Párrafo V
REFLEXIONES LÓGICAS

Hemos ascendido desde nuestro mísero terrón hasta el mayor grado de sublimidad que hay en los mundos del primer plano del Universo. Yo no soy el pintor ni el músico que puede pintar ni cantar sus grandezas por el arte y la palabra, porque nuestro mundo aun no ha descubierto los colores del séptimo día, ni ha entrado en la armonía necesaria para sentir en notas la divina belleza; pero pronto la cantaremos en la comuna.

Todo responde a una ley; esta es matemáticamente precisa y consiste en el progreso unísono del espíritu y la materia; en la unidad de la familia, en la igualdad de derechos, en el amor fraternal de todos los hombres, en el reconocimiento de la causa única, que es la sabiduría del Padre.

El mundo tierra y otros muchos mundos tierra de nuestro mismo grado los hay en gran número, y está confirmado con el Gomelia y los que ve el telescopio; éstos son mundos de expiación para las humanidades que llegan, diríamos, al bachillerato, desde el cual se puede elegir carrera a voluntad; son mundos en los que se encuentra un destello de lo más bajo y de lo más alto y la ley suprema señala en la conciencia del alma, la morada que por atracción y afinidad les pertenece para su progreso y, allí acuden esas almas, apenas en ellas se descubre el primer destello del espíritu, salido de la envoltura de su alma; éstas, conservan en archivo la impresión de sus gustos e inclinaciones de vidas numerosas en mundos de iniciación de la vida, en los cuales no hay discernimiento, pues lo deben adquirir en múltiples existencias sobre la tierra y durante el tiempo señalado a esa evolución.

Para estas humanidades ignorantes, manda la ley de amor, espíritus maestros de mundos elevados y encarnan entre ellos y son misioneros; pero esto lo véis probado en el curso de la historia de la que bajamos por la razón a la prehistoria y podemos llegar en nuestra razón hasta el principio de la humanidad.

Aquí podría anunciar el como se forma la materia del cuerpo del hombre por primera vez en un mundo; pero ni es de este estudio, ni la conciencia de la mayoría tiene tanta disposición para recibirla; pero sí digo, en preparación, que ni es como pretenden en el Adán bíblico, ni como quieren sostener los monistas, El hombre siempre nace hombre porque es su ley; y cuando la tierra estará en su cercano séptimo día, en cuyo primer año de esa nueva era que se llama de la verdad vamos a entrar, lo sabrá, porque se lo diré en el "Código" y en el "Conócete a ti mismo".

Pero aquí vamos al fin para que hice este párrafo y es, concretando: que si hay mundos superiores como los descriptos, los hay inferiores; los unos son para el premio y los otros para estudio; que no es el Padre que los regala, sino que la ley que en nosotros mismos reside nos lleva al que hemos ganado en los seis días de trabajo, o epopeyas que tiene cada mundo, por lo que la ley señala al fin del sexto día una liquidación de cuentas, que se anuncia muchos siglos antes, que es lo que en la tierra llamáis el juicio, o fin del mundo.

Juicio, sí; fin del mundo, no, aunque tal parecerá, porque grandes continentes desaparecerán y otros nuevos surgirán. Pero en fin, es el juicio final para la humanidad terrestre, no solo para los vivientes o encarnados, sino para los espíritus desencarnados, los que estamos ya juzgando y cuyo juicio final será para los encarnados y desencarnados, el día cinco de Abril de 1912, que corresponde al día 17 del mes 6 del año uno de Ia nueva era, que empieza el 20 de Septiembre de 1911, o sea el año 5671 de Adán: día en que acababa su peregrinación y prueba sobre la tierra como hombre común, pasando por la transformación de los mundos superiores y pagando a la materia lo que en ley le pertenece, quedando transformado en el Juez hombre, hijo del hombre, cumpliéndose la profecía que dice. "Aun no había nacido y era hombre mayor".

Estamos, pues, en pleno juicio final para todos los espíritus que han habitado y habitan la tierra, con lo que se cumplen todas las profecías, las que han dicho: "Vendrá el pastor y separará las ovejas de los corderos y las pondrá en diferente majada". "Hay que separar el trigo de la cizaña". "Vendrán los vendimiadores y llevarán las uvas maduras al lagar del padre, dejando las verdes para los raposos".

"Y descenderá el Espíritu de Verdad y hablará a los hombres en lenguas de fuego". "Y el ángel del Señor tocará la trompeta y llamará a juicio a vivos y muertos" ."Y los ciegos verán y los sordos oirán y los tullidos andarán y los muertos (1) resucitarán". "Y vendrá el hijo del hombre sobre nubes y carros de fuego y dirá: "Venid, hijos de mi Padre, a la morada que os está preparada", etc., etc. Hoy 1 de Abril de 1912.

ABRIL 6 DE 1912

Ya todas las profecías se han cumplido; los espíritus y los hombres han sido juzgados y los espíritus ocupan cada uno la morada que les corresponde; pero los hombres, insensibles al aviso de la justicia, ven y oyen los anuncios del juicio final y lo achacan a cosas de la naturaleza; a la materia que aun ni siquiera comprenden sus leyes, porque si las comprendieran, sabrían que, "ni las hojas del árbol se mueven sin la voluntad del Creador".

