Párrafo III

¿ DE DONDE VIENE ?

Ya queda contestada esta pregunta arriba; "de la substancia única"; pero hay que razonar para desvirtuar conceptos y aclarar errores que están arraigados en el pueblo.

Hay dos hipótesis muy dignas de estudiar; la del "Adán bíblico" y la de la "evolución". La del Adán bíblico, que supone el hombre formado directamente por Dios, de un poco de barro y animado por su divino soplo, está desechada por la razón y la ciencia; y ya dije y señalé lo que hay de verdad sobre Adán; pero hay que razonar algunos puntos aun sobre esta hipótesis, que son de este caso.

Decir, que el hombre está formado de tierra y decirlo en aquel tiempo en que se creía que este mundo era centro, objeto y fin de la creación, aparte del error, da origen al hombre en la substancia universal, pero individualizando el principio que le anima: el soplo divino.

En la biblia, el Adán, es un símbolo; y los símbolos se prestan fácilmente al error; y como éste ha sido traído y llevado tanto, se ha hecho una cosa incomprensible, hasta ponerlo la ciencia como caso perdido (1). (Virtud de la religiones).

Pero en este símbolo encontramos algo que prevalece como dogma en la expirante iglesia católica; y es que, "la carne es enemiga del espíritu" y se le condena al suicidio por las penitencias y maceraciones, contrario a la ley amorosa y armónica del Creador, que destina a la carne a ser la base del progreso del espíritu; a vivir juntos, para su ayuda mutua y progresar bajo la misma ley.

No haré más observaciones a este gran error, porque al desaparecer la iglesia causa del error, desaparece el error, efecto de aquella causa.

Estudiemos la otra hipótesis más racional; la de la evolución, para llegar a una afirmación, de acuerdo con la causa única.

Si pudiéramos hacer un supremo esfuerzo de abstracción, para imaginarnos ver por un momento, el universo en reposo, sin tiempo ni formas, siendo una substancia única, veríamos que todo estaba muerto: No se puede concebir vida sin movimiento, y sin éste, tampoco pueden existir las formas; es decir, la transformación de esa materia única, en la diversidad de las que llamamos cosas. Pero existen estas formas variadas. Luego existe el movimiento que los modula; el espíritu, que les da ser que entendemos en la forma. Esto nos asegura, que hay vida; y esta vida que palpamos, nos asegura que hay el universo con todas las cosas que componen el universo, vivas, que bullen y revolotean sin estorbarse la una a la otra y, esto es orden y el orden es ley. La ley, no puede hacerse sola; luego el legislador, es el creador; y como todas las cosas son regidas y se sirven unas a otras bajo la misma ley y con el mismo amor desinteresado, (pero no gratuito, pues todas a todas se sirven) hay la reciprocidad y hermandad; de esta nos elevamos por necesidad al reconocimiento de la causa ley y encontramos el todo que asume el amor y reconocimiento de nuestra vida, de nuestro ser, al que  llamamos Padre, por la fraternidad que la ley nos obliga a vivir, sirviéndonos unos a otros; lo que es una COMUNA DE AMOR Y LEY.

Pero hagamos otro esfuerzo y veamos ya todo lleno de cosas; supongamos éstas, paradas: ¿viven? Aunque pudieran estar, en ese estado de creación, no vivirían, porque la vida es movimiento eterno; transformación eterna; y sólo así hemos llegado a donde estamos y así será siempre necesariamente, porque la vida es eterna en la substancia única, siempre la misma, pero en eternas y variadas manifestaciones progresivas, por la evolución de las cosas; y tenemos probada la vida, ascendiendo de la unidad a la variedad y descendiendo de la variedad a la unidad, sin que nada ni nadie pueda desmentirla en ninguno de los dos términos de la ley.

La ciencia y más la experiencia nos aseguran que "todo ser se adapta al medio en que vive"; pero ya hemos demostrado que la paralización sería la muerte y que ésta no puede existir y si la transformación; y según esa afirmación de la ciencia y la irrebatible ley del movimiento y transformación para la demostración de la vida, llegamos a esta sublime afirmación: a que, el primer acto de vida, modeló un segundo; éste, un tercero; el tercero un cuarto y así hasta perderse al conocimiento humano en el infinito. Pero no se pierde para el espíritu que es la inteligencia de la substancia única y no tiene ayer, ni mañana, sino hoy, ahora, el presente; ese es su tiempo.

