemos olvidar nuestro deber y venimos en cumplimiento de la ley de Amor, de la Ley de Afinidad que aun desconocéis, hombres, aunque está escrita en vuestras ciencias exactas.

Pero el análisis no llega más que a la materia y el hombre no se atreve a pasar de ella por el prejuicio y por que está sujeto a la materialidad de las cosas, porque le falta la voluntad para elevarse más allá de la atmósfera y porque no tiene conocimiento de sí mismo; porque no sabe su destino; porque no ha estudiado, de donde viene, porqué está aquí y a donde va.

El hombre, no es menos inteligente que el espíritu liberto, pero no se atreve a dejar el prejuicio y dar un paso sobre lo que encuentra escrito que le sirvió de primer escalón para el descubrimiento de la ley de la materia y para un periodo corto.

El cuerpo del hombre es el conjunto de la naturaleza y la esencia de esa materia, tiene y forma parte del todo en la Creación y tiene afinidad con el espíritu; nosotros entramos en el cuerpo del médium y por él hablaremos, en virtud de esa afinidad; porque el espíritu (como todas las demás cosas) necesita sus homogéneos para constituir unidad y esto es lo que desconocéis en vuestras ciencias modernas y no porque no se os instituya y recibís la inspiración; pero no nos reconocéis derecho a los espíritus para venir a vosotros, porque os sentís pequeños al descubriros lo que vuestra alma siente; pero vuestra materia, en su orgullo y prejuiciada de una rutina que ya se carcome y poco más podrá resistir, rechaza, porque no está dominada por el espíritu que se ofuscó con el título de ser sabio extendido en un papel que le obliga a pensar con cabeza ajena en las obras escritas por otros. Más sabed, que el espíritu cada vez que viene a la tierra, trae un nuevo conocimiento para la obra que viene a realizar, y sobre lo que toma de otros para orientarse, tiene que poner lo suyo; lo que trae; lo que aprendió en espíritu en mundos más adelantados donde la justicia y su progreso lo llevó a su erraticidad, para aprender algo que había de traer a la tierra.

¡Pobres hermanos míos! A pesar de que no nos queréis recibir y a pesar de vuestro desprecio, nosotros venimos y ponemos la mano sobre la obra, porque sabemos que vuestros prejuicios de las ciencias llenas de vacíos y por las religiones pequeñas, sólo dura hasta que pasáis al espacio y, entonces queréis volver a enmendar vuestra obra y en verdad volvéis y muchos la enmendáis; es que, el hombre no emancipado de la materia, siente un vacío que no sabe llenar e idea la religión pequeña, porque le une ese lazo a un sentimiento pequeño, en ese día pequeño de una existencia en que el prejuicio y la ofuscación no le dejan ver, que la multitud de pequeñas religiones se anulan unas a otras y todas juntas, no han podido llenar el vacío que el espíritu siente, pero que la materia no ve.

Por esta ofuscación y porque el espíritu no ha sabido salir de la atmósfera terrena, porque no supo sobreponerse a la materia, sólo en sueños ha podido recordar un algo; pero como está dominado por la materia por ideas y prejuicios erróneos, nada aprovecha con ese vago recuerdo, ni con nuestra inspiración. Habéis olvidado el derecho de la razón por la que pudo hacerse una religión grande dentro de los medios de todas las religiones pequeñas y habría sido complementada antes de ahora, porque la razón os hubiera llevado a la luz de la verdad.

Habéis comprendido que en ello había un fin beneficioso; pero habéis comprendido también, que ya no podía ser por el antagonismo y que no podría salir del radio de la tierra y, habéis abandonado al tiempo vuestra idea, vuestra comprensión y habéis caído en el escepticismo porque no disteis crédito ni cabida al espíritu en sus manifestaciones. Pero el Espíritu de Verdad os recuerda que ayer fuisteis espíritus en el espacio y que lo volveréis a ser mañana: que teméis la verdad desnuda porque sois sabios pretendidos y tenéis horror a saber que no sabéis.

