Párrafo III

AMOR ES LA LEY

Os he probado en el párrafo anterior, la necesidad de la reencarnación de los espíritus, para la igualdad y Ia justicia del creador y que, por lo tanto, la igualdad, está en la ley y no en los dones que se disfrutarán en una existencia; por lo tanto, habrá siempre pobres y ricos, mandantes y mandados hasta llegar el día de la comunidad, en la que todos han de trabajar, porque es la ley y se habrán separado los injustos y los violadores de la ley.

La ley de igualdad, es la ley que lleva el consuelo al espíritu, porque a todos igual es aplicada y por la que el espíritu debe pasar, como ya he dicho, por todos los grados, hasta la perfecciòn relativa.

Mas como al mundo vienen, (como Jesús lo anunció) obreros de todas horas, es decir, que siempre llegan aprendices, y éstos vienen de mundos inferiores a aprender progreso, éstos, necesariamente traen el archivo de sus hechos; y como ya dije, no los recuerda el espíritu mientras está encarnado; pero le queda la inclinaciòn y ésta basta para que si no encuentra tolerancia, se exaspere y cometa los hechos que en su mundo no tienen castigo en las leyes aun primitivas y vienen a aprender el amor que a la tierra se le predica y que es hora de que practiquemos porque, la solidaridad de los mundos reclama que la tierra que ya entró en su mayoría de edad, forme eslabón en la cadena de los mundos de luz, que es progreso, bajo la ley de Amor.

El amor, necesariamente engendra justicia, libertad y tolerancia; y por estos atributos debe el hombre de bien considerar que, la Justicia aplicada en penas aflictivas y poco honrosas, es contrario al progreso y al amor. La tolerancia (sin consentir) acompañada del buen ejemplo, surte los mejores resultados y une en uno a todos los hombres.

Si el hoy sabio y virtuoso, considera que para llegar a ese grado elevado ha tenido que ser criminal, ladrón, bígamo y reunido en sí todos los defectos de los otros, ¿cómo podrá despreciar y retirarse del ignorante, del ladrón, del bígamo y del criminal?

Faltará a la ley de Amor que se ha venido a implantar en la tierra y demostrará no ser, ni sabio ni virtuoso y es más lamentable y culpable de su error, que el de esos que se les separa de la sociedad, cometiendo el más inicuo de los atentados, pues todos a todos amor nos debemos. Y de las faltas de un hombre, la sociedad es responsable en segundo caso, pero es la que debe sufrir la vergüenza de los hechos; porque en primer caso, la responsable es, la religión católica y no católica; todas: y como éstas no son cosa que se someta a la jurisdicción del hombre (según dicen los hombres que de ellas viven) y este divorcio es la causa generatriz de los males que avergüenzan a la sociedad, porque ellas, han ido, van e irán si subsistieran, a la cabeza de los criminales, ladrones y bígamos; pero el remedio, es sencillo: Quitamos las causas y desaparecen los efectos; a grandes males, grandes remedios: puesto que ellos no han querido tolerar y se apoyan en que, "la iglesia lo manda", impongamos el castigo a la iglesia causa y salvemos a los efectos que son sus ministros; ya verán que les es saludable la tolerancia que predica el fraguado y temido Anticristo en su ley de Amor, aunque ellos lo odien y lo denigren sin conocerlo y sin saber si es un hombre, una sociedad,o el Universo, o un delegado con carácter de Juez para implantar la ley de Amor.

La tolerancia y el buen ejemplo es el mejor código de un pueblo, y lo que así no se consigue, no se consigue con castigos corporales, ni con la pena de muerte.

Un pasaje del que soy testigo en mi niñez, aunque vulgar, llevará el convencimiento al más intransigente.

En el pueblo donde ví la luz de la tierra, había un matrimonio que ya eran los esposos de edad avanzada; en toda su vida de cónyuges, el esposo buscó motivo para ponerle la mano encima a la esposa, como allí se dice; la esposa era un ángel y el esposo un demonio, si los hay. El se hacía llevar la comida al trabajo por la esposa casi siempre y casi siempre daba él la dirección contraria. El buen juicio de la esposa le hacía saber siempre dónde acertadamente había de llevar el alimento y llegaba a tiempo. Ya supondrán los lectores lo que esta mujer sufriría en su interior, pero jamás se le quejó.

Un buen día, nuestro hombre, aparece con su burro cargado de leña, con una anchura de no menos de dos metros; estábamos, como casi siempre, alrededor de la "tía María" que por su bondad, los muchachos nos peleábamos por acudir a algún mandado, y la oí pronunciar estas palabras: i Madre mía, iluminadme! Retiraos, hijos.

Llegó nuestro hombre, y vemos con asombro que vuelve el burro y se empeña que ha de entrar hacia atrás, cosa imposible, porque la carga tendría no menos de dos metros y la puerta uno; en un rato luchó; el burro se empeñaba y se tiraba hacia atrás pero imposible; en medio de imprecaciones y blasfemias buscaba la lengua de su esposa, la que se acerca a él y le dice: "No te enfades, hombre, ya entrará; tienes razón; siempre ha entrado hacia adelante, alguna vez también ha de hacerlo hacia atrás".