Este principio (que afirmo ser así) nos asegura también, que el hombre llegó a serlo por la evolución y "cuando las circunstancias se reunieron en su punto" (como nos lo afirma una ley físico-química) llegó a serlo por innumerables evoluciones en su germen (2).

Y como la ley de evolución tiene por necesidad que ir de la mano de la ley de conservación, que es un capitulo de la ley de justicia, tenemos: evolución progresiva del ser, sin salir de su ambiente; pero siempre con miras al más, porque el espíritu sabe que la vida es la eterna ascensión.

Si el universo tuviera por fin, manifestar las explosiones de su grandeza en crear y destruir, sería una grandeza monstruosa, como las leyendas de la mitología.

La naturaleza, no puede crear y comerse sus hijos; los crea, para que eternamente vivan en una eterna transformación, y por esto, el espíritu, trabaja sin cesar, porque trabaja en la comunidad y con provecho propio. Esta verdad racional, debe saberla todo hombre. Pero... Para llegar al grado de inteligencia en que está hoy el hombre, ¡qué series tan portentosas de evoluciones ha desempeñado! ¡Qué trabajo tan enorme! ¡Qué actividad, qué luchas tan incesantes por el infinito, hasta reunir en un punto, los elementos necesarios al ser!... Al dar una mirada retrospectiva a toda esa serie de evoluciones... Tan grande se hace mi espíritu, que no cabe en la tierra ni en los espacios de la tierra y... Se va... Se va, lejos, muy lejos... Visita remotos y grandes mundos, tan grandes, que la tierra es un grano de arena en su comparación y ni aun allí cabe... Necesita todo, todo el universo, para vivir y desarrollar sus facultades, su poder, porque es el poder de la substancia única en todas sus manifestaciones y... ésto es cada hombre... ésto es cada espíritu, y... de ahí, de ese inmenso, de ese infinito lagar de néctar que emborracha su grandeza, de ahi... de ahí vienes hombre... desagradecido... y... ¿quieres hacerte tan miserable, tan insensato, tan raquítico?...

Yo que te describo todo eso y aun estoy en el primer grado de civilización, te digo, hombre que te llamas civilizado, que sólo tienes un poco de ilustración; pero yo ... que el padre me mandó hoy a señalar la verdad de la verdad, que soy llevado al estudio de esta verdad, de la mano, por el Espíritu de Verdad prometido a la tierra, te digo: ¡Hombre, eres grande! Tan grande como el Universo. Estúdiate a ti mismo y verás dentro de tí, todos los gérmenes, todas las cosas del universo y te verás tan grande como de donde procedes.

Pero como necesitas limpiarte de prejuicios, sin lo cual no puedes estudiarte a ti mismo, ni elevarte, desecha esos prejuicios y no creas más que a ti mismo, cuando te estudies sin prejuicio. El camino para llegar a esto, lo tienes en el espiritismo y no existe otro fuera de su principio, porque te enseña la igualdad verdadera, por las sucesivas evoluciones o existencias.

Allí veras, que todos y cada uno, a su tiempo, sufrimos la deformidad, la miseria y la ignorancia; que así mismo y a su tiempo gozamos la hermosura, el placer y el triunfo; verás, que en el curso de la vida inacabable, todos gastamos la misma fortuna; que en determinados momentos parecemos más pobres o más ricos, porque la justicia es inflexible y es de necesidad que al despilfarro siga el hambre, hasta que aprendemos a nivelar nuestras acciones. Entonces afirmarás, (como yo te afirmo) que todos procedemos del mismo origen; que luchamos con iguales armas y somos regidos por las mismas leyes; que las desigualdades naturales y sociales, son una ficción del tiempo; que toda caminamos a la felicidad relativa, que hemos de conquistar con nuestro esfuerzo; que la prontitud y la tardanza en conquistar esta felicidad, sólo de nosotros depende; pero te señalo el camino recto: Trabaja. Ama.