¡Hijos de la tierra! Mirad arriba y entrad a considerar esa Vía Láctea poblada de miríadas de mundos, en cuyo centro está el gran Sión, mundo de los Mesías donde descansan un momento de sus luchas y a donde van otro momento de descanso los espíritus vencedores y de donde viene la luz al mundo tierra. De ahí irradian los efluvios de amor de los mundos superiores, de las constelaciones que componen esa nebulosa inmensa y aún la más pequeña de los millones de trillones de nebulosas que pueblan el infinito.

Hermanos míos: ¿No entendéis que negar esto que veis con vuestros aparatos ópticos, es contra la ley de la razón?

Las religiones os han elevado a la atmósfera y levantado un centímetro sobre el terrón que os sirve de asiento. Los espíritus venimos, a elevaros al centro de la luz, porque aquellas no pueden elevaros más que hasta donde lo hacen, porque se han identificado con la materia y con su provecho material han creado los prejuicios y los lugares que coartan la libertad del pensamiento; nosotros lo desmentimos y os elevamos al gran cosmos donde estudiáis la armonía y la grandeza del Creador en el universo, donde véis el destino del espíritu en el eterno progreso.

En la Cosmogonía habéis visto y os lo enseñamos, que hay espíritus libertos aunque pertenecientes a mundos donde trabajan la eterna creación y que también hay espíritus errantes que caminan de mundo en mundo tomando enseñanza que os traen para el progreso de los mundos inferiores y se comunican en los mayores para pedir ayuda para los que lucháis en mundos tierra. Estos espíritus, son como los correos que llevan la memoria de la nostalgia del espíritu expatriado, y el Padre, por ellos os manda su amor, adelantándose a la parábola que conocéis del hijo pródigo. Estos espíritus libertos y errantes, van estudiando; y aunque pertenecen como familia a mundos superiores al vuestro, vienen y se comunican depositando en vosotros su progreso y preparan los caminos para la recogida del rebaño y llevarlo a los pies del Padre para hacer la unidad, en virtud de la armonía y la ley universal que se llama Amor. Porque entre los dos mundos, (el de los encarnados y el de los espíritus) no hay más que esta ley y ella impone la solidaridad entre todos los mundos de la cosmogonía.

El misionero en su estudio, que comprende estas leyes y la de afinidad, se eleva en aras del amor y para nada tiene en cuenta el plano astral, sino que se eleva más y más y alcanza todos los mundos donde su progreso le permite y allí palpa, ve y se satura del progreso y adelanta el mundo del que es palanca, ordenado en los Consejos del Padre: porque si las religiones pequeñitas han hecho lo que podían como instituciones de los hombres, creando dioses faltos de razón, pero que respondían al grado de progreso y cultura de cada tiempo, llegó un misionero que escribió en un Código la vida eterna, la trasmigración y reencarnación del espíritu y no fue comprendido por la malicia de los hombres materiales que han entorpecido la acción y desfigurado la doctrina de progreso, de justicia, de libertad, de amor, de aquel legislador, por lo que Jesús y los que le siguieron de mundos mayores, hubieron de repetir y aclarar. Pero como los espíritus no están sujetos a ellos y como libertos del prejuicio ven las cosas en su ley, vienen a los hombres prejuiciados para advertirles su error porque está en la ley del Padre que quitemos el hollín que los cubre. Mas también el espíritu liberto y depurado tiene necesidad de elevarse para recordar su historia; para conocer cada día más el progreso de los mundos de nuestra nebulosa y recibir en Sión las inspiraciones de los mundos de las otras nebulosas próximas y de la universalidad. Es necesario elevarse sobre sí mismos y salir de la atmósfera terrena para percibir las impresiones de grandeza del cosmos, y aun hacemos este llamado a los hombres de ciencia; porque si os habéis elevado sobre la carne y habéis adelantado un poco en vuestros conocimientos dentro de la atracción atmosférica, dad un paso más, porque el espíritu os da vuelos: pero queréis materializar lo que no conocéis y sujetarlo todo a leyes que aun no podéis hacer hasta que sepáis dar al espíritu lo que le pertenece, para lo cual, debéis lavaros del prejuicio religioso, científico y social; entonces os elevaréis en espíritu al mundo inmediato y luego a otros más lejanos y veréis, que en unos buscan la unidad; en otros estudian el fósil del mundo que ocupan; otros aprovechan las corrientes etéreas y las hacen vibrar en mundos vecinos. Todos estos estudios, ya os han sido dados a vosotros, como también el de perforar la tierra para hacer brotar a la superficie el líquido de vida que tanto necesitáis y habéis recogido para vuestro uso y comodidad, algo de la inmensa fuerza universal y la conducís por esos hilos y aparatos que llevan la palabra, las ideas y la fuerza. Mas ya no estáis conformes, porque sentís vacíos en su conocimiento; pero trabajad en el efecto para conocer la causa; mas dejad libertad al espíritu y se elevará donde recibirá una impresión y ella será el principio del conocimiento. No estáis conformes con esos vacíos, porque habéis llegado a saber por el "Cubito" y la "balanza" de qué elementos se compone el musgo, la flor y otras bellezas más sutiles de vuestra utilidad y necesidades. Pero no sabéis el principio de la materia, el principio de la vida y de las cosas en su constante transformación y lo podéis saber: más necesitáis un algo y ese algo es que, no dudéis de la comunicación del espíritu y de la comunión universal de los espíritus y los hombres por el establecimiento de la Ley de Amor que es la comunión universal para toda la cosmogonía y para cada mundo en particular.