Recuerdo como si ahora pasara el caso la cara de aquel hombre, en la que desde el rojo vivo al blanco, pasaron todos los colores y su vista no podía fijarse más que en el suelo. Con la cabeza baja entró en su casa; abrazó a su esposa y se declaró vencido, siendo desde aquel día, un modelo de esposos.

Si la esposa no lo hubiera tolerado, ¿qué hubiera sucedido? El se habría sulfurado; hubiera conseguido su bajo intento deshonrándose y se hubiera perdido. La tolerancia y el ejemplo dado una y cien veces, lo salvó.

No quiere decir esto, que mientras la ley de Amor no esté arraigada (en cuyo momento todos los códigos están de más) no existan en las leyes penas escritas, pero no de deshonra y degradación y aun menos de separación del cuerpo de la sociedad del miembro delincuente; de cuyos delitos, las mismas leyes y la misma sociedad son las únicas responsables.

Enseñemos al hombre sus deberes y que el amor es la ley. Hagamos sabios con la más amplia libertad de conciencia y se habrá conseguido anular los códigos y las leyes que son vergüenza y baldón de los legisladores y de las naciones.

Hay puntos en que hoy aún se necesitan penas, no de separación ni de degradación, pero las anotaré en mi Código de Ley de Amor que pronto entregaré a la humanidad; pero entre tanto, no impongan ninguna sentencia de muerte, porque se sentencian a sí mismos los que las sancionan,

Este es un principio contenido en el testamento de Abraham que os he dado y está sostenido por el espiritismo. El espiritismo que aquí descubriremos, sostiene todos los principios racionales y quiere antes sabios que virtuosos, (1) porque la sabiduría engendra virtud verdadera, y la virtud, engendra el amor que enseña los caminos derechos que conducen a Ia fraternidad y no prohibe, sino que anima al hombre a estudiar sin prejuicio, de dónde viene, por qué está aquí y adónde va, dándole a conocer su origen y su fin. Como esto está escrito en la ley del Padre que es ley de Amor por la cual es hecha la solidaridad de los mundos y la fraternidad de las humanidades, su unidad, hace la comunión universal en la que reina y gobierna el espíritu; por lo cual, esta comunión se llama en la tierra, en los espacios y en toda la cosmogonía, Espiritismo que es y lo señalo a la humanidad terrestre, el Asiento perdurable del Dios Amor, para quien todos sus hijos son iguales.

Acepta, humanidad, este presente que el Padre te envía por el hijo del hombre proclamado y confirmado por el Espíritu de Verdad anunciado muchos siglos ha y declarado por todos los mesías y profetas hasta Juan y Jesús, que hoy lo confirman. Adóralo en su asiento que es el Espiritismo y borra de tu memoria los errores de las religiones todas. Limpia tu espíritu de prejuicios y adora al "Dios Amor" en espíritu y verdad. ¡Gracias, Dios mío, que ya puedo señalar tu asiento ... Gracias!...

Venid ahora criaturas todas y adorar en su asiento al Dios Amor en espíritu y verdad. ¡Conciencias! ... Despertad y cantad vuestra libertad ante el Dios Amor que no se amuralla en templos de piedra. ¡Ciencia! ... Ya tienes el libro de la verdadera sabiduría abierto; estudia sin prejuicio en las cosas del Dios Amor, en el asiento que te he señalado y nada te será oculto; todo ya lo puedes escudriñar y estudiar, porque tu razón se hará luz y encontrarás la piedra filosofal, llenando todos los vacíos que hoy sientes; ¡Legisladores y Gobernantes! ... Corred, adorad al Dios Amor, el que su justicia puso en vuestras manos el poder, para que elevéis por el amor a vuestros pueblos que tenéis la estricta obligación de encaminarlos por el camino de la verdad. ¿Lo hicísteis?... Venid y aprended en el asiento del Dios Amor, que antes que mandatarios fuísteis mandados y que lo que hoy os piden vuestros pueblos, antes lo habéis pedido vosotros. Venid pobres y ricos, fuertes y enclenques, buenos y malos, sabios e ignorantes, que todos tenéis una página que estudiar; venid; pero venid llenos de confianza y con deseos de trabajar; venid y veréis que nadie es más que otro en la casa del Padre y que todo lo que os pasa es justicia y todos seréis recibidos en la casa del padre Universal, que aunque tiene muchas moradas, en ninguna falta su santo amor y en ninguna, nadie es desheredado.

¡Pasad creencias! Pasad iglesias y religiones, que ya no tenéis que temer, porque habéis cumplido vuestro fin y todos habéis cooperado del modo que lo habéis entendido al descubrimiento de la verdad; pero, romped, romped ya vuestros dogmas y misterios con que amordazásteis la razón y obscurecísteis el axioma Dios, por lo que seréis juzgados en recta justicia. Pasad hombres todos sin distinción de creencias y razas, pues todos sois una flor del variado jardín del Padre y honrémoslo y honrémosnos de ser sus hijos y gloriémosnos de que se nos ha mostrado la verdad suprema y el asiento eterno de nuestro padre único y verdadero Dios, que es el Creador del Universo y es nuestra herencia y, todos los mundos y las humanidades son su heredad y sus hijos tienen que ganarlo todo por el trabajo y el amor.