Párrafo II
LOS HOMBRES SON MALOS Y VICIOSOS

Voy a seguir mi camino ahora, someramente, pero señalando puntos para que los sigan con entusiasmo algunos amantes de la verdad.

Interrumpí mi marcha, por parar mientes al aviso que recibía para extractar lo que queda dicho en las palabras "En la fastuosa belleza natural de nuestra microscópica constitución orgánica" y sigo.

Y es que, la ignorancia horrible en que nos hemos parapetado, no atreviéndonos a sobrepasar del terrón en que pisamos, nos ha embotado el sentimiento por el temor de cometer una imprudencia de pensar en algo que no está dentro de nosotros mismos; pero esto, al estudiarnos a nosotros mismos, nos hubiera llevado, necesariamente, más allá de nosotros mismos; más lejos de nuestro al parecer pobre ser, como materia; porque, necesariamente, no habríamos podido acabar de estudiarnos, sin traspasar los límites de la materia, a los ojos de la materia y, por no haber estudiado nuestra materia, no pudimos estudiar nuestro espíritu y esto quiere decir, que del universo, no se conoce más que el nombre del hombre, del espíritu del firmamento (mal llamado) Sol, estrellas y, pare usted de contar. Pero todo eso, no dice nada en el nombre.

Es cierto, que se han hecho grandes juegos de palabras; que se han escrito innumerables libros para no decir nada y su llaman ciencias, filosóficas... ¿Ciencias de qué? ¿Filosofías de qué? ¿Qué nos dicen de verdaderos conocimientos todas esas estanterías de papel impreso? ¿De qué nos hablan?... De frivolidades, cuando su lectura no es perniciosa; y si hay algo que tiende hacia la verdadera ciencia (porque lo hay) es tan ambiguo, se ve tan poca firmeza en sostener el principio, que no aprovecha; antes lleva la duda. Es necesario afirmar cuando la razón afirma, rompiendo lanzas con los prejuicios; pero ya que no lo habéis hecho, lo haréis pronto, porque os convenceréis en los fuertes y verdaderos principios del espiritismo.

Yo sé que las ciencias no han adelantado por la presión de los prejuicios religiosos, políticos y sociales, que en vez de ser acicate, han sido la mordaza; y debiendo enseñar el amor, enseñaron el temor, y la discordia, en vez de la fraternidad: y si de vez en cuando apareció un hombre rebelde y decía la verdad elevándose sobre el nivel de la pobre ciencia y religión, los suprematicos lo aplastaban, ya con la losa de la calumnia y muchas veces con la muerte, creyendo, que con estos procedimientos, ahogaban en sangre las ideas; ésto, hasta en nuestros días. Pero ha sonado en la ley del padre la hora de la justicia; aun no se han apagado los ecos de las excomuniones del Sillabus; aun resuena la blasfemia de infalibilidad con lo que se amordazó a la ciencia; que aunque ésta sacuda ese oprobioso yugo, se coartó y se condenó al pensamiento libre, que es lo más absurdo de lo absurdo. Porque, ¿cómo hacer dormirse? ¿Cómo atar, con qué, al pensamiento? Pues bien; aun resuena todo esto. Pero llega la voz del simbólico Anticristo, para quien fueron hechas todas las excomuniones y les dice a las religiones positivas y a las filosofías falsas: Mentís; y porque os habéis subido al pilar de la soberbia, caeréis con tal fuerza y estrépito, que no será posible recoger los fragmentos ni apagar el estrépito, sino con la bandera del amor sobre el sepulcro de todos los dioses religiosos. "Las grandezas del universo, tan grandes como el Dios de Amor, las ven impasibles los hombres de la tierra" se me dijo en Sión; voy a consultar la causa en un principio filosófico austero, que nadie podrá desechar.

La "impasibilidad", reconoce dos extremos; el perfecto conocimiento, o la absoluta ignorancia. Ante los hechos; si la impasibilidad es por conocimiento, los hombres serán sabios y virtuosos; si la impasibilidad es por ignorancia, los hombres serán malos y viciosos. ¿Qué son los hombres actualmente, en general? ¡Ay!... ¡Qué dura es la contestación! Pero la doy en justicia. Los hombres somos malos y viciosos. Luego su impasibilidad frente al gran universo tan grande como el Dios de Amor, es la ignorancia. Pero, afortunadamente, oigo ya en todas partes tachar a la ignorancia, de causa de los males, y esto, hace esperar el resurgimiento: más es necesario que la sabiduría empiece por el conocimiento del Universo, que es el libro de la verdad y desde sus primeras páginas, se aprende el amor, la unidad, la libertad y la justicia. Voy a dar algunos pequeños puntos que sirvan de jalón para este estudio.

Sea la primera página de este estudio la que es racional que sea; el conocimiento de sí mismo, y el hombre se verá en toda su grandeza; sí hombre; ya te dije que, en el conjunto de espíritu y materia eres la esencia del Universo; pero te maravillarás, entrando en ti mismo, porque verás tu hermosura y armonía; pero debes conocer en tu grandeza, por que alientas, por que sientes penas y alegrías; por que amas y odias; por que duermes y despiertas y qué hace tu espíritu cuando tu materia reposa y por que en fin, puede salir otro ser, de tu propio ser; y cuando esto sepas ya tienes el bachillerato; ya puedes elegir carrera; y mientras esto no aprendas, no puedes empezar a ser sabio.

Bajando más abajo, (y digo más abajo porque eres el más alto de los seres) estudia una segunda página, muy sencilla, pero tan grande como sencilla; ve a la previsora hormiguita trabajar y acopiar en tiempo propicio, para alimentarse y alimentar a otras en común en el tiempo de la escasez y te revelará en su vida de república ordenada, un secreto admirable de gobierno; ve a la incansable abeja escogitar la esencia de las flores para depositarla en los moldes receptores de su dulce fábrica; observa sus reuniones y verás elegir una maestra a quien todo el enjambre adora y respeta como una sola; ve y admira como matan a los zánganos parásitos, en virtud de su ley de justicia; ¿no te dice nada este renglón tan sabio de esta página del universo en su infinita variedad de seres irracionales? Sigue estudiando la planta, la flor y el fruto; desciende al fondo de los mares y verás otra inmensa variedad y encontrarás en todo, la cohesión, la libertad, la hermosura, el amor de Dios. Mas en todo ello, hoy te verás avergonzado, porque todos esos reinos, tributarios a tu grandeza, cumplen la ley suprema, y tú, rey de todas las criaturas, faltas a la ley por desconocimiento de la ley, por tu ignorancia.

Ahora bien; el hombre, es árbitro de sí mismo; mas con la ignorancia, se engaña y es malo y vicioso, porque la falsedad de los principios lo encierra en un reducidísimo círculo, tan minúsculo, que apenas el compás puede trazarlo, debiendo ser tan grande en el que debe vivir, como el universo; pero se hace tan pequeño, como el círculo en que lo ha encerrado su ignorancia y su prejuicio; si se le quiere hacer cargo, dice: "Yo no soy responsable, no me han enseñado". Yo te digo, hombre que, la ignorancia no te exime de responsabilidad, ni aun en las leyes sociales, y a menudo te oyes decir que, "el abogado vive por la ignorancia de los demás y de esta ignorancia viven hasta los tribunales". ¿Qué te parece? ¿Debes ser ignorante? Pero me contestas: "Ni aún sé leer y escribir y no puedo ilustrarme". ¿Y para amar a tu madre, esposa, hijos y amigos, necesitas saber leer y escribir? Pues ama, trabaja, mira a todos como a tus hermanos y serás sabio y pronto sabrás leer en el libro universal.