Estas son las bases del "Código de Amor" que rige al universo y que ya se escribe para nuestros hermanos de la tierra. En él queda establecida la comunión de los hombres y los espíritus y su nombre es, espiritismo que es la verdad y la luz.

¡Bendita comunión universal¡ Bendito espiritismo que une a todas las humanidades en la solidaridad y amor; benditos los espiritistas que libres del prejuicio y en la primera hora se elevan a la gran Sión y se saturan del amor; ellos llevan la luz en la frente; los que no la quieren ver, irán a moradas apropiadas a su retina: también esta está dentro de la ley.

Pero la ley no es retrógrada sino impulsiva, dictada y no impuesta por la fuerza, sino cumplida por voluntad. Mas la mayoría y la afinidad hacen la ley de justicia, en cuya virtud son depurados los que se cubren de hollín y, esa justicia es ya reclamada para los espíritus y hombres de la tierra por los que se elevan a Sión. Y en virtud de la ley y en cumplimiento de las profecías y del contrato de Dios con los hombres contenido en el testamento de Abraham y llegado el tiempo anunciado, desciende el Espíritu de Verdad y llama a juicio sobre la tierra; ¡Espíritus y hombres, oíd mi voz y acudid a Juicio!...

Los que vinieron de Sión y viven sobre la tierra y en espíritu se elevan al Padre, son los jueces de amor y comulgan con los espíritus del Padre; son los hijos del Padre que vinieron a llevarle a sus hijos negros, que son sus hermanos: pero que si se ven precisados a mandarlos a mundos primitivos, lo hacen en amor del Padre y por consejo de los mesías que se reúnen en la ciudad antes citada; ciudad de la luz, asiento de mesías y vencedores, donde todo es maravilla, dicha, verdad y amor; pero también tribunal supremo de justicia para su plano.

El llamamiento al juicio final de la tierra queda hecho, como anunciado fue en verdad. Ahora venir vosotros los que negáis el espiritismo por sistema u ofuscación. ¿Qué razón tenéis para negar lo que no conocéis, lo que no queréis conocer porque no hacéis fuerza para elevaros? ¿Acaso tenéis argumento con qué defenderos, cuando ya tenéis, aunque en principio, esos aparatos ópticos con que registráis el espacio y que os dicen hasta en placas fotográficas, que hay vida en los mundos que alcanzáis a registrar?... Pues si en uno hay vida y lo veis como estrella, ¿qué razón hay para que no haya vida en todos los demás?... ¿Vuestra pequeñez? Esa es vuestra razón; pero no es razón más que religiosa.

