Párrafo III
GRANDEZA DEL UNIVERSO Y TODO EL NOS PERTENECE

Entremos en unas breves consideraciones, para hablar un momento de la grandeza del universo y sus maravillas, en una corta circunferencia alrededor de nosotros, para que veáis, con vuestra conciencia, lo que aun no podéis ver con los ojos del cuerpo ni con los del espíritu, por la ceguera y prejuicios y veréis que pequeñitos sois por vuestra culpa siendo tan grande el universo y todo nos pertenece. Voy a hablaros por mi razón, por mis investigaciones y lo apoyaré en la ciencia, que limpiaré de prejuicios y dogmatismos.

Pretender que la tierra es el único mundo habitado y que el hombre que en ella habita sea el único ser inteligente llamado a ser la coronación del plan de la creación, es un absurdo. Esto ya fue dicho algunos siglos antes de Jesús y éste lo repitió, y sin embargo, lo han dogmatizado y sostenido las religiones de todos los tiempos, reduciendo a la pequeñísima tierra el poder creador de Dios y su risible grandeza.

La tierra, es uno de los infinitos mundos del universo y uno de los más ínfimos, pues, en unos pocos segundos, es recorrido por una corriente eléctrica aun aprisionada por un conductor. Se puede decir que el hombre toca con las manos los dos polos de su eje, porque en unos cuantos días se traslada de uno a otro, y esto, con medios de locomoción que andan menos que una tortuga, comparados con la electricidad.

¿Y es esto lo que han pretendido los sabios de las religiones, ministros de Dios, que sea el centro y único fin de la creación? ¿Para esta insignificancia habría Dios creado ese sol, tantas veces mayor que la tierra y tachonado el firmamento de esas infinitas y titilantes estrellas? ¡Oh, soberbla humana! Por ensalzarte, en tu orgullo, reduces en tu mente la grandeza del Universo y tú te anonadas! Dale suelta a tu pensamiento sin trabas ni prejuicios; déjalo volar en el océano infinito y se engrandecerá; cierra los ojos de la materia y verás más, porque los ojos del espíritu llegan más lejos; y aunque hoy, por su imperfección no alcance sino a pocos pasos de la tierra, comprenderá que el universo es infinito y se llenará de entusiasmo y querrá saberlo todo, palparlo todo, disfrutarlo todo, porque a esto está destinado. Y cuando en tus investigaciones te veas rodeado de influencias que te llevan más allá, piensa que son tus hermanos, que como tú han vivido en la tierra o en otros mundos de la cosmogonía y vigilan a sus hermanos de esta isla, no perdida en las infinitas latitudes de ese gran océano y te invitan a estudiar en las infinitas páginas de ese libro.

Mas debo ponerte en camino y vamos hacer algunas consideraciones de lo que hemos podido observar con los medios rústicos que la naciente astronomía ha combinado, pero que son suficientes para comprobar la existencia de otros mundos y la infinita grandeza del Dios Amor.

Tenemos el microscopio, para apreciar lo infinitamente pequeño, y el telescopio, para lo infinitamente grande; con el microscopio, vemos bullir en una gota de agua, miles de seres que se revuelven con la misma amplitud que los peces en el mar.

El telescopio, nos ha revelado el océano infinito donde en horrorosa carrera giran en torbellino millones incontables de mundos, llegando a develar los colores de algunos astros y la materia de algún mundo cercano al nuestro; con lo que queda probado por la ciencia, la existencia de otros mundos desmintiendo a las religiones y sacado a los hombres de la rutina que les empequeñecía. Y si el telescopio nos enseña hasta en fotografía la existencia de un mundo cerca de nosotros ¿por qué no puede haber otros muchos?

