Cápitulo Décimocuarto

NO SE PUEDE IR MAS ALLA DEL ESPIRITISMO

Párrafo I

QUE ES EL ESPIRITISMO

No os escandalice esta afirmación; estudiad las razones que voy a exponer y quedaréis convencidos y daréis al traste con todos los credos religiosos y aun políticos.

El espiritismo (diré para los principiantes) es la religión universal, sin ser religión positiva: pero tiene de religión lo bastante para adorar al Creador como nos está impuesto en la ley eterna, en espíritu y verdad; y como es la religión universal, en ella comulgan los espíritus y los hombres de todos los mundos y de todos los espacios, y por tanto, no se puede ir más allá del espiritismo.

Como se puede objetar "que todas las cosas por la ley de progreso se transforman", es preciso que haga algunas aclaraciones y digo en primer término.

El espiritismo, no es cosa; (1) y como no es cosa, no puede transformarse, pueden progresar los hombres, pero el espiritismo, será el mismo hoy, que fué hace 10, 20 o 100 millones de siglos y lo mismo será dentro de mil millones de siglos y en la eternidad; dispensadme esta comparación de siglos, por hablar de tiempo, porque el espíritu no tiene tiempo pasado ni futuro, sino que vive siempre en el presente eterno.

Ved el diamante recién sacado de la cantera ¿qué veis? una piedra rústica se presenta a nuestra vista, y como sóis profanos en el conocimiento de esa piedra preciosa, en ese estado, la abandonáis.

Pero llega un inteligente, un perito, y os sorprende verlo escamar esa piedra y con aquellas mismas escamas pulimentar y dar brillo al corazón de ella y os presenta un hermoso brillante que admiráis y deseáis. ¿Cambió el brillante de naturaleza? Ciertamente que no; diamante era y diamante es, y ahora apreciáis y dais valor y antes lo arrojábais como cosa inútil, porque estaba oscurecido por su contacto con la tierra y el agua, y así hubiera permanecido, si el arte y la ciencia no lo hubieran pulimentado para mostrarlo a la ignorancia de los profanos, en toda su belleza.

Pues bien; el espiritismo es, el espíritu en comunidad; y el espíritu, es un hálito o chispa de la divinidad del Creador, y es, por tanto, coeterno como el Creador; el Padre, lo lanza al trabajo con el germen de progreso, pero en estado ignorante del mal y sencillo; toma materia, en la que se obscurece; pero como el diamante, sigue su progreso envuelto en la materia y ganando en valor, hasta que el espíritu, ya bastante fuerte y cansado de su obscuridad, empieza a tirar las primeras escamas y se pulimenta con ellas mismas, para mostrarse en su propia luz y rico en valor de sabiduría, al Creador, triunfante de su lucha.

Pero el espíritu, no podría salir de su atolladero sin la ayuda de otros más experimentados, (como el diamante no será pulido sin la ayuda del artista) y al espíritu le ayudan otros espíritus, tanto en el espacio donde es su verdadera patria, como en el mundo donde sufre sus pruebas envuelto en la materia de un cuerpo. Mientras es ignorante, aprende en las obras que otros más sabios dejaron en el mundo. Y cuando es sabio, aprende en la naturaleza del mundo a que por un período pertenece. Cuando ha estudiado y comprende la naturaleza donde vive, estudia en la cosmogonía por los grados ascendentes y correlativos; y así progresará hasta el infinito, porque infinitos son los mundos de la infinita Creación.

Pero el espíritu, en su ignorancia, recibe la intuición de otros espíritus y obedece (sin darse cuenta) a las ideas sugeridas; ni más ni menos que un niño hace lo que le es sugerido por sus mayores, hasta que tiene discernimiento y obra por su idea y por su razón; sin embargo, es el hombre, el niño que obedecía y el espíritu que estudia la cosmogonía el mismo que estaba envuelto en la materia y obraba por las obras de otros.

Lo que hay es, que el niño se hizo hombre de conciencia y voluntad propia; y el espíritu, a fin de pruebas, se hizo sabio; no se ha transformado; como el diamante, se ha enriquecido; y su sabiduría (que es su riqueza) le da su alegría, su satisfacción, su ... gloria si queréis. Y mientras no llega a ese grado en su progreso, sufre por su ceguera, por su falta de conocimientos y sus continuas caídas, le obligan a luchar y esto constituye sus penas. Llamadles si os place, infierno.

Pero el diamante, hasta que el artista empieza a quitarle las escamas, está obscurecido, y por tanto, no puede recibir los destellos del sol, y cada escama que el artífice le saca, refléjase una infinidad de cambiantes de luz; lo que no haría por sí solo, si no fuese ayudado por el artista.

El espíritu, no podría sacudir la materia que se le adipó; pero el creador, en su sabiduría, estableció su ley de amor y por ella, los espíritus ya libertos y sabios, guían a los ignorantes en el espacio y encarnados y les intuyen, les inspiran y les hablan; sólo que todo esto sucede por grados, como la operación del diamante; y este trabajo, esta unión, esta manifestación de los espíritus, no puede llamarse más que espiritismo; que el espíritu, ya encarnado, ya errante, sólo lo comprende cuando es suficiente sabio, o cuando presta oídos a la bondad de sus guías, espíritus de luz y de amor; estos, han trabajado sobre aquel ignorante desde el primer momento y sin embargo, la obcecación suele ser tan grande, las deudas contraídas tan importantes, que suelen pasar cientos de siglos y miles de siglos, sin ver la luz; y cuando la vé, cree en la ayuda y en la comunión de los espíritus; ¿qué ha cambiado? La unión de los espíritus impuesta por la ley de amor es la misma; por tanto, el Espiritismo, es el mismo; lo que ha cambiado es, la vista del espíritu que se abrillantó por su trabajo y depuró sus vicios, quedando como el diamante, pulido y da entrada a la luz; y ésta que es fuerza, le lleva a estudiar lo que no sabía y se eleva en aras del deseo de descubrir más y más y todo lo ve más grande, más bello, más armónico; pero el espiritismo, no se ha transformado; lo que se ha manifestado es, el hombre, ignorante, en sabio.


(1) Por eso, los materialistas se han estrellado y se estrellan siempre, buscando en las cosas materiales los hechos del espíritu, aunque éste, en su amor, ha dado pruebas en la materia. Digo que no cosa, siendo todo; pero no es materia a la que llamamos "Cosa".