Párrafo IV
EL LOBO, EL PASTOR, EL PALO Y LA CORDERA

¿Había yo de consentir que se cerrara el libro sin mi palabra, amado guiado? Ni tú lo pensaste, ni yo lo consentiría. ¿Acaso no es orgullo del pastor conservar bien su ganado y más si lo libró de los lobos? Pues yo diré al mundo tierra, que tú eres la oveja más codiciada del lobo devorador; pero el Padre, es un pastor que sabe lo que cada oveja ha de menester y para ti, sobre los guías y protectores capaces de la campaña, encomendó el cuidado al más viejo pastor; al que supo criar aquella hermosa cordera que supo ser la más grande de las madres en fecundidad y amor, que dió hijos como Jesús y... y... para, pastor, porque aun me tiran de la cuerdita y... lo que has visto con tus ojos y tomado documentos, no es necesario repetirlo.

Adelante, pues, amado guiado y aquí está mi cayado que es muy duro porque es muy viejo y no se rompe: si lo necesitas, antes de que me lo pidas yo lo tiraré que sé jugarlo bien y no yerro. Mi amor y bendición para todos.

Joaquín, el viejo pastor.

Por la médium a continuación de la anterior.

"La eterna Paz sea con vosotros".

"A todos vengo a traer la paz hermanos míos queridos porque todos la necesitáis, pero hoy en especial vengo a traerla al hermano mayor, porque tengo especial promesa hecha: por él vengo hoy mandada por su protector, a darle la paz a su alma que tanto necesita en sus luchas".

"Sí, hijo de mi amor; vengo llena de amor y pena; pero acuérdate siempre que nosotros nunca te abandonamos y que yo la madre de toda la humanidad (como me llamáis) te prometí la paz del alma que siempre me has pedido".

"Aun suenan en mi espíritu tus plegarias de niño, cuando tus padres que a mi lado tengo te llevaban ante la imagen de la Paz que en el pueblo donde naciste se venera a mi nombre, y aunque engañados están yo atiendo la buena fe y, la intención de los humildes y de los extraviados por el engaño religioso".

"Oídlo bien los que aquí estáis y contadlo a las gentes aunque está escrito para que el mundo lo aprenda con datos irrebatibles en este libro, cuya hebilla pongo con todo mi amor; oídme, os digo. Yo no soy virgen ni madre de Dios como me llamáis y os han hecho creer; pero aunque esto me hace sufrir mucho por falso y porque nos saca de la ley general en la que soy grande y por el infame comercio que con nosotros hacen los más descreídos en ese absurdo, por lo que son mucho más responsables".

"Mas me consuela en parte mis penas, que muchos encuentran consuelo por la invocación que me hacen. Y no importa esos epítetos; llamadme virgen y madre de Dios si en ello encontráis consuelo; pero sabed que, yo fui una mujer de carne y hueso como las demás mujeres; una esposa como todas las buenas esposas y una madre como todas las buenas madres; tuve mis hijos por obra de mi esposo José (San José como le llamáis que aquí está) y no por obra del espíritu Santo como os lo afirman y esto, ¡hijo mío! ya te lo confirmó José; pero te lo ratifico yo, porque, tú lo sabes y harás justicia en mis derechos de madre".

"Yo fui, sí, un espíritu elevado que supo cumplir su alta misión, cupiéndome, para mi gloria, dar la existencia material de Jesús y sufrí por él como todas las madres sufren por sus hijos en las persecuciones injustas y de odio perverso".

"Por hoy, hijo mío, no te daré más nuevas sobre este punto, porque aun no es llegada la hora; sabe luchar y vencerás, que yo te ayudo para que la paz de tu alma no se perturbe; y sabe también, que estoy con tí siempre y te hablaré siempre que lo desees si el Maestro Superior me lo ordena; más a tu consuelo vendré siempre, porque es mi promesa y el encargo tengo de tu protector y porque te amo y me amas; te prometí la paz y te la doy con este beso en el que imprimo todas mis ternuras. Mira arriba y adelante. Paz para todos.

María de Nazareth.