Con el telescopio y las matemáticas, se ha medido distancias y se han calculado velocidades, con las que podemos apreciar, (si no a la exactitud con relativa proximidad) las distancias inconmensurables de algunos mundos (que llaman estrellas) que hay de ellos a la tierra. Pero, contrarrestando a un personaje (sabio por cierto) que dijo: "El pensamiento se anubla tan luego como toca a los umbrales del infinito", yo digo a la humanidad: El espíritu, cuanto más se eleva, más se agranda, más se aclara y menos se anubla y menos tiembla. Esto lo sabe bien hoy el espíritu de Balmes que aquello dijo; y sabe más; sabe que en el correr de los siglos, sabremos todo lo que hay en el infinito y solo una cosa no podremos saber, porque es el secreto del Creador: su ser increado. Pero eso, ¿qué importa si existimos como él, por él y en él?... ¿Verdad que sí, hermano Balmes?...

Hechas estas consideraciones, vamos a internarnos en ese océano infinito; os diré un poco de lo descripto por la astronomía contemporánea y algunos conocimientos de mundos más lejanos donde llegué yo, y que no ha llegado el telescopio; y lo digo, porque es mi deber, para que la astronomía se dé prisa en llegar y avanzar más, porque es su deber; y porque esta ciencia verdad, es el alfabeto desde hoy para la humanidad, como es en los mundos que he visitado y, estará el mundo tierra en comunicación constante con aquellos, como está el simbólico y temido Anticristo con toda la cosmogonía... ¡Y pensaba el Pío impío aniquilarlo!... Aniquile el infinito y aniquilará al Anticristo. "Si non, non".

Platón, Aristóteles y Tolomeo, que sostuvieron que "la bóveda celeste es sólida aunque transparente y las estrellas están fijas en él para solaz de los hombres de la tierra", y otros que afirmaron ser "fija la tierra y que el sol y las estrellas giran alrededor de ella"; todos han tenido que volver a la tierra a desmentirlo y, alguno de ellos está en estos tiempos cumpliendo este deber, porque la justicia de la ley se cumple inexorablemente, ¿verdad que sí, Camilo?

El que trajo a la tierra el telescopio en el siglo 16, desmintió su parte y dejó jalón para que los otros siguieran cimentando en firme la nueva idea. Pero es tan horrorosamente grande que, solo en un plano del infinito que alcanza ese instrumento, la tierra se pierde en el caos, y solo el pensamiento de sus moradores racionales puede flotar en ese océano de magnificencias no conocidas por nuestra materia, ni apreciadas, por falta de colores, números y lenguaje; pero sí presentidas y penetradas por el Espíritu.

Lo que alcanza el telescopio, no equivale a un milímetro del infinito y hemos visto soles, con sus sistemas; constelaciones, pobladas de soles con mundos alumbrados por varios soles de diferente color, que solo el espíritu libre y sus moradores que son hombres y humanidades que, comen, beben, procrean y piensan como nosotros terrestres y saben que existimos nosotros y, ya nos llaman y conversan de nuestra grandeza, aun en nuestra microscópica morada.

Cada uno de esos mundos, adelanta otro milímetro hacia el infinito y no se lo callan; nos lo dicen, como nosotros se lo decimos a ellos. Pero voy a dejar consideraciones y tomar algunos números de la astronomía principiante, porque, yo también tengo derecho a tomar algo de lo que otros han hecho, y advierto, que es la primera vez, en esta existencia, que voy a abrir y hojear un libro de esta ciencia; y esto que digo en verdad, os demostrará que, todo los hombres saben mas que lo que aprenden en la existencia presente.

Abro y leo: "El sol arrastra tras de sí todo lo que le pertenece por afinidad y con velocidades tan espantosas, que solo podemos compararlos con la marcha de la luz".

"El número de esos soles, no podemos enumerarlos; aun menos saber los mundos que arrastran tras ellos, pues solo la nebulosa que llamamos Vía Láctea, que nuestra vista admira en las noches serenas, con ser para nuestros números imposible de sumar los puntos luminosos que nos ofrece a nuestra vista, es como lo que representa nuestro mundo, comparado con ella; así es esa nebulosa comparada con las demás del universo, y eso, que su magnitud es tan horrorosamente grande, que la luz, a su velocidad de 77.000 leguas por segundo, tarda en recorrerla de uno a otro extremo 15.000 años".

"Estos cálculos, no son una mera ficción, sino que se basan en pruebas matemáticas".

