Párrafo V

¿DONDE VA ?

De lo expuesto, ya está contestada esta pregunta. El Espíritu va a su centro; con su archivo pobre o rico; con sus goces o sus penas. Pero hay tantas consideraciones y sublimes afirmaciones que hacer en este punto, que no me basta decir lo que se concibe en los párrafos anteriores; quiero probarlo todo y no dejar lugar a interpretaciones, ni dudas, a la ciencia y la ignorancia.

Desde luego, está sentado y admitido por todas las ciencias y religiones, la supervivencia del alma, de lo que resulta una afirmación: "Que la muerte no existe; sólo es una ficción"; pero también, todas las escuelas discrepan en lo que se refiere al destino ulterior del espíritu. El espiritismo, enfrente de todos las escuelas, sostiene y confirma "que las existencias que llaman de ultratumba, son una continuación de la presente; fases nuevas, que con la actual se enlazan en lo infinito, sin transiciones bruscas y sin absurdos rompimientos".

El prejuicio, la gravitación de lo físico, tiene tanto imperio sobre los hombres, que aun muchos de los que se llaman espiritistas, creen distanciados los dos mundos, el espiritual y el material; es decir, el de los espíritus y el que habitamos; conciben una distancia incalculable y nada más erróneo.

Yo os digo, apoyado en la argumentación de Jesús y en la ley de amor que traigo, donde amas, allí está tú corazón; y así, los espíritus (con sus almas) están allí, donde tiene amor. Y no os asuste a los pusilánimes saber que, en vuestra propia cama envueltos en vuestras sábanas, y asidos a vosotros, están en todo momento los espíritus de vuestros muertos; si aman por amor y si odian por odio (1), y esto os lo puede probar cualquier médium vidente de los muchos que han llegado al mundo con la venida del desfigurado y temido Anticristo, para dar testimonio de los juicios y escudriñar los secretos del corazón de los hombres y leer sus pensamientos.

Al espíritu, no le rigen y gobiernan las leyes que a nuestros pesados cuerpos, sino las del pensamiento y el sentimiento. Para el hombre, hay límites naturales, como las montañas y la atmósfera; impedimentos, como la pesadez de los cuerpos que salva o contrasta, en virtud de otras leyes; para el espíritu, el único límite y dificultad que hay es, su ignorancia; donde conoce, allí está; donde ama, allí vive: podrá alzarse (metafóricamente) a gran altura sobre nosotros; mas como el sol, vivifica con su esencia a los hermanos de la tierra. Por eso es impropio las palabras muerte, este mundo; el otro mundo, si con ésto se indica la transformación del ser, o se quiere significar distancia.

El ejemplo de una bola de nieve, os indica el modo, cómo los espíritus progresan y llegan a la elevación y la fuerza; una gota de agua congelada, a fin de rodar por la superficie de la vertiente de una montaña y sobre una capa de su misma especie, aumentará poco a poco hasta llegar a ser una esfera de colosales proporciones; así el alma rudimentaria que se manifiesta solo como ínstrumento, llega por el trabajo continuado a la fase inteligente, con la agregación de nuevas ideas y sentimientos; esto no se verifica en una existencia breve como la que disfrutamos una vez en la tierra, sino en Ia sucesión de continuadas existencias, en los infinitos mundos y en interminables siglos.

El cuerpo, es una forma de manifestación; un traje, de los tantos que se amasa el espíritu para cada prueba.

De estos hechos verdad, nacen dos axiomas: la pluralidad de mundos habitados y la pluralidad de existencias que se suman en un solo hecho; la reencarnación, necesaria a la ley de igualdad y compensación de la justicia del creador, sin la cual, su amor, no sería la ley suprema.

No ignoro, que la ciencia es recelosa con tan necesario principio como el de la reencarnación, aun habiéndolo predicado abiertamente Jesús. Yo sé que es por el prejuicio en muchos y en los demás, porque las doctrinas de Jesús fueron adulteradas por los sacerdotes y la humanidad ha caído en un escepticismo lamentable. Pero ha llegado el momento de renovar la faz de la tierra, y como a los otros mundos superiores se les dió el contrato de Dios y los hombres, en su hora, a la tierra se le manifiesta en el momento histórico de pasar a la luz en el testamento de Abraham que se nos ha entregado, el que desde hoy es el principio de la verdad suprema y el credo del espiritismo, porque es el de la comunión universal que es la comunión de Ios espíritus de luz de todos los mundos de la cosmogonía. Ahi es donde va el pequeñito hombre de la tierra.

Ya hemos llegado, en grandes rasgos, al punto de partida del espíritu, donde después de sus grandes luchas, caídas y revalidaciones, entra en la luz de donde salió y es suyo todo el universo. ¡No te empeñes ciego materialismo! Las almas no mueren; la materia no muere tampoco. Todo cumple su fin más pronto o más tarde y, vosotros mismos llegaréis a ser grandes, aunque os empeñéis en ser microscópicos; tardaréis, uno, mil, cien mil millones de siglos, llegaréis; sólo vosotros habréis perdido, porque más habréis luchado por no querer tomar el camino que se os señala; pero después de esta existencia, ya a la tierra no volveréis, hasta que hayáis acatado la justicia de estas doctrinas, de esta ley de amor; y os deja juzgados, para su día, esa misma justicia, porque a esto ha venido y la faz de la tierra será renovada en testimonio, desapareciendo continentes viejos y apareciendo otros nuevos del fondo de los mares, en los que aun la malicia no posó sus pies de fango.

En verdad os digo que estas cosas pasarán y los hombres y los espíritus serán testigos y justificarán al Dios de Amor y lo conocerán y amarán sus hijos todos.

Mas, vosotros que insensatos habréis pasado largos siglos en lucha de armas iguales, en moradas que por vuestra voluntad elegís, a la tierra volveréis, cuando la luz hayáis querido ver y confesaréis lo que ahora negáis; que el espiritismo es la verdad y que no se puede ir más allá del espiritismo. De ésto seré extenso, hasta atomizarlo, en el "Código de Amor" y en el "Conócete a ti mismo" que luego os daré. (2)