Pero el aparato óptico, como material, alcanza poco. El espíritu alcanza al infinito, por grados y éstos, se dan a los espiritistas que tienen valor en su confesión racional, porque los conquistan en su progreso y por su voluntad de elevarse y pidiendo al Padre con humildad el credo del espíritu.

No solo a los hombres de la tierra hacemos el llamado, sino a las legiones de espíritus que viven en los espacios aferrados a la materia sin darse cuenta en siglos de que perdieron el cuerpo por el que aun creen obrar; y llamamos de estos en especial, a los del comercio del principio religioso, porque éstos son los más "negros de hollín" y se les invita a conocerse a sí mismos, mientras se da la corta tregua para escribir el "Código de Amor Universal", que es tiempo corto y perentorio.

El juicio queda abierto; y en el cercano día de la sentencia, todos, hombres y espíritus quedarán juzgados. El juez es, el que por maldad habéis llamado el Anticristo y tiene sus secretarios que son, la voz universal el uno y el ojo del Padre el otro, a los que confirma, por el Padre, el Espíritu de Verdad.

Entonces ya, ¡Hijos de Dios, hermanos míos! Entonces, el espiritismo será positivo e indiscutible: habréis triunfado por la razón, por la justicia de la ley implantada por el Padre, sin perjuicio de un segundo ni un tercero. Sí, entonces habrá triunfado el misionero sin mancharse las manos en el hollín de los negros que "irán a cuidar puercos" como lo tenéis representado en la parábola de la huída del hijo pródigo de la casa paterna.

Estad prestos os dice el Espíritu de Verdad, porque las horas están contadas y, vine a afirmar lo que dijeron otros espíritus en verdad y mesías que pasaron y espíritus libres de otros mundos, que llenos de amor y cariño y en recompensa al valor de elevaros hasta sus mundos, vienen a vosotros y os recuerdan vuestro deber; os retratan a sus mundos de palabra y os lo fijan en bellos cuadros cuando vuestra materia duerme, para que ésta también disfrute del goce del espíritu. Ellos os enseñan, que todos los mundos y los espíritus, marchan paralelos.

El Espíritu de Verdad os repite lo que os dijo el mesías Jesús: "Amaos los unos a los otros". "La oración humilde llega al trono del Padre".

Romped lanzas de principios como valerosos guerreros, que estos no causan daños a un segundo; orad en todo momento desde el fondo de vuestro corazón que si pedís en justicia, lo que pediréis obtendréis.

La paz sea con vosotros.

El Espíritu de Verdad.

Sin perder posesión el médium, dijo:

Paz y Amor, hijos míos.

El Padre es puro amor, bendito y mil veces santo; no quiere la muerte de sus hijos "negros de hollín", porque es creador de cosas eternas y quiere que todos sus hijos trabajen en su divina obra. Esta lágrima es de dolor, por la justicia que se avecina, por la que los obcecados tendrán que pasar a la morada que se han conquistado; morada de luchas cruentas, porque no quieren la paz que para el mundo tierra se proclama.

Vosotros, hijos míos, camináis en la luz, porque oís a vuestros hermanos que llenos de amor y por la afinidad llegan a vosotros en cumplimiento de la ley del Padre. Estáis cumpliendo su voluntad y el testamento de Abraham, vuestro padre antiguo en la carne, que recibió la verdad de Hellí y se os ha entregado a su tiempo; cuando la esfera universal marca la hora designada en la ley.

Hijos míos, agotar todos los recursos del amor, antes de aplicar el rigor de la ley de justicia: es el pedido que con lágrimas os hace por esos desgraciados que no oyen la voz del Dios de Amor y os da su amor, vuestra madre que os bendice.

María de Nazaret.