Tomemos algunos ejemplos; la distancia que hay del sol a la tierra, ha sido apreciada y no desmentida, sino que todos los astrónomos están conformes en 37.000.000 de leguas, medidas por el tiempo que tarda en llegarnos su luz; la luz, sabemos que camina con una velocidad de 77.000 leguas por segundo, con lo que se comprueba la distancia señalada, porque tarda en llegarnos la luz del sol 8 minutos y 13 segundos.

Júpiter, ese que ha absorbido la adoración de muchos pueblos y ha provocado tantos cantos a tantas generaciones, dista de nosotros, 40 minutos de luz; o sea 184.800.000 de leguas.

Neptuno, a quien el labrador le pide agua, 4 horas de luz, que miden una cuerdita de 1.108.800.000 de leguas; todo esto está en nuestro sistema solar y por lo tanto nos es familiar, porque estamos en la misma morada,

La A. del Centauro (que la astronomía la señala así, por ser la más cercana estrella a nosotros) tarda en llegarnos su luz, 3 años y 8 meses, que miden 9.152.528.000.000 de leguas.

Sirio, se encuentra en el mismo caso de cercanía, pero que se ve mucho más hermosa; dista de la tierra 896.804 veces la distancia de la tierra al sol, o sea 22 años de luz, que miden 33.181.748.000.000 de leguas,

Todo esto es tocarlo con las manos: vayamos un paso más allá. La estrella polar; esa diosa del navegante que guía sus pasos sobre el líquido camino y atrae las miradas de todos los hombres de la tierra por su belleza y que muchas veces la miramos a nivel de nuestros ojos, tarda su luz en llegar a la tierra, justito unas bodas de oro: 50 años; y, pegaditas a esa, se ven otros, que su luz tarda 100 y 200 años; más todo esto son migajas de la mesa del padre común y Creador, que es el Dios que le doy a la humanidad terrestre, en sustitución de todos esos diosecillos tiranuelos de las quiméricas religiones; y si estas grandezas son migajas, ¿cuál será el banquete?

Fijémonos solo en esa vía luminosa que todos veis y que os he leído de ese parrafito de la naciente ciencia astronómica; esa Vía Láctea (o "Camino de Santiago" como la llaman los españoles). ¡Qué miríadas de millones de mundos contiene! ¡Qué infinidad de humanidades se mueven! ¡Qué horrorosas distancias hay de uno a otro de sus mundos!... Pues bien, esa grandeza, esa distancia que hay de un extremo a otro de esa nebulosa, en que la luz tarda en recorrerla 15.000 años, (150 siglos) con una velocidad de 77.000 leguas por segundo, es una de las más pequeñas nebulosas y la más cercana al orgulloso y despótico hombre de la tierra, que se cree grande siendo la tierra el único mundo y toda la creación.

No. ¡No, hermano mío! En toda esa grandeza que te crees, eres menos que uno de los miles de microbios que habitan en el volumen de una gota de agua. No te anonades; no te empequeñezcas tanto con tu orgullo, porque niegas lo que no puedes negar, porque desconoces lo que estás obligado a conocer: la grandeza del universo en cuya unidad estás y en cuyo banquete festinas.

Sacude la Ignorancia por la que te haces responsable de tu delito, de tu pequeñez, de la pequeñez en que quieres sumir al Dios de Amor. El progreso dice: Más quiero malos siendo sabios, que buenos siendo ignorantes, si esta metáfora pudiera existir.

Como me veo precisado a terminar pronto este libro que el mundo necesita para su reacción, voy a describirte algunos mundos que la astronomía aun no ha visto aunque sí ha previsto y en los que por sus facultades, mi espíritu vive más que en la tierra conversando con sus habitantes, espíritus y encarnados y que, para testimonio, no hago yo solo aquestos viajes, sino que me llevo testigos de vista; y lo que yo hago para dar ejemplo, pueden hacerlo hoy muchos y luego todos; pero hay que ganarlo, y para ganarlo, basta querer ser sabio; y para querer ser sabio, es preciso saber amar.