Pero ya están separadas las ovejas de los corderos; ya los espíritus han sido juzgados y los de progreso y los que han acatado la ley pueblan los espacios de la tierra y esperan el momento de volver a tomar carne para seguir el trabajo en la tierra hasta su perfección relativa y los espíritus de luz encarnan para llenar los vacíos de las ciencias y disfrutar durante el 7° día de la tierra en donde han trabajado, hasta que toda la humanidad que ha acatado la ley de Amor y Justicia, se eleve a la sabiduría y entonces, emigrará en masa al mundo hoy en formación perfecta, para el grado de progreso de los terrestres y... la tierra se disgregará.

¿A dónde van íos desterrados? Oíd; os describiré uno de esos mundos primitivos a donde son remitidos esos espíritus y donde van gran número de los que hoy viven en la tierra.

El libro prohibido y mil veces excomulgado por la condenada iglesia cristiana católica y no católica. "La Divina Comedla" del Dante, ha dicho la verdad; y la dijo porque a ello había venido mandado por los Consejos del Padre. Pero como aquel libro descubre los secretos de la justicia del Dios Amor y anula el dogma de esa iglesia, lo retiró de las manos de su grey.

Pues bien; yo he visitado varios de los mundos primitivos y de transición y os diré, que en el que han ido la generalidad de los que se han expulsado porque no han querido acatar la ley, entre los cuales hay muchos Papas de la iglesia romana entre ellos y singularizándose por su maldad, figura Pío V (que lo anoto por ser él el causante de que otros muchos no acataran la ley) está ese mundo en todo su mayor horror de formación y recién ha sufrido la transformación diluviana, no habiéndose aun aclarado sus aguas que arrastran mezcladas sales y azufres.

Los volcanes están en actividad; los huracanes barren impetuosos sus continentes arrastrando los seres envueltos en formidables trombas de caliente arena; los bosques de lúgubre y primitiva vegetación, se los disputan los hombres con las feroces fieras; el trabajo no existe aun, que es lo que al espíritu lo despierta de su letargo; el instinto generador, lo sienten como aguijón en determinadas épocas, pareciéndose, en su uso, a las mismas bestias; el derecho es del más fuerte y la conciencia no ha nacido aún; la atmósfera es más bien una capa de humo fétido y la sangre de sus habitantes es tan espesa, que apenas puede circular; los achaques, las enfermedades, el continuo peligro de perecer, hace desear la muerte; su vida es menos estimada que una enfermedad de las que en la tierra padecemos, y su codiciado bocado es, el de un semejante.

Este es el estado de aquel mundo primitivo y sus habitantes, al que han ido a parar espíritus que en la tierra han ocupado palacios y sido dignidades que han pretendido sujetarlo todo a la materia y millares de los tenidos por santos a cuyas imágenes adoráis y a donde irán, sin demora, los que desencarnen en esas condiciones, desde el día del juicio final en adelante, porque no pueden quedar en los espacios de la tierra, porque la tierra entró en la luz del Padre y no puede tener seres tiznados; en la tierra ya, solo cabe el amor, y éste tendrá su reinado en toda su grandeza, pasadas las tres generaciones en orden de edad de los habitantes de la tierra hoy.

Para todos queda el juicio hecho en acta firmada ante los Consejos de Sión que la han confirmado.

Hasta el día del juicio, los espíritus quedaban en los espacios de la tierra, es cierto que separados por los planos (diremos así) de luz o de tinieblas; pero tenían éstos las visitas de los espíritus de luz que les ayudaban y los alumbraban y adquirían fuerzas para volver a la tierra a una nueva prueba. Pero se cumplió el sexto día y los trabajadores, felizmente en mayoría, que han cumplido su misión y deber, tienen que disfrutar en el séptimo las bellezas del mundo que a sus impulsos progresó hasta la luz. ¿Quién no verá en esto justicia?

En la Ley de Justicia, pues, no puede ser interrumpido el progreso ni el goce de los derechos de los que en él progresaron; en cuyo día séptimo, día que es el reinado del espíritu, por el amor, esta humanidad pasará al mundo de delicias que se nos prepara.

¿Cuántos siglos serán el séptimo día? Esto no corresponde saberlo hoy a la humanidad; en su tiempo será anunciado, pero ya está escrito. Los hoy desterrados, ¿habrán elevado aquel mundo de fatigas, a un estado de civilización tal, que la conciencia se haya hecho? En su voluntad consiste; pero en la tierra no han querido ser redimidos y allí tienen que ser redentores; allí tienen que ser misioneros, los que mataron a los misioneros; allí tienen que ser moralistas, los que aquí sembraron la inmoralidad. La venida de Adán con la Luz del Padre a la tierra, mundo ya de expiación, obedeció a un juicio de otro mundo, como el que la tierra está pasando. El destierro voluntario de Adán y su familla, ha sido el ancla de salvación de la humanidad primitiva de la tierra, por lo que, todos gritan: "Viva Adán". También aquel mundo dará un viva a la emigración que hoy sale de la tierra, en su día del juicio. Largos siglos pasarán; da tristeza al espíritu que ama. . . pero llegará y da alegría.

¡Hombres del poder, supremáticos, acaparadores, materialistas descreídos. . . todos, todos pensad! La sentencia está dada y no hay apelación.


(1) Aquí por "muertos", se entiende, de los espíritus embotados en las pasiones y aberrados al error, por lo que no han hecho conciencia de su vida eterna y continuada.