Párrafo VI
JUSTIFICACIÓN A KARDEC

Por lo descrito en los párrafos que preceden que es una pincelada de la grandeza del universo; un milímetro dibujado del infinito plano, pueden los hombres empezar a estudiar la verdadera sabiduría; el "monstruo", el desfigurado con malicia Anticristo, no lo debe decir todo, ni como hombre ni como espíritu; pero señala puntos inequívocos para que los hombres que hoy luchan en la tierra, enderecen sus pasos siguiendo los jalones que aquí se anuncian.

Luego, muy luego, dará el "Código de Amor" en el que su letra será espíritu y letra, no teniendo más interpretación que la que en él señala con sus letras.

Ha sido necesario que pasaran las leyes que han pasado, para llegar al epílogo de todas en este Código de Amor que se escribe. Adán revivió en el alma de los primitivos la Ley impresa por el divino Hacedor; y la materia, enseñoreada del mundo, la anubló, pero no la mató, porque la leyes del Creador, como la creación, son inmortales. Fue, sin embargo, necesario al amor del Padre dar su ley escrita y la dió a Moisés al empezar el quinto día, pero la materia seguía en su imperio; y aunque esta ley no podía anularla por ser escrita, la dogmatizaron los sacerdotes y sostenedores de la supremacía, e hicieron prevaricar a la humanidad, con sus prevaricaciones; la humanidad se hundía en la confusión porque sentía dentro de sí la ley y los sacerdotes hacían lo contrario a la ley, invocando a Dios; y esto que daba más derechos a la materia que al espíritu, prevalecía por la ignorancia y la tiranía; pero ya había sentimiento y se marcaba otro día que era el sexto, para lo que vinieron Juan y Jesús a proclamar la libertad y anunciar el amor y dieron la ley predicada, que escribieron en los corazones; pero no ceden los sacerdotes; sacrifican a los Mesías; pero no pueden matar la semilla; y aunque abordencaron sus doctrinas por un injerto monstruo, el cristianismo, surgía y surgía la idea de libertad y debajo del injerto quedaba la raíz del buen árbol, brotando renuevos que intentaron ahogar al injerto; mas los cultivadores del injerto cortaban los brotes. Pero... el sueño aletargado en que cayeron los hombres por el anestesio del fruto de su injerto, no les dejó ver que, la raíz habíase extendido y dado retoños en todas partes, y cuando se quisieron dar cuenta, ya eran árboles frondosos y con frutos de libertad y de justicia y los saborean muchos que los sabían comer y, llega, (después de la lucha de cuerpos) la lucha de principios y se descubre el alba del séptimo día. Al final del sexto día, se levantan los hombres con el estandarte de la libertad y justicia de Juan y Jesús; pero están prejuiciados por viejas y erróneas doctrinas y se consideran extranjeros fuera de las franjas hechas por la tiranía, pero la sabiduría eterna había preparado como ella sabe, las cosas. De antemano, mandó hombres de amor, desinteresados y hombres de larga vista y descubren un continente olvidado.

Es una tierra de transacción y, allí, en las viejas tierras esterilizadas por la producción, no pueden sostenerse los hombres: crecen las emigraciones y neutralizan su fanatismo y ya no quieren llamarse extranjeros y empiezan a surgir las ideas de asociación y la mutua ayuda. Pero el enemigo no cede; se desata en sus últimos esfuerzos y el jefe de los católicos se hace dios proclamándose infalible: promueve guerras, y fracasa; pierde sus dominios y el hombre comprende que aquel que dícese infalible, es un miserable y le vuelven la espalda: ya no teme sus retos y emprende el estudio de nuevas ciencias; era esta una generación mandada de Sión a despertar el amor que yacía rendido de luchas, pero no vencido. Al propio tiempo hablan los espíritus de Sión con toda clase de manifestaciones, desciende de Sión el temido Anticristo que es anunciado por el ... ¡infalible! ... y un gran apóstol recoge las manifestaciones de los espíritus y opone la razón a la sin razón. ¡Loor a ti! Ya llegó la hora de decirlo! lLoor a tu valor, Allan Kardec!... ¡Loor sí! Labraste la piedra fundamental aunque no la sentaste, "porque, (tú los has dicho) te faltaba la argamasa que traía el que tú anunciaste. Yo te hago justicia y siento esa primera piedra, que si está cortada y encuadrada y sin afinar, es porque así conviene a la obra eterna, para que mejor agarre la argamasa como conviene a la piedra angular. Te dieron los maestros lo que podían darte; lo que los oídos débiles del hombre en aquel nuevo renacimiento podían oír; era "un paliativo que la larga enfermedad requería", como se me ha dicho y tu eres testigo; ¡Allan Kardec! quedas justificado. Y por lo que padeces en ver tu obra desfigurada por el espiritualismo cobarde, no sufras, porque yo traigo el principio de todos los principios: El testamento de Abraham que es el contrato de Dios y los hombres, con el que vengo a anular todas las religiones y sus dogmas, todas las ideas absurdas; la prueba de que Jesús como todos los hombres son hijos de Dios Amor y salvaré a Jesús del oprobio del Cristo e implantaré el Amor, el que tu has reconocido: que al salvar a Jesús del Cristo, puedo ser, en representación, el temido Anticristo.